«Textos de la concupiscencia cotidiana» en dominios amazon

31 octubre, 2016 § 1 comentario

Preparación

Inhale… Exhale… Cuente hasta diez… Abra su mente…

«Textos de la concupiscencia cotidiana» es una compilación de textos que calbalgan entre el cuento, el relato, el poema y la crónica salpicados de sexo y cotidianidad. Son historias en las que la fuerza vital la marcan el sexo y los impulsos sexuales. No son textos eróticos, son textos concupiscentes, historias «pecaminosas» en las que impera el impulso erótico y erógeno de los personajes, el cual determina el discurso y puede hacer saltar los prejuicios de los lectores y los sentimientos de culpa por ciertos hechos o actos poco comprendidos o asimilados por algunas mentes de personas que podrían haber sentido esos impulsos alguna vez o que no llegan a comprender, imparcial y desprejuiciadamente, el hecho de que algunos seres humanos tengan maneras diferentes de experimentar el sexo a las que conocemos mayormente.

Antes de afrontar la lectura es recomendable abrir la mente y liberar los prejuicios o, por lo menos, estar conscientes de esos prejuicios al momento de dictar juicios de valor sobre los hechos y los personajes.

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“¿Dónde queda Venezuela?” en dominios amazon

29 octubre, 2016 § 2 comentarios

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Libro “¿Dónde queda Venezuela?”

27 octubre, 2016 § 1 comentario

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Presentación

Son 18 años ya. Casi dos décadas, desde que mi país se empezó a desvanecer.

Paulatina y progresivamente, venezolana fue dejando de ser una nacionalidad para convertirse en una angustia. Venezolano ya no fue más un gentilicio; ha devenido en una puntada en el pecho.

Venezuela se me hizo un karma. Angustia. Dolor. Zozobra. Temor. Desasosiego. Inquietud. Sufrimiento.

Me fui yendo de mi país sin medios de trasporte de por medio. Un exilio sin moverme del lugar.

Mis raíces fueron sacadas de la tierra y amputadas.

El país se tornó úlcera sangrante, dolor, desarraigo. Empecé a ser un paria sin apenas notarlo. Hikikomori. Insiliado.

En estos casi cuatro lustros, cuando deberíamos haber tenido por lo menos cuatro gobiernos diferentes, hemos estado bajo el yugo de un mismo régimen.

Venezuela fue, poco a poco, diluyéndose frente a nosotros. La metamorfosis no ha sido de un solo golpe, como pretendieron aquel 4 de febrero.

Nos fueron cambiando una cosa hoy y otra mañana. La Constitución, el Parlamento, el Himno, el Escudo, la Bandera, el nombre…

Pensamos que era sólo cuestión de adjetivos. Pero, con el tiempo, Venezuela sufrió una verdadera mutación a la república bolivariana de venezuela, a la que ni siquiera me nace nombrar con mayúsculas y que se transformaba ante mis ojos en la Cuba que conocí en 1991, sin poder detener la metamorfosis.

No me he ido, pero tampoco puedo decir que aún permanezco. Estoy como viviendo en un no-país. La tierra bajo mis pies no acoge ya mis raíces y ahora temo tanto morir aquí, como morir fuera. No habrá tierra que acoja mis cenizas.

Las próximas páginas son testimonio de ese dolor, de esa angustia y esa ansiedad que se fueron instalando en mi alma a medida que transcurría el tiempo y Venezuela se me desvanecía, tanto afuera como adentro. Ahora ya no sé dónde queda Venezuela.

En orden cronológico presento los textos de mi desahogo desde 2010, en tres partes: Crónicas. Poemas y un relato final que es ficción, pero con tintes de realidad.

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El jardín de la poesía

16 octubre, 2016 § 2 comentarios


Salí al jardín a recoger unos poemas.
Hallé mangos, nísperos, guayabos en flor.
Había rosas rojas recién abiertas,
Claveles cubiertos de rocío.

No había palabras entre el follaje.

Un gato jugueteaba con la tierra
Abría un hoyo con paciencia y dedicación
Después de defecar,
con la misma precisión, lo tapó.

Ni rastro de un verso.

Una mariposa aleteó con alas de pan de oro
Y una abejorro zumbó cerca de mi oreja

Un colibrí sin dejar de batir sus alas
Sorbió el néctar de una cayena.

Los capachos anaranjados y amarillos
Se mecían con la brisa de la tarde
Hacían una danza con las calas rojas

Y la albahaca perfumaba el aire.

Una falsa coral serpenteaba
entre la piedras del jardín zen
dejando la onda de su huella 
en la arena blanca,
dorada por el sol del atardecer.

Por ninguna parte había rastros del poema.
Decepcionado, me senté a escribir.

CuenTUITos #C140

15 octubre, 2016 § 2 comentarios

 

c140-2

I
No hubo parte de tu cuerpo que no quedara en mi boca. Y allí te dormiste.

II
Sacó el llavero del bolsillo. Las llaves se volvieron eslabones de una cadena atada al pie con un grillete. Ya no podría huir

III
Huía despavorido de sus llaves. Sabía que no servirían para que otros no entraran, sino para no permitirle a él salir.

IV
Cuando el viejo escuchó «Campanitas de Cristal» bailó por dos segundos. Sonrió. Y regresó al silencioso mundo de su alzheimer

v
Vivía gracias a la culpa. Al bautizarlo, limpiaron el pecado original pero no le quitaron la culpa. Murió al saberse inocente.

VI
Le prendió fuego al cañaveral y derribó el ingenio a mazazos. Quiere que le agradezcamos habernos enseñado a no tomar azúcar.

VII
Se imaginaba a sus amigos virtuales hablando por MD de él. Su paranoia se exacerbaba cada vez que le sonaba el tono de un MD.

VIII
Pasó la noche soñando que su esposo la asfixiaba con un cojín. La encontraron muerta en la mañana con la almohada en la cara.

IX
Sólo vio una sombra del cadáver del perro que se deshizo en la acera. Entonces, supo que el tiempo borra hasta a la muerte.

X
Ella iba divina por la calle. Alguien gritó ¡Pedro!
Al voltear por instinto, supo que debía irse lejos, si quería ser Marina.

XI
En su pesadilla recurrente, ahogaba a su hija con un oso de peluche. «Muerte súbita por asfixia» dijo la autopsia de la bebé.

XII
Se escribe «Ministerio» pero se lee «Cartel».

XIII

Todos los días buscaba algo en el obituario. 
El día que leí mi nombre en él publicado, descansé en paz.

Tía Amapola 28 – Ruperti y los sobrinos, plebiscito de Colombia, Miss Venezuela y el Premio Hugo a la Paz

9 octubre, 2016 § 1 comentario

miss-venezuela

—Hay que que esos gringos no tienen temor de Dios, mi niño. Es que no respetan ni la memoria de los muertos. ¿Vistes que hasta la amistad de los muchachos con el difunto Hamudi la han sacao a relucí? ¡No respetan ni la paz de los sepulcros! A veces quisiera como ‘el barón de la droga’, mi niño, a ese sí es verdá que no le tiembla el pulso pa’mandá pa’l otro barrio al que se le atraviese en el camino. Ja ja ja Ese Jarvis es tan bravo, mi niño, que en estos días me escribió contándome como mandó al barrio de los acostaos a Rafaat, ‘Rataat’ como le dice El Barón.

Tía Amapola estaba sentada frente a la peinadora quitándose los rollos del pelo. A pesar de tanto salón de belleza y tanto periquito que tiene para el cuidado del cabello, tía Amapola no hay manera de que deje la costumbre de hacerse la vuelta y ponerse rollos. Varias veces me ha dado tremendos sustos cuando me paro de madrugada a tomar agua y la consigo con su te de coca y peinándose el pelo para el lado contrario, dándole la vuelta a ‘la vuelta’.

—Tiíta, ¿Vio que en Bolívar agarraron a unos que dicen que son del cartel de Sinaloa?

—Ay, sí, mi niño. Es que yo creo que Ojoslindos, hecho el pendejo, me está mandando a jodé a mis mulitas. Mandamos a Euca que sabe mucho del clima a si va a llové pa’que se llene el Guri y se acabe el peo de la luz y por supuesto que la mandamos escoltada, porque esa zona está muy peligrosa con los garimpeiros. Magínate, mi niño, iban el Gusi, Fabi y Cami junto con el Brasil a acompañala y vienen a jodelos esos Guardias. Pero ya los tengo en la mira a los desgraciaos esos.

El teléfono de la tía sonó, con el vip vip de cuando ‘sus fuentes’ le están pasando datos. Tiró el rollo que tenía en la mano a la peinadora y con la mitad del cabello suelto y la mitad enrollado en los tubos de plástico, agarró el aparato:

—¡La malparía de la Maborto Petí, esa! Ya sacó a relucí el cuento de que los gringos se están oponiendo a la supresión de las dizque evidencias que tienen. Es que de verdá, mi niño, esa vaina ya parece una verga personal contra mí. ¡Los gringos se la tienen dedicada a los muchachos! Primero, me los secuestran, porque esa vaina es un secuestro en toda regla y, ahora, se afincan pa’jodelos. ¡Nuay derecho, mi niño! En dos palabras ¡Nuay derecho!

***

Tía Amapola esta mañana mientras se tomaba un espumoso café con leche con una leche Klim y café Juan Valdez que le trajo Vielma Mora de su último viaje a hacer compras en Bogotá, me comentó:

—Mi niño, menos mal que Ruper tiene ese corazón más grande que el de Teresa de Carcuta, tan grande que no le cabe en el pecho. Si no fuera por él, se nos habría complicado mucho lo de los abogados de los muchachos. Pero Ruper se lo tomó a pecho y paga todo. Cuando habló conmigo la última vez me dijo: «Amapola, ustedes no se preocupen por un penny. Ustedes tienen muchos problemas allá para estarse preocupando por plata. Dile a Padrino que se dedique a goberná, que ponga todo su cerebro en el gobierno para que lo siga haciendo bien, que de los muchachos me encargo yo aquí. Eso va por cuenta de la casa…» ¡Tan bello! ¡Eso es sé patriota y pensá en el país! No como los desgraciaos de aquí que lo único que piensan es en revocatorio y marchas pa’sacá a Padrino. Al pobre hasta se le aguaron los ojos hablando con Kerry cuando el gringo le dijo que le habían dicho que aquí estaban poniendo muchas trabas pa’l revocatorio. No lloró porque le pelé los ojos, pero hizo sus pucheros.

—Tiíta pero esa plata de Ruper, como le dice usted, ¿no sale de Pdvsa? ¿De los contratos que le dan? ¿Eso es como si todos los venezolanos estén pagando de su bolsillo a los abogados de los muchachos ¿No?

—¡Ya vienes tú a amárgame el cafecito tan rico con esos comentarios tan insidiosos! …  Y si así fuera, chico, nosotros le hemos dedicado la vida a este país, de buena voluntá deberían los lambucios hacé una vaca pa’pagá a esos abogaos que cobran tan caro. Digamos que están pagando entre todos el cobro pa’ liberá a unos secuestraos, porque eso es los que son los muchachos, unos secuestraos de los gringos. ¡Y eso lo vamos a demostrá!

***

Tía Amapola me llegó hoy al cuarto con su pijama Chanel y sus zapatillas Gucci. Tenía los rollos puestos y apareció con su rosario de cuentas de perlas blancas y grises y de oro 18 en la mano.

—Mi niño, échate pa’llá que hoy voy a dormí contigo otra vez. Padrino está insoportable con la vaina del plesbicito de Colombia y no atiende a razones.

—Plebiscito, tiíta, se llama ple—bis—ci—to, no plesbicito…

—Ya vienes tú con tu mariquera de estame corrigiendo. Igualito voy a dormí aquí, así que no pretendas sacame la piedra pa’que me vaya. Prefiero tu pose de maestra Ángela que al Bigotis toda la noche rumiando el despecho. Y mira que le dije que no se preocupara que seguro Santos arregla esa vaina en la madrugada como hace Tiby aquí, pero está más bruto que de costumbre.

—Bueno, tiíta, yo creo que ya eso no tiene vuelta atrás, ya Santos reconoció que ganó el no…

—Ah, vaina contigo. ¿Tú crees que Fidel y Raúl no tienen esa vaina ya arreglada? Te apuesto dólares contra bolívares fuertes a que Colombia amanece con el sí como ganador. Ni que los panas Timochenko y los Castro fueran bolsas.

—Tiíta, pero Timochenko también reconoció ya el triunfo del no.

—Ay, mi niño, pero tú como que disfrutas amargándome la vida. Anda a preparame un tecito de toronjil pa’que me ayude a dormí bien y vienes pa’que recemos juntos un rosario a si nos hacen un milagrito y Colombia no nos echa ese vainón, que ya con lo de la pérdida de la Alcaldía en Brasil tenemos bastante… Ah, y le rezamos a la Rosa Mística también por la salú de Fidel porque a Padrino lo tiene muy mortificao que con tanto coñazo en Colombia y Brasil al pobre viejo le dé un yeyo y estire la pata.

Y aquí estoy, esperando al lado de la cocina a que pite la tetera que trajo tía Amapola de Londres, y mientras hierve el agua para el toronjil, pues les cuento como estamos por casa.

***

—Tiíta, a usted como que hoy le fue muy bien. Como que le dieron su pedacito de domingo.
—Nooooooo, mi niño. Desde que yo no sé lo que es entrá a la gloria. ¡Ojalá! ¿Por qué dices eso?

—Bueno, tiíta, yo creía, porque como usted salió esta mañana con el traje Chanel rosado y está regresando con ese Armani, yo pensé…

—Ja ja ja nada qué mi niño. No se imaginas lo que me pasó ja ja ja. ¡Me he miao en las pantaletas Victoria Secrets! Aquí vengo, con la cocoya al aire porque en palacio tenía de todo menos muda de pantaletas.

—No TE imaginas, Te, no se. Tiíta, pero ¿fue que no se puso el Securezza?

—No, jombre, mi niño. Como me ha ido tan bien con la pastilla para la incontingencia, pues no me había puesto más los pañales, pero hoy, cuando Padrino empezó a hablá de las clases, y de lo emocionante que es empezá el primer año de bachillerato, me entró el ataque de risa. Si ese carajo nunca quería ir a clase ja ja y como siempre ha sido tan llorón armaba unos berrinches allá en Cúcuta que todavía las maestras lo recuerdan. Pero, cuando empezó a hablá de la adolescencia, y de que a él esa palabra no le gusta «Hay que revisá esa palabra. Hay que cambiala, esa palabra es muy fea» ja ja Ahí si no aguanté más y me mié. El tontico se cree filósofo…

—Será filólogo, tiíta. Y es incontinencia, tiíta, no incontingencia. Incontingencia no existe. Y es mear, no miar…
—O sea, según tú, yo no sé hablá un carajo. Que repunnante eres con esa corregidera…

Tía Amapola se quedó un rato callada con el ceño fruncido. De pronto, soltó una carcajada:

—Ja ja ja yo me paré y me amarré la pashmina en la cadera como una falda, pa’que no se viera el pantalón mojado y me fui a cambiá y justo, cuando llegué, se estaba sentando Padrino en la silla que yo estaba ja ja ja hubieras visto la cara cuando sintió esa vaina toda miada ja ja ja casi pierde el hilo de lo que decía de Colombia y del plesbicito.

—Plebiscito, tiíta, plebiscito…

—¡¿Vas a seguí siguiendo?! Pero, lo peor de todo, mi niño, fue que yo me puse un Securezza que llevaba en el bolso, pero resulta que cuando Arias empezó a agradecele a Padrino los favores recibidos y a decí tres palabras y volvé con el «gracias presidente», me volví a miá de la risa de imaginame a ese coño que odia a Padrino y lo quiere sacá, mordiéndose el culo y casi arrodillao dándoles las gracias ja ja «Gracias, Presidente». «Esto es gracias a Chávez y a usté, Presidente» ja ja ja.

***

—Mi niño, ¿Tu crees que a mí me quedaría bien un vestido así como el de… por fin, ¿Cómo coño se llama el diseñador, porque la Mariángel cada vez que lo nombraba decía una vaina diferente? Nujed, Nuajel, Noejed… El que vistió a Miss Yaracuy, mi niño, con ese traje dorado, como con capa y cola, tan bello…

—Nouaihed, tiíta, Nidal Nouaihed se llama…

—Ese, Nuejé. Yo siempre he querido un vestío así, o como el de Miss Carabobo, con ese escote y con esa cola de faralaos, pero en tonos rosa, que a mí ese verde copei no me queda bien. ¿Astartú, es que se llama el que diseñó el de Carabobo, mi niño?

—Andartu, tiíta. A Carabobo la vistió Andartu.

—Eso. Un traje así es que siempre he querido, con una cola en capas como ese. Así era que yo lo quería cuando fui reina de la feria de Tinaquillo, pero Sinforosa, la costurera, nunca me entendió la vaina y me hizo un trapo que parecía un forro de licuadora. Una vaina floriá igualito al forro del tanque de la poceta de la casa de Dolores, la esposa del prefecto. Claro, como yo siempre he tenido buen cuerpo y en esa época tenía mis tetas paraítas, pues no se me veía mal, pero no era lo que yo quería. Me quedé con las ganas… Pero a lo mejor me lo mando a hacé pa’cuando me nombren vicepresidenta. Yo creo que me debe quedá bien, mi niño, porque Krulig me dejó las tetas igualitas a como las tenía a los 15…

Yo me mordí la lengua para no decirle a tía Amapola que iba a parecer una torta de quinceañera del páramo con un vestido así y en rosado. Preferí cambiarle el tema:

—Tiita, ahora que mienta el pueblo, ¿Qué le pareció la idea de la novela de su vida? ¡La vida suya da como para que la novela dure más que El derecho de nacer!

—Ay, mi niño, pero esa novela sería… ¿Cómo fue que me dijistes el otro día? ¿jalcor? … Mi niño, cuando te pregunté por el cine porno explícito … ¿Ancor? …

Hard core, tiíta, hard core.

—Eso. jancor. Tendría que sé jancor porque si empieza en Tinaquillo tiene que empezá por contá cuando le daba chupaítas en la trastienda al viejo Lorenzo, el dueño, pa’que me regalara chocolates. Ja ja ja O cuando empecé a vendele pomitos de pega de zapatero a los compañeros de la escuela pa’que inhalaran ja ja ja ¡Huy, y lo que tuve que hacele al síndico procurador de Tinaquillo pa’que convenciera al jurao de que me eligieran reina del pueblo ja ja ja

***

Tía Amapola pasaba en su tablet una foto tras otra de Putin. Lo ampliaba para ver detalles de la boca, de los ojos, de la nariz…

—Pues buen mozo sí que es. Tan blanquito, catirito, ¿Verdá, mi niño? Es como atractivo ¿No? Es tan blanquito que que me imagino que el pipí lo debe tené rosaíto y las bolitas con pelitos rubios…

—¡Tiita!

—Ay, mi niño, es que hace tanto que lo que veo son morcillas y berenjenas que cuando veo un tipo blanquito se me inunda el pozo.

—No, pues, tiíta, una mujer anegada, le van a decir ahora. ¿Qué tanto le busca al Putin?

—Mi niño, es que Padrino me dijo que estaba inventando un premio pa’la paz mundial pa’que compita con el Nobel y él estaba dudoso de si le daba la primera edición a Mugrabe, a Kim Jung—Un o a Putin.

Tía Amapola seguía gugleando a Putin para ver que más conseguía mientras me contaba lo del Premio Internacional de la Paz en honor al difunto.

—Yo de una vez salté «¡A Putin, Bigotis, dáselo a Putin!» Ay, mi niño, es que esos otros dos bichos son tan feos que prefiero que venga el catirito, que por lo menos me va a serví de colirio… Mi niño, ¿Que significa pe—a—ce—ma—quer?

—¿Qué tiíta?

—Peacemaquer, mi niño, mira. En Manhattan apareció colgando de un puente esta foto gigante de Putin y pone abajo peacemaquer, mira.

Tía Amapola me pasó la tablet con la imagen ampliada.

—Peacemaker, tiíta, se dice «pismeiquer». Eso es algo así como «El pacificador».

—¿Ves? ¡Yo tenía razón, mi niño! Ese premio de la paz hay que dáselo al ruso catirito.

Hasta en Niuyol le dicen pacificador. Ya le voy a mostrá esta vaina a Padrino pa’que deje de está pensando en dale ese premio el mono horroroso ese del Mugrabe que parece el abuelo de Aristóbulo.

—Mugabe, tiíta, no Mugrabe, el de Zimbabwe se llama Mugabe…

—Ay, yo siempre creí que era Mugrabe, de mugre, mi niño, porque ese hombre es la misma mugre.

458 años de Mérida

9 octubre, 2016 § Deja un comentario

merida
A Mérida
siempre vuelvo.
Siempre he de volver, por lejos que esté.
Allí me llevan mis sueños y ensoñaciones.
En sus cielos está sembrado mi corazón.

A Mérida siempre voy porque la llevo dentro.
Sus plazas, sus jardines, mi casa en La Parroquia…

Mérida es mi infancia feliz por las calles de La Parroquia con una olla de aluminio al brazo llena de los pasteles de mamá para vender de casa en casa.

A Mérida vuelvo al ver una perra callejera blanca.
Como aquella «Putica» que se pavoneaba en la plaza.

A Mérida me llevan cada día los recuerdos
Los sueños, la memoria.
Un día gris es la niebla merideña.
Un riachuelo es el Albarregas cuyo rumor entraba por mi ventana en las noches.

Una cala roja, es Milla, donde Las Rojas
Con el traqueteo de sus máquinas de coser
Ucha tallando ovejas en anime y Tata haciéndome un pantalón negro con finas rayas blancas.

A Mérida vuelvo en una paledonia, en la melcocha del trapiche, en la cocada y las «vitaminas» de tío David.

No hay manera de que me aleje para siempre de Mérida porque Mérida va conmigo adonde quiera que voy.

A Mérida siempre vuelvo en un barco de papel que navega por las calles angostas en una tarde de aguacero.

¿Dónde estoy?

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