Tres Haikus

15 febrero, 2021 § Deja un comentario

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7 febrero, 2021 § Deja un comentario

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4 febrero, 2021 § Deja un comentario

Grima

3 febrero, 2021 § Deja un comentario

A algunas palabras les he cogido tirria
Migrante, exilio, destierro,
Patria

Qué indignante
suena la palabra patria
con esas dos aes
a bocajarro
Que fardan de importantes

Algunas palabras:
Patria, migrante, destierro
Exilio
Se descosen cada día
se deshilachan
como el borde de una tela
Burda, barata, sin filetear

Destierro, exilio, patria
Migrante
Palabras devaluadas
como la verdad

Se puede ser tan deshonesto
al escribir verdades
Se puede ser tan honesto
escribiendo mentiras

Algunas palabras
Cuando las escribo o las leo
me dan grima.

Golcar Rojas
Madrid, febrero 2021

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25 enero, 2021 § Deja un comentario

Mis propósitos de otros

24 enero, 2021 § Deja un comentario

Cada enero,
Algunos amigos se hacen mis propósitos.
Cada enero, me dicen:

Este año
sí haremos la exposición con tus fotos.
Este año
sí sacaremos un libro tuyo.
Este año
editaremos tus novelas
Este año
tienes que presentar tus libros

[…]

Cada enero
los amigos esperan de mí
lo que yo nunca he esperado.

Cada enero,
Me ofrecen, lo que pocas veces he solicitado

A mí,
que siempre he sido un hombre sin propósitos
en la vida
voy viviendo cada día
lo que se presenta

No he tenido pretensiones
más allá de disfrutar
Vivir es mi único propósito

Vivir hasta que acabe
Gracias a Dios
sé que acaba.

Cada enero
Lo único que me propongo es vivir
Sin dolor, de ser posible

Pero parece que ese propósito
es muy poco para los amigos.

Supongo que por eso
Algunos amigos se hacen mis propósitos
Cada enero.

Golcar Rojas
Madrid, enero de 2020

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20 enero, 2021 § Deja un comentario

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15 enero, 2021 § Deja un comentario

El día después de la nieve.

12 enero, 2021 § 2 comentarios

Crónica con cencelladas

Vamos llegando a Colmenar Viejo. No. No es el destino que buscamos, es solo cuestión de oportunidad.

Salimos de casa a 8:30 am. La intención es llegar a Atocha, para de allí caminar a Tu MasKota Chula en Andrés Torrejón, 10.

Vamos, que es lo que hacemos todos los días, la diferencia es que hay aún mucha nieve en la ciudad, y las cencelladas son guillotina.

El recorrido de casa a la estación, que habitualmente nos toma 20 minutos, hoy tardamos 40 en hacerlo, con varios resbalones por el hielo. Muy difícil, además, se hace mantener el equilibrio con las manos metidas en los bolsillos, para que no se congelen.

No obstante. La visual es hermosa. El blanco de la superficie contrasta de manera hermosa con los tonos dorados, naranjas y malvas del amanecer.

De vez en cuando detenía la marcha para contemplar la belleza. Esas sendas oscuras, zanjas abiertas entre la nieve para transitar las calles, largas, infinitas para quien las camina.

Por más de la mitad del trayecto, no vimos pasar más que a dos o tres personas. A partir de un punto, venía la hilera de gente, como una fila de hormigas. Van al trabajo. No hay niños, porque la escuela está suspendida hasta el 18.

En este punto del relato, el tren anuncia que estamos de nuevo en Tres Cantos, nuestro punto de partida.

Pasa que el tren está haciendo el trayecto de ida y vuelta por el mismo carril. Supongo que es un solo tren habilitado que va y viene. Pasa cada 50 minutos y, claro, sucedió lo que siempre pasa, cuando íbamos llegando a la estación, vimos llegar, desde la calle, el tren. Nada qué hacer, imposible correr sobre las cencelladas. Escuchamos el pito de cierre de puertas. Nuestro tren había partido. Tendríamos que esperar casi una hora para el próximo.

Ahora mismo, miro por la ventana y la nieve lisa, extendida sobre el suelo a mi izquierda, mientras el tren avanza, es um manto blanco con destellos de purpurina. Como si un inmenso traje de novia bordado con cristales de Swarovski hubiera sido tendido a la orilla del camino.

Los pies siguen gélidos, pero por lo menos vamos sentados y dentro del tren la calefacción ha calentado el resto del cuerpo. Por eso cogimos el tren vía a Colmenar, para no tener que esperar en el frío de la estación, de pie.

La hora de espera pasó relativamente rápida. Ya llegando a la estación, conocimos a Yolima, una cabimera con 20 años en Madrid.

Ella nos contó su historia que, con sus particularidades, es la historia de tantas amigas: salió de Venezuela en el 2002, con su marido. Vino a España y la recibió su cuñada en Tres Cantos. Después de haber vendido sus tiendas en Caracas y su casa, en España, se dedicó a limpiar casas.

Eran tiempos de Aznar. Corría el dinero en Madrid. La mayoría de los clientes de Jolima eran militares. No le faltó trabajo. Fue ahorrando y ahora, paga una hipoteca. En esos tiempos, en diciembre recibía pagas extras. “Recibía un pastón“.

Ahora es diferente. Sigue limpiando casas, las de los hijos de los militares, quienes también son militares. Pero, ahora no es igual. Ahora, en diciembre ha trabajado la mitad y ha recibido la mitad. Ahora, los patrones le dicen: Por las fiestas, no vengas. Y eso significa que, por las fiestas, no le entra dinero. Porque, aunque son tantos años en el oficio, no le pagan los días de fiesta. Y la Seguridad Social española sigue siendo muy injusta con los trabajadores domésticos. Cotizan cómo autónomos, 300 euros al mes, pero no tienen derecho a paro, ni a liquidaciones, ni a pagas extras. Todo queda a la buena —o mala— voluntad del patrón.

Yolima viene de una historia en Caracas llena de fiestas. Ahora, cuenta, mis amigos me dicen: Mima, pero ¿qué te ha pasado? ¿Dónde están los tacones, las pantys? ¡Esos pelos“, dice, y se sacude la melena que ha liberado del gorro de lana. Luego, se aleja un poco de nosotros pide disculpas, se saca la mascarilla quirúrgica: “Huy, cómo sudo. Qué asco —hace el gesto con la cara—. Qué asco me dan las mascarillas. Voy a tirar ésta”. Saca una nueva del bolso.

Los tacones, las medias de nailon y los peinados de peluquería, quedaron en el closet, en el baúl de las memorias, donde están los recuerdos de los días pasados en el restaurante Rako, de su cuñado Ángel Lozano, donde siempre era fiesta, la gente se subía a bailar en las mesas y pasaban las estrellas, el famoseo criollo y el internacional que los visitaba.

Allá, nació su hijo, un guapo moreno de 22 años, me mostró fotos, de él niño —nacido de su matrimonio con el chófer de Ángel Lozano—.

Cuñado, préstamelo para ir al Valle a buscar cosas para la tienda. Para ir al mercado del Cementerio. Y así, terminaron casados y con un hijo y se viinieron a Madrid. A Tres Cantos.

También nos enseñó fotos de su niña, de 13 años, con su cachorro Jack Russell, de 9 meses. La niña, achinada, es fruto de un segundo matrimonio con un peruano, del que se separó luego. “Tengo un negro y una india. Tengo todas las razas“, ríe.

Cuando estaba embarazada de la niña, tenía como 14 casas para limpiar. Mi médico, me decía que trabajaba como una burra. “Eres una burra Yolima, me decía. Yo creo que de allí me salieron las hernias discales. De tanto trabajar embarazada. A los 8 meses se rompió la bolsa y ni cuenta me di”.

Yolima intentó hoy llegar a su trabajo en Tres Cantos; pero luego de tres resbalones en el hielo, decidió devolverse a su casa. “Prefiero no cobrar un día y no tener que parar 15 o más si me caigo y me fracturo”.

Sus hernias empezaron a doler. Los medicamentos se le habían acabado. El paracetamol con tramadol de Cristian, no le sirve para nada.

En Chamartín, Yolima cogió a andar para su casa que queda en Fuencarral. Cristian y yo tuvimos que hacer trasbordo. Esperamos 15 minutos a que saliera el siguiente tren a Atocha.

Aquí voy, por Nuevos Ministerios, son las 11:20 de la mañana. Los pies siguen fríos. Seguimos intentando llegar a Tu MasKota Chula. Aún nos queda llegar a Atocha y caminar Infanta Isabel y un tramo de Reina Cristina. No sé si tenga mucho sentido esto que hacemos por llegar al trabajo.

Coco, la labrador con podenco, me espera para el paseo. También Lex, el pug carlino de Elena. Vamos a ver si llega hoy alguien a la tienda, que el deshielo no paga las facturas y seguimos atrasados con el alquiler.. Complicado.

Tres haikus

11 enero, 2021 § Deja un comentario