Ménage à trois

31 agosto, 2016 § 1 comentario

image

La muerte duerme entre nosotros
Vi su rostro una madrugada cuando te busqué.

Con un beso, la conjuré.

La muerte yace en medio de nuestra cama
Atisba entre las sábanas
Husmea sobre las almohadas de plumas.

Se espanta cuando nos amamos.

La muerte nos visita cada noche
Se enseñorea en el lecho oscuro

Huye al amanecer del amor.

He visto a la muerte tantas veces
que la reconozco inmóvil entre nosotros.
Acostada entre tú y yo.

La muerte duerme entre nosotros.

Hay noches
en que miro a la muerte a los ojos
y le doy un beso.

De buenas noches.

Juanga se hizo inmortal

30 agosto, 2016 § 6 comentarios

Juanga

Voy por la calle
De la mano platicando con mi amor
Y voy recordando cosas serias que me pueden suceder
Pues ya me pregunta
¿Hasta cuándo nos iremos a casar?
Y yo le contesto que soy pobre
que me tiene que esperar (que me tiene que esperar)

No tengo dinero ni nada que dar
Lo único que tengo es amor para amar
Si así tú me quieres te puedo querer
Pero si no puedes ni modo qué hacer.

No llegaba yo a los diez años cuando ya andaba tarareando esa canción. Era una canción sin rostro. La escuchaba en la radio o en las rocolas de cualquiera de los bares de las esquinas de La Parroquia.

«No tengo dinero». fue la primera canción de Juan Gabriel que recuerdo haber escuchado. De esas canciones que a la segunda vez que la oía ya me la sabía y se quedaba en mi cabeza por días. Repitiendo el estribillo como en un sinfín.

Después vino «Tú estás siempre en mi mente. Pienso en ti amor cada instante...». Luego «Lágrimas y lluvia» que estaba incluida en un cassette que me regaló una prima, una cinta de esas llenas de temas mezcladitos, como para no aburrirse, en el que oía «Sombras nada más» y «Entrega total», de Javier Solís, «Sueño de una niña grande», de María Teresa Chacín y «Se me olvidó otra vez» también de Juan Gabriel, entre muchas otras que no tenían nada que ver entre sí.

Tal vez, a partir de ese cassette fue que el cantante empezó a tener rostro en mi vida. Vino a Venezuela y la televisión nos lo acercó más. Estaba en las salas de nuestras casas. Cenaba con nosotros.

Juan Gabriel pasó a ser como un placer culposo. Un gusto no confesado ni confesable para muchos. No era música de gente culta, de intelectuales. Era música popular, de despecho, de bares y desamores. Juan Gabriel no era un virtuoso y por lo tanto no era un gusto para enorgullecerse en ciertos círculos; pero, todos nos sabíamos sus canciones. Las cantábamos a vivo grito cada vez que las escuchábamos, muchas veces sin la excusa de tener unos tragos encima. «No nos gustaban» Juanga ni su música. Sus canciones eran chabacanas, «tierrúas»; pero, no nos resistíamos a sus melodías.

Luego, vino la época en que Rocío Dúrcal era la diva del Divo de Juárez y ya fue el acabose. No había fiesta, reunión o tertulia que no terminara con un grupo de borrachos cantando las canciones de Juan Gabriel por Rocío. «Cuando decidas tú volver, estoy a tu disposición, no más no quiero que después me digas otra vez adiós…». «Me gustas, mucho uuuuu uuuuu uuuu. Me gustas mucho tú. Tarde o temprano seré tuya mío tu serás…». Sus inolvidables dúos, «Juntos», «Fue un placer conocerte» y por supuesto «Déjame vivir»:

Rocío:
Te pido por favor
de la manera más atenta que
me dejes en paz
de ti no quiero ya jamás saber
así es que déjame y vete ya.
Déjame vivir
por qué no me comprendes que tú y yo
no tenemos ya
mas nada qué decirnos sólo adiós
así es que déjame y vete ya.

Juan Gabriel:
No no no yo no me resignaré no
a perderte nunca
aunque me castigues
con ese desprecio
que sientes por mí
No no no yo no me resignaré no
a perderte nunca
aunque me supliques
que amor ya no insista
y me vaya de ti

Rocío:
Nooo ya no tengo nada nada nada
nada nada nada,
para ti no tengo amor no
no tengo amor ni tengo nada.

Juan Gabriel:
contigo nada nada nada
nada nada nada,

Rocío:
que no, que no…

Con «La muerte del palomo» dejábamos el alma y la garganta y con «Amor eterno» más de uno soltaba su lagrimón. Con el «El Noa Noa» movíamos el esqueleto. Terminábamos montados en mesas y hasta el más macho botaba sus plumas cantando «Te pareces tanto a mí, que no puedes engañarme. Nada ganas con mentir, mejor dime la verdad, sé que me vas a abandonar y sé muy bien por quien lo haces…».

Nunca me sentí fan de Juan Gabriel, pero todas sus canciones me las aprendía con sólo escucharlas dos o tres veces. Y las destrozaba sin compasión a grito destemplado y desafinado.

Creo que fue cuando estudiaba Comunicación Social en San Cristóbal —tal vez antes, no recuerdo con precisión la fecha—, me invitaron a ver a Juan Gabriel en vivo en el Círculo Militar. A pesar de que me sabía todas sus canciones y las cantaba desde el primer acorde —bueno, eso que yo llamo cantar y que es asesinar cualquier canción sin contemplación—, jamás se me había pasado por la mente ir a ver su espectáculo. No era algo que me llamara la atención. Pero, me invitaron y toda mi familia iba, así que yo también.

Era en el estacionamiento del Círculo donde habían emplazado la tarima a cielo abierto y dispuesto las mesas para el público. Llegamos como a las ocho de la noche. El lugar estaba a tope. No cabían más personas. La gente bebía mientras esperaba la aparición del cantante mexicano. Empezó a garuar y pronto la lluvia se convirtió en palo de agua. Pero, la gente seguía allí. Seguíamos allí. Mojados. Esperando al Divo de Juárez. Nadie se movía.

Como a las once de la noche, ya sin lluvia, abrió el espectáculo un jazz pesadísimo que tenía al público empapado y aburrido. Pero nadie se movía de su asiento.

Por fin, a eso de la una de la mañana, con un público mojado, bebido, aburrido y agotado, salió a cantar Juan Gabriel. Fue entonces cuando entendí lo que era ser un artista. Allí comprobé lo grande que era el cantante mexicano. En un minuto tenía al público en el bolsillo. Empezó a cantar y todo el mundo se olvidó de la lluvia, del jazz insoportable, de la larga y aburrida espera. A nadie le importó lo tarde que era y que ya no se sirvieran más tragos. Toda la atención se centró en Juan Gabriel. En sus canciones, en sus movimientos. En su «mariquera». Las mujeres lo amaban y los hombres machos machotes botaban plumas de lo lindo entonando las canciones. Unas y otros soltaban gritos de histeria con cada nueva interpretación. No hubo ni un solo gesto destemplado, ni un insulto o burla por el amaneramiento de Juanga. Todo era admiración, respeto, disfrute. Alegría.

Fueron más de dos horas de espectáculo y al terminar la gente pedía más. Aplaudía y estaba eufórica. Esa noche, supe lo que era que un artista tuviera ángel, genio. Lo que vi sobre el escenario fue magia y carisma. Esa noche todos fuimos gays, todos fuimos machos enamorados, todos fuimos sentimiento y pasión. Nadie se avergonzó por sentir. Esa noche cundió el sentimiento. Esa noche nos fuimos a dormir con la certeza de que habíamos estado en presencia de un gran artista. Esa noche todos fuimos Juanga.

Crecimos prácticamente arrullados por sus canciones. Sus temas nos los aprendíamos sin siquiera proponérnoslo. Cerca de 45 años de mis 53, las canciones de Juan Gabriel, estuvieron presentes. Año a año fueron componiendo el sound track de nuestras vidas. Y algunas como «La diferencia» o «No discutamos» se convirtieron en «mis temas». Podríamos escribir nuestras biografías con los títulos de las canciones de Juanga para marcar cada año, cada episodio, cada amor y cada despecho.

Gracias, Juan Gabriel por haberle puesto música y letra a la vida y a los sentimientos durante tantos años. Con tu muerte sólo te has terminado de volver inmortal. Aquí seguirás entre nosotros. Con otras voces, con otros ritmos, con otros arreglos. Los cantantes de siempre, te interpretarán y los nuevos harán suyas cualquiera de las 1800 canciones que nos dejas.

Con tu paso a otro plano, no termina tu historia. Apenas empieza tu leyenda.

Amnesia

14 agosto, 2016 § 1 comentario

image

No recuerdo tu nombre
Veo tu cara tan cerca de la mía
Tus labios que rozaban los míos.
Tus rulos castaños con el sol detrás.

Yo recostado sobre la grama verde
Húmeda.
Con ternura me hablabas
Susurrabas el adiós,
mirando mis ojos.

Pero no recuerdo tu nombre.

No nos volvimos a ver.
Terminábamos la primaria
Tú volverías a Ciudad Bolívar.
Yo iría al liceo en La Parroquia.

Por un instante, casi nos abalanzamos
Tus ojos brillaban
Mis labios temblaban.
Ese día, despedimos la niñez.

Ahora, me acuerdo de ti
Pero no recuerdo tu nombre.

La muerte

14 agosto, 2016 § Deja un comentario

image

Lo único inmortal es la muerte.
Ni siquiera Dios es para siempre.
Dios morirá al morir yo.

Lo único inmutable es la muerte.
Todo lo demás cambia.
Hasta la idea de Dios.

Cuando el mundo explote.
Cuando el sol no sea más
Que un hoyo negro.
La muerte aún estará allí.
Inmutable. Eterna.

Tía Amapola 25 – Toma de Caracas y los ojitos del difunto en Río 2016

14 agosto, 2016 § 1 comentario

toma

Tía Amapola se retorcía de la risa en su tumbona Barcelona en la terraza:

—Ay, mi niño, estos escuálidos me van a matá un día de estos de un ataque de risa ja ja ja. ¿Tú vistes con lo que salieron ahora? Después de tanto «¡Esto no se aguanta más!, «¡La fecha para el revocatorio es urgente y pa’yer!», «¡El país no aguanta el hambre un día más!» y todas las mariqueras que viven gritando por las redes, porque la televisión y la radio no les paran ni medio, ahora salen a convocá una marcha pa’dentro de un mes ja ja ja. Es que esto está muy mal y la marcha es de urgencia ja ja ja.

—Bueno, tiíta, supongo que para organizar una marcha multitudinaria, impactante, se necesita tiempo, ¿No? Yo de eso no sé, pero me imagino que tienen que organizar cosas de sonido, de transporte, de convocatoria. Usted misma acaba de decir que no tienen ni radio ni televisión para hacer el llamado. Supongo que una marcha masiva y contundente y sin medios que ayuden no se organiza de un día para otro. Hace falta tiempo…

—Esos necesitan tiempo es pa’ir a pintase el pelo y pa’ maquillase pa’la bailanta. Pa’comprá los pitos y las pintas con los que van a desfilá porque no va a ir a una marcha con ropa repetía ja ja ja. ¡Qué dirían las amistades en España si los ven con el mismo mono Adidas del último templete! Ja ja.

Tía Amapola se paró y empezó a caminar por la terraza:

—Bueno, al cabo que ni me importa lo que hagan los escuálidos. Tengo cosas más importantes que hacé. El 13 cumple años Fidel, mi niño, y se me está ocurriendo una vaina pa’celebralo.

—¿Qué será, tiíta?

—Se me ocurrió cuando escuché la propaganda de Luis Britto, que podríamos hacé un gran acto cultural con artistas e intelectuales del país. Que Britto le escriba una vaina bien arrecha que diga que aquí todos somos Fidelistas, Chavistas y Padrinistas. Zhandra Rodríguez le puede hacé una coreografía y Tareck dejá un rato el Nandrol y el bótox y ponese a hacele un poema al padre Fidel, la Todd le puede cantá una vaina así como Caballo Viejo...

—Tiita, pero el 13 es ya. ¿Usted cree que dé tiempo?

—Ni que lo fuera a hacé la MUD ja ja. Me alcanza y me sobra tiempo de aquí al cumple. Esos son los escuálidos que pa’juntá cuatro pelagatos necesitan un mes.

Tía Amapola me miró con ojos puyúos y me dijo:

—¡Y cuidaíto con que te me desaparezcas el primero de setiembre! Te quiero todo el día pegado a mí como una garrapata, que te conozco y eres capaz de ite a hacé bulto en esa vaina.

***

Tía Amapola pasó más de una hora hablando en clave por teléfono. La llamó alguien de Colombia y la llamada la descolocó bastante.

—¡Coño pero cómo se dejaron agarrá Don Óscar, Coco y Cheo tan pendejamente. Sí Padrino ya no dormía desde hace días, ahora cuando se entere de que los compadres Ortiz cayeron no va a queré ni salí del cuarto.

—¿Y por qué no está durmiendo Padrino, tiíta?

—Ay, mi niño. Esa vaina de la toma de Caracas lo tiene atormentao. No es nada, que no duerme él y no me deja dormí a mí. Se despierta con unas pesadillas horribles, mi niño. Dice que sueña que está cayendo un palo de agua como el del 99, que las calles son ríos que se llevan todo a su paso. Pero de pronto, ya no es agua lo que corre por las calles sino gente tomando la capital. Millones de gente. Hasta risa me dio anoche, porque el bobo se despertó dándose golpes y me decía «¡Mátalos, Polita, mátalos antes de que me piquen como a Edelmiro!» Ja ja. El pobre pendejo soñó que el agua se volvía gente y la gente escorpiones rojos como los de la novela de Golcar, que lo picaban hasta en en culo. Ja ja Se despertó sudando frío.

—¿Tiíta, y si le damos agüita de lechuga antes de dormir para que se relaje y duerma tranquilo?

—Noooo, mi niño. Esa cagazón no se le calma con lechuga. Y pa’completá, esa vaina es pa’l primero de setiembre, o sea, que este agosto va a el verdadero Infierno de Edelmiro pa’l pobre Padrino. Entre la marchita de los escuálidos y los golpes que nos están dando al business en todos laos, Padrino no va a pegá un ojo.

***

—Mi niño, de verdá que si no fuera por los buenos ratos que me da la Tiby en estos días y por lo que me divierto viéndola cómo da vueltas y vueltas hablando sin llegá a ninguna parte, creo que las depresiones y tristezas me tendrían cachicorneta. Hoy se lució con los gráficos y la historia. Yo pensaba que iba a llegá a Cristóbal Colón ja ja. Pero, de verdá lo de Lucas, El Flaco, el sábado me golpeó durísimo. Cuántas veces fuimos a Safari a jugar al esporbú y montamos caballo. Yo me sentía como la Escarlé Ojara galopando en la yegua que llevaba Padrino por las riendas. Se veía igualito a Clark Gueibol, con su bigotico. Huy, me ponía birriondísima…

—¡Tía! Pare que usted empieza así y termina contándome unas cosas que no quiero ni imaginar.

—Ay, mi niño. Allá tuve unos orgasmos de cine. A lo mejor ayudaba un poco lo que nos brindaba Lucas, El Flaco, que siempre tenía merca buenísima de Colombia que le estimulaba a uno hasta los pelitos. ¡Daba unas ganas de cagá!

—¡Tiita! Mejor dígame qué le pareció lo de las firmas para finales de octubre. ¿No es como muy lejos, tiíta? ¿No irán a protestar los de la MUD?

—¿Y por qué van a protestá si esos son los lacsos contitucionales?

—Lap sos Cons ti tu cio na les, tiíta.

—Ah, puej. ¿Y qué dije yo? Bueno, chico, últimadamente, que si ellos pa’organizá una marcha necesitan un mes, con más razón la Tiby necesita dos meses pa’algo tan complejo como la recolección de firmas. ¡Y que se apronten! Porque verificando esa vaina puede llegá el 2019 fácil.

***

Ahora sí se montó la gata en la batea. Cuando iba pasando hoy frente al cuarto de los santos, escuché una voz extraña de mujer. Sonaba entre llorosa y fúrica. No aguanté la curiosidad y me asomé. La Benítez zarandeaba en el aire el muñeco del Comandante y le reclamaba:

—¡Coño, mi comandante, bonita que me la hiciste! Yo que estaba orgullosa de haber llevado tus ojos bellos a la competencia y tú no moviste ni un dedo para ayudarme a ganarle a la Anna. ¡Eso no se hace, chico! Yo que pasé toda la noche gugleando la frase del Quijote para sacarles la piedra a los escuálidos y tú me dejas en la lona por un piche punto.
La Benítez sacó su sable y saltó tía Amapola a atajarla:

—¡Pero bueno, mija, tú estás loca! ¿Qué le vas a hacé al comandante?

—Nada, Amapola, qué le voy a estar haciendo si yo lo amo como nunca. Esos ojos bellos son mi guía. Es que quiero dejarle el sable aquí un tiempo para velarlo a ver si para la próxima me va mejor.

—Ay, mijita —Dijo tía Amapola dándole unas chupadas al tabaco que echaba chispas y chirriaba—. Por lo que veo aquí, vas a necesitá mucho más que velá el sable. Lo tuyo va pa’largo. Anda a rezá es lo que es, porque si Tiby no logra posponé esa vaina del revocatorio pa’l 2030, a ti te van a investigá cada puya hasta vete el tuétano. Esos escuálidos son rencorosos, Ale, y no se van a quedá tranquilos hasta sabé qué pasó con los reales cuando fuistes ministra.

El tabaco chisporroteó y le quemó los dedos a tía Amapola que lo lanzó al piso luego de que se cayera la ceniza.

—¡Palabra cierta! Y mira, la candela quedó mirando pa’donde estás tú. No te veo nada bueno, Ale. Vamos a tené que llevate al río a si logramos cancelá esa vaina.

Tía Amapola le escupió un buche de anís El Comandante en la cara a la Benítez, la sacudió con una rama de ruda, le echó cuerno de ciervo alrededor y prendió otro tabaco que se lo fumó dando saltitos alrededor de la mujer y lanzándole las bocanadas de humo.

—Esto es pa’limpiate un poco pa’que aguantes hasta que podamos ir al río. No te veo nada bien, mijita, nada bien. Esto apenas empieza.

***

—Mi niño, yo no sé a quién se le ocurrió la idea de aumentá el sueldo. Debe ser un consejito del Mesías ese de España, el que se parece a Jesucristo, o de Zapatero que está colaborando tanto con nosotros. No sé, pero es una idea brillante. ¿Quien va a queré ir a protestá contra un gobierno que obliga a los exploradores a que le paguen a la gente bien su trabajo?

Tía Amapola le daba vueltas a su anillo Cartier de diamantes y zafiros mientras cavilaba. Más parecía estar maquinando cosas que hablando conmigo.

—El primero de setiembre, la gente no sabrá si ir a la vaina esa de la Toma de Caracas o ir a gastá los cestatiques de agosto que les tienen que pagá y como ahora hay supermercaos llenos de comida y papel tualé de Colombia, ¡Tú me dirás!

Yo, que me imagino lo que ese aumento traerá más temprano que tarde y en qué se le convertirán esos reales a la gente, permanecía calladito que me veía lindo.

—Ahora lo que hay que hacé es, cuando digan que van a recogé el 20 por ciento de malparías firmas pa’l revocatorio, decretá en esos mismos días de las firmas que toesa vaina traída de Colombia la tienen que vendé a precios regulados de aquí. ¡Eso será un coñazo, ja ja! Ya me imagino al poco de muertos de hambre que no sabrán si ir a firmá o a hacé cola pa’comprá hasta el veneno pa’ratas barato. No van a recogé ni la firma del mariquito de Capriles y la histérica de María Corina, porque hasta esos van a está comprando comía. Ya voy a llamá a Padrino pa’que vaya preparando el decreto.

Yo no dije esta boca es mía. Tía Amapola se calzó sus cholas Gucci y fue a buscar el celular para llamar.

Memories

11 agosto, 2016 § 3 comentarios

image

Trato de volver al área
donde se aloja
la rosa triste de la memoria.
Soplo sobre cenizas. Ya no existen
mi casa ni mis amigos.

Hernor Rivera

La ciudad creció
sobre los fantasmas de mi memoria.

Ya no están las espigas de colores
a la orilla del camino de tierra.
Tampoco está el camino.
Ni el gusano en el hombro.

Ya no está el maizal
para llegar al río.
Ni la cueva oculta del condón desechado
Sobre el jergón de hierbas.

La ciudad creció
sobre los fantasmas de mi memoria.

Sepultó en el concreto
el central de la melcocha caliente
Y la cocada de caramelo
envuelta en papel kraft.

Pero todavía se escucha
tras su apariencia de progreso
El rugir del río
El chirriar del jergón oxidado
Se siente, al pasar
El olor a melao del trapiche.

Aún tintinean las cadenas
De los fantasmas
De mi memoria
Al pasear por la ciudad.

Hambrientos

9 agosto, 2016 § 1 comentario

image

Estábamos hambrientos de fe
Y nos dieron animales muertos
y huesos para saciarnos.

Sedientos de justicia, divagábamos
Y nos dieron a beber hierro y concreto

Teníamos hambre de guía y liderazgo
y nos trajeron chamanes
y babalawos

Queríamos respirar aires libres
Y nos dieron gases lacrimógenos

Famélicos,
con estómagos vacíos,
nos encontrábamos
y nos llenaron la panza de plomo.

Al vernos errar por colas y calles
tristes y quejumbrosos
Nos decretaron la felicidad

¿Dónde estoy?

Actualmente estás viendo los archivos para agosto, 2016 en P(u)ateando la vida. Otro blog de Golcar.