Carol

13 febrero, 2016 § 1 comentario

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Todd Haynes tiene una forma particular de mostrarnos la historia de Carol (2015). Lo hace a partir de las miradas, de los tonos, de los silencios. Refuerza su discurso con una fotografía poco común, poco convencional. Cada imagen, cada escena tiene una intención, llevan una carga discursiva importante.

Son muchas las películas que han tratado el tema del lesbianismo. Un tema un poco contradictoria pues está al mismo tiempo colmado de prejuicios pero con una intensa carga de fetichismo también. En algunos films el amor lésbico es el tema central, en otros es sólo una subtrama. Algunos directores lo enfocan de manera descarnada, otros lo arropan de misterio. Algunos filmes que recuerdo son Los chicos no lloran [Boys Don’t Cry con Hilary Swank y Chloë Sevigny. Monsters con Charlize Theron y Christina Ricci. Las horas con Julianne Moore y Toni Collette. Aquella onírica escena de El cisne negro con Natalie Portman y Mila Kunis. Las descarnadas escenas entre  Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux en la excelente producción La Vie d’Adèle. Las atrevidas escenas de Elba Escobar e Irene Arcila en la venezolana Macho y hembra. Las frías caricias entre Patricia Velásquez y Eloísa Marturén en Liz en septiembre. La crudeza de series como The L World. 

En mi época de estudiante universitario, un cortometraje de Sara Roby llamado Tres mujeres arrasaba con los premios del Festival de Corometrajes. Y, por supuesto, no hay película porno heterosexual que se respete que no tenga, por lo menos, un encuentro lésbico cargado de fetichismo y morbo.

Ahora tenemos Carol, de Todd Haynes con una elegante y enigmática Cate Blanchett y una inocente e intensa Rooney Mara en los papeles de Carol, una mujer madura con un matrimonio roto y una hija y Therese Belivet, una veinteañera trabajadora de una tienda por departamentos donde se conocen. La historia está basada en una novela  Patricia Highsmith y ambientada en los años 50, lo que le da un toque de glamour particular.

El ritmo de la película es muy próximo al de una película de suspenso. Las actuaciones son sobrias, sin estridencias, permitiendo que el espectador hile un discurso más allá de las palabras que dicen los personajes, a partir de los gestos, miradas, pausas y silencios, teniendo una gran importancia la música y, especialmente la cámara que por momentos parece mostrar una imagen “sucia”, llenando de significados la pantalla. Es como si con la imagen desenfocada y con los colores borroneados, nos dijeran de los temores de Carol ante sus pasiones sexuales y las consecuencias que éstas podrían traer a la custodia de su hija. En otras ocasiones es como si la imagen se nublara por los prejuicios de la gente ante una relación lésbica, o podría ser para representar el mundo desconocido al que se enfrenta Therese ansiosa y decidida a encarar de una vez por todas su orientación sexual. Es un poco todo eso y la angustia ante la incertidumbre de no saber qué consecuencias tendrá en sus vidas esa nueva y apasionada relación.

Sin discursos panfletarios, Carol muestra la terrible lucha que han tenido que enfrentar las mujeres lesbianas para poder vivir con libertad y sin represalias su sexualidad.

Cate Blanchett y Rooney Mara están magistrales en sus interpretaciones de unas mujeres que buscan un lugar en el mundo, un espacio y respeto para su amor. En cada encuentro de las mujeres, en cada mirada que se dirigen hay una impresionante carga de sensualidad, atracción, misterio y tensión que desbordan la pantalla. Son actuaciones contenidas, de un profundo trabajo interior que se manifiesta en pequeños gestos y tonos de voz, en miradas y sonrisas. Y todo ese trabajo interior de los personajes resalta por el excelente vestuario, las locaciones, los objetos y autos de época. Todo cuidado al mínimo detalle en cada escena.

Ah, y antes de cerrar, no puedo dejar de acotar que es imposible dejar de percibir en la película referencias a las bellas Audry Herpburn y Marlene Dietrich. Por momentos, luce Carol como un homenaje. Es como estar disfrutando una vez más de las bellas y carismáticas divas de hollywood.

La chica danesa o llegar a ser como Dios te hizo

6 febrero, 2016 § 1 comentario

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Desgarradora. Imposible ver «La chica danesa» de Tom Hooper (2015) sin que se nublen los ojos y se sienta el desgarramiento de esos seres cuyo sufrimiento traspasa la pantalla.

No es una película biográfica en sentido estricto. En realidad es una película romántica, la historia de un amor poco convencional para estos días y absolutamente extraño y nada comprendido en los años 20.

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Lili Elbe, la verdadera chica danesa

«La chica danesa» cuenta la historia de la relación amorosa de Einar Wegener y su esposa Gerda. El film arranca con escenas cotidianas de un matrimonio de pintores que disfrutan del amor, del sexo y del éxito para ir pasando progresivamente y con un ritmo in crescendo al verdadero drama de la pareja cuando Einar, a partir de algunos hechos, comienza a ver resurgir en su interior a la mujer que sepultó bajo la montaña de prejuicios y convenciones sociales.

Poco a poco, lo que en un inicio fue un favor que Einar le hiciera a su esposa al vestirse con unas medias de seda de bailarina para posar para una pintura, pasa a ser un juego erótico entre la pareja, un divertimento que hace que la dormida Lili Elbe comience a salir del interior de Einar, donde estaba encerrada desde que en su infancia su padre lo encontrara besando a su mejor amigo.

Lo mejor de la película son las interpretaciones de Eddie Redmayne, Alicia Vikander. La sutileza de sus actuaciones y el respeto por los personajes. El peso de la historia reposa en ambos personajes a partes iguales y van mostrando toda una serie de registros de emociones que los hacen dignos candidatos a los Oscars. La transformación de Einer

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Gerda Weneger

en Lili se va dando de forma paulatina, a partir de pequeños detalles que hacen que el verdadero yo de esa mujer nacida en cuerpo de hombre salga a la superficie y haciendo imposible el regreso al baúl del inconsciente donde la habían confinado.

Einer posa vestido de mujer para su esposa y al verse en la pintura se ve como realmente siempre se ha sentido. Sus ojos brillan al observarse mujer y es cuando empieza a dejar que Lili cobre vida en su cuerpo. Así uno va intuyendo, adivinando, en medio de hermosos escenarios, elegantes eventos y una época llena de glamour y buen gusto, el terrible drama que debió haber sido la vida de Einer—Lili en esos años de principios de siglo, cuando no se hablaba de disforia de género, de transexualidad ni de personas transgénero. Esos casos eran aberraciones, locuras, insanías, esquizofrenias y en el mejor de los casos enfermedades que debían ser tratadas para erradicarlas. Einer, una vez al mes sufre hemorragias nasales, y hay quienes aseguran que tenía incipientes ovarios en su vientre. Gerda llega a afirmar ante el médico que ella también cree que Einer es una mujer.

Einer, en su lucha por ser lo que siente que es llega a decir que quisiera matar a Einer pero no lo hace porque eso implicaría matar a Lili también. Así, Hooper nos presenta ese episodio de la vida de este personaje de la vida real que es un estandarte en la actualidad para la comunidad de Lesbianas, Gays, Transgéneros, Bisexuales e Intersexuales —LGTBI— del mundo. Un ser humano que aunque no persiguió ser un símbolo de la diversidad, se convirtió en ello porque llegó literalmente a perder la vida en su afán por llegar a ser por fuera lo que siempre fue por dentro al someterse a una rudimentaria operación que la llevó a ser una de las primeras personas en el mundo en someterse a una cirugía de reasignación de sexo.

El amor y el apoyo de su esposa, la pintora Gerda Wegener, son los pilares fundamentales de la relación y de la transformación de Einer en Lili. Un amor envuelto en el sufrimiento de ver que el objeto de su amor sexual se va perdiendo entre pelucas, vestidos y medias de seda para convertirse en un amor de solidaridad y compañerismo. Al final, Gerda acompaña a Lili en su reasignación de género en un muestra de entrega sublime.

Si hoy día es difícil la vida para las personas transgénero e intersexuales, a pesar de lo mucho que ha evolucionado la comprensión de esos casos, del apoyo que se ha dado desde la investigación científica para que las personas con disforia de género sean consideradas seres humanos normales y no fenómenos ni aberrados o enfermos, y a pesar de la visibilidad que tienen estos casos tanto en el cine como en la literatura y la televisión, no es difícil adivinar el sufrimiento por el que a principios de siglo pasado debieron pasar personas como Lili Elbe, nacida  en el cuerpo de Einer Wegener.

Cuando un amigo de Lili le dice que el médico que la opera la está haciendo mujer, ella le responde «Dios me hizo mujer, el doctor sólo me está quitando el disfraz». Cuán importante debía ser para una persona intentar hacer que su apariencia física concordara con lo que psíquicamente es, que a pesar de los riesgos advertidos y de saber las altas probabilidades de que la operación fracasara o que la consecuencias de la misma le podrían costar la vida, de todas maneras decide someterse a la cirugía. Al final, tiene la satisfacción de haber muerto como Lili Elbe y no como Einer Wegener. Un consuelo que muy pocos podrán asimilar pero que da una pista de lo importante que es para las personas con disforia de género el hacer que su apariencia se corresponda con lo que son. Lo importante que es para Lili el haber soñado que la llamaban Lili y no Einer.

Mucho se ha tratado el tema de la homosexualidad y la transexualidad en el cine. Películas serías, películas menos serías, comedias, dramas, musicales. Mucho cine se ha hecho al respecto, un tema tratado a veces con burla o caricaturescamente pero también con profundidad y respeto. A vuelo de pájaro recuerdo la caricaturesca «Glen or Glenda» de Edwar Wood (1953), una de las primeras. «Cambio de Sexo», de Vicente Aranda en 1977, «Un año con trece lunas» (Fassbinder, 1978). «Tootsie» de Sydney Pollack (1982), «El juego de las lágrimas» de Neil Jordan en 1992, «Todo sobre mi madre» (1999) y «La piel que habito» (2011) de Pedro Almodóvar, «Víctor Victoria» de Blake Edwards (1982), Billy Elliot de Stephen Daldry  (2000), «Hedwig and the Angry inch»  de John Cameron Mitchell (2001), «Las aventuras de Priscilla, reina del desierto» de  Stephan Elliott, « Mrs. Doubtfire» (1993) Chris Columbus «Reinas o reyes» Beeban Kidron (1995), la irlandesa «La increíble historia de Albert Nobbs» de Rodrigo García (2011)… Por Venezuela podemos hablar de « La máxima felicidad» (1982) y «Macho y hembra» (1984) de Mauricio Walerstein, “Cheila, una casa pa’ maíta» de Eduardo Barberena (2010), «Azul y no tan rosa» de Miguel Ferrari (2012).

La lista es larga. Todos los géneros cinematográficos han tocado el tema. En algunas películas son personajes protagónicos, en otros secundarios. Algunos directores tratan el tema con respeto, otros lo ridiculizan o caricaturizan. Actualmente se agregan series de televisión como «Orange is the new black», «Transparent», el muy mediático caso de Caitlyn Jenner. «La chica danesa» es un paso más en la lucha por la igualdad y el respeto.
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«La chica danesa» me recordó la producción de 2002 de HBO films, «Normal» dirigida por Jane Anderson y basada en su obra. Un film en el que Tom Wilkinson y Jessica Lange encarnan a un matrimonio de 25 años con dos hijos que se enfrentan a la transición de género de Ruth Applewood, La reacción inicial de la esposa del trabajador de una fábrica es la de separarse pero poco a poco entiende a Ruth y termina por enseñarla a vestirse y maquillarse y apoyarla en su proceso.

Existe una inacabable lista de historias que han ayudado a dar visibilidad a los casos de disforia de género, a «normalizar» a las personas transexuales, o transgénero, a los intersexuales y bisexuales, a los gays y a las lesbianas, pero que, no obstante, no parecen llegar a ser suficientes como para que mucha gente supere sus miedos y prejuicios y aprendan a aceptar y respetar la diversidad más allá de lo que por ser políticamente correctos lo asumen. Algunos siguen viendo a la gente diferente como fenómenos de circo o como aberraciones antinatura, muchos siguen maltratando, discriminando y vejando al diferente.

Aunque es mucho lo que se ha avanzado desde aquellos lejanos años 20 del siglo pasado, cuando moría Lili Elbe tras recibir su reasignación de género,  es mucho aún el camino que hay por recorrer en el reconocimiento de todos los derechos para todas las personas. Por eso, termino estas líneas con la buena noticia que llega desde la ONU con le emisión de sellos postales para promover los derechos de la comunidad LGTBI, una serie de dibujos diseñados por Sergio Baradat en una iniciativa que «forma parte de la campaña Libres e Iguales de la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la cual busca crear más conciencia acerca de la violencia y discriminación homofóbica y transfóbica».

onu

 

No te aferres

3 febrero, 2016 § Deja un comentario

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No te aferres

El camino es lo que encontramos al voltear
Miremos atrás
la huella hizo el sendero

Al frente el vacío
Nada
que será camino
una vez transcurrida
senda
que nadie recorrerá igual

El futuro no es un camino
Es incertidumbre
Que dejará de ser
al traspasar el umbral del presente

La certeza es el cambio
La mutación
Nada es permanente
Todo es susceptible de cambio

Mutar
Y mutar
Y mutar

Cambiar

El camino se hizo de cambios
El pasado fue una mutación
El cambio marcó el camino

El presente es un continuo incierto
Que se dirige irremediablemente
Al cambio infinito

Nada permanece
Nadie permanece
El sino es el cambio
El signo es el cambio
La fatalidad es la mutación

El poema no tiene punto
La vida no tiene punto
La muerte es si acaso
punto y seguido

¿O una interrogación?

El punto es el pasado

No te aferres

¿Dónde estoy?

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