«Dolor y Gloria», la película de Pedro Almodóvar.

18 abril, 2019 § Deja un comentario

Me gustó el tono, es una historia confesional. Me gustaron las actuaciones. Definitivamente, Almodóvar es el director que hace buenos actores a Antonio Banderas y a Penélope Cruz. Saca de ellos la verdad y borra sus imposturas.

Me gustó la estética, tan almodovariana, pero perfeccionada y elevada a un nivel superior de belleza con esos tonos rojos y verdes tan característicos de sus puestas en escena. También resultaron interesantes las animaciones que utilizó.

Me parece que por no excederse en el melodrama, se quedó corto. No contó todo lo que podría haber contado, tal vez por evitar la truculencia y el culebrón. Se refugió un poco tras datos e información médica y científica; para no terminar mostrando otros puntos incómodos, tal vez. Algunos personajes como el de Cecilia Roth son prescindibles y no aportan nada a la historia. Al menos nada relevante y algunos diálogos del film resultan flojos.

El personaje de la madre es de los mejores del film, bien concebido y muy bien interpretado por Julieta Serrano. El niño, Asier Flores, está fabuloso en su papel de Salvador. Sbaraglia es conmovedor con su actuación y, aunque no me quedó claro cuáles son las motivaciones del personaje Mercedes, Nora Navas lo interpreta muy bien y por momentos me recordaba a Carmen Maura.

La música, como en todas las películas de Almodóvar, juega un papel importante y es una maravilla. Así como la puesta en escena tan teatral de algunos planos y escenas.

Me hizo falta el humor, más humor. También extrañé los personajes marginales y al borde tan de Pedro Almodóvar como Agrado, o las obsesivas de Mujeres al borde…, o los interpretados por Chuz Lampreave.

Siento que el filme quedó corto, que algo faltó; pero algo tiene la película que logra conmoverme y queda resonando en mi cabeza.

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Me gusta Madrid

7 abril, 2019 § Deja un comentario

Me gusta Madrid con sol.
Pero cuando llueve, tiene un tono de nostalgia cinematográfica.
A ratos parece sumirse en una profunda melancolía.
Luego, los rayos del sol rasgan, cual filoso puñal, el manto gris.
Abre grietas como quien desgarra un pecho.
La luz penetra
un azul alegre, diáfano, se apodera el cielo.
Madrid reluce,
radiante, clara.
Seduce.

Golcar Rojas
Madrid, 06/04/2019

Una gran mentira – revista Contraluz

31 marzo, 2019 § Deja un comentario

https://tevoyallevaralcielo.wordpress.com/2019/03/31/una-gran-mentira-revista-contraluz/

Águila blanca en Madrid

28 marzo, 2019 § Deja un comentario

La Sierra de Madrid es como un espejismo
Un celaje Un fantasma

Aparece entre brumas
Desaparece entre la calima

La Sierra de Madrid es una presencia
Silenciosa Mágica
Tan lejana y tan cercana

Cuando la observo
Nunca sé si se aleja
o se aproxima.

La Sierra de Madrid
es una criatura seductora

A veces me toma desprevenido
ondula
Es un mar petrificado.

Me sorprende
Es un águila blanca
Mi sexta águila blanca
en la lejanía.

Golcar Rojas
Marzo, 2019
Madrid

De «Sangre y Asfalto»

24 marzo, 2019 § Deja un comentario

El 4 de abril se presenta en Madrid el libro de Carol Prunhuber, «Sangre y Asfalto» 135 días en las calles de Venezuela, publicado por la editorial Kalathos.

Para hablar con la autora sobre el libro y conocerla un poco más, la asociación Venezuelan Press organizó una tertulia en Creative Place, a la cual tuve la suerte de ser invitado por Linda D’ Ambrosio.

Quienes vivimos esos 135 días en Venezuela. Quienes no dormíamos buscando información, queriendo saber qué estaba pasando en un no-país donde la información más trivial y cotidiana es catalogada de secreto de Estado, mucho peor si se trata de la violación de los Derechos Humanos de parte de ese Estado. Quienes nos veíamos obligados a discernir por nuestra propia cuenta, basados en nuestro instinto periodístico, qué información era cierta, cuál era falsa. Cuáles eran verdades a medias para confundir y desacreditar las verdaderas; sólo podemos agradecer la publicación de documentos como el escrito por Carol Prunhuber.

El libro, publicado por Kalathos, es una denuncia, contiene datos, testimonios, fotografías —cedidas por la agencia EFE— que lo convertirán en una pieza obligada de consulta cuando se escriba la verdadera historia contemporánea de Venezuela.

Carol es escritora y periodista. Especialista en el tema Kurdo, sobre el que ha escrito y dado numerosas conferencias. Es una mujer con quien es muy grato conversar y a quien uno siempre quiere escuchar.

En la tertulia organizada por Venezuelan Press habló sobre cómo concibió el libro. Ella estaba en Estados Unidos y la información de lo que sucedía en 2017 en Venezuela empezó a bombardearla. Las noticias y testimonios, estando lejos, agobian aún más y Carol no pudo permanecer indiferente. Durante meses se dedicó a recabar información, datos, testimonios, imágenes. Lo que pasaba en Venezuela, los asesinatos de jóvenes, la flagrante violación de los Derechos Humanos debían ser contados. Y Carol Prunhuber se puso en ello.

Con la autora se habló del libro, de Venezuela; pero también de la diáspora, de la necesidad de que los emigrados constituyan una masa, una agrupación unida que ayude a dar voz a lo que pasa en Venezuela y preste asistencia a quienes emigran en condiciones difíciles. La comunidad venezolana en el exterior tiene aún mucho que aprender de solidaridad y unión. De compromiso social. De eso también se habló pues los empresarios venezolanos que han emigrado deben asumir su compromiso, la empresa debe cumplir con la responsabilidad social y aportar para ayudar tanto a quienes quedan en Venezuela, como a quienes se han visto forzados a salir con una mano delante y otra detrás. A fin de cuentas, esos aportes desgravan y, además, apaciguan la conciencia.

Fue una interesante conversación. Una pena que sólo una pequeña parte de Venezuelan Press, de los 300 afiliados que tiene, se haya hecho presente. Pero quienes allí estuvimos nos convertimos en eco.

«En Sangre y Asfalto se escucharán las voces que fueron silenciadas por las balas», dice Elizabeth Burgos en la contraportada del libro. «La autora nos sumerge en el recorrido mismo de las marchas de protesta junto a los manifestantes, quienes, apenas protegidos por frágiles escudos y máscaras antigás de fabricación doméstica, enfrentan con arrojo inaudito el poder bélico y el fuego de las fuerzas oficiales y paramilitares».

La historia tenía que ser contada y Carol Prunhuber se dedicó a hacerlo en más de 400 páginas que Irán adquiriendo cada vez más importancia a medida que pasen los años y se intente desenmarañar ese amasijo de luto y dolor que ha sido Venezuela en los últimos veinte años.

Hay que leer la letra pequeña

23 marzo, 2019 § Deja un comentario

Para el viernes 22, no tenía ninguna actividad programada. Al despertar y abrir facebook, me encontré con un anuncio en el que decían que Amaury Pérez estaría presentando un libro y que interpretaría algunas de sus canciones durante la presentación.

El ñángara que vive en mí dijo «Pues no estaría mal ir a escuchar esas canciones que son parte del soundtrack de mi vida. Las canciones de Amaury, a pesar de lo vivido en el no-país, me siguen diciendo cosas. Digamos que es, junto con algunos otros inconfesables y escatológicos gustos, unos de mis placeres culposos.

¿Qué tiene de malo? Pensé. Seguramente será un grupito de gente reunida para acompañar al cubano en su presentación y beberse unas copitas de vino, como otras presentaciones de libros a las que he ido con frecuencia desde que llegué a Madrid.

Cristian decidió que no quería salir. Una amiga que había dicho que a lo mejor iría, decidió a última hora que siempre no. Así que a eso de las 5:30 de la tarde, bañaíto, perfumado y emperifollado, salí a tomar el autobús 713 que me llevaría hasta Plaza de Castilla, donde cogería la línea 9 hasta Cruz del Rayo. Allí me bajaría, caminaría 15 minutos, según Google maps, y estaría en Serrano 115, en el auditorio del archivo histórico, donde sería el evento.

Todo me lucía sencillo. Pero como mi brújula era verde y se la comió un burro. Aunque Google maps decía que tardaría una hora y diez minutos en llegar, salí con mis 20 minutos de margen para perderme. Recordemos que iba solo porque Cristian, que es quien se ubica con facilidad, se quedaba en casa.

El bus y el metro estuvieron papaya-paya. Ya al salir de la estación Cruz del Rayo, se empezó a complicar la cosa. La aplicación me mandaba a cruzar a la derecha y caminar hacia el norte en dirección a noséquécalle.

Pero, ¿Dónde coño queda el norte? Sabiendo que mi instinto siempre me hace caminar en dirección contraria a donde debo, luego de un rato andando hacia donde yo pensaba que era el norte, pregunté dónde quedaba Serrano.

En efecto, iba en sentido contrario. Redireccioné. En un cruce, volví a perderme. Volví a preguntar. Volví a redireccionar. Me volví a perder. Pasé frente a una institución que tenía unos pendones en frente que ponían en letras grandes CSiC o algo parecido. Es algo de ciencia. En un patio central había dos esculturas interesantes en el suelo de dos hombres que parecen conversar o enfrentarse. Metí el teléfono por la reja para tomar una foto y seguí de largo.

Cinco minutos después, me pareció que había errado el rumbo. Pregunté a dos tipos que venían caminando tras de mí. Uno era mexicano. El otro de Madrid. Ninguno sabía dónde quedaba la calle hacia donde decía Google maps que debía dirigirme. Pero, el español sí sabía hacía donde quedaba el norte y era en el sentido opuesto al que yo iba, para variar. Redireccioné. Desanduve el camino. Llegué al sitio de los pendones y las esculturas. Google maps insistía en que cruzara a la izquierda allí, pero yo no veía calle dónde cruzar. Sólo la entrada al CSIC, o algo así.

Mientras andaba perdido, escribí en facebook:

«Hoy ando con un susto en el abdomen, como ascuas en la tenebra. Como cuando vivía en el infierno».

Realmente no sabía si la sensación era por haber salido solo, por la noticia de la recaída de Sonia en el cáncer y la campaña para recaudar fondos para ayudarla, por las noticias de que siguen los apagones en Venezuela. O por un poco de todo. Me tranquilicé pensando que mis presentimientos nunca la pegan.

Decidí entrar el CISC, o algo así, y preguntar. El auditorio quedaba allí. En un edificio del conjunto. Entré a una nave que no era y, allí, me dijeron exactamente dónde era el evento.

Llegué 10 minutos tarde. Ya había empezado el acto. Un hombre hablaba de Cuba y de sus parientes gallegos en Cuba. Este le dio paso a una mujer. Una cubana editora del libro que haría la presentación del cantautor cubano. Cuando agradecieron la presencia del embajador cubano en el auditorio, me dije ¡Dios Santo, adónde me he metido!

Miré alrededor y la sala estaba casi llena. Había una mayoría de cubanos. Unos evidentemente recién llegados, según inferí por la ropa que llevaban. Otros que se notaban con más tiempo en España. «Esto es un antro de la revolución» pensé y la paranoia empezó a emerger.

«Y si me preguntan quién soy, de dónde vengo… y si por mala suerte aquí hay un chavista venezolano que me reconozca… y si piensan que soy un espía contrarrevolucionario…»

La conspiranoia se apoderó de mi. Recordé a una tipa que en facebook me impelía con grosería hace tiempo a que reconociera mis raíces izquierdistas, a que asumiera que seguía siendo socialista. Tomé el teléfono y escribí en mi estado:

‘Si una fulana que hace un tiempo mandé a comer mierda, me viera ahorita por un huequito, les diría: «Se los dije»’.

Antes de darle a publicar, me aseguré de que el gps estuviera desactivado y de que no saliera mi ubicación no fuera a ser que el internet estuviera controlado por la inteligencia cubana. La paranoia puede hacernos pensar ridiculeces.

Terminaron las presentaciones. Un periodista venezolano de apellido Borges tomo la palabra para conducir una entrevista a Amaury sobre su novela.

Ninguno de los presentes tocó el tema político. O sí, pero de esa manera tangencial que puede calar más que la directa. El venezolano no tocó el tema Venezuela. Ni las relaciones entre ambos países. Ni mucho menos la penetración cubana en el no-país. Era un encuentro amistoso entre Cuba y esa izquierda académica española que hace ojos ciegos a lo que pasa realmente en la isla. Temí, por un momento, ver la coleta moverse entre el podio.

Amaury estuvo divertido y jovial. Tiene un sentido del humor y una chispa muy cubanas. No sé si todos los cubanos allí presente son pro régimen o sólo es solidaridad. No sé si todos sean operadores del régimen cubano. No sé si Borges es chavista, madurista, pro Cuba o sólo estaba matando un tigre.

Yo, con mi paranoia, decidí subir un post a mi blog de una reseña que hizo una amiga lectora de mi libro «¿Dónde queda Venezuela?», de esa forma, no miraba a nadie. No veía si me veían. No notaba si me observaban, si me vigilaban.

El repertorio de canciones estuvo muy bonito. Nada, por más que lo intente, no dejan de gustarme sus letras. El gusto ñángara es duro de matar. Al ver el gentío pensé en las escuálidas asistencias de venezolanos a actos similares, a pesar de ser una significativa y numerosa comunidad en Madrid.

Terminó el acto y venía la vinada. No sabía qué hacer. Tenía encomendado darle saludos a Borges y disculpas de parte de la amiga que no asistió. Pregunté a la editora cubana dónde estaba el periodista y me señaló hacia el bululú cerca de Amaury. «Nada, es que le tenía un mensaje de alguien, pero no es importante», le dije. Me puse la chaqueta y salí. Pensé «De la que se salvó Cristian. Ese sí que sabe hacerle caso a los presentimientos». Recordé el anuncio de facebook y concluí «Esto me pasa por no leer la letra pequeña. Si hubiera visto los patrocinadores, los presentadores y otros detalles del aviso, seguramente no habría asistido… ¿O sí?»

¿Dónde queda Venezuela? «es espejo vivo de lo que se vive hoy»

22 marzo, 2019 § Deja un comentario

https://tevoyallevaralcielo.wordpress.com/2019/03/22/donde-queda-venezuela-es-espejo-vivo-de-lo-que-se-vive-hoy/