Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 10

26 enero, 2016 § 2 comentarios

reloj

—¿Ves mi niño? Así es que se bate el cobre. Un pasito a la vez. Eso nos lo enseñó el difunto. Cuando la cosa se pone pelúa, lo que hay que hacé es buscar tiempo. 60 días, mi niño. Dos meses. ¡Pueden pasar tantas cosas en dos meses, mi niño! Es como lo que hicimos con tus primos ¿Ves? Ganamos un tiempito. Eso mismo es lo que está haciendo el Padrino hoy. Aprende, mi niño, que no te voy a durar toda la vida.

Tía Amapola me habla bajito y me va explicando la estrategia a medida que el Padrino lanza la perorata. Él la mira y ella, mientras con una mano aprieta la firma del difunto que guinda de su cuello, con la otra, le hace señas para que alargue el discurso.

—La otra táctica que tenemos que aplicar hoy, mi niño, es cansar a la audiencia. Inventar el país de las maravillas para el futuro, «¡porque vamos a hacé! ¡Porque vamos a construí!». No importa que no se diga lo que se hizo, total,  aquí nadie sabe lo que quiere decir memoria y cuenta. Lo que importa es que cuando ya vaya a hablá la guacamaya esa, la  gente esté tan harta que no le paren bolas, pa’ que lo que diga no nos joda tanto. Que estén todos ya agüevoneaos.
—Ay, tiíta, por eso es que a ustedes no hay quién los embrome. Piensan en todo.
—Mi niño, tuvimos muy buenos maestros, de La Habana y de Sabaneta.

Tía Amapola no ha soltado en ningún momento la contra de oro 18. De vez en cuando murmura oraciones y la besa, pero no la suelta. La oigo rezar en un murmullo:

«Ismaelito bendito
Que Henry termine frito.
Indio Guaicaipuro en lo alto,
Que a Pizarro se le salga un flato
Venerada María Lionza en su danta
Que a Montoya le duela la garganta.
Babaluayé, Babaluayé
Mercurio retrógrado ya se fue».

***

Justo en el momento en que el hombre dijo «A veces hay que doblarse para no partirse», a tía Amapola le sonó el teléfono. No logré leer ni ver la foto de quien la llamaba. Se puso la mano en la boca, como hace ella para hablar cuando está en público y que no la oigan, y en medio del bullicio del salón la oí:

—Aló, ¿Boluda?, ¿qué fue mija, como andás? Estamos conectadas, porque justo estaba pensando que al salir de aquí te iba a llamar. Ya me estaba preocupando que estabas perdía … No, tranquila, nada importante, oyendo parlotear a una guacamaya gaga. Contame, ¿qué es de tu vida? … Sí, claro, te entiendo … Sí, después de semejante golpe, es mejor un poco de bajo perfil … Ay, sí, Boluda, vi lo de los hermanitos Lanatta y el Schillaci … Suerte tuviste que lo del Chapito hizo que lo de ellos pasara un poco por debajo de la mesa … Tú sabes que yo a Víctor no lo traté mucho, pero lo de Martín me pegó tanto como si de un sobrino mío se tratara … Contame, Boluda, para qué soy buena … Tú sabes que si está en mis manos, te hago todos los favores que quieras, entre bomberas no nos pisamos la manguera … ¡Coño, querida Boluda! Me la ponés difícil … No si yo por los Lanatta soy capaz de cualquier cosa, pero ya sabes cómo estamos de vigilados aquí … No creo que sea conveniente que se enconchen por estos lares … Noooo Boluda, los encontrarían de una vez y me complicarían la vida a mí y a mis sobrinos … Háblate con Fidel y Raúl, a lo mejor ellos allá puedan encaletarlos un tiempo … Ay, mi Boluda querida, como quisiera poderte ser más útil…

La llamada duró justo los 40 minutos del discurso. Tía Amapola estaba parlanchina. Cuando colgó, le pregunté con quién hablaba y estiró la trompa, se apretó los labios con el índice y el pulgar tan duro que pensé que saltaría el bótox, como queriendo decir, de esta boca no saldrá una palabra. Entonces, me preguntó:

—¿Qué dijo la guacamaya esa?

—Nada importante, tiíta, nada. Más de lo mismo. Más de lo que ya sabemos.

Es que ¿para qué amargarle el día con detalles a la pobre? ¿Ah?

***

—Ay, mi niño. Me da lástima con el Chapito y la la Kate que se quedó vestía y alborotá, ja ja ja pero también me da mucha risa la vaina ja ja ja el pobre Chapito se mandó a poné más muebles pa podé llenale la casita a la Kate y ni siquiera les dieron chance de quitale el plástico al mueble ja ja ja ¡con lo que debe doler eso! Tan bella la Katetita, y es tan simpática… ja ja pobre, ella que pensó que iba de estreno… ja ja ja ¿Tu Padrino no se querrá hacé esa operación? Pa haceme feliz ja ja ja
—Tiíta y de Barbie ¿Qué se sabe?

¡Huy,  parece que toqué la tecla nula! Tía Amapola paró en seco de reír, me miró con lo ojos puyúos y me dijo:

—¡Qué capacidá la tuya, mi niño, pa arruiname la fiesta! De ese ni me hables. Con el cariño y el amor que siempre lo he tratao y me sale con que se declara culpable. Si son tan gallinas ¿pa qué se meten en el business? ¡Estudien y háganse doctores! Así no corren riesgo. Ahora capaz y canta y nos saca a relucí a nosotros. ¡Caramba, Babaluayé! ¿Acaso yo no te compro todas las semanas tus rosas blancas? ¡No hay derecho!

Yo mejor me voy a ver si el gallo puso porque los ánimos como que se alteraron.

***

¡Tiíta, tiíta! Por las redes sociales están diciendo que en casa de Equiquito pasa algo. Que hay mucho movimiento.
—Ay, mi niño, llama a Equiquito de una vez a ver qué sucede, antes de que los escuálidos empiecen a inventar y a trangiversar todo.
—Tergiversar, tiíta. Se dice tergiversar.
—Ay, mi niño, te voy a agradecé que ahora no me contradigas. ¡En este momento, no! Que mi predilecto está en boca de todos. Además, chico, se escribe tergiversar pero se pronuncia trangiversar.

Tía Amapola me vuelve a mirar con ojos puyúos por segunda vez hoy y echando chispas, me dice:

—¿Ya llamastes?
—Llamaste, tiíta. Se dice llamaste.
—¡¿Vas a seguir siguiendo?!— Me dijo fúrica.

***

Hoy estaba tía Amapola concentrada leyendo en su tablet y yo me le fui acercando poco a poco, en punta de pies por detrás para asustarla. Cuando ya le iba a hacer ¡BOOOO!, ella pegó un grito aterrador que retumbó en la montaña. Era como el alarido de Caribay cuando vio a las águilas convertidas en cinco masas enormes de hielo.

—¡MI NIIIIIÑOOOOOOO!

El que se cagó fui yo. Di un brinco que casi pego en el techo. Temblando, le pregunte:

—¿Qué pasó, tiíta? ¡Coño, me asustó!
—¡Lee tu esa vaina y dime que no es ninguno de tus primos! ¡Yo no puedo ver!

«Eran venezolanos los narco mulas que murieron en Lima, Perú, en un hotel al reventarse un dedil en el estómago…»

—Tranquila, tiíta, no son parientes nuestros. Eran unos maracuchos…
—¿Seguro? ¿No me estás engañando? Mira que me he cansado de decirles que no tienen que ponerse en eso, que yo sé lo peligroso que es porque así empecé yo y vi unos cuantos con el mosquero en la boca… Pero, nada, tienen un apuro por ser multimillonarios y pasa lo que pasa… ¡Si el business da para que todos vivamos como reyes! ¿Pa qué inventan?…
—Tranquila, tiíta, eran una mujer y un hombre de apellidos Ferrer y…
—¿Ferrer? ¿Como la Lupita? ¿Tan mal le estará yendo a la pobre por el cierre de RCTV que sus sobrinos también…
—No monte un culebrón, tiíta, esos no deben tener nada qué ver con Lupita Ferrer.
—Casos se han visto, mi niño, casos se han visto.

***

—Tía Amapola, usted que todo lo sabe en este gobierno, cuénteme, ¿es verdad que botaron a la ministra de agricultura?
—Si la botan o no la botan, a mí me es acsolutamente inverosímil.
—Ab, tiíta, absolutamente, no ac. Y es indiferente, tiíta, no inverosímil…
—Cuando te pones en plan de ticher, me repugnas, mi niño. ¡Que me da lo mismo, vale! Me provoca ni contarte porqué esa mujercita se merece que la boten…
—Noooo, tiíta, cuente, cuente.
—Pues resulta que la muy mardita, andaba diciendo que ella sembraba cebollín en potes plásticos, y a mí me dijeron, de buena fuente, que lo que tenía en los potes de Peisi era mariguana. ¡Cientos de miles de maticas de la felicidá, ique terapéuticas!
—¡Ay, tiíta, eso si es grave!
—Magínate, mi niño, ¡¿no va a sé grave?! ¡Pretende vení a hacenos competencia en nuestro propio rancho!

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