Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 15. Los CLAP

4 junio, 2016 § Deja un comentario

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Normalmente, me escondo de tía Amapola cuando estoy deprimido por la situación del país, es que prefiero evitar encontronazos. Hay tantas cosas que nos distancian, que es mejor no tocar ciertos temas.

Hoy pensé que ya se había ido a su sesión de masajes y aproveché para liberar el estrés moqueando un poco en la ventana, viendo mi querido cerro. Pero la tía se regresó porque la cartera Fendi no le combinaba con los zapatos Prada y se vino a cambiar. Cuando me vio llorando me dijo:

—¿Y a ti qué te pasa que estás chillando ahí cual Julieta en el balcón?

—Ay, tiíta. Es que vi la caricatura que le hizo Rayma a Oliver y se me partió el alma. Y en Maracaibo murió otro niño esperando tratamiento. Y vi una foto en facebook de otro que busca insulina…

Me quebré y empecé a sollozar. La tía me abrazó.

—Tú si eres pendejo, chico. ¿No ves que eso lo hacen los escuálidos? Son campañas pa’ desestabilizanos. Ese Oliver ya estaba más muerto que vivo, igual que el de Maracaibo. Y el de la insulina, te apuesto que después de tomarle la foto lo apiporraron de caramelos para pagarle la gracia…

—Tiíta, no sea tan desalmada. Esos pobres niños. ¡Y la señora diabética que dice que come arepa con mayonesa y guarapo todos los días!

—¡Eso es paja! ¿No viste lo gorda que está esa desgraciá? ¿No viste que Hetico dijo que aquí hay hambre cero? El hambre en este país se acabó, dijo él. Ay, pero a quién habrás salido tú tan hembrita boba, mi niño.

—Por cierto, tiíta —dije para cambiar de tema porque íbamos por mal camino— ¿Por qué ahora en todas las manifestaciones a favor de Padrino llevan ese montón de banderas gays?

—¡Ah, muchacho pa’ pendejo! Pues pa’ podele decí a Ayú y a Capriles maricos y que parezca que no es por homofobia porque todas las locas están con el proceso. Tú nunca entiendes lo que es es ná.

***

Hoy, mientras desayunábamos tía Amapola y yo, la vi como torcía la trompa para un lado, gesto característico de que desaprueba lo que está viendo. Y lo que estaba viendo era el vídeo de Padrino diciendo que se metieran la carta por donde les cupiera.

—¿Tiíta, a usted no le parece que Padrino cada vez más parece una copia barata del difunto? ¿Una parodia? Es como una versión de baratija de tienda china…

—Ay, sí, mi niño. Y me duele la quijada de decíselo. Que no imite al muerto que va a terminar pior que él. Pero como es terco como una mula y nada mas oye lo que le dicen los cubanos…

—Ahí parecía una versión del programa chimbo de Venevisión, ¿se acuerda? El Cheverísimo, Chimbísimo. Parecía un sketch de cuando el difunto dijo «Se lo enrollan bien enrollado…»

—Pasó toda la noche viendo ese video y ensayando los gestos y el tono. Ni dormir me dejó por estar con la mariquera. Pa ná, porque esas poses de iracundia se le ven más falsas que billete de tres bolívares.

—Hablando de mariqueras, tiíta. Eso de que le toman las fotos sudado le sonó como raro ¿no?

—Ja ja ja, ay, mi niño, cuando llegó le dije, ‘¿A ti como que después de viejo se moja la canoa? ¿Quejeso de lloriquear porque te sacan sudado en las fotos? Si quieres le digo a la Yusleixy que ande contigo y te esté retocando el maquillaje y poniendo mata brillo’. Ja ja ¡Me miró con una cara de burro amarrao! ‘A ti nada de lo que hago te parece bien’, me dijo haciendo pucheros. ‘Mijito, con tanta vaina importante de que hablá y tu que si métanse la carta por donde les quepa y no me tomen fotos sudao’, le dije. En vez de contratá un gatillero y acabá de una buena vez con ese asunto de la carta. El Jayro, por 500 dólares nos quita ese dolor de cabeza.

—Tía, usted no tiene compasión de Padrino.

—Es que me enerva, mi niño. ¡Me enerva!

***

—Tiíta, ¿qué hago con la ropa esa que me dejó en el cuarto?

Le pregunté a la tía Amapola cuando llegó con Padrino. Ella me hizo señas con una mano para que me esperara mientras terminaba de darle órdenes a Padrino:

—Te quitas ese mono y lo metes en una bolsa plástica para dárselo al jardinero porque ese olor a indio que traes no se le quita ni dejándolo tres días en remojo. ¡Qué asco! Venía que me vomitaba en el carro. ¡Y te metes de una al baño! ¡No pretenderás dormí conmigo con esa pudrición que traes!

Dirigiéndose a mí:
—Se puso a dar brincos con ese poco de indios y viene hecho una peste —se tapaba la nariz con el dedo índice y el pulgar, levantando el meñique, mientras hablaba—. Ay, mi niño, te iba a llamar para decirte que le dieras esa bolsa a la cocinera. Es la chaqueta Reebok que me puse ayer y quedó pestífera a negro sudao con la abrazadera que tenían los motorizados ayer. Esos hedores de la gente en las manifestaciones son lo peor de todo esto, mi niño, ni poniéndome el talquito en la nariz logro matizar ese olor a barrio que me trae tan malos recuerdos. Me duele la barriga de tanto arquear.

—Y yo que pensaba que estaban celebrando el Día de la Trabajadora Sexual, yo me la imaginaba en una suite presidencial con un conjunto Victoria’s Secret bien sexy.

—Noooo, mi niño, yo no celebro ese día porque siempre lo he dado de gratis y menos celebrarlo con Padrino que ya no levanta cabeza ni con güinche.

—Es que tanto leer de economía le baja la libido a cualquiera, tiíta.

—Leer ¿quién? ¿Padrino?

—Así dijo Serrano, el español, qué Padrino es un gran lector y lee sus artículos de economía con atención…

—Ja ja ese se creyó lo del «Jesucristo de la economía» y ya jura que hizo el milagro de poner a leé a Padrino ja ja. Lo único que he visto leé a ese carajo es Condorito cuando va a cagá y termina llamándome pa’que se lo explique ja ja.
Padrino le dijo desde el cuarto que él estaba muy cansado y se acostaría sin bañarse:

—¿Que no te vas a bañá? ¡Que no te vas a bañá! Pues conmigo no vas a dormí podrido a indio sudao. Si no te bañas te vas pa’l sofá insofacto.

—ipso, tiíta, ipso facto.

—Ya habló la maestra Jimena, pues. ¡Qué ñema contigo!

***

—Tiíta, ¿Nosotros tendremos que hacer el registro ese de los CLAP? Yo todavía no tengo muy claro dónde es que uno tiene que ir a inscribirse. ¿Será en el consejo comunal o en alguna oficina del Ministerio de Alimentación?

Tía Amapola puso los ojos chiquiticos para mirarme, como hace la gente que sufre de astigmatismo para tratar de enfocar. Mi miró como analizando mi rostro para encontrar alguna segunda intención en mi cara. Yo puse mi carita de bobo bien administrada.

—Ay, mi niño, yo a veces no sé si es que tú en verdad eres así de pendejo o es que me pones a prueba. ¿Cuándo has visto tú que nosotros hayamos necesitado hacer una cola pa’ comprá nada?

—Bueno, tiíta, yo pregunto por si tengo que ir reuniendo los papeles para el trámite. Usted sabe que a mí no me gusta dejar todo para último momento…

—¿Tú no has visto las cajas que me llegan por valija diplomática? ¿No has visto la despensa llena a reventá de todo? Galones de aceite de oliva y de maíz, mantequillas y leches holandesas, embutidos franceses y españoles, chocolates suizos, arroz italiano de todo tipo y español de grano largo para las paellas, pastas de Italia, las carnes de Argentina y Uruguay. ¿No has visto lo que comes todos los días? ¿Tú crees que eso se compra en los Madeirenses? Todo, todito, todo lo que hay en esta casa, desde el jabón de baño y el papel tualé con aromas hasta los jamones de jabugo y bacalao, lo traemos todos los meses de extranjia, mi niño. Y si por casualidá nos falta algo, lo compramos en los bodegones gourmet del vasco ese que dice que en este país no falta de nada.

—Uhmmmm. ¿Entonces no hago ningún trámite para que nos censen en esos comités locales de abastecimiento de productos, tiíta?

—Tú a veces eres más tapao que una olla express Magefesa, ¿No, mi niño? ¿Lo bruto te lo habrá pegao el Padrino en la pila bautismal? ¿Cuándo has visto aquí un producto regulado? Regulado no, que ahora se dice es «producto protegido». Esas porquerías las comen los hambreados esos que pasan horas en una cola, vagos sin oficio. Yo, desde que salí del barrio, no sé lo que es comé una pasta Mimesa o Ronco. Lo mío es Barilla y aceites de oliva con denominación de origen.

Tía Amapola respingó muy digna su nariz y se fue porque tenía cita en el esteticista para retocarse el bótox. Yo me quedé pensando si ella sabrá lo que significa que un producto tenga «denominación de origen».

Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 1
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 14. Visita de Albert Rivera
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