Te voy a llevar al cielo – teaser

30 junio, 2016 § Deja un comentario

Todo sobre los libros de Golcar Rojas

Viene otro fin de semana largo. Sábado, domingo, lunes de puente y martes de cadenas de Nicolás.
Ustedes verán si se la calan o aprovechan de chulearse a ese amigo, pana, pariente, hermano, primo, que vive afuera ganando dólares y a los que no les va a doler gastar unos piches 10 verdacos para regalarles la lectura que les entretenga estos cuatro largos días de encierro porque, ¿quién se atreve a salir de su casa con esta inseguridad?
Pidan sin pena que nunca se sabe cuándo están por darles. Así, apaga ese televisor cuando no más Nicolás abra la jeta y se pone a leer en su teléfono, tablet o computadora.
¡Llame ya!

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Tía Amapola 18 — Validación de Firmas

22 junio, 2016 § Deja un comentario

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Cuando pasé frente al cuarto de tía Amapola, la vi parada frente al espejo de cuerpo entero, cual reina de Blanca Nieves consultando al espejito, espejito, decía, mirándose ataviada con un vestido Valentino vintage que le trajo la abuela en el último viaje a Italia. Un vestido largo, en negro, con top de tirantes finitos en color marfil:

—Yo no sé a qué mujeres del pesuve se refería la catira mal bañá de la D’gostino, en ese programita del sábado. Ya quisiera ella tener este porte y esta pinta. Se cree que porque es rubia es muy elegante. Las trigueñas también tenemos lo nuestro. No jo, será que a la única que conoce es a la greñúa de la Iris…

—Tiíta, ¿Y usted para dónde van tan elegante?

—Pa’l concierto de Chino y Nacho, mi niño. Y voy a estar en un puesto así, cerquitica del escenario, donde me caerán en la cara las gotas de sudor de Chino. Me lo voy a podé buceá con gusto.

—¡Qué chévere! ¿Y Padrino va con usted?

—No, mi niño. Y menos mal, porque esa pelea con Almagro lo tiene más amargao y bruto que nunca. Ya no lo soporto. Ahora le dio por decile que si tuviera dignidá, el tipo renunciaría a la OEA porque ya eso que le hicieron puede considerarse un revocatorio. ¿Tú no crees que son ganas de nombrá la soga en casa del ahorcao, que Padrino se ponga a hablá de revocatorio y de renuncias por dignidá porque no lo quieren? ¡Si a él casi que hasta ni yo, lo quiero ya! Ganas de darle pasto a los escuálidos que dicen que a mi bigotis no lo quiere nadie.

Yo prefiero no decir que la tía Amapola tiene razón porque sé que todo lo que diga, después, puede ser usado en mi contra. Así que prefiero cambiarle el tema.

—Tiíta, ese vestido es hermoso, ¿Es un valentino, verdad?

—Sí, mi niño, un trapo viejo que compró mamá en Milán y me lo trajo de regalo. Si no es porque me aclaró que la vendedora le explicó que es una pieza única, diseñada por el propio Valentino y que le costó como dos mil euros, se lo hubiera puesto por la cabeza. Esa vaina de traeme ropa usá, no me parece. No jo. Ni cuando era pobre.

—Trapo viejo no, tiíta, se dice vintage. Un Valentino vintage, te trajo la abuela.

—Será, mi niño. En verdá, me lo pongo hoy porque es fresquito y en esos conciertos siempre hace un calorón horrible. Pero la verdá, aunque es bonitico, a mi me sigue pareciendo un trapo usao y que hiede a viejo. Me vacié encima medio frasco de Chanel pa’ quitarle el olor a guardao je je.

***

Tía Amapola hoy me pidió el favor de que la llevara a alguna tienda donde vendieran corbatas y medias Ralph Laurent y Hermenegildo Zegna para comprarle el regalo de Día del Padre a Padrino. Se ve que estuvo hojeando alguna revista en la peluquería porque nunca le oí que hablara de ropa y moda para hombres.

—Ay, mi niño, con este peo de los kilos que nos agarraron en México y el rollo con el Yasen en Bogotá, se me pasó comprale el regalo a bigotis. Tuve que decile que se me quedó en casa de mamá pa’ no escuchar la lloradera porque dizque ya no lo quiero.

Agarré la Hummer negra con vidrios oscuros blindados y nos fuimos los dos solos, porque le dio el día libre a Wilson, el chófer, que se fue a su pueblo a pasar el Día del Padre con su papá.

—Mi niño, ¿Qué estarán vendiendo ahí que hay tanta gente en cola? —dijo señalando un fila interminable de personas en la acera—. Ya conté como tres cuadras de gente y todavía sigue.

—No, tiíta. Esa cola no es por comida. Es la cola en el CNE para lo de las firmas del revocatorio…

—¡Ah, claro! La gente que va a retirar su firma. Pensaba que era hasta el viernes.

—No, tiíta. Para retirar la firma no se hizo cola. No retiraron ni el uno por ciento. Esta es ya la cola para validar firmas. Los que aparecen como firmantes y que tienen que ir a verificar que, en efecto, sí firmaron.

—Y a ti parece que la vaina te alegra ¿No? Ya decía yo que no me parecía buena idea eso de poner a verificar. Ahora vienen los de La Patilla y Biendateao a tomales fotos y a decí que todo el mundo quiere revocatorio… ¡Y esa sonrisita tuya ya me tiene con la piedra afuera! Por eso me metistes por aquí, ¿Verdá? Pa’que yo viera la vaina. ¡Sácame ya de aquí!

Yo me hice el que no escuché el comentario. Le di volumen al radio.

—Escuche, tiíta, la canción de Romeo Santos que a usted le gusta.

Con tan mala suerte que terminó la bachata y empezó Dámaso Jiménez a hablar de lo exitoso y fluido que estaba siendo el proceso de validación de firmas en Maracaibo. La tía Amapola me miró con los ojos más puyúos que de costumbre y gritó:

—¡¿Vas a siguir siguiendo?! ¡Apaga esa mierda ya!

***

Hoy, veíamos a «Ayú», como le dice la tía, en «Vladimir a la una», mientras nos comíamos de postre un dulce de hicacos en almíbar que trajo Nohelí del Zulia. La tía Amapola decía que con esa azúcar «Manuelita» que están importando de Colombia para Maracaibo, el dulce le queda como más rico a la wayüu.

—Claro, es que cualquier merca que diga «Alta Pureza» es mejor materia prima para cualquier cosa, mi niño. De eso y de andá limpia sí que te sé yo.

De pronto, la tía me dio tremendo susto porque casi se ahogó con una semilla cuando escuchó que Allup decía que renunciar y dejar de hacer piruetas, sería mejor. Tuve que darle un sopapo por la espalda para que soltara el hicaco.

—Ay, mi niño, estos carajos nos deben tené micrófonos puestos debajo de la cama, porque anoche Padrino me estaba diciendo eso casi con las mismas palabras.

Tía Amapola poniendo la voz igualita a la de él, me contó que Padrino le dijo haciendo pucheros:

—Polita, ya toy cansao. No sé si sería mejor una renuncia a seguir haciendo piruetas y piruetos pa’ seguir en el poder.

En ese instante sonó el celular de tía Amapola y, al ver la pantalla, se levantó y se fue a un rincón junto a la nevera. Habló tapándose la boca con la mano como para que yo no escuchara. Entre dientes, decía:

—¡Cálmate, Jimmy! Respira profundo y te calmas porque no te estoy entendiendo nada … No te preocupes que Chapito no te va a mandá hacé nada. El sabe que no fue tu culpa. Tú hicistes todo como te lo mandamos … ¡No! Nada de entregate. Sigue enconchao porque a ti te muestran una china con una metra y te cagas y sueltas esa lengua. Ya con la ópera que tienen los muchachos en Nueva York tengo, pa’ que encima vengas tú a haceles coro … Si por mala suerte te agarran, tú dices que el perro sí olió esa vaina, como siempre, pero que al parecé el pobre estaba engripao y no se percató de lo que había dentro de esas maletas … ¡¿Cómo que a los perros no les da gripe?! ¡A todo el mundo le da gripe! …

Yo me comí el último hicaco, apagué el televisor y me fui a mi cuarto porque después del programita de Globovisión y de esa llamada, la tiíta iba a quedar hecha una fiera y la iba a pagar con el primer bolsas que se le cruzara en el camino.

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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 13. La audiencia
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 14. Visita de Albert Rivera
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 15. Los CLAP
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Tía Amapola 16. Firmas y verificación
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Tía Amapola 17 – Orlando. Moná. Gallegos
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Las Pulgas a mediodía

18 junio, 2016 § Deja un comentario

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El calor de las 12 y media aprieta en el rostro. Uno siente como si estuviera metiendo la cabeza en un horno precalentado a 180 grados para hacer una torta.
El centro de Maracaibo, como siempre, es un infierno que la basílica de La Chinita no parece afectar.
No es sólo el calor lo que produce esa sensación de averno. La suciedad, la basura amontonada en grandes montañas por doquier. El ruido. El tráfico, esa manera arbitraria de conducir y conducirse el maracucho tras el volante. Las cornetas, los frenazos. Las mentadas de madre. El olor a mortecina y cloacas obstruidas. Si el infierno existe, sus coordenadas están por los alrededores de Las Pulgas en Maracaibo.
No obstante, el centro tiene un cierto encanto que atrae, divierte, da risa.
Un hombre con un racimo de escobas al hombro, recorre la acera entre los desordenados tarantines de buhoneros que colman las vías dejando cada vez menos espacio a carros y peatones:
—¡Escoba, escoba, escoba! El regalo para el papa. Escoba, escoba. Lleve su escoba. Este es el regalo para el papa, para el papa Francisco, el papa que quiere barrer el capitalismo que ensucia el mundo. Escoba, escoba…
De pronto, me descubro sonriendo, mientras curucuteo en un tarantín que tiene, aceite de soya, harina de trigo, harina PAN, jabón para la ropa, gelatina para el pelo…
Mercancías extrañas en los supermercados y a precios dolarizados, prohibitivos para un pueblo cuyo salario mínimo mensual, no llega a 20 dólares.

Padre

17 junio, 2016 § 1 comentario

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Recuerdo
Que desde tu cama grande
De matrimonio
Me embozaba bajo la cobija de cuadros azules y blancos
Te veía pasar
De ida al baño
antes de salir el sol
Y luego a abrir la tienda.

Una sombra que pasaba
Frente a la ventana del cuarto
Frente a la puerta de la habitación
Desde donde me mirabas.

Después,
No supe si es un recuerdo
O una invención.
Una ilusión forjada
Para tener un recuerdo

Para borrar tu rostro
Sonriendo en el ataúd.

Tía Amapola 17 – Orlando. Moná. Gallegos

15 junio, 2016 § Deja un comentario

gallegos

—Tiíta, ¿vio que en la tragedia de Orlando había un venezolano?

Tía Amapola me mira sin pestañear, levanta los hombros y los deja caer con dejadez:

—Seguro un escuálido que se fue huyendo de la violencia del rrrrréeeegimen y de la inseguridad. Un maricón menos, mi niño.

—Ay, tiíta, ¿Cómo puede ser tan cruel?

—¿Cruel yo? ¡Si ya están diciendo que el loco ese vivió aquí en Venezuela y que tenia pasaporte venezolano! De nada que salen a decí que hasta amante mío fue, o que es mi sobrino. Pues no, mis sobrinos podrán ser narcos o ladrones pero maricones, jamás.

—A mí me tiene deprimido todo lo que pasa, tiíta. Lo de la señora del Táchira que se ahogó porque intentó pasar la frontera por el río para buscar una medicina en Colombia…
—¡Pero quién la mandó, mi niño! No sabía nadar y se pone a inventá. Esa lo que quería era morise.

—Ay, tiíta, y los niños guajiros que se murieron en Maracaibo en el Adolfo Pons por desnutrición y los que mataron unos motorizados en una cola de Mercal…

—Pero, bueno, mi niño, piensa, ¿A quién se le ocurre llevarse un niño a una cola pa’ comprá comida? Hay que sé muy inconsciente. Parecen vainas hechas a drede pa’ que salgan a hablá paja del gobierno en los medios de extranjia.

—Ay, tiíta, yo no creo…

—Corrijo. No todos mis sobrinos puedo decí que no son maricones. Contigo tengo mis dudas. Si no eres pato, vives en la orillita. ¡Anda a rezá! Déjame en paz que tengo que averiguá bien cómo fue el peo con Yasenky Antonio en Bogotá y si no se ha ido de la lengua.

***

 

—Tiíta, ¿usted se ha fijado que las colas en los supermercados para comprar comida son cada vez más largas? Y dicen que en el interior, en Maracaibo y en Los Andes los supermercados tienen que abrir con los equipos de antimotines porque esas colas son larguísimas y siempre hay conatos de violencia. Navajazos y hasta tiros…
La tía soltó violentamente la cuchara con la que se estaba comiendo el hervido cruzado de gallina y res que le habían servido de primer plato y me miró con los ojos puyúos.

—¡Cómo te gusta amargame las comidas! ¿Ah? Tan rico que está mi almuerzo y tienes que sacá el tema de los hambreados esos, buenos pa’ nada que desde que amanece hasta que anochece están mendigando comía barata en los supermercados.

—Tiíta, es que es la única forma de rendir los reales. No hay bolsillo que aguante comprar todo lo que necesitan bachaqueado. Imagínese que la leche la venden hasta en 10 mil bolívares mientras que regulada la compran a 700 cuando la consiguen…

—¡Que trabajen pa que hagan real! Metidos día y noche en una cola no van a conseguí plata. Si trabajaran tendrían plata pa’ comprá, pero es que toa vaina la quieren regalá.

—Ay, tiíta, la esposa de Wilkins, el jardinero del palacio, me dijo que ella dejó de trabajar para ir todos los días a hacer las colas y comprar la comida de los muchachos. Le sale más rentable que Wilkins trabaje y le dé la plata para ir a comprar, que trabajar los dos y tener que comprar bachaqueado.

—¡Que son más flojos que la quijada de arriba! Todo lo quieren papayita. Ellos podrían trabajá los dos y esperar que les lleguen las bolsas Clap. Pero es más fácil no hacé nada en una cola, sólo chismear y quejase del gobierno.

—Bueno, ella me dijo que cuando repartieron las bolsas Clap, había 200 familias en su conjunto residencial y sólo repartieron 35 bolsas…

—¿Vas a seguí con el temita? ¿A ti quién te paga por amargame la comía? ¡Menos mal que tengo un apetito a prueba de balas porque sinceramente, ya se me hubiera cerrao el estómago con tu llantén. Diles en la cocina que me traigan el cerdo a la naranja que mandé a prepará de segundo plato y deja de está de gafo creyendo todo lo que te dicen esos desagradecíos. Lo único que hacen bien es llorá y quejase por todo…

Me salvó la campana. La tiíta iba a seguir regañándome pero le sonó el Iphone que lo tenía al lado del plato y se le iluminó la pantalla. Lo vio y gritó:

—¡Coño! ¡¿Qué me le pasó al Moná?!

***

Esta madrugada sentí que tía Amapola pasaba chancleteando sus cholas Dr. Scholl. Pasó frente a la puerta de mi cuarto, parecía un fantasma con su bata blanca caminando en la oscuridad. Fue derechito al cuarto de los santos. Iba como en trance.

Yo, muerto de sueño, la seguí sin que me viera, por curiosidad.

Entró y se paró frente al altar, agarró una foto de tío Wil y otra del Moná y las ubicó una al lado de la otra, a los pies de Ismaelito. Prendió un tabaco que echaba chispas como transformador de poste a punto de explotar, tomó un buche de anís El Comandante y se lo escupió a las fotos. Puso a sonar un narco corrido en su tablet y empezó a rezar en lenguas.

No entendí nada de lo que decía y como estaba que me caía de sueño, la dejé y me fui a dormir otra vez.

Cuando me desperté, la conseguí fresca como una lechuga parada frente a la ventana mirando al cerro. Vestía un vestido Agatha Ruiz de la Prada anaranjado quemado con mangas, cuello y bies fucsia, con una rosa gigante color lila en el hombro izquierdo y un cinturón Mario Hernández en tonos lila, naranja y fucsia.

—Tiíta, ¿Y esos colorines? ¿Usted como que se está quitando el luto por el tío y el Moná poco a poco?

—Ay, mi niño, han sido golpes muy duros en muy poco tiempo. Tú sabes muy bien que en mi familia y en el business no guardamos luto. A nuestros muertos los velamos con ráfagas de tiros y corridos bien guapachosos. Además, cuando uno está alicaído y se siente gris, tiene que llenarse de color. Eso me lo enseñó el maricón de Walter Mercado una vez que me consulté con él en Miami. Me dijo «Amapolita, para los días tristes y grises, ponte mucho color y busca, sobre todo, mucho, mucho, mucho amoooorrrr». Tu sabes, así, bien partido como es él.

—Tiíta, ¿usted por qué será tan homofóbica? Siempre que habla de alguien gay, lo hace así como burlándose, como con asco…

—¡¿Homófobica, yo?! —Dijo torciendo los ojos mientras se señalaba el pecho con el índice y repitió en el mismo tono de asombro e incredulidad— ¡¿Homofóbica, yo?! El hecho de que le dé gracias a Dios porque en mi familia no hay maricos ni cachaperas, no quiere decí que sea homofóbica. ¡Si a mi me encantan los gays! Tengo grandes amigos maricones y a todos los trato como si fueran normales. Ahí tienes a Frank, mi peluquero estrella, más mariquita que él no hay y yo hasta con un beso lo saludo y siempre que viajo le traigo algún regalito. ¿Que cabe la posibilidá de que lo de Orlando sea un castigo de Dios? Puede . Yo no soy quién pa’ criticá los designios del Señor, pero eso no quiere decí que yo odie a los homosexuales ni que me alegre, como el tipo de Carolina del Norte. ¡Yo, homofóbica! Yo no sé de dónde sacas tú que yo soy homofóbica, mi niño. A veces inventas unas vainas…

***

Tía Amapola hoy pidió que nos sirvieran el café después de almorzar, en la terraza. «Está lindo el cerro para contemplarlo —dijo—. Vamos mi niño».

Se echó en la tumbona mientras yo me senté en la silla Barcelona que le hace juego a leer Doña Bárbara.

A lo que abrí el libro, tía Amapola, agarró la firma del difunto en oro que lleva en su cuello, arrugó los ojos para enfocar y leer el título.

—¡Otras vez leyendo esa vaina, mi niño! Ya te la debes saber de memoria.

—Es que hay cosas en la novela que parecen que cada vez son más vigentes, tiíta. En cada época que uno la lee va descubriendo cosas. Como si la novela cambiara con los acontecimientos de Venezuela…

—Tú eres más raro que un perro a cuadros. A mi me ladilló mucho cuando me obligaron a leerla en bachillerato. Hasta le pagué a un compañerito pa’ que me hiciera el resumen que pedían y pasá esa vaina.

Yo no dije nada porque sé en qué terminan esas conversaciones con tía Amapola.

—Por cierto, yo no sé qué tanto escándalo están armando porque dizque profanaron la tumba de ese señó y su mujer. Aquí por todo chillan. Gran vaina un poco de güesos secos. Por lo menos ahora le sirven a los que los sacaron para sus cultos y oraciones. A lo mejor hasta nos ayudan a salí de este berenjenal.

Yo la oía y me hacía el bobo porque sabía que me estaba azuzando la lengua y ya aprendí a no caer.

—Tanta vaina, si la misma Doña Bárbara era una bruja y mandó a hacele el cordón al Luzardo pa’jodelo… Igual con el peo ese porque en el tribunal metimos un recurso pa’que nos dejen sacrificá animales ¿Acaso la Constitución no garantiza la libertá de culto?

—Tía, lo que pasa es que hay gente para la que los animales son como familia, como parientes. Y bueno, eso de profanar tumbas… ¿A usted le gustaría que sacaran los huesos de la abuela o del tío Wil?

—Si es para que nos ayuden a seguir en el poder, no veo cuál es el rollo. Hasta después de muertos serían de ayuda.

Se quedó pensando un segundo y dijo:

—A lo mejor, hasta una buena idea me acabas de dá. Tengo que preguntale al babalao a ver qué dice. Y eso de que los animales son parientes de uno, es una ridiculez. Animal es animal. El único animal que yo tengo de pariente es al burro de Padrino je je. ¡Y vamos a vé hasta cuándo! Ja ja ja

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Hazme una casa en el árbol

12 junio, 2016 § Deja un comentario

arbol

Hazme una casa en el árbol
Arriba, en la copa
Donde todo sea luz
Y sombra que cobija

Hazme una casa en el árbol
Donde no lleguen las balas
Ni su ruido de parca hambrienta

Hazme una casa en el árbol
Donde no se escuche
El eco del llanto de la madre
que llora por comida para el hijo.

Hazme una casa en el árbol
Donde no alcance la bota militar
Ni la humillación de su fusil

Hazme una casa en el árbol.

Tía Amapola 16. Firmas y verificación

11 junio, 2016 § Deja un comentario

firmas

Foto tomada de la web

Tía Amapola se estaba comiendo un bollito de Harina Pan con mantequilla. A cada trocito de bollo le iba poniendo más mantequilla cada vez.

—Tiíta, cuidado con el colesterol. ¿No está comiendo demasiada mantequilla?

—Ay, mi niño, es que estas mantequillas que nos manda Pepe de Uruguay no saben a ná. Y las holandesas que tenemos en la despensa igual. ¿Tú no conocerás algún bachaquero al que le podamos comprá —o expropiá, mejor— una latica de Lactuarios Maracay que es tan rica?

—No, tiíta. ¿Y usted no vio la noticia que dice que los bachaqueros recibirán 5 años de cárcel y multas de hasta 1,7 millones de bolívares?

—Bien merecido se lo tendrían esos desgraciaos que juegan con la salú y el hambre de la gente.

—En este país parece que vender comida va a ser más perseguido que vender droga, tiíta. Y las penas hasta más duras.

—Como tiene que , mi niño. Como tiene que . Porque con el business de la droga no se le hace mal a nadie. El que compra y consume droga lo hace porque le sale del forro. Nadie lo obliga. En cambio esos bachaqueros atentan contra la seguridá alimentaria y desestabilizan al gobierno. Aquí me tienes a mí taponeándome las venas con mantequilla chimba y ellos felices vendiendo esa vaina bachaqueá… A lo mejor, con esa ley, se entretienen persiguiendo bachaqueros y me dejan quietos a los tenientes y mayores que se encargan de mi merca que me los tienen azoraos a los pobres.

—Aquí tendrán que poner una reja a todo el país para meter preso a tanto bachaquero y traficante…

—¿Qué estás murmurando tú ahí ahora?

—Nada, tiíta, nada. Que trataré de conseguirle una latica de mantequilla Maracay.

***

Tía Amapola hablaba por teléfono con Aristóbulo mientras registraba su bolso Chanel. Sostenía el celular en el hombro con la cabeza inclinada como sólo he visto que lo puede hacer ella con esos aparatos tan pequeñitos, sin que se le caigan. Hablaba e iba sacando joyas del bolso y poniéndoselas.

—Oye, mi colol, ¿qué parte de alarguen esa vaina sin decir que no se hará, no entendiste? Inventen una jornada para verificar cada una de las firmas, después una para que la gente que se arrepintió de firmar retire su rúbrica, luego una para que los familiares de los muertos que firmaron pasen a retirar esas firmas, después, otra jornada más para que la gente vaya y jure por su madre que sí es su firma. Después le caen a coñazos a algún vende patria opositor y suspenden el proceso o a Tiby le da un ataque de caspa o de cayos, que a los escuálidos les encanta pensar que nos estamos muriendo. Siempre diciendo que es el procedimiento. Que esos son los pasos que establecen la Constitución y la Santa Biblia en estos casos. Así, no digo yo que llegan las elecciones del 2019, ¡Llega el 2030 y todavía estamos verificando esa vaina!

Colgó y puso el teléfono en la mesita y metiendo el anillo de diamantes en el anular, comentó:

—Qué fastidio que ahora tengo que esconder las joyas cuando voy a actos con los tierrúos y los indios porque, si me descuido, los desgraciaos de La Patilla y de Caraota Digital me empiezan a jodé con fotos y diciendo las marcas y cuanto cuestan el reló y cada anillo. La envidea y el resentimiento se los carcome.

—Tiíta, por cierto, ¿el traje que tenía Aristóbulo será Armani o Versace? Padrino debería vestir así…

—¿Cuál traje, mi niño?

—Uno bien bonito que tenía creo que fue el día que dijo que aquí todos tenemos que sacrificarnos para echar el país para adelante. El corte era perfecto, se notaba que Montecristo, no era. Muy bien hecho ese traje…

—Pero aunque se vista de seda… Yo le compré varios así a Padrino. Ahí están llenos de moho en el closet porque como tiene que viví disfrazao de «Presidente obrero». Cuando se los quiera poné, no le van a entrá, porque está gordo como un cerdo.

—Tiíta, y entonces, ¿Nos vamos a las catacumbas del pueblo?

—¿Catacumbas? Esos tiempos de correr por cloacas con el botín de bancos quedaron muy atrás, mi niño. ¡¿Catacumbas, yo?! Sólo si se trata de las de Roma para ir a ver un desfile de Donatella, la pisia.

***

Las carcajadas de Tía Amapola me hicieron salir del cuarto a ver qué le pasaba. Echada en la otomana Barcelona de la terraza, se agarraba el vientre y se retorcía, muerta de la risa.

—Tiíta ¿qué es esa pascua que se tiene usted ahí solita?

—Ay, mi niño, es que estoy gozando un bolón con los arrecherones que se tienen los escuálidos por las firmas rechazadas. Ja ja ja tienen alborotaísimas las redes sociales ja ja ja. Magínate que hasta la firma del mariposón de Capriles salió echá a perdé ja ja ja. Hay que reconocé que la Tiby, cuando se aplica, hace bien las vainas. Y ahora van a tené que ir todos a una sola oficina del CNE a hacé cola pa’ validá esa vaina ja ja ya me los imagino arrechos porque se va la luz o porque el funcionario se va a almorzá ja ja ja les va a tabardillo, como dicen en Maracaibo, de tanto llevá sol en esa cola.

—Tiíta, ¿Vio como dejaron a Julio Borges como un ecce hommo?

—¿Que Borges también es homo? ¿Maricón? ¿Y ese canasto de muchachos que le hizo a la mujer?

—Homo, no, tiíta. Ecce hommo, hecho un cristo. Le dieron hasta por la cédula…

—Ah, ya. Es que tú me sales con unas palabrejas domingueras que me dejas bolúa. Esa vaina se la hicieron ellos mismos, mi niño. Ellos les pagan a esos tipos pa’ que los coñaceen y salir a decí que fue el rrrrééégimeeeennnn que les viola los derechos humanos. Seguro estaba loquito por perfilase la nariz y aprovechó la vaina. Ahora aparece con la nariz como la de un Ken, ya vajavé…

Tía Amapola tomó de nuevo el Ipad y soltó una risotada:

—ja ja ja me meeeoooo. Aquí sale otro de Primero Justicia lloriqueando como Magdalena porque ni siquiera es que no es válida su firma, es que aparece como que no firmó ja ja ja vaina pa’ güena.

Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 1
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 12. Lluvia
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 13. La audiencia
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 14. Visita de Albert Rivera
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 15. Los CLAP
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