«No pido plata, pido un mensaje en cadena para buscar las medicinas de mi hija»

16 mayo, 2016 § 5 comentarios

aureola

Foto tomada de la web

Yo, en un afán de auto protección y supervivencia, cada vez, salgo menos. Trato de ir lo menos posible a supermercados para evitar deprimirme. Dejé de ir a caminar por temor a la delincuencia. Con alguna gente no paso del «Hola» y el «Aquí, la misma vaina», huyendo a la consabida retahíla se ayes, lamentos, quejas, que terminan dejándome una opresión terrible en el pecho y profundas ganas de llorar, primero, y de matar, después.

Pero la realidad busca como filtrarse por cualquier rendija, el país aprovecha cualquier grieta para deslizarse hasta el tuétano de mis huesos y dejarme con la sensación de palo de agua adentro, tiritando, aunque afuera brille un sol abrasador.

A veces la fortaleza de mi Torre de Marfil, se vence.

Fue así como se filtró Alexander.

Tocó la puerta de mi tienda y entró. Joven. Cercano a los 30. Buenmozo. Acuerpado. Piel trigueña brillosa de tanto sudar bajo el inclemente sol de Maracaibo que hoy, aparte de lucir una hermosa aureola, calentó más de lo soportable por los seres humanos. Vestía una franela vinotinto de nailon que se le pegaba al cuerpo por la copiosa sudoración. En el pecho, del lado del corazón, una leyenda del Ministerio del Poder Popular para el Deporte.

Arrancó a hablar sin darme chance a decir nada:

—Vengo a pedirle un favor —en mi mirada debió percibir un odioso «NO», porque se apresuró a agregar—. ¡No es dinero! Yo no pido plata. Lo que estoy pidiendo es que, por favor, la gente mande un mensaje de texto, una cadena, un mensaje por las redes sociales preguntando dónde puedo conseguir unas medicinas para mi hija de cinco años que está en la clínica. Le diagnosticaron Lupus y le mandaron unas medicinas que no encuentro por ningún lado. Las medicinas son:
Prednisona,
Atenolol,
Bumelox,
Zymar,
Gardenal.

Alexander no tenía informe médico. No portaba una radiografía ni una fotografía de su niña enferma. No traía ni siquiera los récipes de los medicamentos. Nada de las pruebas que normalmente muestran quienes salen a mendigar profesionalmente. En su desesperación, salió, tal vez sin pensar muy bien a qué, sólo por sentir que hacía algo además de patear farmacias infructuosamente. Su único documento era una estampa con una virgencita y una novena.

Yo, que normalmente me sacudo sin remordimientos a la gente que llega a pedir, recordé a la amiga Cheny, que luchó toda su vida contra el Lupus, hasta que, trasplante de riñón donado por su hermana de por medio, su cuerpo se cansó de luchar contra esa extraña enfermedad que hace que las defensas del sistema inmunológico te ataquen, te enfermen, en lugar de defenderte y murió.

Entonces, dejé hablar sin interrumpir al muchacho oloroso a sol.

—Conseguí en Las Pulgas una de las medicinas, pero me estaban pidiendo por tres pastillas, 25 mil bolívares y ya no tengo dinero. Vendí mi moto, la nevera, el aire. Vendí todo lo de mi casa. Lo único que no tocamos fueron las cosas de la niña, su ventilador no lo vendimos. Tuvimos que vender todo porque teníamos que reunir 450 mil bolívares vara pagar la clínica. Lo material lo recupera uno, eso es lo de menos, ¿así es que dicen, verdad?. Yo soy del equipo de lucha —se señaló la franela—. Con lo que gane en las competencias recupero lo vendido. El gobierno aprobó una ayuda del 25 por ciento, pero no la han dado todavía. Ya el cheque está pero no lo han firmado y yo tenía que pagar la clínica.

Tomé una caja de Prednisona y se la di.

—Pregúntele al médico si le pueden dar de esta a la niña. Es de perros…

—Yo se la pago.

—No, guarde esos cobres para para cuando consiga las otras. Por cierto, en estos días leí que descubrieron una cura para el Lupus…

—Si, una pastilla. En Estados Unidos. Cuesta 4 mil dólares, pero se toman los 60 días y ya se cura. Con las luchas trataré de conseguir los dólares. Dios se lo pague.

Alexander no pensó en dejarme sus señas por si alguien respondía el mensaje. Se lo advertí. «Mi celular no lo traje. No soy de aquí, soy de Valencia. Anote este número, es de mi vecina». Se marchaba ya cuando reaccionó. No me había dicho su nombre. «Mi nombre es Akexander». Garabateó su nombre al pie de la lista de las medicinas que busca.

Con un «Dios se lo pague» repetido varias veces, Alexander se fue a su vía crucis de farmacias buscando el tratamiento para su niña.

Yo quedé golpeado, transido, con una lágrima que me niego, por rabia, a dejar salir.

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§ 5 respuestas a «No pido plata, pido un mensaje en cadena para buscar las medicinas de mi hija»

  • rbaralt dice:

    Qué tristeza a lo que hemos llegado como país.

    Pero fíjate algo. A mí me pasó algo similar pero con el supuesto papá de un niño con cáncer. Yo, sacando una frialdad con la que no contaba, le pregunté: «Amigo, ¿usted es chavista o ha apoyado alguna vez este gobierno?», y el muy descarado me dijo: «Si mi comandante estuviera vivo esto no estaría pasando en Venezuela». Entonces, ya sin remordimiento alguno le dije: «Pues vaya a rezarle a su supremo, quizás desde donde esté le guíe para conseguir sus medicinas».

    Luego de eso, respiré profundo y seguí en lo mío (yo también tengo necesidades médicas)

    Un abrazo, amigo Golcar.

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    • Qué buena esa reacción. La tendré en cuenta para futuras ocasiones. No se me ocurrió hacerle la pregunta, Rafael. De este caso lo que más me golpeó es que ninguno de los medicamentes es nada muy complicado o algo que en cualquier país serio no se encuentre en la primera farmacia que uno entre.

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  • KARIN dice:

    Que tristeza es nuestro día a dia…

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  • Bibiana de Osorio dice:

    Es demasiado complicado tener cualquier enfermedad en este país, las crónicas son un real karma… NO hay anticonvulsivantes, tampoco antihipertensivos, hipoglicemiantes, esteroides, antialérgicos, realmente esta política de exterminio nos lleva de calamidad en calamidad… Obvio que tampoco hay calcio, vitaminas, etc, y ahora abundan la malnutrición, la desnutrición, y la violencia generada por stress, el resentimiento y el odio seguirán enfermándonos como personas y como sociedad

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