El futuro del país crece en una cola

3 marzo, 2016 § 8 comentarios

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Yo, de pequeño, jugaba a policías y ladrones y jugaba a la «tiendita». Esos eran algunos de mis juegos. —Si, también jugaba a «Papá y Mamá» y al «Doctor y su paciente», pero esa es otra historia—.

El juego de ladrones y policías, supongo que obedecía al hecho de ser hijo del Prefecto de La Parroquia y vivir los primeros años de mi vida metido en la prefectura, entre policías y detenidos.

El de la tienda o bodega, provenía de ver cómo todos los días, antes de salir el sol, ya se  estaba descorriendo la santamaría que mis padres tenían en un local de nuestra casa, frente a la plaza. Que me permitieran cerrar una que otra noche esa santamaría, era para mí el sumun de la alegría. Me sentía adulto, grande.

Esos eran mis juegos, porque esa era mi cotidianidad. Esa era mi «normalidad».

Después de morir papá, muchas veces salí con una olla llena de pasteles de carne y de queso hechos por mamá a venderlos de puerta en puerta. No era un trabajo —nunca lo sentí así—, era un juego, también. De hecho,  no recuerdo que mamá me dijera nunca que saliera a venderlos. Yo tomaba la olla y salía a «jugar», un juego que además me dejaba a mí el equivalente en bolívares de un pastel por cada cuatro que vendía. Eso era lo más.

Así crecí. Con esos juegos. Estudié, me gradué, trabajé, monté mi negocio y sigo trabajando. Es lo que vi. Ese es el ambiente en el que crecí. Eso era lo normal. Tan normal, que era lo que jugábamos para sentirnos grandes. Una mesa de planchar fungia de mostrador, una tapa de una lata de leche suspendida con hilo de pita, era la balanza y cualquier lata nos servía de molde para hacer tortas de barro que eran la mercancía.

Hoy recordé todo esto porque me cinceló el corazón el mensaje que envió una sobrina por whatsapp:

«No puedo parar de reírme jajajajajaja Paula, estaba jugando en la parte de atrás del carro y empezó: ‘¡Señores ordénense en la cola!’ (dirigiéndose a sus muñecos). Entonces,  ella misma se respondió: ‘¡Déjeme pasar que yo soy de la tercera edad para comprar harina!’»

Inmediatamente recordé una historia similar de una amiga que llevó a su nieto de tres años en Semana Santa a visitar al Nazareno de San Pablo y el niño le preguntó, al ver que hacían una larga cola para entrar al templo: «Abu, ¿Y aquí qué vamos a comprar?»

Entonces, el corazón se detiene al pensar en el futuro, al interrogarme ¿Qué futuro le espera a un país en el que los niños crecen en una cola? ¿Que futuro les espera a esos niños que crecen pensando que lo «normal» es echar raíces en una cola para comprar harina? ¿Cómo será la Venezuela dentro de 25 años, cuando el país esté en manos de esos niños que juegan a que están en una cola para comprar harina, porque esa es su cotidianidad, su «normalidad»?

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§ 8 respuestas a El futuro del país crece en una cola

  • ana dice:

    Me fascina. Bendiciones Golcar.

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  • labea dice:

    y yo agregaría: ¿qué futuro le espera a esos niños que van con sus madres a las colas a recibir humillaciones y atropellos? sencillamente creo que les espera un futuro sin autoestima y sin aspiraciones. Eso será lo que el grupo de maleantes del gobiern quieren. Un abrazo y DTB

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  • Eliana dice:

    Yo pensaba en eso hace rato, que las divisiones costará mucho para corregirlas, porque habra quienes vean las colas como algo normal porque sus padres las hacen, otros verán normal el bachaqueo, otros aspirarán ser pranes o prepago, como comentaron en un grupo de Whatsapp, y otros crecerán odiando y puteando las hijueputas colas como el caso de mis hijos. Ahí radica el mayor desafío de los padres venezolanos de estos tiempos, en inculcar valores y etica en nuestros hijos porque sin duda lo mas grave de este caos es la crisis moral que padecemos. Es nuestro deber enseñarles lo terriblemente dañino del socialismo o comunismo, como le queramos llamar, para que nunca mas vuelva a esta tierra de gracia un regimen parecido. Sin duda, también habrá los que quieran ser médicos, ingenieros, arquitectos, periodistas, abogados, políticos, escritores, poetas, músicos, deportistas, o simplemente tener un oficio decente y de cara al progreso, a esos es a los que yo apuesto.

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  • Zoleivade Rojas de Santos dice:

    Si Golcar asi como a ti se te arrugó hoy el corazón hoy, quedé yo un dia que María Victoria nos invitó a jugar a “La tiendita” a Nerza, la mamá y a mi, cuando nos llamó a comprar y nos levantamos la niña nos dijo: “así no, hagan la cola porque no alcanza para todas” me paralicé y pasé varios dias pensando, será que estos niños van a crecer en esta sociedad, en esta Venezuela? Niños de cuatro años haciendo estos juegos. Me erizaba y se me salían las lágrimas.
    Para rematar, a los dias jugaba con Sandy a la peluquería, Sandy la clienta, ella la peluquera.
    Sandy- Y cómo haces tú para comprar el champú, el enjuague y los tintes, porque están muy escasos?
    Ella- No señora, yo no salgo a comprar tengo un señor que me los trae, me los vende mas caros, pero yo se los compro para que no falten.
    Tienen los niños que crecer en la cultura que forjaron los foragidos, ladrones, narcotraficantes y corruptos de un gobierno tan nefasto y destructor de la economía, los principios morales, éticos, sociales y espirituales? No es justo! Todavía estoy erizada.

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  • Lala de Balestrini dice:

    Deja un sabor a no se que esta nota de Golcar, debo confesar que en un principio me reí por la ocurrencia de la niña, pero cuando se pone uno a analizar la situación lo que da es tristeza de ver y pensar por las cosas que están pasando nuestros niños y preocupación de pensar que cuál será la mentalidad de estos seres que apenas están empezando a vivir, y me vino a la mente otra situación de niños precisamente con unos primitos de Paula (la protagonista del juego) me contaba la misma prima z(Giovanna) que ellos sr fueron con sus padres a vivir en Ecuador y la primera vez que fueron al supermercado cuando iban pasando por el departamento de los granos la niña de 8 años le dijo a la mamá “mamá compre muchas lentejas y caraotas para guardar antes que se acaben” y eso di me partió el alma de ver que ya están condicionados a la precariedad, porque no se están educando para ahorrar, para ser previsivos sino para acumular antes que se acabe

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  • Yo en ningún momento me reí. Me dio tristeza desde el principio. He visto muchísimos niños haciendo las colas en vez de estar en clases. Madres que los envían a hacer recorridos por los negocios cercanos para que averigüen que hay. Una madre me dijo que para “hacerle menos dura la cosa al niño, le digo que es una cacería y que el que logre encontrar x cosa tal día, esa noche cena su arepa completa, con mavesa y todo”. Me da dolor, porque pienso en como sacarle “las colas” de la mentalidad a esta niñez, en lo que ven “normal” y simplemente me da tristeza, y rabia. Cuando salgamos de todo esto, hay que enfocarse en reeducar. En enseñarle a los niños y no tan niños, que lo normal es vivir, jugar, aprender, crecer para ser GENTE, para producir, disfrutar, etc. Por otro lado, también veo niños que le dicen a los padres claramente que eso no es lo que quieren, que sus sueños son otros. Y a los estudiantes… y siento que la Venezuela en que crecimos es posible, porque estos niños lo quieren, porque tenemos que luchar para que la vivan. Y a eso me aferro.

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