Tía Amapola 20 – De contras, dildos,”Rectos del Libertador” y pecueca

9 julio, 2016 § 1 comentario

ecco

Tía Amapola hecha una fiera apagó el televisor. «¡Yo no sé cómo lo he podido aguantá tantos años! ¡Dios mío, pero ¿Cómo se le ocurre mostrar mi zanahoria en televisión?!

Casi rompe la pantalla del Iphone de lo fuerte que le daba para llamar.

—¡Aris, pásame a Padrino, Ya! ¡Que se vaya a mamá Zapatero! Que lo llame después.

Tía Amapola estaba tan furiosa que parecía que las prótesis mamarias le iban a estallar de lo acelerada que tenía la respiración.

—Pero bueno, chico, ¿Por qué coño tu sacas de mi mesa de noche esa vaina y la muestras a todo el mundo? ¡Tú sabes que te tengo prohibido tocá mis juguetes! ¡Y, además de sacá esa vaina sin mi permiso, tienes los cojones de ofrecésela a Ayú! ¿Por qué no le ofreces ese moco de pavo fláccido que tienes entre las piernas y me dejas mi zanahoria quieta en la gaveta? ¡Y que no me entere yo de que estás usando esa vaina con la Lorena porque me convierto es su tocaya peruana, te corto el muerto ese que tienes y se lo mando con un lazo al Ayú!

—Tiíta, ¿Pero qué historia es esa de la zanahoria en la mesa de noche?

—Ay, mi niño, cuando compré el diván Tantra en la cecchop de Nueva York, tenían una promo y me regalaron un dildo en forma de zanahoria con dos velocidades, por si el diván no funcionaba para resucitar a Padrino, como en efecto pasó. Bueno, pues esa zanahoria es la única vaina que me sirve para calmar un poco mis ardores en la entrepierna.

—¡Tiíta, qué necesidad tengo yo de saber esas cosas!

—Bueno, mi niño, pa’qué preguntas si no quieres sabé. Yo no soy de palo ni estoy muerta y el agua fría del bidé ya me tenía jarta. Una también necesita tené una alegría de vez en cuando. No todo puede sé rigor.

—¡No, pues, tiíta, justo todo lo que un sobrino quiere y necesita saber de su tía sexigenaria!

***

Aquí me tienen, preparando una palangana de limonada caliente para darle a tía Amapola. ¡Que buena mojada se echó la pobre en Los Próceres! Llegó emparamada y con los pelos más crespos que los de la Negra Matea.

—¡Hachís!¡Hachís! —Ya les dije que ella estornuda así— Mi niño, ¿eso va a tardá mucho? Es que ya como que me estoy resfriando —Dijo entrando en la cocina envuelta en su albornoz tricolor y con el secador en la mano—. Vengo a secame el pelo aquí pa’no escuchale los sermones a Padrino con el ahorro eléctrico. Él si se puede secá y estirá sus pasas sin peo, pero a mí me arma vergueros.

—Ya está listo tiíta, tómese esta taza bien caliente. Le voy a dar los dos últimos acetaminofén que quedan porque no he encontrado más. ¿Se bañó con agua caliente, verdad?

—Claro, mi niño. Yo sabía que iba a llové, pero tenía que ir a esa vaina porque el Babalao en Cuba me dijo que la contra que traje tenía que llevala a que se imprennara con la esencia de Bolívar.

—Im preg, tiíta con g, im preg na ra.

—¡Deja estar, que tú entendistes!

—En ten dis te.

—Ah, pues, ¿y qué dije yo? ¿Te cuento o no te cuento lo de la contra?

—Cuente, tiíta, cuente.

—Pues parece que para que el huesito del difunto que me guardó la enfermera del Cimeq y que me preparó el Babalao cobre toda la fuerza que necesitamos, tenía que está en presencia de El Libertador en una fecha importante. Y me dio unas oraciones que tuve que rezá ahí todo el rato mientras me mojaba como una pendeja.

Tía Amapola se empezó a secar el pelo y puso la tablet sobre la mesada de la cocina para ir revisando el Twitter. De pronto, apagó el secador y me dijo furiosa:

—Hay que que estos carajos de VTV no son más brutos porque no fueron alumnos de Padrino. Escucha esto «Se realizó ofrenda floral frente al sarcófago que guarda los rectos del Libertador». ¡Los reCCCtos! Mi niño! ¡Será que ellos tuitean con el culo!

—Eso debe ser un montaje, tiíta. Una broma para mamar gallo.

—Ay, mi niño, yo de esos carajos y de los de Telesur ya lo creo todo.

***

Hoy tuve que darle un parao a tía Amapola. Me iba a volver loco en el desayuno. Amaneció hablando hasta por los codos y me cambiaba de un tema a otro sin ninguna solución de continuidad.

Me hablaba de las arepas que nos estábamos comiendo, del escapulario de Chávez, de los muchachos en Nueva York, de la fuerza que debe tener ahora la reliquia de Maisanta, de los negocios de Arias y lo pilas que es, de que ya no tendremos que peregrinar para encontrar sus medicinas para la tensión…

—¡Tiíta, pare un momento el carro que me va a volver loco! ¿Usted como que se está consumiendo las ganancias del business? ¿Esa moqueadera que tiene es por el resfriado por la mojada de ayer, o que se metió un pase de talco?

—Ay, mi niño, hasta razón tienes. Estoy como eléctrica. Se me agolpan los pensamientos todos al mismo tiempo.

—A ver. Vamos por partes a ver si logro entenderla ¿Qué es lo que dice de las arepas?

—Que estas arepas hechas con esa harina Las Nieves que me trajo Noeli de Maracaibo, quedan ricas. Suavecitas. Que eso de traé las vainas de Colombia es tremendo negocio, porque compran y venden aquí al triple de lo que cuestan allá. Hay que tenelo en cuenta por si el business nos falla.

—Ah, sí, es rica esa harina. Pero si va a cambiar de rubro va a tener que enfrentarse a Arias y a su amiga Noeli, porque dicen las malas lenguas que ese negocio de la importación es monopolio de ellos. Ajá ¿Y lo que decías de las medicinas?

—¡Hachís! ¡No me trates como si fuera una vieja chocha!

—Nada que ver tiíta. Pero, explique ¿por qué dice que va a tener sus medicinas para la tensión?

—Ah, porque ya me llegó el dato de que en el Zulia van a traé también todas las medicinas de Colombia. Eso sí, las farmacias sólo podrán vendé las que traiga el «distribuidor autorizado», que ya sabemos de quiénes es socio. Los precios inflaísimos, pero pa’ mí, lo que cuesten es lo que menos me preocupa. Con que Arias y Noelí me manden la vaina, que se jodan los que no tengan cobres, como dicen allá.

—¿Y lo del escapulario de Chávez?

—Ay, mi niño, que ayer, mientras me mojaba como una pendeja en Los Próceres, estaba pensando en dónde habrá ido a pará el escapulario del difunto. Él no se lo quitó nunca, pero mi amiga del Cimeq, me dice que ella no tiene ni idea de dónde puede estar. Y eso debe tené una fuerza espiritual arrecha ahorita, mi niño.

—¿Y eso por qué, tiíta?

—Ay, mi niño, tú es que vives en la luna. No te enteras de nada. Ese escapulario era una reliquia de Maisanta. O séase, el que se ponga en esa vaina, va a tené concentradas en un mismo amuleto, la fuerza de Maisanta y la de Chávez. Malo no sería, mi niño, ponese en esa contra.

—Ya voy entendiendo, tiíta. ¿Y usted cree que si tuviera ese escapulario, lo gringos no podrían hacer nada contra usted o contra los muchachos?

—Nada, nadita, nada, mi niño. Toda esa maldad perversa de esos desgraciaos de escondé pruebas y borrá y editá grabaciones pa’ inculpalos se le voltearía contra ellos mismos. Los pobres muchachos que sólo tuvieron la mala suerte de estar en el lugar equivocado en el momento preciso. Pero esos desalmados sólo quieren jodé a Padrino y a mí, eso está claro… ¿Quién se habrá quedao con esa vaina? En el monumento no está porque le pagué a un guardia pa’ que revisara y nada. Pero, no he podido mandá a buscá en Barinas a si lo enterraron allá. Con ese escapulario en mi poder si es verdá que no me cae ni coquito. ¿Entendistes ya? ¿O te hago un videíto? ¡Hay días en que se te sale lo toyó—toyó de Padrino ¿No, mi niño?

***

Tía Amapola, con la zapatilla Ecco, en la mano me miraba con el entrecejo todo lo fruncido que el bótox le permite. La doblaba juntando punta y talón para comprobar la flexibilidad. La olía y la doblaba de nuevo, pero en sentido inverso. Se las llevaba de nuevo a la nariz con expresión de asco.

—Mi niño, cómodas son, pa’qué te voy a decí que no, si sí. Caminé más que transfo de la Libertador buscando clientes a mitad de quincena y ni las sentí. Hasta tambores bailé. Y como si nada. ¡Pero me dan una pecueca! Las paticas me hieden a mortecina. Con lo caras que son deberían traer incorporado un ambientador de borocanfor. Yo no sé si con una lavada con Ace logre salvarlas. Están podridas.

—Tiíta, hoy la llamó Cristina, de Argentina, dijo que necesita hablar urgentemente con usted.

—Ay, sí, mi niño. ¡Pobre boluda! Está pasando las de Caín. Primero empezaron a criticala porque cambió un montón de pesos a dólares. ¡Pero es que ella tiene razón! Ella tiene que protegé sus ahorritos y con esos locos de Macri en el gobierno, no se sabe qué va a pasá allá. Yo también aquí, la mitad de lo que me ingresa por el business, lo convierto a dólar Dicom y lo saco bien lejos, porque si hay que salí corriendo uno tiene que tené respaldo.

—Leí algo de que le van a embargar lo bienes, tiíta.

—Bueno, mi niño, a mí eso no me preocupa, porque le embargarán lo poco que esté a nombre de esha, que boba no es. Un día me dijo «Polita, aprendé de mí. Sho muy pocas cosas las tengo a mi nombre. Sho mis negocitos los pongo en compañías en Panamá y otros países. Aquí, apenas dejo lo del diario, Polita. Una es una mujer sola y tiene que asegurar su vejez, querida aprendé y hacé como hago sho». Y, obveo que yo le seguí el consejo a la Boluda al pie de la letra.

Tía Amapola me pasó las zapatillas:

—Mi niño, bota esa vaina. Esa peste no saldrá con agua y jabón. Menos mal que compré ocho pares, será usalos y botalos de una. Ay, mi niño, trae el Glade, a ver si matiza un poco este olor a animal muerto. ¡Ni los huesos de mis rezos hieden tanto!

Narco micro—relatos. Historias con Tía Amapola 1
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Tía Amapola 16. Firmas y verificación
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Tía Amapola 17 – Orlando. Moná. Gallegos
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Tía Amapola 18 — Validación de Firmas
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