Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 12. Lluvia

20 abril, 2016 § 1 comentario

 

tia amapola

Hoy me encontré una foto en una gaveta que se parece mucho a ésta. Fue hace unos meses ya. La tía Amapola estaba feliz y posó justo así, tal como la mujer de la imagen. Casualidades de la vida. Entonces no nos imaginábamos nada de la Cristina y la Dilma todavía, Aunque tía estaba golpeada por el revés de Evo en Bolivia. Pero el día de la foto estaba contenta. Recuerdo que riendo me dijo:
—Mi niño, tómame una selfie aquí.

—Tiíta, las selfies se las toma uno mismo, si te la tomo yo, no es selfie.

—Bueno, pajúo, que me tomes uno foto con estas ñemas que son las únicas que he visto en meses porque al padrino con lo cagao que se la vive ya se le desaparecieron. Ya mi clítoris es más grande que sus coroticos de matrimonio.

***

La tía Amapola tiene rato tratando de descifrar un un titular del New York Times en su tablet. Intenta entender algo de lo que dice, pero no lo logra. Agarra el Larousse inglés español que le regalé cuando decidió que iba a estudiar inglés, pero la pobre ni siquiera sabe cómo buscar las palabras.
“Bre a quin neus. Brea quin niusss. Ah, sí. ¡Rompe Nuevas! ¿Qué será esa vaina?”
Yo la escucho y me hago el policía de Valera, pero tengo que morderme la lengua para no soltar la carcajada.

-¡Mi niño, mi niño! Tú que hablas un poquito más de inglés que yo, hazme un favorcito, dime qué dice en este titular de los Panama papers, que casi no entiendo. Capto el concecto general pero no estoy segura…

-Sí, claro, tiíta. Me imagino que con tantas clases que has recibido ya comprendes casi todo. A ver.

Leo:
“BREAKING NEWS
Iceland’s prime minister resigned under pressure after the leaked “Panama papers” tied him to a hidden offshore company”.
Nada tiíta, dice que esa es una noticia de última hora, que el Primer Ministro de Islandia renunció por la presión que recibió por aparecer en los papeles de Panamá con compañías ocultas…

-Ese sí será bien pendejo. ¿Te imaginas mi niño si aquí renunciáramos todos los que estamos apareciendo en esa guarandinga?.¡Se iriá hasta el portero de palacio!

-Bueno, tííta, eso es lo que se supone que en los países serios hacen los políticos serios…

-Ay, ya vienes tú con tus pistoladas. Tú como que eres igual de pendejo que ese Primer Ministro… Por cierto, ¿tú me leístes bien esa vaina? Tú me dijistes “Noticia de última hora” y yo ahí no vi en ningún lado que dijera “agüer”.

-Sí tííta, es eso exactamente lo que dice y recuerda que es “leíste” y “dijiste”, sin la ese al final.

-¡Ay, anda a rezá!

***

Tía Amapola hoy se forró toda en Chanel desde la cabeza a los pies. Se echó tanto Chanel Nº 5 encima que hasta me hizo estornudar varias veces cuando se me acercó.

—Mi niño, nunca había estado tan emocionada con un viaje a La Habana como ahora. Más bien, me aburría pensar en tener que ir a escuchar las peroratas de Fidel mascando el agua. Aquí entre nos, yo a todo le digo que sí moviendo la cabeza porque no le entiendo pero lo que es nada cuando balbucea durante tantas horas seguidas. El otro día me dijo una vaina y yo, moviendo la cabeza «sí, sí». Entonces, me repite duro y despacio “Óyeme, Amapolita, ¿en veldad tu te crees el cuento de que yo mandé a matar a Chávez?» Y yo «¡Ah! No, claro que no!». Qué metida de pata tan brava.

—Y qué es lo que cambia ahora, tiíta para que esté tan emocionada con el viaje.

—Ay, mi niño, que el 3 de mayo es el desfile de Chanel en El Prado y no me lo pienso perdé por nada del mundo. ¡Por fin en esa vaina va a pasar algo que valga la pena! Porque ya cansa tanto Ché y tanta revolución. Un poquito de glamour no le hará daño a nadie.  A lo mejor hasta consigo algunos hilitos dentales para ver si le levanto un poco… el ánimo, mi niño, el ánimo, a Padrino porque ya hace meses que no veo luz…

***

—¿Le duele mucho, tiíta?

Tía Amapola me mira con ojo de vaca cagona y haciendo pucheros me dice:

—Horrible, niño, siento una puya que me empieza atrás y me termina aquí en la teta derecha, y como un corrientazo en el pezón.

—¿Ya se tomó la medicina?

—Eso es lo peor, mi niño. El doctor me puso Lyrica pa’l dolor y no he conseguido por ningún lado. Ni ninguna Pregabalina.
La tía se aprieta el seno con las dos manos y con voz transida me dice:

—Llama a «Águila de pluma blanca que caga a orillas del Orinoco» y le consultas a ver qué me puedo tomar por la Lyrica, mi niño.

—¿A quién, tiíta?

—Verga, al chamán del Amazonas, el que le dijo a Padrino cuáles son las plantas medicinales que hay que sembrá para ganarle la guerra económica al imperio. Ahí en los contactos está, por la A de Águila.

—Ay, tiíta, es que tan sólo a usted se le ocurre a su edad montar en bicicleta. Bueno, piense que la caída le sirve como una prueba de densitometría ósea. Fue una fisura pequeña, o sea, que osteoporosis no tiene.
Hice que no vi la mirada puyúa que me lanzó y echo el pendejo, dije:

—Aquí está Águila de pluma blanca que caga a orillas del Orinoco. Ya lo llamo a ver que hierba le receta. Seguro me manda también ron de culebra.

***

—Mi niño, hazme un favorcito. Mientras yo rezo aquí en el altar, tu me vas pasando este tabaco por la espalda, cerca del omóplato que me fisuré.
Tía Amapola me pasa el tabaco encendido y humeante.

—Tiíta y esto qué es ahora. Se llama moxa, mi niño, es una maravilla para los dolores, me dijo el chamán del Amazonas, que es mejor que Lyrica.
Mientras le paso el tabaco, tía Amapola reza:

—San Isidro Labrador,
Quita el agua y pon el sol.
Santa Bárbara bendita
Que pare la lluviecita.
Que viva Changó, que viva Changó
Una lluvia como esta se lo llevó.
Que San Isidro Labrador y mi reina Changó
Protejan al padrino que la lluvia lo mojó.
Babaluayé, Babaluayé
Que el sol brille
De una buena vez.

Tía Amapola interrumpe el rezo, me mira y me dice:

—Dejémonos de pendejadas, mi niño. Anda y me buscas en la gaveta de mi mesa de noche un tabaquito de mariguana que tengo ahí, esta moxa no sirve pa’ un coño y yo con la maafafita me alivio de una vez.
Así que voy a buscarle su porrito mientras ella sigue:

—San Isidro Labrador,
Quita el agua y pon el sol.
Santa Bárbara bendita
Que pare la lluviecita.
Que viva Changó, que viva Changó
Una lluvia como esta se lo llevó…

***

El padrino salió hecho una furia. Echaba chispas por los ojos y dio un portazo.
Yo miré a tía Amapola con un signo de abrir interrogación en el ojo derecho y en el izquierdo el de cerrar. ¿?

—¡El pajúo ese! Vino a armame un verguero porque yo ayer corrí cuando empezó a llover pa no mojame. Magínate tú, ahora sale con que por mi culpa se quedó como un pendejo hablando solo bajo el palo de agua. Me dijo, así con su voz como de mojón pesao, —Tía Amapola imita la voz— Claro cuando yo dije «de aquí no se mueve nadie», ninguno me paró bolas porque tú fuiste la primera en irse. ¿Qué quería él? ¿Que me quedara ahí y me mojara pa que se me enchurque el pelo? ¡No joda! Si ahora tengo que secarme y plancharme pelo escondía porque a él se le ocurrió la brillante idea de decir que nos sequemos el pelo con los dedos como hace Pablo Iglesias para ahorrar electricidad. ¡Habrase visto! Él es el único idiota en el mundo que le creyó al español que se baña y se lava el pelo…
Yo mejor no digo esta boca es mía porque ya la tiíta debe estar por aventar lo primero que tenga a mano y segurito que cobro yo.

***

Voy pasando frente a la puerta de la habitación de Padrino y tía Amapola y escucho gemir a Padrino. Sigiloso, me detengo a escuchar —soy un poco morboso y fisgón—, porque pienso que por fin Padrino le está dando su pedacito de domingo a la tiíta. Aguzo el oído para oír bien y me percato de que no es un gemido. Padrino está sollozando. Ahogado en llanto le pide perdón a tía Amapola por el berrinche que le armó por haberse ido cuando empezó a llover. Le dice que es que está muy nervioso e irritable y entonces la tía explota:

—Claro, ¡no vas a está nelvioso! Te pones a payasear bajo el palo de agua, a querete parecé al difunto y después andas todo chorreao pensando que te vas a morí como él. Ya vi las fotos que te sacaron con lo ojitos viraos como los del difunto mojándote en la lluvia. Por eso anoche no me dejabas dormí con las pesadillas. Gritabas «¡Me quieren matar! ¡Esa lluvia estaba envenedada! ¡Ese aguacero lo mandaron los gringos para inocularme una vaina!». No me dejabas dormí. Mira las ojeras que tengo. ¡Ojalá y te dé una vaina y te mueras pa que aprendas a no sé tan mamarracho!

El tío entre sollozos le dijo que qué iba a aprender nada si le daba una vaina y se moría pa’l coño y la tía soltó una carcajada.
A veces pienso si la tía Amapola en verdad quiere a Padrino o más bien lo detesta.

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