Tía Amapola 17 – Orlando. Moná. Gallegos

15 junio, 2016 § Deja un comentario

gallegos

—Tiíta, ¿vio que en la tragedia de Orlando había un venezolano?

Tía Amapola me mira sin pestañear, levanta los hombros y los deja caer con dejadez:

—Seguro un escuálido que se fue huyendo de la violencia del rrrrréeeegimen y de la inseguridad. Un maricón menos, mi niño.

—Ay, tiíta, ¿Cómo puede ser tan cruel?

—¿Cruel yo? ¡Si ya están diciendo que el loco ese vivió aquí en Venezuela y que tenia pasaporte venezolano! De nada que salen a decí que hasta amante mío fue, o que es mi sobrino. Pues no, mis sobrinos podrán ser narcos o ladrones pero maricones, jamás.

—A mí me tiene deprimido todo lo que pasa, tiíta. Lo de la señora del Táchira que se ahogó porque intentó pasar la frontera por el río para buscar una medicina en Colombia…
—¡Pero quién la mandó, mi niño! No sabía nadar y se pone a inventá. Esa lo que quería era morise.

—Ay, tiíta, y los niños guajiros que se murieron en Maracaibo en el Adolfo Pons por desnutrición y los que mataron unos motorizados en una cola de Mercal…

—Pero, bueno, mi niño, piensa, ¿A quién se le ocurre llevarse un niño a una cola pa’ comprá comida? Hay que sé muy inconsciente. Parecen vainas hechas a drede pa’ que salgan a hablá paja del gobierno en los medios de extranjia.

—Ay, tiíta, yo no creo…

—Corrijo. No todos mis sobrinos puedo decí que no son maricones. Contigo tengo mis dudas. Si no eres pato, vives en la orillita. ¡Anda a rezá! Déjame en paz que tengo que averiguá bien cómo fue el peo con Yasenky Antonio en Bogotá y si no se ha ido de la lengua.

***

 

—Tiíta, ¿usted se ha fijado que las colas en los supermercados para comprar comida son cada vez más largas? Y dicen que en el interior, en Maracaibo y en Los Andes los supermercados tienen que abrir con los equipos de antimotines porque esas colas son larguísimas y siempre hay conatos de violencia. Navajazos y hasta tiros…
La tía soltó violentamente la cuchara con la que se estaba comiendo el hervido cruzado de gallina y res que le habían servido de primer plato y me miró con los ojos puyúos.

—¡Cómo te gusta amargame las comidas! ¿Ah? Tan rico que está mi almuerzo y tienes que sacá el tema de los hambreados esos, buenos pa’ nada que desde que amanece hasta que anochece están mendigando comía barata en los supermercados.

—Tiíta, es que es la única forma de rendir los reales. No hay bolsillo que aguante comprar todo lo que necesitan bachaqueado. Imagínese que la leche la venden hasta en 10 mil bolívares mientras que regulada la compran a 700 cuando la consiguen…

—¡Que trabajen pa que hagan real! Metidos día y noche en una cola no van a conseguí plata. Si trabajaran tendrían plata pa’ comprá, pero es que toa vaina la quieren regalá.

—Ay, tiíta, la esposa de Wilkins, el jardinero del palacio, me dijo que ella dejó de trabajar para ir todos los días a hacer las colas y comprar la comida de los muchachos. Le sale más rentable que Wilkins trabaje y le dé la plata para ir a comprar, que trabajar los dos y tener que comprar bachaqueado.

—¡Que son más flojos que la quijada de arriba! Todo lo quieren papayita. Ellos podrían trabajá los dos y esperar que les lleguen las bolsas Clap. Pero es más fácil no hacé nada en una cola, sólo chismear y quejase del gobierno.

—Bueno, ella me dijo que cuando repartieron las bolsas Clap, había 200 familias en su conjunto residencial y sólo repartieron 35 bolsas…

—¿Vas a seguí con el temita? ¿A ti quién te paga por amargame la comía? ¡Menos mal que tengo un apetito a prueba de balas porque sinceramente, ya se me hubiera cerrao el estómago con tu llantén. Diles en la cocina que me traigan el cerdo a la naranja que mandé a prepará de segundo plato y deja de está de gafo creyendo todo lo que te dicen esos desagradecíos. Lo único que hacen bien es llorá y quejase por todo…

Me salvó la campana. La tiíta iba a seguir regañándome pero le sonó el Iphone que lo tenía al lado del plato y se le iluminó la pantalla. Lo vio y gritó:

—¡Coño! ¡¿Qué me le pasó al Moná?!

***

Esta madrugada sentí que tía Amapola pasaba chancleteando sus cholas Dr. Scholl. Pasó frente a la puerta de mi cuarto, parecía un fantasma con su bata blanca caminando en la oscuridad. Fue derechito al cuarto de los santos. Iba como en trance.

Yo, muerto de sueño, la seguí sin que me viera, por curiosidad.

Entró y se paró frente al altar, agarró una foto de tío Wil y otra del Moná y las ubicó una al lado de la otra, a los pies de Ismaelito. Prendió un tabaco que echaba chispas como transformador de poste a punto de explotar, tomó un buche de anís El Comandante y se lo escupió a las fotos. Puso a sonar un narco corrido en su tablet y empezó a rezar en lenguas.

No entendí nada de lo que decía y como estaba que me caía de sueño, la dejé y me fui a dormir otra vez.

Cuando me desperté, la conseguí fresca como una lechuga parada frente a la ventana mirando al cerro. Vestía un vestido Agatha Ruiz de la Prada anaranjado quemado con mangas, cuello y bies fucsia, con una rosa gigante color lila en el hombro izquierdo y un cinturón Mario Hernández en tonos lila, naranja y fucsia.

—Tiíta, ¿Y esos colorines? ¿Usted como que se está quitando el luto por el tío y el Moná poco a poco?

—Ay, mi niño, han sido golpes muy duros en muy poco tiempo. Tú sabes muy bien que en mi familia y en el business no guardamos luto. A nuestros muertos los velamos con ráfagas de tiros y corridos bien guapachosos. Además, cuando uno está alicaído y se siente gris, tiene que llenarse de color. Eso me lo enseñó el maricón de Walter Mercado una vez que me consulté con él en Miami. Me dijo «Amapolita, para los días tristes y grises, ponte mucho color y busca, sobre todo, mucho, mucho, mucho amoooorrrr». Tu sabes, así, bien partido como es él.

—Tiíta, ¿usted por qué será tan homofóbica? Siempre que habla de alguien gay, lo hace así como burlándose, como con asco…

—¡¿Homófobica, yo?! —Dijo torciendo los ojos mientras se señalaba el pecho con el índice y repitió en el mismo tono de asombro e incredulidad— ¡¿Homofóbica, yo?! El hecho de que le dé gracias a Dios porque en mi familia no hay maricos ni cachaperas, no quiere decí que sea homofóbica. ¡Si a mi me encantan los gays! Tengo grandes amigos maricones y a todos los trato como si fueran normales. Ahí tienes a Frank, mi peluquero estrella, más mariquita que él no hay y yo hasta con un beso lo saludo y siempre que viajo le traigo algún regalito. ¿Que cabe la posibilidá de que lo de Orlando sea un castigo de Dios? Puede . Yo no soy quién pa’ criticá los designios del Señor, pero eso no quiere decí que yo odie a los homosexuales ni que me alegre, como el tipo de Carolina del Norte. ¡Yo, homofóbica! Yo no sé de dónde sacas tú que yo soy homofóbica, mi niño. A veces inventas unas vainas…

***

Tía Amapola hoy pidió que nos sirvieran el café después de almorzar, en la terraza. «Está lindo el cerro para contemplarlo —dijo—. Vamos mi niño».

Se echó en la tumbona mientras yo me senté en la silla Barcelona que le hace juego a leer Doña Bárbara.

A lo que abrí el libro, tía Amapola, agarró la firma del difunto en oro que lleva en su cuello, arrugó los ojos para enfocar y leer el título.

—¡Otras vez leyendo esa vaina, mi niño! Ya te la debes saber de memoria.

—Es que hay cosas en la novela que parecen que cada vez son más vigentes, tiíta. En cada época que uno la lee va descubriendo cosas. Como si la novela cambiara con los acontecimientos de Venezuela…

—Tú eres más raro que un perro a cuadros. A mi me ladilló mucho cuando me obligaron a leerla en bachillerato. Hasta le pagué a un compañerito pa’ que me hiciera el resumen que pedían y pasá esa vaina.

Yo no dije nada porque sé en qué terminan esas conversaciones con tía Amapola.

—Por cierto, yo no sé qué tanto escándalo están armando porque dizque profanaron la tumba de ese señó y su mujer. Aquí por todo chillan. Gran vaina un poco de güesos secos. Por lo menos ahora le sirven a los que los sacaron para sus cultos y oraciones. A lo mejor hasta nos ayudan a salí de este berenjenal.

Yo la oía y me hacía el bobo porque sabía que me estaba azuzando la lengua y ya aprendí a no caer.

—Tanta vaina, si la misma Doña Bárbara era una bruja y mandó a hacele el cordón al Luzardo pa’jodelo… Igual con el peo ese porque en el tribunal metimos un recurso pa’que nos dejen sacrificá animales ¿Acaso la Constitución no garantiza la libertá de culto?

—Tía, lo que pasa es que hay gente para la que los animales son como familia, como parientes. Y bueno, eso de profanar tumbas… ¿A usted le gustaría que sacaran los huesos de la abuela o del tío Wil?

—Si es para que nos ayuden a seguir en el poder, no veo cuál es el rollo. Hasta después de muertos serían de ayuda.

Se quedó pensando un segundo y dijo:

—A lo mejor, hasta una buena idea me acabas de dá. Tengo que preguntale al babalao a ver qué dice. Y eso de que los animales son parientes de uno, es una ridiculez. Animal es animal. El único animal que yo tengo de pariente es al burro de Padrino je je. ¡Y vamos a vé hasta cuándo! Ja ja ja

Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 1
https://golcarrm.wordpress.com/2015/11/13/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 2
https://golcarrm.wordpress.com/2015/11/17/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-2/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 3
https://golcarrm.wordpress.com/2015/11/22/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-3/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 4
https://golcarrm.wordpress.com/2015/11/28/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-4/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 5
https://golcarrm.wordpress.com/2015/12/04/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-5/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 6
https://golcarrm.wordpress.com/2015/12/06/665/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 7
https://golcarrm.wordpress.com/2015/12/15/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-7/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 8
https://golcarrm.wordpress.com/2015/12/17/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-8/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 9
https://golcarrm.wordpress.com/2016/01/14/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-9/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 10
https://golcarrm.wordpress.com/2016/01/26/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-10/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 11
https://golcarrm.wordpress.com/2016/04/02/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-11/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 12. Lluvia
https://golcarrm.wordpress.com/2016/04/20/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-12-lluvia/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 13. La audiencia
https://golcarrm.wordpress.com/2016/05/13/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-13-la-audiencia/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 14. Visita de Albert Rivera
https://golcarrm.wordpress.com/2016/05/22/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-14-visita-de-albert-rivera/
Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 15. Los CLAP
https://golcarrm.wordpress.com/2016/06/04/narco-micro-relatos-historias-con-tia-amapola-15-los-clap/
Tía Amapola 16. Firmas y verificación
https://golcarrm.wordpress.com/2016/06/11/tia-amapola-16-firmas-y-verificacion/
Anuncios

Etiquetado:, , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Tía Amapola 17 – Orlando. Moná. Gallegos en P(u)ateando la vida. Otro blog de Golcar.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: