Morir en la patria

24 abril, 2016 § 2 comentarios

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Contemplando la belleza del Araguaney en flor,
moría.
De hambre
O de sed
O de bala…
Nunca supo que en primavera
florean hermosos
los cerezos.

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Te voy a llevar al cielo “Toda la verdad”

24 abril, 2016 § Deja un comentario

Todo sobre los libros de Golcar Rojas

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25

Toda la verdad

 

— ¿Quieres saber la verdad, Edelmiro? Muy bien, sírveme un whisky doble y sirve uno para ti, que lo vas a necesitar. —Dijo Cocó, acomodándose en el sofá donde aquella noche de tragos, hacía ya unos seis años, tuvieron su primer encuentro sexual.

—La verdad es que el endocrinólogo no te mintió. María Virginia también nació hombre, pero desde que tenía uso de razón se sintió mujer. De niña solo vestía ropas femeninas, con el consentimiento de su mamá, que no veía nada anormal en el asunto y confiaba en que al crecer se le quitaría «lamanía», y el reproche de su padre, quien por no tener discusiones con su esposa, se resignó a ver a Alejandro con vestidos y tacones por la casa. Cuando llegó el momento de inscribirlo en la…

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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 12. Lluvia

20 abril, 2016 § 1 comentario

 

tia amapola

Hoy me encontré una foto en una gaveta que se parece mucho a ésta. Fue hace unos meses ya. La tía Amapola estaba feliz y posó justo así, tal como la mujer de la imagen. Casualidades de la vida. Entonces no nos imaginábamos nada de la Cristina y la Dilma todavía, Aunque tía estaba golpeada por el revés de Evo en Bolivia. Pero el día de la foto estaba contenta. Recuerdo que riendo me dijo:
—Mi niño, tómame una selfie aquí.

—Tiíta, las selfies se las toma uno mismo, si te la tomo yo, no es selfie.

—Bueno, pajúo, que me tomes uno foto con estas ñemas que son las únicas que he visto en meses porque al padrino con lo cagao que se la vive ya se le desaparecieron. Ya mi clítoris es más grande que sus coroticos de matrimonio.

***

La tía Amapola tiene rato tratando de descifrar un un titular del New York Times en su tablet. Intenta entender algo de lo que dice, pero no lo logra. Agarra el Larousse inglés español que le regalé cuando decidió que iba a estudiar inglés, pero la pobre ni siquiera sabe cómo buscar las palabras.
“Bre a quin neus. Brea quin niusss. Ah, sí. ¡Rompe Nuevas! ¿Qué será esa vaina?”
Yo la escucho y me hago el policía de Valera, pero tengo que morderme la lengua para no soltar la carcajada.

-¡Mi niño, mi niño! Tú que hablas un poquito más de inglés que yo, hazme un favorcito, dime qué dice en este titular de los Panama papers, que casi no entiendo. Capto el concecto general pero no estoy segura…

-Sí, claro, tiíta. Me imagino que con tantas clases que has recibido ya comprendes casi todo. A ver.

Leo:
“BREAKING NEWS
Iceland’s prime minister resigned under pressure after the leaked “Panama papers” tied him to a hidden offshore company”.
Nada tiíta, dice que esa es una noticia de última hora, que el Primer Ministro de Islandia renunció por la presión que recibió por aparecer en los papeles de Panamá con compañías ocultas…

-Ese sí será bien pendejo. ¿Te imaginas mi niño si aquí renunciáramos todos los que estamos apareciendo en esa guarandinga?.¡Se iriá hasta el portero de palacio!

-Bueno, tííta, eso es lo que se supone que en los países serios hacen los políticos serios…

-Ay, ya vienes tú con tus pistoladas. Tú como que eres igual de pendejo que ese Primer Ministro… Por cierto, ¿tú me leístes bien esa vaina? Tú me dijistes “Noticia de última hora” y yo ahí no vi en ningún lado que dijera “agüer”.

-Sí tííta, es eso exactamente lo que dice y recuerda que es “leíste” y “dijiste”, sin la ese al final.

-¡Ay, anda a rezá!

***

Tía Amapola hoy se forró toda en Chanel desde la cabeza a los pies. Se echó tanto Chanel Nº 5 encima que hasta me hizo estornudar varias veces cuando se me acercó.

—Mi niño, nunca había estado tan emocionada con un viaje a La Habana como ahora. Más bien, me aburría pensar en tener que ir a escuchar las peroratas de Fidel mascando el agua. Aquí entre nos, yo a todo le digo que sí moviendo la cabeza porque no le entiendo pero lo que es nada cuando balbucea durante tantas horas seguidas. El otro día me dijo una vaina y yo, moviendo la cabeza «sí, sí». Entonces, me repite duro y despacio “Óyeme, Amapolita, ¿en veldad tu te crees el cuento de que yo mandé a matar a Chávez?» Y yo «¡Ah! No, claro que no!». Qué metida de pata tan brava.

—Y qué es lo que cambia ahora, tiíta para que esté tan emocionada con el viaje.

—Ay, mi niño, que el 3 de mayo es el desfile de Chanel en El Prado y no me lo pienso perdé por nada del mundo. ¡Por fin en esa vaina va a pasar algo que valga la pena! Porque ya cansa tanto Ché y tanta revolución. Un poquito de glamour no le hará daño a nadie.  A lo mejor hasta consigo algunos hilitos dentales para ver si le levanto un poco… el ánimo, mi niño, el ánimo, a Padrino porque ya hace meses que no veo luz…

***

—¿Le duele mucho, tiíta?

Tía Amapola me mira con ojo de vaca cagona y haciendo pucheros me dice:

—Horrible, niño, siento una puya que me empieza atrás y me termina aquí en la teta derecha, y como un corrientazo en el pezón.

—¿Ya se tomó la medicina?

—Eso es lo peor, mi niño. El doctor me puso Lyrica pa’l dolor y no he conseguido por ningún lado. Ni ninguna Pregabalina.
La tía se aprieta el seno con las dos manos y con voz transida me dice:

—Llama a «Águila de pluma blanca que caga a orillas del Orinoco» y le consultas a ver qué me puedo tomar por la Lyrica, mi niño.

—¿A quién, tiíta?

—Verga, al chamán del Amazonas, el que le dijo a Padrino cuáles son las plantas medicinales que hay que sembrá para ganarle la guerra económica al imperio. Ahí en los contactos está, por la A de Águila.

—Ay, tiíta, es que tan sólo a usted se le ocurre a su edad montar en bicicleta. Bueno, piense que la caída le sirve como una prueba de densitometría ósea. Fue una fisura pequeña, o sea, que osteoporosis no tiene.
Hice que no vi la mirada puyúa que me lanzó y echo el pendejo, dije:

—Aquí está Águila de pluma blanca que caga a orillas del Orinoco. Ya lo llamo a ver que hierba le receta. Seguro me manda también ron de culebra.

***

—Mi niño, hazme un favorcito. Mientras yo rezo aquí en el altar, tu me vas pasando este tabaco por la espalda, cerca del omóplato que me fisuré.
Tía Amapola me pasa el tabaco encendido y humeante.

—Tiíta y esto qué es ahora. Se llama moxa, mi niño, es una maravilla para los dolores, me dijo el chamán del Amazonas, que es mejor que Lyrica.
Mientras le paso el tabaco, tía Amapola reza:

—San Isidro Labrador,
Quita el agua y pon el sol.
Santa Bárbara bendita
Que pare la lluviecita.
Que viva Changó, que viva Changó
Una lluvia como esta se lo llevó.
Que San Isidro Labrador y mi reina Changó
Protejan al padrino que la lluvia lo mojó.
Babaluayé, Babaluayé
Que el sol brille
De una buena vez.

Tía Amapola interrumpe el rezo, me mira y me dice:

—Dejémonos de pendejadas, mi niño. Anda y me buscas en la gaveta de mi mesa de noche un tabaquito de mariguana que tengo ahí, esta moxa no sirve pa’ un coño y yo con la maafafita me alivio de una vez.
Así que voy a buscarle su porrito mientras ella sigue:

—San Isidro Labrador,
Quita el agua y pon el sol.
Santa Bárbara bendita
Que pare la lluviecita.
Que viva Changó, que viva Changó
Una lluvia como esta se lo llevó…

***

El padrino salió hecho una furia. Echaba chispas por los ojos y dio un portazo.
Yo miré a tía Amapola con un signo de abrir interrogación en el ojo derecho y en el izquierdo el de cerrar. ¿?

—¡El pajúo ese! Vino a armame un verguero porque yo ayer corrí cuando empezó a llover pa no mojame. Magínate tú, ahora sale con que por mi culpa se quedó como un pendejo hablando solo bajo el palo de agua. Me dijo, así con su voz como de mojón pesao, —Tía Amapola imita la voz— Claro cuando yo dije «de aquí no se mueve nadie», ninguno me paró bolas porque tú fuiste la primera en irse. ¿Qué quería él? ¿Que me quedara ahí y me mojara pa que se me enchurque el pelo? ¡No joda! Si ahora tengo que secarme y plancharme pelo escondía porque a él se le ocurrió la brillante idea de decir que nos sequemos el pelo con los dedos como hace Pablo Iglesias para ahorrar electricidad. ¡Habrase visto! Él es el único idiota en el mundo que le creyó al español que se baña y se lava el pelo…
Yo mejor no digo esta boca es mía porque ya la tiíta debe estar por aventar lo primero que tenga a mano y segurito que cobro yo.

***

Voy pasando frente a la puerta de la habitación de Padrino y tía Amapola y escucho gemir a Padrino. Sigiloso, me detengo a escuchar —soy un poco morboso y fisgón—, porque pienso que por fin Padrino le está dando su pedacito de domingo a la tiíta. Aguzo el oído para oír bien y me percato de que no es un gemido. Padrino está sollozando. Ahogado en llanto le pide perdón a tía Amapola por el berrinche que le armó por haberse ido cuando empezó a llover. Le dice que es que está muy nervioso e irritable y entonces la tía explota:

—Claro, ¡no vas a está nelvioso! Te pones a payasear bajo el palo de agua, a querete parecé al difunto y después andas todo chorreao pensando que te vas a morí como él. Ya vi las fotos que te sacaron con lo ojitos viraos como los del difunto mojándote en la lluvia. Por eso anoche no me dejabas dormí con las pesadillas. Gritabas «¡Me quieren matar! ¡Esa lluvia estaba envenedada! ¡Ese aguacero lo mandaron los gringos para inocularme una vaina!». No me dejabas dormí. Mira las ojeras que tengo. ¡Ojalá y te dé una vaina y te mueras pa que aprendas a no sé tan mamarracho!

El tío entre sollozos le dijo que qué iba a aprender nada si le daba una vaina y se moría pa’l coño y la tía soltó una carcajada.
A veces pienso si la tía Amapola en verdad quiere a Padrino o más bien lo detesta.

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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 11
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Réquiem para Goethe, de José Miguel Roig

7 abril, 2016 § 1 comentario

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Terminé el «DESPUÉS» y con una sensación de ahogo, cerré el libro. Me levanté de la silla. Caminé de un lado a otro. Abrí la nevera y la cerré sin ningún fin. Fui al baño y me di cuenta de que no tenía ganas de orinar. Sonó la puerta de mi tienda y me molestó que alguien viniera a importunar.

Era una sensación de desasosiego la que me embargaba. No me hallaba. Al mirar la portada del libro y leer «Réquiem para Goethe», entendí que esa sensación de azogue me la había dejado la historia del militar nazi y el joven judío de 17 años en el campo de concentración.

Era la sensación de haber asistido a un acto prohibido. De haber presenciado unos hechos que no me correspondían. La sensación de haber estado en una historia privada, secreta. Una historia que sólo incumbe a los protagonistas.

Así me dejó el libro de José Miguel Roig editado en 2007 por Oscar Todtmann Editores.

Es una novela estructurada en cuatro partes, llena de suspenso y que, aunque uno pueda esperarse los acontecimientos, de todas maneras éstos lo conmueven.

Un hombre mayor, judío sobreviviente de los campos de concentración, en el declive de su vida, intenta encontrar al militar nazi con el que entablo una turbia relación cuando junto a su hermano fueron capturados.

Hay entre el militar y el joven Johann Wolfgang Feldmann una relación de dominador/dominado, de poderoso frente al indefenso, de seductor y seducido. Es la relación de dos hombres que en el fondo se descubren similares: rechazados, perseguidos, acosados, solos. Dos hombres que se enfrentan contra ellos mismos. Un dominador que se enamora de su víctima y un débil que descubre en su miedo una especie de fortaleza. Johann Wolfgang Feldmann es como una especie de Sheherezade que logra gracias a los versos que aprendió de memoria de Goethe —a quien debe su nombre—, dominar y posponer el temido momento de la entrega, a la que se opone desde un comienzo.

Es la historia de dos miserias humanas que se encuentra, se oponen, se enfrentan y terminan en medio de su soledad, desgracias y desventuras, dependiendo el uno del otro emocionalmente. Es también la historia de dos culpas que se encuentran.

Roig tiene una especial capacidad para mostrarnos la naturaleza humana. Sus miedos, sus dudas, sus miserias. Con pasajes realmente memorables como el diálogo con la mujer alemana en un café de Palermo en Buenos Aires, una elegante señora localizada por una compañía contratada por el judío para la búsqueda y que tiene pistas sobre el paradero del teniente Heinrich von Eckhardt, oficial de la SS. Ella fue una importante conquista del oficial.

La parte Dos del libro es absolutamente teatral y se centra en la relación de Heinrich von Eckhardt y Johann Wolfgang Feldmann. Tiene un tono intimista que logra meternos en el drama y conmovernos con esos «pobres» seres que nos muestra.

Al final, uno, como el propio Johann Wolfgang Feldmann, queda con la duda de por qué después de haber decidido echar al olvido toda la historia, después de haberse encerrado en su subconsciente la relación con el oficial, decide, mientras le cuenta los hechos a su mujer víctima del Alzheimer, buscar al hombre. ¿Es por odio? ¿Por venganza? ¿Por amor? ¿Por la culpa? ¿Pudo haber sido amor lo que hubo entre los dos hombres al final? ¿O sólo la conjunción de dos soledades y la yunta de dos miserias? El amor y el odio tienen tantos recovecos y vericuetos, tantos meandros extraños…

Como el mismo Johann Wolfgang Feldmann dice cuando decide iniciar la búsqueda del teniente:

«Y cuando hice dinero… resolví buscarlo.

¿Venganza? ¿Odio? ¿Qué otra razón? No podría decir. ¿Qué quedaba? La inmensidad de los sentimientos atenuados con el tiempo. Ya no era lo que fui. Quería convencerme de que no estaba seguro del porqué. Preferí especular ¿Sólo curiosidad? No, qué va. El deseo de apaciguar la angustia de esas noches cuando me despetaba, Sara dormida a mi lado, sudando y balbuceando en alemán».

Tal vez, al final de todo, lo que busca es el perdón, espiar la culpa. Tal vez por eso, una de las últimas escenas se desarrolla en la sinagoga el día del Yom Kippur, el Día del Perdón.

 

Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 11

2 abril, 2016 § 4 comentarios

del rincón

Hoy, por fin, la tía Amapola volvió a aparecer. Tenía tiempo de no verla. Supuestamente, que estaba muy ocupada; pero me parece que estaba en un extreme make over porque la boca la tiene más inflada y al lado de los ojos, en lugar de las patas de gallo, se le ven unos bultos. Como inflamaciones.

Se me apareció como un ánima en pena en la puerta del cuarto. Sin una gota de maquillaje, con los pelos parados y con una bartola blanca que le arrastraba. Llevaba encima todos los collares que le ha puesto su padrino babalao y las pulseras de peonías y ojos de buey. Hedía a ron barato y tabaco de brujo.

—Ay, mi niño, desde que agarraron a Juanchito con la merca, no he pegado un ojo. Rezo día y noche, me he fumao caja y media de tabacos ¿No oyes como tengo la voz? Ya parezco Karla Luzbel.

—Ay, tiíta, botaste la cédula con eso de Karla Luzbel. Pero es que usted se lo toma todo muy a pecho, ni que ese Mayor Juan José fuera pariente suyo…

—Como si lo fuera, mi niño, como si lo fuera. Los socios y colegas son como hermanos, como sobrinos…

—Por cierto, tiíta, ya se acerca el 29, y dicen que los primos están cantando de lo lindo, cono dijo el Padrino ayer, cantando más duro que Plácido Domingo. Y el juez dice que más prórrogas no hay.

—Esa es otra vaina que me tiene mal y no sé si Padrino se atreverá a decirles a Fidel y Raúl que hablen con Obama ahora que va a La Habana, para que nos eche una manito con eso. Yo no puedo creer que si el negrito habla con el juez, no puedan pará esa vaina…

—Tiíta, los gringos no se manejan así…

—Ay, ya vienes tú con tus pendejadas pro yanquis, Si, claro, ellos son santos. No hay nada que con un buen fajo de verdes no se pueda conseguir, aquí, en gringolandia y en la conchinchina.

Me miró con los ojos puyúos y salió dando un portazo.

A veces siento que esa mente en cualquier momento se va a desmoronar.

***

«Papito mi rey, averigua bien esto y si es verdá, te lanzas una cadena a esa hora para que nadien vea esa vaina. Me llegó por guasac esto que te pego aquí:

‘hoy en CNN a las 10 d la noche con Fernando de Rincon entrevista a altos funcionarios de inteligencia que capturaron con droga sobrino de Cilia Flores sobrinos de la primera narco-combatiente e hijastro de Nicolas Maduro en Haiti en aviones de la empresa eveba propiedad de Diosdado Cabello rueda la cadena para que toda Venezuela vea la noticia..Por que a los Canales Venezolanos al parecer se les prohibio transmitir esa informacion…’.

Capaz es mentira, pero si es cierto te tienes que lanzar una cadena bien arrecha».

—Tiíta, ¿esto estás segura que es para mí? —le enseño a tía Amapola el teléfono con el mensaje que me acaba de mandar—. Yo creo que metiste mal el dedo.

—¡Ay, mi niño, eso era para el Padrino! Es que me puse tan nerviosa cuando lo leí, que ni me fijé a quién le estaba mandando la vaina. ¡Menos mal que fue a ti y no a algún periodista de esos que viven pendientes a ver cómo lo joden a uno. Ya se lo paso a mi amorcitico. Yo creo que si pone a la greñúa Iris con los ojos viraos y con convulsiones a mentarles madres a los diputados y a decirles ¡Hijueputas!; así, bien gocha y con las venas del cuello brotadas, la gente ni hable de ese programa del Fernando…

Tía Amapola, se calla de pronto, suspira y dice nostálgica:

—Chico, tan bueno que está ese carajo, tiene los ojos más bonitos que los de Diosdado. ¡Yo no sé por qué nos tiene tanta tirria! Yo hasta un quintico le jugaría porque tu Padrino cada vez funciona menos…

—¡Tíaaaaaa!

***

«El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, decidió retirar al encargado de negocios de su gobierno en Estados Unidos, Maximiliam Arveláez, informó la Agencia Venezolana de Noticias.

La medida es en protesta a la decisión de Barack Obama de extender el decreto que desde marzo de 2015 declara a Venezuela como una amenaza para el pueblo estadounidense e impone sanciones a funcionarios venezolanos…»

—¡Se armó una limpia!, mi niño. —dice tía Amapola levantado la mirada de su IPhone para verme por encima de las gafas—. Llámame ahí a Maxi para que me traiga unas cajitas de la compra del mes que tengo allá.

—¿Y usted sigue trayendo el mercado de Estados Unidos, tiíta?

—Hasta el papel tualé con olor a manzanilla, mi niño, ¡Qué voyacé si la guerra económica nos tiene acogotaos! Lo único que uno ve en las bolsas de la gente en la calle es Harina Pan. Ahora el desodorante que conseguí es en bolsita y cuesta 700 bolos, no jo, en la compra metí seis espidestik pa’ Padrino que se pone tan podrío en las giras y seis de leidis pa’ mí ¡Llama, llama, mi niño! Que no se aparezca aquí Maxi sin mis seis cajas.

***

—Mi niño, tú que estudiastes en la Universidad de Los Andes —dice tía Amapola con cara de no entender nada—, ¿me puedes explicar de dónde salieron esos gochos tan delicaítos, tan sucectibles?

—Estudiaste, tiíta. Estudiaste, sin la ese al final. Y es sus ceP ti ble, tía, con p de papá…

—Si supieras lo que me repunna cuando empiezas con la corregidera para irte por la trangente y no contestar lo que te pregunto… ¡Me provoca lanzate la chancleta! Pero cargo puestas las Fendi y me da lástima que se me echen a perdé. ¿Me vas a explicar por qué se colocaron fúricos en El Playón con Indi, o no?

—No se «coloque» molesta, tiíta, como diría usted.

—¡¿Tampoco se dice así?!

—Olvídelo, tiíta. No se me ponga más brava. Lo que pasa es que Indi y sus amigos llegaron a El Valle y andaban como andan siempre, como bólidos por esas calles, y la gente les reclamó que por favor bajaran la velocidad que había niños en la vía y a los guaruras de Indi no les gustó la cosa y apuntaron con sus armas a un niño…

—¡¿Y por eso armaron tanto escándalo?! Segurito que esos muchachitos no juegan con armas de juguete a ladrón y policía y se apuntan unos a otros…

—Bueno, tiíta, pero una cosa es un juego y otra que un gorilón le batuquee el arma en la cara a un hijo suyo…

—Ay, sí. Ay sí. Ya vienes tú a ponerte de parte de los sus ceP ti bles. Nada, chico, que esos gochos no sirven pa’ cabrones. Y el bolsa de Salucito que les va a pedir disculpas. ¡No digo yo! ¿Pa qué somos gobierno, entonces?

***

—Aló, ¿Aris? ¡Mi amor!, ¿cómo estás? ¿Te entregaron el regalito, mi reina? —Tía Amapola me hace señas para que me siente y espere a que termine de hablar—. ¡No sabes lo feliz que me coloqué cuando supe que los dejaste libres de polvo y paja a los cinco! Ya casi que achicharro a Obatalá de tanta vela que le prendí … Claro, cariño, yo sé que la virgen de Las Mercedes es tu patrona … ¿Cómo está el calor en Dominicana, Aris? Si aquí está horrible, me imagino en la isla … Si, bueno, anda a atender tus asuntos. Yo espero que con el regalito que te mandamos puedas pagar todo lo que tengas que pagar para que te dejen en paz y te quede algo pa’l cafecito … Sí, sí, yo sé que saldrás bien de esa investigación. Tú eres muy pilas … Ok, mi amor, besitos. Gracias, por favores recibidos.

Tía Amapola cuelga y me mira pensativa, meditabunda. Al rato, me dice:

—¿Ves, mi niño? Con unos cuantos verdes se arregla todo en cualquier lado. Por eso es que no puedo creer que en Nueva York todo se haya complicado y alargado tanto. ¿Será que voy a tener que agarrá el avión para ir yo misma a resolver ese peo con tus primos?

—Bueno tiíta, pero ya tienen un nuevo bufete. Esperemos a ver qué pasa…

—Ay, mi niño. Ya estoy jarta de tanto esperar. Es que uno hay cosas que, definitivamente, no puede delegar. Yo te apuesto, gramos contra kilos, a que yo voy y en una semana ya tengo el juez que necesitamos. Si a Aristida la contacté por teléfono, magínate lo que no soy capaz de conseguir en persona.

***

—Ay, tiíta. Tanto que le dije yo a la Jessa que dejara de estar metiendo reposos. Que ya que tú la habías enchufado, que por lo menos fuera a trabajar. Que fuera al menos a cumplir horario. Pero como usted y Efra le alcahueteaban todo, ella no me escuchaba. «Tú si eres ladilla, chico. Y pendejo. Quién me va a hacé en este país» me decía Jessa, y me mandaba a callar. Ahí tienen. Ya sacaron a relucir hasta el adelanto de presentaciones que pidió cuando se vio que perderíamos la elecciones…

Tía Amapola le pone pausa al video del narcocorrido que está mirando y tarareando en la tablet, levanta la cabeza y brota los ojos así, como sólo ella sabe hacerlo. Me mira con esa mirada intensa, puyúa, por encima de las gafas de ver.

—Pero, bueno, mi niño. ¡Deja ya el mayén! Pareces un radio fiao. Es que Jessa tiene razón. Tú a veces pareces medio pendejo. ¿Tú crees que de todos modos esa gente va a podé hacele algo a Jessita? ¿Con qué tribunales? ¿Con qué jueces? Déjalos que se entretengan rebuscando pendejadas en esos archivos y gritando histéricos. Que hablen y se aplaudan entre ellos, que igual en esta vaina mandamos nosotros y no hay más tu tía. ¡Nunca mejor dicho!

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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 10 https://golcarrm.wordpress.com/2016/01/26/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-10/

¿Dónde estoy?

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