Tía Amapola 23 – El cumpleaños del muerto

30 julio, 2016 § Deja un comentario

amapola

—Mi niño, recuérdame el primer viernes del mes que viene que tengo que ir a visitá la tumba de Ismaelito.
—¿Qué Ismaelito es ese, tiíta?

Yo, cuando tía Amapola me habla de sus santos, me hago el willi. No me gusta que ella sepa que entiendo algo de lo que dice porque va a querer que yo esté siempre con ella mientras brujea.

—No te me hagas el pendejo que sabes muy bien que te hablo del malandro Ismael.
—¿Y qué va a hacer usted en esa tumba, tiíta?
—Que tengo que ir a pagale una promesa. Voy a llevale un porrito, una botellita de ron y unas flores.
—Uhmmm muy bueno debió ser el milagro.
—¿Pa’qué te digo que no, si sí? Me sacó del camino a uno de los carajos en Honduras, mi niño. Dijo un tal Chancleto González que el testigo apareció con el mosquero en la jeta. Es que la inseguridá es global, mi niño. Uno no esta a salvo en ningún lao.
—Me imagino que usted no tuvo nada que ver con ese «milagro» que anunció Sandalio ¿verdad tiíta?
—Eso. Sandalio se llama el tipo. Yo apenitas hice unos cuantos rezos y una fumaíta, de tabaco y ya, mi niño. Ismaelito se encargó de lo de más. Como se está encargando la malandra Isabel de otro asuntico que tengo pendiente.
—Huy, tiíta, no me asuste.
—No te despreocupes, mi niño. Isabelita se está encargando de una alimaña que se me está metiendo en la cama. Me la va a fumigá. Tú sabes cómo está la inseguridá aquí, mi niño. En una cola pa’comprà harina PAN, te pueden jodé. Y una patada en el vientre es fatal pa’las perras preñás.

***

A diez minutos antes de las cinco de la mañana me despertó el sonar de tambores que venía del cuarto de los santos de tía Amapola. Todo el pasillo olía a tabaco, incienso, cuerno de ciervo, ron y anís.

Se oía a los babalaos y paleros rezando en lenguas. Me asomé justo en el momento en que tía Amapola levantaba la botella de ron frente a la foto del comandante, echaba un chorro al suelo y gritaba: «¡Feliz cumpleaños, mi comandante! Son las cinco, es la hora de tu hora, ¡Chávez vive!».

Los presentes respondieron a coro «¡La lucha sigue!» y entonaron el ¡Ay qué noche tan preciosa!

Tía Amapola sacó de la caja de habanos el huesito que trajo en su último viaje a La Habana y empezó a moverlo en el aire frente a los santos.

Los tambores sonaban de manera atronadora y tía Amapola bailaba y cantaba frente a los santos mientras los babalaos fumaban tabaco y sacudían ramilletes de ruda atada con huesos en torno a ella.

En un momento dado, tía Amapola agarró una maceta, escarbó en la tierra y sacó una bolsita roja atada con una cinta tricolor y con un nudo hecho con un cordón de muerto. Abrió la bolsa y sacó algo que parecía como un pedazo de algodón.

Yo no aguanté más tanto aire viciado. Mareado, me fui a mi habitación a tratar de volver a dormir. A la hora del almuerzo, no me aguanté y le comenté a tía Amapola, que estaba fresca como una lechuga:

—Buen bonche que armaron en la madrugada ¿No tiíta?
—Ay, mi niño. El comandante estaba tan feliz con su cumpleaños.
—Tiíta, perdone la impertinencia, pero quedé intrigado. Yo vi que usted sacó algo de la maceta de la palma. ¿Qué era eso?
—Eso es un trabajito que le monté hace tiempo a Padrino y como que había perdido fuerza. Pero ya lo repotencié.
—¿Cómo así, tiíta?
—Una vez, hace mucho, cuando Padrino y yo hacíamos esas cosas, yo me limpié la cocoya con un algodón y recogí toda la naturaleza de él, la recé y la enterré.
—Huy, tiíta, ¿Y eso para qué?
—Pa’que no se le parara con más nadie sino con esta que está aquí. El bolsas una vez me dijo —tía Amapola puso la voz como la de Padrino—: «Polita, yo no sé qué me pasa que no se me para con más nadie que no seas tú». Ja ja ja. Por eso me extrañó que la bicha esa esté preñá de él. Pero bueno, ya ella está en manos de la malandra Isabelita y después de la repotenciada que le di al trabajo, al Padrino no se le vuelve a pará ni con güinche.

¿Quién me mandará a mí a estar preguntando lo que no me interesa saber?

***

—Recibe el cuerpo del comandante.
Dijo tía Amapola dándole un pedazo del Cuartel de la Montaña al Padrino.
—Comandante, no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para salvarme.
Dijo Padrino y le hincó el diente con fruición al pedazo de pastel que le embarró el mostacho.

Yo no podía creer lo que estaba viendo. Cuando llegamos a casa, le comenté a la tía Amapola mi asombro:

—Tiíta, ¿cómo pueden comerse una torta en forma de tumba? ¡Eso hasta pavoso debe ser!
—Tú no sabes lo que dices. Eso fue una orden que nos dio el comandante en la madrugada, cuando bajó. Nos dijo «Tienen que hacé que la Chavezología sea la nueva religión. Hagan una torta y la reparten como si fuera la hostia.
—Huy, tiíta, eso da como grima.
—Tú siempre tan hembrita, ¿No, mi niño? «Eso da como grima» ¿Tú no ves que en estos momentos tenemos que jartanos al comandante de todas las formas habidas y por habé? Necesitamos toda la fuerza del comandante pa’aguantá lo que se nos viene encima. Ojalá y esa torta le dé a Padrino la fuerza pa’que haga lo que hizo Ortega en Nicaragua, borrá de un plumazo a los escuálidos de la Asamblea.
—Tiíta, pero eso sería un golpe de Estado.
—¿Tú eres pendejo o estás haciendo el curso por correspondencia? «Eso sería un golpe de Estado» ¿Qué quieres tú, que esperemos a que nos den el golpe a nosotros los escuálidos? No, mi niño, el que pega primero, pega dos veces y aquí ya está llegando la hora de el primer coñazo. Eso también me lo dijo el comandante, «Polita, tienen que ponese las pilas porque lo que viene es joropo» dijo. «Los veo fuñíos, muy fuñíos. Los gringos les están haciendo unas bragas anaranjadas a la medida y esas medidas las están dando los sobrinos con pelos y señales». Hasta susto, me dio oílo, porque si salimos del poder, los gringos no nos van a dejá en paz. Pero el comandante nos está guiando. Él nos muestra el camino. Él nos está demostrando que la muerte no existe.

Yo me fui a mi cuarto sin decir más nada. No me gustó la mirada de la tía Amapola cuando me dijo «Él nos está demostrando que la muerte no existe». Era una mirada como ida. Como perdida. A veces creo que la pobre tía está perdiendo por completo la razón.

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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 13. La audiencia
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 14. Visita de Albert Rivera
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 15. Los CLAP
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Tía Amapola 16. Firmas y verificación
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Tía Amapola 17 – Orlando. Moná. Gallegos
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Tía Amapola 18 — Validación de Firmas
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Tía Amapola 19 – #Seminaristas – #HastaQueTeConoci
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Tía Amapola 21 — La frontera. Cúcuta
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Tía Amapola 22 – Los zapatos de Delcy
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Esta es mi Caracas. La de mis recuerdos

25 julio, 2016 § Deja un comentario

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Ahora casi no voy.
Ahora hasta temor me produce.
Pero hubo épocas en mi vida
En que su cielo, su cerro y desmanes
Eran mi cielo, mi cerro y mis desmanes

Allí tuve amores. Pasiones.
Despechos.
Alegrías y sinsabores.
En balance puedo decir que allí fui feliz.

Podía salir del teatro y meterme al cine.
Ver una película y meterme inmediatamente a ver otra.
Subir a Sabasnieves y al día siguiente bajar a la playa.

Pateé urbanizaciones y barrios.
Pasaba del centro al este
Del este al centro.
Caminaba de Bellas Artes al Congreso.
Almorzaba en San Agustín y dormía en Vista Alegre.
Parque Central me cobijaba en noches de fiesta en casas de. amigos.
San Souci fue mi hogar un tiempo.

Sábana Grande era mi patio. Sus cafés con baños asquerosos que olían a semen y a susto a los que uno entraba con temor y salía con asombro. Salia de La Previsora y corría al Radio City.

El café del Ateneo era el lugar de encuentro de fin de semana. La playa los sábados y el Ávila los domingos.
Eran apenas 26 años y una piel que soportaba el moreno perpetuo. Y una energía que no se agotaba.

Eran 26 años y una ciudad hecha para la edad. A las 12 de la noche salía del metro en La Paz y caminaba las 10 cuadras hasta la casa, con una parada en el perrocalentero de la esquina para cenar. Atravesaba un pequeño jardín con flores donde cantaban sapos y aves y llegaba a mi habitación. El peligro era apenas un cuento en el que nunca creí.

El 4 de febrero caminé toda la avenida San Martín desde La Candelaria hasta mi casa en Vista Alegre. La avenida estaba desolada.

Comer en La Candelaria era frecuente. Y a mediodía me entretenía en la plaza viendo a los jugadores de ajedrez en sus mesas a la sombra de los árboles.

Esa fue mi Caracas. Sin muchos techos rojos pero movida y alegre. Al menos así la recuerdo.

Tía Amapola 22 – Los zapatos de Delcy

23 julio, 2016 § Deja un comentario

delcy

Tía Amapola amaneció apesadumbrada. Por las ojeras, se le nota que no durmió bien. Yo la sentí hasta bien tarde en el cuarto de los santos. El olor a tabaco barato y a ron era penetrante, pero ni me acerqué para que no me pusiera de banco nuevamente.
La encontré en el pantry de la cocina. Se estaba tomando un fororo, pero sin ganas.
—Tiíta, ¿qué me la tiene tan chacueca?
—Ay, mi niño. Qué semana tan perra y ¡Apenas es martes! Anoche el comandante no me dio muchas esperanzas cuando bajó. Según él, la caída es indetenible. No dice pa’cuándo, pero dice que es seguro. Los rezos y rituales que hacemos van a alargá la vaina, pero él dice que tarde o temprano, esto se va a la mierda.
—Tiíta, no crea tanto en esas cosas. Yo veo a El Padrino muy tranquilo. Yo creo que haber delegado en Padrino tantas cosas, le da confianza. Siente que las armas y los uniformes lo protegerán…
—Sigue creyendo y no comas… A mí me parece que eso es zamuro cuidando carne. Cuando menos pensemos, le estaremos limpiando las botas a ese coño con la lengua… Y ahora esos desgraciaos de la Marea Roja jodiendo también. Después de que bastante rial que se metieron con la revolución, ahora sí salen a echanos mierda y a pedí revocatorio. Huy, ojalá pudiéramos hacé como el Endrogan ese y metelos a todos presos.
—Erdogan, tiíta, No es Endrogan, es Erdogan.
—Ay, tú me entendistes. El turco ese que de un sólo golpe mandó a seis mil pa’l pote. Pero aquí apenitas lo que podemos hacé es botar a unos cuantos por habé firmao esa mierda del revocatorio. Y eso disimuladamente. Qué bueno fuera mandar presos a unos cuantos. O hacé como hizo Fidel en sus buenos tiempos, fusilamientos en el estadio. Pero deseos no empreñan…
Yo, cuando la veo así, prefiero quedarme calladito que me veo lindo. Por eso ni le dije que es entendiste, sin la ese al final. Cuando quiere mandar a matar gente la tía Amapola es mejor no atravesarse en su camino.

***

Hoy, cuando llegué del gimnasio, me encontré a tía Amapola ahogada de risa en la terraza con la imagen de Ojoslindos ocupando toda la pantalla de su tableta. Era una risa histérica y por momentos le daban como accesos de hipo. Busqué un poco de agua de azúcar corriendo y se le llevé porque parecía que le iba a dar un yeyo.
—Tiíta, tómese esta agua de azúcar para que se le pase. Usted ya me está preocupando. A veces pareciera que está perdiendo la razón, tiíta.
Tía Amapola poco a poco se fue calmando. Se tomó el agua de azúcar y cuando le pregunté si quería más, me dijo:
—No mi niño, más agüitas no. Traeme un Buchanans mayor de edad que esto hay que celebrarlo. Ja ja ja Cómo me he.podido reí, mi niño. ¿Tú viste la última de Ojoslindos? Ese sí que va a perdé la razón ja ja. Después de que se la daba de arrechito diciendo que iba a hacer morder el polvo al gualestriyornal, viene a salí con el chorro de babas de retirá la demanda. Ni pendejo que fuera pa’pisá suelo gringo ja ja ja. Primero, Ayú lo espantó de la Asamblea y salió de ahí haciendo pucheros, porta menos por allá que el fantasma del difunto por el Cuartel de la Montaña. Después, pierde el apoyo de los militares porque ahora están con Padrino Tu. Y ahora, sale con esta vaina. Ja ja ja él creía que me iba a jodé a mí sapeando a mis muchachos. Ahí lo tienes hecho un cero a la izquierda. Lo que falta es que lo mee un perro ja ja ja y el muy bolsa retira la vaina, pero amenaza con nuevas acciones legales ja ja ja como pa’no quedá como un güevón ja ja queda hasta pior ja ja ja
—¿Tiíta, qué es eso de ‘Padrino Tu’?
—¡Tu, mi niño, Padrino Tu! Padrino Guan es nuestro Padrino y Padrino Tu, es el otro —Tía Amapola puso los dedos en ve—.’Tu’ de dos en inglés, mi niño. No me vas a decí que no se dice así porque los números hasta el diez fue una de las pocas vainas que aprendí cuando me dio por estudiá inglés: Guan, Tu, Tri, For, Fai, Siz, Seven, Ei, Nai, Ten. ¡Todavía me acuerdo, mi niño!

***

—Mi niño, ¿tú sabes qué me gustaría hacé a mí?
Me sorprendió tía Amapola con la pregunta, porque teníamos rato callados viendo en televisión un programa de Antena 3 sobre una investigación a narcotraficantes. Había momentos en que sólo comentaba «Debe ser horrible que le pase a uno eso» y seguía atenta a la pantalla.
—Me encantaría hacé un programa como el que hizo la Michelle Obama con el James Corden. Es que me veo en la Hummer rodando por Caracas y que me pongan al Jaguar del Sur y yo empiezo a cantá el corrido —tia Amapola se arrancó de una a cantar El Patrón— «Llegó el patrón al pueblito. Estaba todo muy raro. Los guardaespaldas del hombre estaban todos tocados. Pues se sentía en el ambiente, que iba a pasar algo maaaaloooo…» Sería buenísimo, mi niño. Después me pueden preguntar algo de mi juventud y me ponen a Lupe y Polo y yo canto también «Ahí te traigo los pasajes vámonos para otras tierras…» ¿A quién podríamos poné a manejá y a que me entreviste y cante conmigo, mi niño?
—No sé tiíta. A alguno de los de Zurda Kondukta tal vez…
—Nooooo. Esos son muy tierrúos mi niño… Podríamos terminá cantando el corrido del Capito y la Kate «La gallina de los huevos la quieren investigar porque le dio una entrevista al king, el Chapo Guzman. Escarben ratas y topos a ver qué van a sacar. Desde niña demostró de México ser la grande…» ¡Quedaría genial!
—Puede ser Arturo de los Ríos, tiíta.
—¿Ese no será muy escuálido, ni niño?
—¿Y Winston Vallenilla?
—Ay, no. Con esa gritadera y chabacanería de él me echa a perdé la imagen… El que quedaría genial sería el Chatén, mi niño. O el Laureano… O Emilio Lovera… ¡Qué vainas, mi niño, que todos los talentosos y graciosos son escuálidos hasta las trancas…! Bueno, a lo mejor podemos invitá a uno y hacé el paripé del diálogo y la reconciliación. Después, lo mandamos a lavá el paltó o hasta preso lo podemos meté. Tengo que pensá bien, pero un programa así lo quiero antes de que venga el revocatorio porque después… Mejor no pienso en el después.

***

Mientras le daba unos masajes en los pies a tía Amapola que estaba recostada en el sillón relax Tino Mariani que le trajeron de Italia el año pasado, me dijo:
—Mi niño, este sillón es una de las mejores inversiones que he hecho. De verdad que dos horitas aquí echada con sus funciones de fricción termocalentadora me devuelven el alma al cuerpo. ¡Que semana más agotadora! Viaje a Nicaragua, después a bailá como poseída en las nuevas empresas Cacique Maracay, después pa’l eje Apure Orinoco, después pa’Cabimas… Este cuerpito es frágil pa’tanto trajín y ya no tengo quince. ¡Y todavía faltan los actos del 24!… Tanta vaina pa’nada, mi niño, porque a veces me provoca agarrá mis churupitos y largame a viví en la Riviera francesa o en la Costa Brava. Descansá con gente rica y famosa y no rodeada de este chusmerío. Este pueblo cada día me decepciona más. Ni en Cuba están tan atrasados de espíritu porque ahí tienes que los zapatos del equipo olímpico los diseñó el pana Lubután, pero aquí todos tienen un rancho en la cabeza. Una cuerda de muertos de hambre y envidiosos que en lo único que piensan es en comprá dos kilos de harina PAN…
—Tiíta, pero ¿Por qué está tan decepcionada?
—Ay, mi niño, es que este es un pueblo de resentidos. Los mueve nada más la envidia. ¿No viste cómo le cayeron encima a Delcita por los zapatos? Tanta vaina por unos piches Valentino de mil euros que yo me los puse tres veces y los dejé pa’cuando voy a trabajá en el huerto. Pues los muy desgraciaos han pasao el día hablando de los zapaticos. Que si son no sé cuántos salarios mínimos, que si son más de seiscientas bolsas Clap, porque todo lo miden por la barriga, los muertos de hambre esos. La envidia los carcome, pero son incapaces de ponese a trabajá pa‘vé si hacen rial. Se la viven todo el santo día paraos en una cola pa’ qué porquería pueden comprá. ¡Así no hay país que eche pa’lante! Pero pa’criticá si están prestos. De una vez se fijan en los trapos que una se pone pa’salí hablá güevonás. Demasiao rancho mental, mi niño. El subdesarrollo y el tercé mundo lo llevan en los genes. No, vale, chico, yo me merezco una vaina mejor, más fisna. Una vida con glamour y no tanta miseria mental alrededor.

***

—¿Ves lo que te digo, mi niño? ¿Cómo no voy a queré yo ime pa’marte y no volvé? —Me dijo tía Amapola con los ojos aguados—Vengo emocionada a ver qué escribió Heibercito, pensando que era un poema de amor a la primera combatiente y me consigo con esto. Te voy a leé, si es que el llanto me deja:

I
A China fue la familia
en avión presidencial
presupuesto nacional
con partidas para Cilia
y meses tiene en vigilia
la combatiente primera
pues mucho le desespera
los viáticos regresar
de todos los que a pasear
se fueron sin que supiera
II
Primera dama incapaz
de incurrir en nepotismo
ni un Flores por eso mismo
en cargo alguno verás
así que no digas más
que es ramillete el gobierno
hermanos, primos ni yerno
hijo ni suegro o cuñado
nunca se han contratado
ni este gobierno es materno
III
La familia Miraflores
no es por Flores ni por Cilia
no le aflores su familia
que antes tuvimos peores
aunque ésta sin estupores
siembra y riega su vainilla
y ahora con Vallenilla
los domingos en Tves
sin pena de estupidez
germinan en pesadilla.

Tía Amapola levantó la mirada y con ojos de vaca degollada me miró y una lágrima cayó del ojo izquierdo.
—Bueno, tiíta, pero no se amargue por eso.
—No, si yo no me amargo. Yo le prendo dos velas negras esta noche a ese desagradecío y ni me despeino. Pero es que no hay derecho a que gente que uno quiere haga esas vainas.
—Tiíta, cambiando de tema. Estaba por preguntarle, ¿Por qué a Padrino ‘Guan’, como  le dice usted, le dio por hablar de hallacas en julio? Faltan seis meses y ya él habla de la Navidad feliz.
—Eso se llama «visualización», mi niño. Padrino lo que hace es visualizá que en diciembre él todavía va a está allí. Bueno, visualización y jalando el fin de año, mi niño, que la gente hable de las hallacas y se olvide del revocatorio.

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Ocaso

21 julio, 2016 § Deja un comentario

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El árbol de la vida es un esqueleto.
Seco y quebradizo.
Fantasmas las palmeras
Sin palmas ni verdor.
El mango exhausto dio su último fruto.
Al final, es cierto.
Siempre nos queda el cielo.
Pero el día también se agosta.

Los pies de mamá

19 julio, 2016 § 4 comentarios

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Foto de Luis Brito

A Ignasi y a Sergi,
por el aliento de dragón

Ignasi Vilanova:
Ese momento en que tu hijo te dice de forma desenfadada:
“papá, te huele mucho la voz” y te das cuenta de que tienes el aliento
de un dragón de Comodo.

A mamá le olían los pies.
Cuando llegaba de la calle
Se quitaba las medias de nailon
Y los zapatos anónimos
Y estiraba las piernas.

A mamá le olían lo pies.
Un olor avinagrado,
a cuero mojado y talco Menem,
que no me gustaba.

A mamá le olían los pies.
No era pecueca.
Era un olor a pies sudados.
Cansados. Con marcas del día.

A mamá le olían los pies.
A trajín del día. A ajetreo.
Y nunca la oí decir que estaba cansada.
Nunca se quejó del cansancio.

Se descalzaba y estiraba las piernas.
Se masajeaba con Cool-A-Ped.
Y daba vueltas a sus pies.
Giros a derecha. Giros a izquierda.

Nunca me gustó
Como le olían los pies a mamá.
Pero no se lo dije jamás.
Me quedaba con ella y respiraba hacia otro lado.

Hay madrugadas,
en que despierto asustado.
Acurrucado en la cama,
abrazo la almohada
y extraño el olor
de los pies de mamá.

Tía Amapola 21 — La frontera. Cúcuta

17 julio, 2016 § Deja un comentario

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Tía Amapola estaba concentrada con los audífonos puestos viendo un video en la tablet. Yo pensé en un principio que estaba escuchando algún narco corrido de Los Tigres del Norte que es uno de sus grupos favoritos, pero ella normalmente mueve la cabeza al ritmo del corrido y de vez en cuando grita alguna estrofa, y esta vez sólo decía de vez en cuando, contando cada palabra con los dedos como para memorizarlas «Amenazas, insultos y vilipendios».

—¡Tiíta! —Grité para que me oyera.— ¡Tiíta!

La tía Amapola puso pausa al video, se sacó los cascos y me miró con ojos interrogantes.

—Tiíta, que me preocupa usted a veces. Parece como si se estuviera volviendo loca. Tiene media hora ahí pegada viendo ese video en la tablet y repitiendo lo mismo. ¿Qué está mirando?

—Ay, mi niño, es que no había tenido chance de escuchá a la Tiby. Esa coña, con su carita de cachifa que viene de planchá, es más viva que tú y yo juntos. Todo el mundo loco por oír lo que tiene que decí del revocatorio y ella sale a hablá, toda ofendida, de que la gente la insulta por las redes, ja ja ja Es una zafia.

La tía infla los cachetes como lo hacía Carlos Villagrán haciendo de Kico en el Chavo e imita a la Tiby:

—En las amenazas no hay recursos jurídicos. En los insultos no se anexan escritos probatorios. En los vilipendios no se conjuga ninguna demanda… ja ja ja Ay, mi niño, ¡se la comió esa coña! Y después se paró y se fue corriendo y dejó a todo el mundo con la palabra en la boca. Ja ja ja. Me imagino al Puzkas como pajarito en autopista, con sus cartapacio de preguntas preparadas ja ja ja Me tengo que aprendé bien esa vaina «amenazas, insultos y vilipendios».  Cuando yo sea grande, quiero ser como Tiby.

***

—Ay, mi niño, yo ya no sé si debo preocupame. Lo de Padrino con Ayú no es normal. O está esquizofrénico perdío, o se le está mojando la canoa después de viejo. o está poseído por el espíritu de una puta.

Tía Amapola me habla tan seria, mientras le están pintando las raíces con su borgoña «natural» como le dice ella. Que no me atrevo a hacerle una broma.

—Tiíta, ¿pero qué es eso? ¿Por qué usted dice esas cosas?

—Pero ¿No ves, mi niño? Primero le ofrece mi dildo de zanahoria con sonrisita picarona y ahora le implora que vaya a hablá con él. Un día dice que la asamblea no va a durá un coño y otro día que quiere hablá con Ayú de presidente a presidente. ¡Si no se vuelve loco él, me va a volvé loca a mí! Ya no sé si mentale la madre a Ayú o invitale un pase. Entre él y los gringos empeñados en que los muchachos hablen de nosotros me van a sacá canas verdes.

—Por cierto, tiíta, hablando de canas. ¿Dónde encontró el tinte porque está agotadísimo?

—Ah, puej. Aproveché que la greñúa Iris, hecha la pendeja, se disfrazó de gente el domingo pa’que no la reconocieran y cruzó a Cúcuta a hacé mercao, y se lo encargué. Ya le dije que me avise si va a volvé porque le tengo más encarguitos. Entre lo que me traiga Noelí por el Zulia y la greñúa por Táchira, en esta casa no entrará nunca el socialismo del siglo XXI. ¡Pero, chito! Eso que quede entre nos.

***

—¡Mi niño! ¡Mi niño! Despiértate.

¡Qué susto! A lo que abrí los ojos, me encontré a tía Amapola con su nariz casi pegada a la mía. Tenía la cabeza envuelta en una media negra de seda. Se había hecho la vuelta antes de acostarse. La pobre no halla qué hacer para domar los pelos churcos.

—Tiíta, ¡usted me va a matar de un infarto! ¿Qué hora es? Para qué me despierta tan de madrugada?

—Ay, mi niño, es que te necesito. Me despertó el difunto. Me dijo en sueños que a las tres de la madrugada en punto debía está frente al altar con cigarrillos Marlboro, ron Cacique y tabacos. Que tiene algo que decime urgente. Y ya es un cuarto pa’las tres. Pero necesito que tú seas mi banco porque a esta hora, ¿A quién más voy a buscá?

—Tiíta, usted sabe que yo ni creo ni me gustan esas cosas. ¡Y a las tres de la mañana! ¿No podía ser a las diez?

—Es a las tres porque es a esa hora, y punto. Si no fuera importante, no te molestaría, ¿Me vas a ayudá o no?

Si no iba, el llantén iba a ser por meses. Mejor una mala noche y no un peor año.

Encendió dos velones tricolor que tenía frente a la imagen del Comandante, se echó un trago de Cacique del pico de la botella y prendió un tabaco. El tabaco echaba chispas como nunca había visto. A tía Amapola le dio como un estremecimiento, puso los ojos en blanco y con una voz como la que muchas veces escuché en las cadenas de radio y televisión, dijo:

—Caracha, déjame primero que nada tomarme un cafecito y fumarme un cigarrito. No juegue, cuánto tiempo aguantando las ganas ¿Eh?

Después del café y el cigarro, el espíritu empezó a hablar en lenguas. Yo no entendí nada de lo que dijo. Apenas se entendía que de vez en cuando hablaba de Roberto, el hondureño. También habló de Padrino y agarró una foto que tiene entre dos velas negras, por eso supongo que es de ese Padrino que hablaba y no de El Padrino, su esposo. Cuando dejó de hablar en lenguas, empezó a hablar de sus tiempos de arañero en Barinas, de la vez que le dio diarrea en Apure, de cuando quería ser beisbolista. Cantó Vestida de Garza Blanca y recitó el poema de Arvelo Torrealba. Conversó con Maisanta e invocó a Bolívar. Estaba encadenado. Se fumó la caja de Marlboro y del ron apenas quedó un chorrito. No se quería ir. Estaba como en sus buenos tiempos de las cadenas. Pero cuando ya iba a despuntar el alba, se despidió. Algo dijo de que ahora, como los vampiros, no puede estar por ahí al salir el sol y se fue.

La tía Amapola se estremeció de nuevo. Y volvió a hablar con su voz normal. No estaba borracha y ni tufo a cigarrillo y alcohol tenía.

—¿Vio, mi niño, que no duele? Ahora ya todo está más claro. El difunto me dio las pautas. Ni crean los gringos ni el Padrino ese que van a podé con nosotros. ¡Ahora es que queda tía Amapola pa’rato! ¡Es que esta tía es mucha tía!

—Bueno, tiíta, usted quedó como nueva, pero yo estoy podrido a tabaco y molido como si me hubieran exprimido. Me voy a bañar y a dormir. Esto no es vida.

—Duerme un ratico, mi niño. Pero ahora te llamo pa’que me lleves pa’l mercao porque tengo que comprá unas ramas y unas esencias, buscá una gallina de plumas negras y rojas, un conejo negro y dos palomas negras. Pólvora, velas rojas y cinta tricolor. El comandante necesita eso pronto pa’neutralizá todo lo que está jodiendo porái.

Yo voy a terminar pidiendo asilo en Estados Unidos. Esto no lo aguanta nadien, como diría ella.

***

Tía Amapola colgó el teléfono después de hablar con Doña Elena para darle el pésame. Acarició la firma de oro del difunto en su cuello y murmuró, como si la frase fuese suya:

—No somos nada. Una piche bacteria en el estómago tiene más poder que nosotros. Otro hijo que entierra esa pobre mujer.

De pronto, como si le hubieran dado un pellizco en la nalga, tía Amapola dio un brinquito en la silla y me miró con los ojos achinados y vidriosos:

—Mi niño, ¿qué tal si agarramos la Hummer y nos arrancamos pa’Barinas a dale el pésame a la vieja y aprovechamos que estamos cerca y que dieron paso en la frontera y nos vamos pa’Cúcuta?

—Ay, tiíta, pero si usted no necesita ir a comprar nada a Cúcuta. Si la despensa de esta casa está más surtida que los supermercados Éxito antes de que los expropiaran.

—¿Y quién te ha dicho a ti que yo quiero ir a comprá vainas a Cúcuta? ¿Con ese gentaral que debe habé en esos supermercados? Un poco de escuálidos con rial que, como ya no van pa’Mayami a comprá en el ta’barato dame dos, se van pa’Cúcuta a pasá los domingos comprando vainas que ni necesitan…

—¿Y entonces para qué nos vamos a echar ese polo por carretera? Agarre la avioneta y en media hora está en Barinas dando el pésame…

—Ay, mi niño, a usté sí es verdá que todo hay que dáselo masticao. No ves que lo que yo quiero es ir a buscá una merca que tengo pará en Cúcuta desde hace tiempo y no ha habido forma ni manera de que la muevan. Lo poco que han intentado sacá, ¡Zas! lo agarran los desgraciaos de la Dea. El business se me está cayendo. La merca pará no da pa’comé y ese bufete en Niuyor me sale muy caro. Necesito cash.

—Ah, no, tiíta. Hasta ahí sí que no le cargo el mono. Yo no quiero acabar como mis primos.

—Tu no eres más hembrita porque te dieron dos centímetros de más en la entrepierna, ¿no, mi niño? «Yo no quiero acabá como mis primos». Hasta marico serás y en tú casa no lo saben.

Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 1
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 12. Lluvia
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 13. La audiencia
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 14. Visita de Albert Rivera
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Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 15. Los CLAP
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Tía Amapola 16. Firmas y verificación
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Tía Amapola 17 – Orlando. Moná. Gallegos
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Tía Amapola 18 — Validación de Firmas
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Tía Amapola 19 – #Seminaristas – #HastaQueTeConoci
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15 julio, 2016 § 2 comentarios

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A veces, en sueños,
Sigo en la casa de La Parroquia
y mamá fríe pasteles
en las madrugadas frías.

A veces, en sueños,
estoy en la azotea.
En mi cuarto con techo de asbesto.
Donde di el primer beso.

A veces, en sueños,
veo la luna
sobre el campanario de la iglesia
la noche del Viernes Santo

A veces, en sueños,
regreso a las raíces de los almendros
Al banco de granito rosa
bajo el mamón de la plaza.

A veces, en sueños,
aparecen mis amigos de hoy
dando serenatas con Gualberto
en el porche de media luna.

A veces, en sueños,
Me llevo mis miedos,
Mis angustias y temores
A mi vieja casa en La Parroquia.

En sueños, siempre vuelvo.

¿Dónde estoy?

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