Tía Amapola 28 – Ruperti y los sobrinos, plebiscito de Colombia, Miss Venezuela y el Premio Hugo a la Paz

9 octubre, 2016 § 1 comentario

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—Hay que que esos gringos no tienen temor de Dios, mi niño. Es que no respetan ni la memoria de los muertos. ¿Vistes que hasta la amistad de los muchachos con el difunto Hamudi la han sacao a relucí? ¡No respetan ni la paz de los sepulcros! A veces quisiera como ‘el barón de la droga’, mi niño, a ese sí es verdá que no le tiembla el pulso pa’mandá pa’l otro barrio al que se le atraviese en el camino. Ja ja ja Ese Jarvis es tan bravo, mi niño, que en estos días me escribió contándome como mandó al barrio de los acostaos a Rafaat, ‘Rataat’ como le dice El Barón.

Tía Amapola estaba sentada frente a la peinadora quitándose los rollos del pelo. A pesar de tanto salón de belleza y tanto periquito que tiene para el cuidado del cabello, tía Amapola no hay manera de que deje la costumbre de hacerse la vuelta y ponerse rollos. Varias veces me ha dado tremendos sustos cuando me paro de madrugada a tomar agua y la consigo con su te de coca y peinándose el pelo para el lado contrario, dándole la vuelta a ‘la vuelta’.

—Tiíta, ¿Vio que en Bolívar agarraron a unos que dicen que son del cartel de Sinaloa?

—Ay, sí, mi niño. Es que yo creo que Ojoslindos, hecho el pendejo, me está mandando a jodé a mis mulitas. Mandamos a Euca que sabe mucho del clima a si va a llové pa’que se llene el Guri y se acabe el peo de la luz y por supuesto que la mandamos escoltada, porque esa zona está muy peligrosa con los garimpeiros. Magínate, mi niño, iban el Gusi, Fabi y Cami junto con el Brasil a acompañala y vienen a jodelos esos Guardias. Pero ya los tengo en la mira a los desgraciaos esos.

El teléfono de la tía sonó, con el vip vip de cuando ‘sus fuentes’ le están pasando datos. Tiró el rollo que tenía en la mano a la peinadora y con la mitad del cabello suelto y la mitad enrollado en los tubos de plástico, agarró el aparato:

—¡La malparía de la Maborto Petí, esa! Ya sacó a relucí el cuento de que los gringos se están oponiendo a la supresión de las dizque evidencias que tienen. Es que de verdá, mi niño, esa vaina ya parece una verga personal contra mí. ¡Los gringos se la tienen dedicada a los muchachos! Primero, me los secuestran, porque esa vaina es un secuestro en toda regla y, ahora, se afincan pa’jodelos. ¡Nuay derecho, mi niño! En dos palabras ¡Nuay derecho!

***

Tía Amapola esta mañana mientras se tomaba un espumoso café con leche con una leche Klim y café Juan Valdez que le trajo Vielma Mora de su último viaje a hacer compras en Bogotá, me comentó:

—Mi niño, menos mal que Ruper tiene ese corazón más grande que el de Teresa de Carcuta, tan grande que no le cabe en el pecho. Si no fuera por él, se nos habría complicado mucho lo de los abogados de los muchachos. Pero Ruper se lo tomó a pecho y paga todo. Cuando habló conmigo la última vez me dijo: «Amapola, ustedes no se preocupen por un penny. Ustedes tienen muchos problemas allá para estarse preocupando por plata. Dile a Padrino que se dedique a goberná, que ponga todo su cerebro en el gobierno para que lo siga haciendo bien, que de los muchachos me encargo yo aquí. Eso va por cuenta de la casa…» ¡Tan bello! ¡Eso es sé patriota y pensá en el país! No como los desgraciaos de aquí que lo único que piensan es en revocatorio y marchas pa’sacá a Padrino. Al pobre hasta se le aguaron los ojos hablando con Kerry cuando el gringo le dijo que le habían dicho que aquí estaban poniendo muchas trabas pa’l revocatorio. No lloró porque le pelé los ojos, pero hizo sus pucheros.

—Tiíta pero esa plata de Ruper, como le dice usted, ¿no sale de Pdvsa? ¿De los contratos que le dan? ¿Eso es como si todos los venezolanos estén pagando de su bolsillo a los abogados de los muchachos ¿No?

—¡Ya vienes tú a amárgame el cafecito tan rico con esos comentarios tan insidiosos! …  Y si así fuera, chico, nosotros le hemos dedicado la vida a este país, de buena voluntá deberían los lambucios hacé una vaca pa’pagá a esos abogaos que cobran tan caro. Digamos que están pagando entre todos el cobro pa’ liberá a unos secuestraos, porque eso es los que son los muchachos, unos secuestraos de los gringos. ¡Y eso lo vamos a demostrá!

***

Tía Amapola me llegó hoy al cuarto con su pijama Chanel y sus zapatillas Gucci. Tenía los rollos puestos y apareció con su rosario de cuentas de perlas blancas y grises y de oro 18 en la mano.

—Mi niño, échate pa’llá que hoy voy a dormí contigo otra vez. Padrino está insoportable con la vaina del plesbicito de Colombia y no atiende a razones.

—Plebiscito, tiíta, se llama ple—bis—ci—to, no plesbicito…

—Ya vienes tú con tu mariquera de estame corrigiendo. Igualito voy a dormí aquí, así que no pretendas sacame la piedra pa’que me vaya. Prefiero tu pose de maestra Ángela que al Bigotis toda la noche rumiando el despecho. Y mira que le dije que no se preocupara que seguro Santos arregla esa vaina en la madrugada como hace Tiby aquí, pero está más bruto que de costumbre.

—Bueno, tiíta, yo creo que ya eso no tiene vuelta atrás, ya Santos reconoció que ganó el no…

—Ah, vaina contigo. ¿Tú crees que Fidel y Raúl no tienen esa vaina ya arreglada? Te apuesto dólares contra bolívares fuertes a que Colombia amanece con el sí como ganador. Ni que los panas Timochenko y los Castro fueran bolsas.

—Tiíta, pero Timochenko también reconoció ya el triunfo del no.

—Ay, mi niño, pero tú como que disfrutas amargándome la vida. Anda a preparame un tecito de toronjil pa’que me ayude a dormí bien y vienes pa’que recemos juntos un rosario a si nos hacen un milagrito y Colombia no nos echa ese vainón, que ya con lo de la pérdida de la Alcaldía en Brasil tenemos bastante… Ah, y le rezamos a la Rosa Mística también por la salú de Fidel porque a Padrino lo tiene muy mortificao que con tanto coñazo en Colombia y Brasil al pobre viejo le dé un yeyo y estire la pata.

Y aquí estoy, esperando al lado de la cocina a que pite la tetera que trajo tía Amapola de Londres, y mientras hierve el agua para el toronjil, pues les cuento como estamos por casa.

***

—Tiíta, a usted como que hoy le fue muy bien. Como que le dieron su pedacito de domingo.
—Nooooooo, mi niño. Desde que yo no sé lo que es entrá a la gloria. ¡Ojalá! ¿Por qué dices eso?

—Bueno, tiíta, yo creía, porque como usted salió esta mañana con el traje Chanel rosado y está regresando con ese Armani, yo pensé…

—Ja ja ja nada qué mi niño. No se imaginas lo que me pasó ja ja ja. ¡Me he miao en las pantaletas Victoria Secrets! Aquí vengo, con la cocoya al aire porque en palacio tenía de todo menos muda de pantaletas.

—No TE imaginas, Te, no se. Tiíta, pero ¿fue que no se puso el Securezza?

—No, jombre, mi niño. Como me ha ido tan bien con la pastilla para la incontingencia, pues no me había puesto más los pañales, pero hoy, cuando Padrino empezó a hablá de las clases, y de lo emocionante que es empezá el primer año de bachillerato, me entró el ataque de risa. Si ese carajo nunca quería ir a clase ja ja y como siempre ha sido tan llorón armaba unos berrinches allá en Cúcuta que todavía las maestras lo recuerdan. Pero, cuando empezó a hablá de la adolescencia, y de que a él esa palabra no le gusta «Hay que revisá esa palabra. Hay que cambiala, esa palabra es muy fea» ja ja Ahí si no aguanté más y me mié. El tontico se cree filósofo…

—Será filólogo, tiíta. Y es incontinencia, tiíta, no incontingencia. Incontingencia no existe. Y es mear, no miar…
—O sea, según tú, yo no sé hablá un carajo. Que repunnante eres con esa corregidera…

Tía Amapola se quedó un rato callada con el ceño fruncido. De pronto, soltó una carcajada:

—Ja ja ja yo me paré y me amarré la pashmina en la cadera como una falda, pa’que no se viera el pantalón mojado y me fui a cambiá y justo, cuando llegué, se estaba sentando Padrino en la silla que yo estaba ja ja ja hubieras visto la cara cuando sintió esa vaina toda miada ja ja ja casi pierde el hilo de lo que decía de Colombia y del plesbicito.

—Plebiscito, tiíta, plebiscito…

—¡¿Vas a seguí siguiendo?! Pero, lo peor de todo, mi niño, fue que yo me puse un Securezza que llevaba en el bolso, pero resulta que cuando Arias empezó a agradecele a Padrino los favores recibidos y a decí tres palabras y volvé con el «gracias presidente», me volví a miá de la risa de imaginame a ese coño que odia a Padrino y lo quiere sacá, mordiéndose el culo y casi arrodillao dándoles las gracias ja ja «Gracias, Presidente». «Esto es gracias a Chávez y a usté, Presidente» ja ja ja.

***

—Mi niño, ¿Tu crees que a mí me quedaría bien un vestido así como el de… por fin, ¿Cómo coño se llama el diseñador, porque la Mariángel cada vez que lo nombraba decía una vaina diferente? Nujed, Nuajel, Noejed… El que vistió a Miss Yaracuy, mi niño, con ese traje dorado, como con capa y cola, tan bello…

—Nouaihed, tiíta, Nidal Nouaihed se llama…

—Ese, Nuejé. Yo siempre he querido un vestío así, o como el de Miss Carabobo, con ese escote y con esa cola de faralaos, pero en tonos rosa, que a mí ese verde copei no me queda bien. ¿Astartú, es que se llama el que diseñó el de Carabobo, mi niño?

—Andartu, tiíta. A Carabobo la vistió Andartu.

—Eso. Un traje así es que siempre he querido, con una cola en capas como ese. Así era que yo lo quería cuando fui reina de la feria de Tinaquillo, pero Sinforosa, la costurera, nunca me entendió la vaina y me hizo un trapo que parecía un forro de licuadora. Una vaina floriá igualito al forro del tanque de la poceta de la casa de Dolores, la esposa del prefecto. Claro, como yo siempre he tenido buen cuerpo y en esa época tenía mis tetas paraítas, pues no se me veía mal, pero no era lo que yo quería. Me quedé con las ganas… Pero a lo mejor me lo mando a hacé pa’cuando me nombren vicepresidenta. Yo creo que me debe quedá bien, mi niño, porque Krulig me dejó las tetas igualitas a como las tenía a los 15…

Yo me mordí la lengua para no decirle a tía Amapola que iba a parecer una torta de quinceañera del páramo con un vestido así y en rosado. Preferí cambiarle el tema:

—Tiita, ahora que mienta el pueblo, ¿Qué le pareció la idea de la novela de su vida? ¡La vida suya da como para que la novela dure más que El derecho de nacer!

—Ay, mi niño, pero esa novela sería… ¿Cómo fue que me dijistes el otro día? ¿jalcor? … Mi niño, cuando te pregunté por el cine porno explícito … ¿Ancor? …

Hard core, tiíta, hard core.

—Eso. jancor. Tendría que sé jancor porque si empieza en Tinaquillo tiene que empezá por contá cuando le daba chupaítas en la trastienda al viejo Lorenzo, el dueño, pa’que me regalara chocolates. Ja ja ja O cuando empecé a vendele pomitos de pega de zapatero a los compañeros de la escuela pa’que inhalaran ja ja ja ¡Huy, y lo que tuve que hacele al síndico procurador de Tinaquillo pa’que convenciera al jurao de que me eligieran reina del pueblo ja ja ja

***

Tía Amapola pasaba en su tablet una foto tras otra de Putin. Lo ampliaba para ver detalles de la boca, de los ojos, de la nariz…

—Pues buen mozo sí que es. Tan blanquito, catirito, ¿Verdá, mi niño? Es como atractivo ¿No? Es tan blanquito que que me imagino que el pipí lo debe tené rosaíto y las bolitas con pelitos rubios…

—¡Tiita!

—Ay, mi niño, es que hace tanto que lo que veo son morcillas y berenjenas que cuando veo un tipo blanquito se me inunda el pozo.

—No, pues, tiíta, una mujer anegada, le van a decir ahora. ¿Qué tanto le busca al Putin?

—Mi niño, es que Padrino me dijo que estaba inventando un premio pa’la paz mundial pa’que compita con el Nobel y él estaba dudoso de si le daba la primera edición a Mugrabe, a Kim Jung—Un o a Putin.

Tía Amapola seguía gugleando a Putin para ver que más conseguía mientras me contaba lo del Premio Internacional de la Paz en honor al difunto.

—Yo de una vez salté «¡A Putin, Bigotis, dáselo a Putin!» Ay, mi niño, es que esos otros dos bichos son tan feos que prefiero que venga el catirito, que por lo menos me va a serví de colirio… Mi niño, ¿Que significa pe—a—ce—ma—quer?

—¿Qué tiíta?

—Peacemaquer, mi niño, mira. En Manhattan apareció colgando de un puente esta foto gigante de Putin y pone abajo peacemaquer, mira.

Tía Amapola me pasó la tablet con la imagen ampliada.

—Peacemaker, tiíta, se dice «pismeiquer». Eso es algo así como «El pacificador».

—¿Ves? ¡Yo tenía razón, mi niño! Ese premio de la paz hay que dáselo al ruso catirito.

Hasta en Niuyol le dicen pacificador. Ya le voy a mostrá esta vaina a Padrino pa’que deje de está pensando en dale ese premio el mono horroroso ese del Mugrabe que parece el abuelo de Aristóbulo.

—Mugabe, tiíta, no Mugrabe, el de Zimbabwe se llama Mugabe…

—Ay, yo siempre creí que era Mugrabe, de mugre, mi niño, porque ese hombre es la misma mugre.

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