Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 9

14 enero, 2016 § 1 comentario

image

—Mira, mi amor, quiero que me hagas en este dedo —tía Amapola le enseña a Yuleixy, la manicurista, el dedo medio, el de la grosería—. Quiero que me hagas bien bonita la carita del difunto con un gorrito de navidá. En los dedos de los lados me haces unas bambalinas rojas rojitas con líneas doradas.
—Tiíta, ¿viste que el negrito de Nueva York hoy habló de ti?
—¡No, mi niño! ¿Qué dijo el Kagani ese?
—Bueno, dijo que los muchachos son sobrinos tuyos y que tú tienes mucha influencia política en este país…
—Ay, mi niño. Yo todavía no veo muy bien esa estrategia de Kagani. Que Ismaelito, Babaluayé y el difunto lo iluminen… Él dice que la única forma de salir bien de esto es decir que todo se trata de un tema político, que es el poderoso imperio contra un indefenso gobierno de un país subdesarrollado…
Tía Amapola se mira las uñas, bate las manos en el aire y se las sopla con delicadeza. La noto como ansiosa, pareciera que quiere que se sequen rápido. Estira la mano para contemplar mejor lo que ha hecho Yuleixy y suspira:
—Yo espero que ese negro no me eche una vaina, que no la termine «Kagani» de verdá.

***

—Agárrame, mi niño. Agarrame duro que siento que me va a dar argo. Ay, qué son esos papeles que trae Julio Borges, ¡qué susto! ¿Serán pruebas de mis negocios?
La tía Amapola se tapa los ojos «¡No quiero ver! ¡No quiero oír!». La pobre ya es la tercera vez que me pide que la sostenga porque siente que se cae:
—Es como un vahído, mi niño. Se me aflojan las piernas y es como que no me sostienen, me tiemblan como gelatina.
El primer mareo fue cuando Allup levantó la mano y juró su cargo. «No puedo ver, mi niño, esto jamás pensé que lo estaría viviendo. ¡Ay, quiero como moríme!».
Luego, casi se me cae la tía cuando, miró a Diosdado y vio que se asomaban unos lagrimones de sus ojitos lindos «Esto se jodió, mi niño. ¡Mira cómo hace pucheros Diosdado. Mi última esperanza era que él llegara dando mazazos a diestra y siniestra».
Y, ahora, mientras salíamos del hemiciclo, miraba sin parpadear la carpeta de Borges y no paraba de invocar a sus protectores:
—Ismaelito, ataja por la calva a Borges.
San Lázaro, que Allup se quede mudo.
Changó, quítale a Guevara sus dones.
María Lionza, que a Barboza en la garganta se le haga un nudo.
Que el fuego consuma esa carpeta,
Babaaluayé que le salgan llagas en la jeta.
Cabizbaja, tía Amapola, salió, triste y con el rabo entre las piernas, mirando con nostalgia su curul.

***

—Aló, Aristóbulo, pásame a Niqui —mientras espera, tía Amapola tapa la bocina del teléfono con la mano y me dice «Me encanta tratar a este arrastrao como si fuera secretaria»— … Alo, miamor ¿Te fijaste que agarraron a Chapito? … Claro, que vas a haber visto ná si no tienes la cabeza donde la tienes que tené … Sí, hace nada estuvo aquí, pero hoy lo agarraron allá… No te enteras de ná y el business nos está haciendo aguas por todos laos … ¡¿Hasta cuándo vas a está con la pendejá de las fotos del difunto, Niqui?! ¡Déjale esa vaina a Georgi! ¿No ves que si siguen agarrando a los socios vamos a terminá con unas bragas anaranjadas? Se nos van a acabá los días de Chanel y Armani, miamor. ¡Ponte las pilas que esos retratos no pueden sé majimportantes que la merca.
Tía Amapola trancó el teléfono, suspiró y empezó a darle vueltas a su anillo de diamantes en el dedo, signo de que está nerviosa:
—Con este pendejo voy a terminá en la cárcel o muelta… o las dos cosas. Babaluayé me proteja siempre.

***

—Mi niño,  tú que viviste un año en los estados juntos, dime qué quiere decir: «U.S. Will Track Secret Buyers of Luxury Real Estate».
—Ay, tííta, no te entendí nada. Estás perdiendo esa plata del curso de inglés. Déjame ver.
Tía Amapola hace un puchero con la trompa hinchada de bótox,  tuerce los ojos por mi comentario y me pasa su iPhone con la página del New York Times.
—Tiíta, ahí dice que Estados Unidos va a hacer seguimiento a los compradores secretos de inmuebles de lujo.
—¡Susto! ¿Qué más dice, mi niño?
—Bueno, que el Departamento del Tesoro empezará las investigaciones por Manhattan y Miami…
—¿De Houston no dicen nada?
—Por ahora, como diría el difunto, parece que es sólo Manhattan y Miami, tiíta.
—¡Pero, qué inquina me tienen esos gringos! Lo de Manhattan no me preocupa mucho porque ahí lo que tenemos no es gran cosa, pero si van por Houston…
Tía Amapola me mira con ojos puyúos y dice:
—Primero, me secuestran a los sobrinos, ahora me quieren quitar los riales que he invertido allá con tanto esfuerzo. ¿Qué les hice yo a esos carajos, mi niño? ¿Por qué me la han dedicado? ¿Ah?
Enviado desde mi Huawei

***

—Tiíta, ¿Qué es eso que le brilla a María Lionza en el cuello?
A tía Amapola no le da chance de responderme porque le contestan la llamada que está haciendo:
«Alo, Aristóbulo … No, deja al Padrino quieto que es contigo que quiero hablar. Mira, no sé cómo vas a hacé, pero no quiero mañana a esos indios echando vaina frente al tribunal … pues les mandas la Guardia Nacional y que se los lleven pa su monte … ¡Qué originarios ni qué niño muelto, tú si eres pendejo! Ay, sí, los indios esos se creyeron el cuento de que son los dueños de esta tierra y lo de los pobladores originarios y to’esa paja … Bueno, chico, si se ve feo, habla con Bednal y que les mande a los círculos o con la greñúa pa que les dé día libre a unos cuantos pranes y que se encarguen. Tú verás qué haces, ponte creativo, pero esos indios bailando ahí no los quiero volver a ver».
Tía Amapola cuelga sin esperar a oír qué tiene que decirle Aristóbulo:
—A ese hasta por teléfono se le siente el tufo a mono. No hay traje Armani ni pelfume Jean—Paul Gautier que pueda con eso.
La tía me ve y me pica el ojo. Luego mira a la Reina y me dice:
—Esa es la firma del difunto en oro 18, mi niño. Me costó una boloña de dóyares porque hasta un diamante incrustado tiene. Es que la estoy rezando y preparando porque tengo que tener una contra muy potente para que me proteja de este berenjenal que se nos avecina.

Anuncios

Etiquetado:, , , , , , , , ,

§ Una respuesta a Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 9

  • Lala de Balestrini dice:

    Pobre tía Amapola la van a volver loca y considero muchísimo al sobrino que tiene que estarle ayudando a descifrar todos los vericuetos en que se ha convertido su vida, dígame el malo del Julio Montoya, como le fue a decir esas cosas tan feas? Hasta la puso a tragar grueso, Dios que irá a pasar con la tiíta?

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 9 en P(u)ateando la vida. Otro blog de Golcar.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: