Los brujos de Chávez, tiempo de tinieblas

10 julio, 2016 § 3 comentarios

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Mientras leía «Los brujos de Chávez» de David Placer (Sarrapia ediciones, 2015), recurrentemente, venían a mi mente aquellas fantasmagóricas imágenes vistas a través de Venezolana de Televisión, aquella fatídica madrugada del 13 de abril del 2002, cuando en pantalla el teniente coronel más parecía volver del averno, que haber sido rescatado de La Orchila.

La imagen de esa noche era absolutamente cinematográfica. Las luces, la niebla, los soldados en las alturas, los contraluces, el audio, todo contribuía a crear la ilusión de un film de terror, de una película de magia negra y brujería. Al menos, así la recuerdo yo, dentro de la depresión y tristeza, dentro de la frustración por ese retorno que, aunque me lo esperé desde el mismo instante en que Carmona Estanga de un plumazo deshizo en pantalla todos los poderes del Estado, en el fondo, albergaba la esperanza de que no se diera.

«Los brujos de Chávez» en poco menos de 200 páginas, resume varias décadas de brujería del golpista. Desde que era un soldado conspirador hasta el día de su muerte.

Al leer las anécdotas, cuentos y chismes que David Placer relata en tono de reportaje periodístico con algunos capítulos intercalados en los que asume la voz del propio Chávez para contar algunos hechos, uno llega a entender este estado de postración, de deterioro, de retroceso en el que se ha sumido el país. Se comprende por qué el país parece estar cundido de oscuridad, sumido en la penumbra y el horror. Venezuela se cubrió de energías oscuras y tinieblas.

Independientemente de si uno cree o no en brujerías, en magia negra, en videntes, babalawos o paleros, lo que es evidente es que remover tanta energía oscura en un país, durante tanto tiempo, tiene que traer funestas consecuencias. La tenebrae se enseñoreó, Tánatos empezó a reinar. Mientras el discurso hablaba de amor —de eros—, los hechos hablaban de muerte —Tánatos—. La parte oscura del país empezó a ser venerada. Las energías negativas se apoderaron de las diferentes escalas de poder y de los diversos estratos de la sociedad. El culto se volvió lúgubre, oscuro, demoniaco. Todo eso no podía pasar sin consecuencias.

Los modelos a seguir terminaron siendo los Pranes, los presos peligrosos, los narcotraficantes, las mujeres prepago. El vivo y desalmado empezó a actuar descaradamente. El corrupto se ufanó de su latrocinio. El dinero mal habido dejó de ser una vergüenza para convertirse en símbolo de estatus. Desfalcar al país llegó a ser un acto casi heroico. En todas las esferas de la sociedad empezó a reinar lo oscuro, lo tenebroso. Los valores negativos se convirtieron en paradigmas y el país devino en esta nave a la deriva, absolutamente perdida y sin destino claro o evidente.

Algunos hechos descritos en el libro uno ya los conocía. Algunos por boca de amigos que han tenido amigos cercanos a Chávez. Otros por haberlos leído en el último libro de Ángela Zago «En nombre de los pobres» y muchos otros porque simplemente los presenciamos en cadenas de medios a través de la radio y la televisión. Disfrazados algunas veces como actos piadosos o de oración, otras como hechos científicos como la exhumación de los restos de Bolívar de madrugada y a la «hora del diablo», como señalan algunos, y, otras, impúdica y evidentemente mostrados como actos de brujería con chamanes y tambores, la brujería del régimen también pasó a formar parte de la cotidianidad del los venezolanos

La hechicería, como la política, se instaló en nuestros hogares a través de las pantallas de televisión y los aparatos de radio. Brujería y política se metieron en nuestras alcobas, en nuestras celebraciones familiares. Los collares de los santeros empezaron a exhibirse sin pudor y las profanaciones de tumbas en los cementerios pasaron a ser parte de lo «normal», de lo frecuente, de lo habitual. Ya ni asombro producen las lápidas reventadas en los cementerios. Es como si el poema «Boda negra» de Julio Florez hubiese pasado a ser el himno de la revolución:

Boda negra
[Poema: Texto completo.]
Julio Flórez
Oye la historia que contome un día
el viejo enterrador de la comarca:
era un amante a quien por suerte impía
su dulce bien le arrebató la parca.

Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de la hermosa;
la gente murmuraba con misterio:
es un muerto escapado de la fosa.

En una horrenda noche hizo pedazos
el mármol de la tumba abandonada,
cavó la tierra… y se llevó en los brazos
el rígido esqueleto de la amada.

Y allá en la oscura habitación sombría,
de un cirio fúnebre a la llama incierta,
dejó a su lado la osamenta fría
y celebró sus bodas con la muerta.

Ató con cintas los desnudos huesos,
el yerto cráneo coronó de flores,
la horrible boca le cubrió de besos
y le contó sonriendo sus amores.

Llevó a la novia al tálamo mullido,
se acostó junto a ella enamorado,
y para siempre se quedó dormido
al esqueleto rígido abrazado.

Y empezamos, de tanto vivirlo, de tanto contemplarlo en las salas y dormitorios de nuestras casas, de tanto verlo en la calle y escuchar cómo lo comentan sin pudor ni temor en las calles, a verlo todo como normal.

Hay un pasaje específico en el libro de Placer cuando más recordé aquellas imágenes de aquella oscura noche y madrugada de abril. Cuando el autor cuenta el ritual hecho en África por el propio Chávez en medio de un bosque, rodeado en la oscuridad por los babalawos cubanos que conformaban su primer círculo de seguridad:

«Chávez ordenó desviar su viaje para trasladarse al interior del continente. El séquito presidencial se había hospedado cerca de un poblado con pequeñas casas de barro, paja y caña. Era una sabana extensa que le recordaba a los Llanos venezolanos, aunque el clima era más seco y la vegetación menos densa.

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Carta de Chávez a su bruja pidiendo un favor.

Parte del equipo no era consciente de la misión que los había llevado a realizar aquella parada de la que no habían tenido conocimiento previo. Algunos creían que era un capricho de última hora del presidente, un cambio más a los que ya estaban acostumbrados. Con Chávez, las agendas eran inútiles y la preparación previa muchas veces resultaba un trabajo perdido.
Parte de los que acompañaron al presidente en aquel viaje conocerían el motivo de aquel cambio de planes. Rodeado de floridos flamboyanes y algún baobab milenario, Chávez apareció en un terreno despejado junto al poblado con un ejército de babalawos. Eran soldados espirituales pero también su primer círculo de seguridad, su personal de absoluta confianza, todos cubanos.
En medio de la noche, el círculo más íntimo del comandante supremo presenciaría una escena insólita. Los tambores habían comenzado a sonar en un terreno cercano al pequeño poblado. En medio de la oscuridad, completamente desnudo, Chávez salió de una de las casetas. Se dirigió hacia el pequeño grupo de confianza que se había encargado de que el lugar no contara con la presencia de extraños.
El pequeño poblado había sido blindado. Allí, frente a sus guardianes espirituales, Chávez se prestó para el ritual africano sin ningún pudor. No tenía vergüenza ni miedo al demostrarse de forma descarnada. Nunca fue particularmente vergonzoso y menos en ocasiones en las que el pudor solo podía entorpecer las energías.
Con las rodillas sobre la arena seca y polvorienta, comenzó a cavar para hacer un pequeño hueco. Rodeado de sacerdotes babalawos y brujos de magia negra y vudú, recitaba en voz alta los conjuros mientras colocaba una vasija con pócimas dentro del hueco. Hablaba alguna lengua africana que los asistentes fueron incapaces de descifrar. Parecía que el Comandante Eterno dominaba el idioma y tal vez no era la primera vez que recitaba aquellos conjuros.
Uno de los sacerdotes acerca a Chávez uno de los ingredientes principales del ritual: una foto. Los testigos intentaban ver la imagen pero no podían vislumbrar de quién se trataba, aunque algunos, finalmente entre las sombras de las luces de las velas fueron capaces de poner rostro a aquella imagen: se trataba de Carlos Ortega, el dirigente sindicalista que tanto había atormentado a Chávez aquellos días de rebelión.
El comandante giró la foto y la dejó boca abajo. Uno de los babalawos acercó a él un cuenco con vísceras, no se sabe si de animales o de humanos, aunque supusieron que se trataba de la primera opción. Otro de sus colaboradores también le acercó una bandeja con un costillar seco. Sobre él no hubo ninguna duda: por su tamaño, era humano, probablemente extraído de algún cementerio de la zona.
Colocó todos los ingredientes siguiendo las indicaciones del maestro que oficiaba la ceremonia. Sus acompañantes ayudaron a que toda la tierra tapara completamente aquella tenebrosa preparación.
El insólito episodio, casi inverosímil, llegó años después a los oídos de Carlos Ortega, hoy exiliado en Lima, Perú. Una amiga en común que tenía con Chávez, le aseguró haber presenciado personalmente el ritual. Aquel acto de magia negra no daba descanso a la mujer que, a pesar de que era completamente escéptica y que rechazaba esas prácticas, quedó afectada por lo que vio».

Al final, dice Placer que en sus entrevistas llegó a conocer que Chávez había hecho con una de sus brujas un ritual cerca de un río en el que enterraron junto a las raíces de un frondoso árbol la espada que le entregaron en su graduación de cadete para llegar a alcanzar sus objetivos de acceder al poder y quedarse allí por siempre. Tal vez a eso se refieren ahora cuando dicen que «Al comandante lo sembraron».

Al parecer, ninguno de los que estuvieron presentes en ese ritual dijo nunca dónde quedan ese árbol y ese río. Si alguien aún conoce su paradero no ha querido o no se ha atrevido a decirlo. Puede que muchos piensen, como dice David Placer, que para acabar con esta etapa tenebrosa del país, sea necesario desenterrar esa espada y deshacer el maleficio. Mientras, los venezolanos parecemos vivir cada día más sumidos en las tinieblas y lo tenebroso de cada uno parece gobernarnos y regirnos.

A pesar de que algunos curas como Mario Moronta prefirieron no saber, no enterarse de la afición de Chávez por la brujería y la magia negra, algún día tendrá que llegar a esta tierra, una vez más, la luz y las tinieblas serán desterradas como lo han sido muchos venezolanos de bien. Amén.

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§ 3 respuestas a Los brujos de Chávez, tiempo de tinieblas

  • Bibiana de Osorio dice:

    Siempre he estado convencida de que esto es una lucha de la luz contra la tiniebla, del bien contra el mal, y aunque por momentos creemos que el mal triunfará, debemos tener presente que jamás el mal le ha ganado al bien… Puede que en apariencia se perciba reinante, pero por pequeña que sea una luz, siempre resplandece en la oscuridad, debemos orar mucho, pedirle a Dios que no nos desampare, y tener la seguridad que aunque hemos sido infieles, Dios sigue estando enamorado de nosotros y nos acepta como hijos pródigos, nos perdona, nos da la paz y nos favorece, amen!

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  • Lala dice:

    Que feo todo esto pero nunca, nunca jamás el mal ha triunfado sobre el bien, Dios Todopoderoso y Misericordioso está con nosotros, y vamos a triunfar. Bueno en medio de todo me hizo acordar de mamá que cantaba ese poema y yo nunca lo soporté, aún hoy leyéndolo se me pararon los pelos y lo mas triste es que me lo se completico. Buh. Buh Buh

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