Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 3

22 noviembre, 2015 § 2 comentarios

macri

A tía Amapola no le gusta esto.

—¡Ay, mi niño, tráeme dos Brugesic de 600 y un toronjil de esos ricos que tú me preparas a ver si se me pasa esta molienda de huesos que traigo.

—¡Pero, tiíta! ¿Qué le pasó? ¿De donde viene tan esguarañingá?

—De la gira por Barlovento, mi niño. Me hicieron bailar más tambores que a negro cimarrón. Esa gente no tiene límite. Eso era caderazo pa cá y caderazo pa llá. Como tres horas en ese trajín. Todo sea por conservar los pocos votos que aún nos quedan.

Si vieran a la pobre tía Amapola. Parece un mamarracho. Tiene todo el chasis choreto y casi no puede dar un paso.

—Ay, tiíta. Ya le traigo el bededizo y las pastillas. ¿Y ahora, cómo va a hacer para ir mañana a La Chinita?

—Ni me lo recuerdes, mi niño. Ojalá y el Padrino desista de ir a esa misa en Maracaibo ¿Pa qué arriesgarse si él sabe que eso va a ser una pita pa dejanos sordos? ¡Y yo con este cuerpo tan coñaceao para ir a calarme ese calorón de allá!

—Tiíta, es que usted ya no está pa estos trotes…

—¿Qué no estoy pa estos trotes? Pues, todavía levanto, mijito. Allá un negrito sudao aprovechó el rebullicio de la tamborera y me echó una buena agarrá de nalga.

***

Ya tía Amapola se acostó.
A la pobre le dolía hasta la foto del pasaporte. Se dio una buena ducha con agua caliente y mientras se bañaba la escuché cantar «Mami, ¿que será lo que quiere el negro? Mami, ¿qué será lo que quiere el negro?». Salió, se puso su pijama Fendi y las babuchas Channel y, arrastrando los pies, llegó hasta su cama. Puso lo pies para arriba un rato y lo último que dijo antes de dormirse fue:
«¿Qué le habré hecho yo a ese Casto Ocando para que me tenga tanta inquina? ¡Si yo no me meto con nadie!»
Mañana sabré si por fin van a la misa de La Chinita o no.

***

Hoy, mientras desayunábamos, tia Amapola me dijo:
—Mi niño, tú que todo lo sabes y lo que no, lo inventas, ¿sabrás dónde podré encontrar unas gomas bonitas, cómodas como para correr, pero cuchis, de buena marca?
—En la Adidas o en la Nike, tiíta.
—Ay, no, mi niño. Adidas no, en el gusto por esa marca es en lo único que discrepo de Fidel. Y Nike tampoco. Quiero algo cómodo pero elegante. Femenino. De cuero con pedrería, con cristales de swarowski. ¿Prada o Louboutin no tendrán algo así? No me importa el precio porque aunque el busseness esté parado, para necesidades básicas aún tenemos.
—Con tantos zapatos que hay en ese vestier suyo, ahí debe tener algo tiíta. ¿Para que quieres gomas?
—Para el 7 mi amor, porque ya el padrino me advirtió que al perder la Asamblea, saldremos como Candanga y Burundanga a la calle a incendiar el país y tengo que ir con un calzado cómodo para poder correr. Ay, yo que pensaba que los tiempos de correderas de delincuentes comunes habían quedado atrás.

***

Desde una vez en que el Padrino le contestó «¡Pues claro que tengo que ser bien bobo pa’tené tantos años aguantándote y encima haberme casado contigo!», tía Amapola se cuida mucho de decirle bobo al Padrino cuando discuten. Pero hoy no se aguantó: «¡Es que no eres más bobolongo porque las vitaminas se te fueron pa’l bigote!», la escuché gritarle.
Después tía me contó lo sucedido. Ella le dijo que le parecía bien que no fuera a la misa de La Chinita, porque es muy duro fingir que se reza mientras una pita apabullante amenaza con reventarte los tímpanos, que mejor se fuera al otro extremo del país a fingir que se inauguran obras nuevas que eso siempre los pendejos se lo creen. Pero lo que detonó el zafarrancho fue cuando vio que el Padrino tenía una lloradera por el Twitter porque USA ha espiado este gobierno.
—¡Tú si eres bolsa! Piensas que con el cuento de que los gringos nos espionan con la Agencia Nacional de Seguridá la gente se va a olvidá de los muchachos. La gente es menos pendeja de lo que tú piensas. Lo que van a decí es que claro, si sospechaban de nuestros negocios era lógico que nos metieran el ojo, pa’ agarranos como marranos… ¡Y te vas sólo pa’Oriente que no te quiero ver! Además, todavía tengo una puntada en la esparda con los tambores de ayer.
Yo no dije nada. Me encerré en mi cuarto antes de que me mandara a rezá y porque cuando la tía está así, lanza lo primero que tiene en la mano, no vaya a ser que me cayera a mí el coco con la cara del difunto tallada en la concha que tiene en la mesa.

***

Yo soy como los vampiros que salgo al anochecer
porque en las noches me inspiro y me llevo a una mujer.
Vampiro vampiro, te chupo el vampiro…
Vampiro vampiro, te chupo el vampiro…
Vampiro vampiro, te chupo el vampiro…
La tía Amapola amaneció cantando.
—¡Tííta, amaneció contenta!
—No, mi amor. No es contentura. Es exorcismo, recordando que no estoy sola porque los vámpiros somos legión. Lo que pasa es que yo soy como la ixora —Debe ser que me vio los ojos puyúos del asombro, porque se apuró a aclarar—, ¡No como esa Ixora!, como la mata, chico, que entre más la pisan más florea. Pero la procesión va por dentro, mi niño. Ojoslindo me la tiene jurada, eso está visto. Se han enterado más de lo de mis sobrinos por él que por Casto Ocando. Y ahora el mamagüevo del Amoroso, también. ¡No me defiendas compái! Falta que digan “Pray for the nephews”, la cabeza de ñema ese. Pero, yo soy como los vampiros y cuando menos se los esperen le encajo el diente y les doy la chupada.
Vampiro vampiro, te chupo el vampiro…
Vampiro vampiro, te chupo el vampiro…

***

«Ahoda zalió el lengua’etrapo a hablad de mi honod. ¡No te digo yo, mi niño! ¡Todos se están guindando de mi falda pa’ver si agarran los votos. ‘La despozabilidá es individual. Y aunque no hay zolidadidá automática no se puede manchad así el honod’.
Si oyeran a mi tía Amapola imitándolo, es que habla igualito con la lengua mocha. Está fúrica.

***

—Bastante le dije yo al difunto que un tipo que vive jediondo a cebolla sin ser cocinero, no era de fiar. Que cualquier día el español ese nos iba a sacá el culo. ¡Pero como él cuando se enamoraba no veía ni olía! Ahí ‘tá, en la primera que pudo, echó la burra pa’l monte. Es un desgraciao. Ay, sí. Ahora le parece que Venezuela está muy lejos, al mamagüevo ese, pero cuando venía a llenase los bolsillos de euros le parecía cerquita y el paraíso. Ay, que no me haga hablá porque él sabe muy bien de dónde sacamos mucha de esa plata que le dimos. Es que no se puede sé tan desleal. Y ese si es verdá que no lo mando a rezá, no, ese se merece es que lo mande a mamá. Ay, pero que Changó me de vida pa’cagame en todos sus muertos. Malparío, hijuelaagrandísimaputa…

La tía Amapola anda en un monólogo que mejor ni le pregunto nada porque está que la pinchan y no echa sangre.

***

No he visto mucho a tía Amapola los últimos días. La última vez que supe de ella fue porque me llamó para pedirme el favor de salir a buscar el Brugesic de 600 porque se acabó luego de desbarate en Barlovento y sí, a ella, aunque no lo pueda decir, también le escasean las medicinas, sobre todo las que no vienen en los alijos diplomáticos.

De bromita le pude entender lo que quería porque tenía un ataque de risa.
—Tía ¿De qué te ríes? ¡Te va a dar un yeyo!
—Ja ja ja ja de las vainas del Padrino. Cuando no le escriben las cosas que tiene que decir, se inventa unas ja ja ja. Acaba se decirle a la gente que «Un pueblo culto es un pueblo libre». Ja ja ja me iba ahogando con el pedazo de topocho con margarina que tenía en la boca ja ja ja ja. ¡El padrino hablando de cultura, si ese lo único que leía completo y con religiosidad eran las Gacetas Hipicas! Porque ni las Play Boy porque con esas se entretenía nada más viendo las fotos. Ja ja. El pobre cuando dice esas cosas se oye más falso que bolívar fuerte ja ja.
—Ay, tiíta, usted sí es mala. Cómo se burla del pobre bobo.
—Ay, mi niño. Es que es muy cómico. Bueno búscame la medicina porque voy más desbaratada de lo que vine porque me han hecho bailar hasta la Burriquita y la Barca a Nueva Esparta.

***

—¡Aaaaaaayyyyyy!
—¿Qué pasó, tiíta? ¿El lumbago? Es que usted ha abusado estos días, acuérdese que ya no tiene quince.
—¡Pero qué empeño el tuyo de llamarme vieja! No es físico, ese Ay. Es de arrechera. ¿No viste que ganó Macri en Argentina? Y ve que se lo dije a la Cristina, te mando a la Tibisay para que se encargue de los escrutinios. Ni siguiera le íbamos a cobrar por el servicio. Pero ella que no, que todo estaba bajo control, que no hacía falta. Y ahora los pelucones de aquí se debe crecer porque deben sentir que por Buenos Aires empieza el fin de la revolución. De verdad, siento como si el difunto acabara de morir. ¡Aaaaayyyyyy!

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