​De palabras y tiempo

30 noviembre, 2016 § 1 comentario

Cuando digo paso, ya es huella.
Al decir silencio, hago ruido.
Miro para escribir ciego.
Cuando nombro tu ausencia, estás presente.
Digo futuro y la palabra queda en el pasado.

Tía Amapola 30 – El jurado, el juicio, los «¡ESTÚPIDOS!» y la Boluda

18 noviembre, 2016 § 1 comentario

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Tía Amapola ha pasado el día encerrada en el cuarto de los santos. No salió ni a comer. De vez en cuando retumban unos tambores y se oía el murmullo de oraciones y conjuros.
Apenas salió un momentico para pedirme un favor:

—Mi niño, mantente QAP en las redes y con CNN. Si ves que sacan alguna imagen de los juraos, me le haces una captura y me la pasas. Magínate mi niño, entre esos juraos hay hasta ¡un camionero! ¡¿Cómo es posible que un chofer de camión tenga poder pa’decidí sobre mis muchachos?!

—Bueno, tiíta, no se olvide de que Padrino está muy orgulloso de haber sido chofer de autobús…

Tía Amapola me lanzó una de esas miradas puyúas de ella, que me hizo callar de golpe.

—¡Anda a rezá! Si agarras la foto de los juraos me la pasas pa’alumbralos.

Los ojos se le iban a salir de sus órbitas. El pelo lo tenía enmarañado y lleno de ceniza de tabaco, hojas de ruda, y hediondo a cuerno de ciervo, aguardiente y anís. La bata blanca sobre la que relucían los coloridos collares de santos, tenía varios agujeros. Se notaba que las chispas de los tabacos habían hecho estragos en la tela y se veían manchas de esperma de velas de diversos colores. Yo, tratando de calmarla le dije que no se preocupara, que los muchachos estaban tranquilos y que hasta besitos lanzaban al aire.

—¡Tú no eres más pendejo porque no entrenas! Esa es la estrategia, lucí como vencedores, pero la procesión va por dentro. Esos marditos de Crotty y Barajas no han hecho más que dales palo. ¡Ya hasta la foto de la coca la mostraron a los juraos, los malparíos! Hasta pendejos les dijeron a los muchachos, mi niño. Sólo queda hacé que los juraos se crean el cuento del compló del Imperio contra el gobierno revolucionario.

En ese momento, pasó Padrino con su tableta en la mano en la que sonaba una salsa de Héctor Lavoe, y agarró a tía Amapola:

—Venga, mi Polita, vamoaechá un pie.

— Echá un pie. Echá un pie. Una mano en la jeta que te tumbe hasta el bigote es lo que te puedo echá.

***

Tía Amapola llegó hoy corriendo a la casa. Venía tan apurada que mientras en una mano sostenía un paquete con algo envuelto en papel de Diario Panorama, con la otra se iba sacando trapos y dejándolos en el camino. Entró a su cuarto y en segundos salió con la bata blanca y los collares de santos puestos y el envuelto de periódico que no lo soltaba por nada. Descalza corrió al cuarto de los santos.

—Ay, mi niño. En loca voy a pará si esto sigue así. En la mañana me pude hacé la pendeja y no fui al programa de radio, pero en la tarde tuve que ir a esa vaina y hasta echá un pie con Padrino. Pero, bueno, aquí vengo a seguí rezando. ¿Vistes como el defensor le dio hasta con la vacinilla al Sandalio González, mi niño? ¡Lo dejó hecho un Chancleto González ja ja. Es que mis rezos son potentes.

Mientras tía Amapola hablaba delante del altar, iba desenvolviendo el paquete. Se trataba de un grueso tronco de árbol. Era un tronco grueso y con vetas. Tía Amapola lo acercó a la llama de un velón tricolor inmenso para encenderlo. Pasó un rato y el palo nada que agarraba candela.

—Tiíta, ¿Será que ese palo está húmedo?

—No, mi niño, Noelí me dijo que es así. Que cuesta para que prenda, pero que es una maravilla pa’despojá, destrancá, abrí caminos y sacá las malas vibras y envidias. En la Guajira lo usan hasta pa’hacé bebedizos pa’la tos. ¿Ves? ¡Ya esta empezando a hacé humito.

—Sí. Ya veo. Es como resinoso, ese tronco. Uhmmmm hasta huele bien, tiíta.

—Se llama palo’e Malúa, mi niño. O cari—cari. Al final no supe porque Noelí me decía una vez una vaina y después la otra. Pero ella me aseguró que no hay nada más potente que el humo de este palo.

Cuando la madera agarró brasa, tía Amapola empezó a pasarlo por encima de los santos y alrededor. Levantó la foto de Crotty y puso el palo debajo para que el humo la cubriera. Después agarró otra foto y se quedó mirándola un rato. «Hasta bueno está el Baraja este —dijo mirando al hombre de la foto—. Mira esos ojitos como azulaos que tiene». Puso la foto sobre el humo que ascendía y la mantuvo así un rato. Después agarró un papel que decía en mayúsculas y entre admiraciones «¡ESTÚPIDOS!» y también lo cubrió de humo.
Yo me tuve que salir porque el olor penetrante del palo de Malúa ya me estaba asfixiando. Cuando la dejé, le estaba prendiendo un joint a Ismaelito con la candela del palo. ¡Buena trona que va a agarrar la tiíta entre el humo del palo y la marihuana!

***

«Chinita de Maracaibo,
Chinita virgen Divina,
Virgen de Chiquinquirá,
Mi potente Yemayá.
El dieciocho que es tu día
Los doce decidirán
Todo en unanimidad
Ay, bella virgen morena
De los chamos sé la guía
Que el jurado no decida
Nada en contra de la tía».

Así se oía rezar a tía Amapola con un fondo musical de gaita zuliana en el cuarto de los santos. Cuando me vio, me miró con ojitos de desesperación:

—Ay, mi niño, ya no sé qué más hacé. He repotenciao todos los conjuros. Le rezo a mis protectores hasta dormida. Al Sandalio ese que lo tenían como chancleta, ahora se le oye cantar mejor que a Julio Iglesias. Estos son los días más largos de mi vida. Y el malparío del Crotty que quiere salí del juicio antes del Día de Acción de Gracias. Ese en lo único que piensa es en jartase su pavo tranquilo y feliz.

—Tiita, pero dicen que hoy salió a relucir ojitoslindos en el juicio…

—Yo les dije muy claro a los muchachos, si la cosa se pone fea, echen deo. Ustedes no se van a jodé solos. Pero, casi me echo a llorá cuando vi que mi muchacho decía que esos cobres los necesitaban pa’mí. Es que él me adora. Si hasta un tigre o un león me quería regalá pa’que me cuidara.

—Tiíta, pero esos tipos como que grabaron todo, ¿No?

—Claro, todo. Y los estúpidos, porque razón tienen de deciles estúpidos, toda vaina la soltaban. Les dije mil veces que se mordieran la lengua, que no hablaran de más, pero no. Ellos contaron que desde los 18 años andan metíos en el business y que podían chapeá pa sacá la merca sin peo. Es que son unos vendo la jeta. Y yo les decía, uno es amo de lo que calla y esclavo de lo que dice, pero les entraba por un oído y les salía por otro. Hasta del Tusy contaron pa’llenase la jeta. Ay, mi niño, quiero como dormime y despertame después del juicio. Despertame el día de San Guiven… por cierto, mi niño, búscame en Gugle ese santo, a si rezándole a él salimos bien de esta.

—¿Qué santo, tiíta?

San Guiven, mi niño, el santo ese que celebran los gringos y comen pavo pa’festejalo. San Guiven, a lo mejor como es un santo gringo y te habla inglés, tiene más podé en Niuyol que mis cortes indias y malandras de aquí.

***

—¡Cuñis, tremendo ranchito te estás haciendo! No sabes cómo me alegra, a la Elo se le va a jinchá el culo con tanto lujo je je … Si, Charlie, ya iré a visitate. Bueno, a lo mejor me tienes que hacé una pieza al lao del gracebo por si tengo que salí en volandas de aquí. Eso sí, que mire pa’la piccina ja ja … Bueno cuñis, te dejo. Que Ismaelito te cuide el ranchito y Dios te lo deje gozá.

—Tiíta, ¿Qué es gracebo?

—Ah, pues, el sabihondo no sabe qué es un gracebo. Una chocita así como una cúpula, lo que se hizo tu tío junto a la piccina en la casa de Panamá.

—¡Ah! Gazebo, tiíta. GA ZE BO. Y es piscina, tiíta, no PiCcina.

—Ni te molestes que hoy no me vas a podé hacé arrechá. Hoy amanecí faliz, como la Barbarita. El Maikol volvió mierda al testigo ese. Le cacharon todas las mentiras. Mis rezos han sido escuchaos. Ismaelito está fulltaim alumbrao pa’que mis muchachos queden libres de polvo y paja. ¡Sobre todo de polvo! Ja ja

Tía Amapola me dio la espalda batiendo la melena y se enfiló para el cuarto de los santos cantando «Toy contenta yo no sé qué es lo que siento. Voy cantando como el río…». Cuando iba llegando a la pieza, paró en seco porque le sonó el teléfono. Al ver en la pantalla quién era, vino corriendo a donde yo estaba:

—¡Mi niño! ¡Mi niño! Contesta tú y dile que no sabes dónde estoy. Que salí y dejé los teléfonos en la casa. Es la ladilla de la greñúa que desde que se enteró de que por los acuerdos del malparío diálogo van a liberá deteníos está empeñada en que hable con Padrino pa’que le liberen al pran que se la está machucando. Esa mujer piensa con el papo, mi niño. La cabeza la tiene nada más pa’los piojos y el grasero. Dile que me fui pa’la Conchinchina a si el gallo puso.

***

Cuando Padrino dijo «Aquí no se para nada», tía Amapola le lanzó puñales con la mirada y bajito me dijo al oído:

—Si lo sabré yo. En las noches me tengo que pará a sentame en el bidet a echame agua fría pa’que se me calmen los ardores.

—¡Tiíta!

—Ay, mi niño, sho mejor voy a shamá a la Boluda pa’saludala que la pobre está pasando un mal rato.

«Aló, Boluda ¿cómo andás querida? No sabés cómo te he pensado en estos días. Claro, sho sé lo que es que toda la familia esté investigada, querida. Tú sabes que aquí nos han echao ojo a todos los parientes, como ashá, hasta al gato lo investigan esos desalmaos de la derecha. Pero quería que supieras que te entiendo y estoy con vos, mi Boluda querida…»

Cuando tía Amapola habla con la Boluda termina con acento sureño.

«Sho estoy tranquila, mi Boluda. Sha al Cesuno lo enterró Randy porque le cachó las mentiras … Sí, claro, las escuchas son ilegales, pero igual eso quedó ahí. A mí mis santos no me abandonan, y mañana le shevo sus flores blancas a Yemayá por el día de la Chinita. Mis muchachos están en manos de Ismaelito y la Chinita … a ese hondureño también lo dejan los abogaos como un mojón, querida … Síiiiii el ojoslindos salió embarrao ja ja lo malo es que los tontos se pusieron a dá detashes de la rampa y todo. Razón tenían los abogaos de deciles estúpidos. Pero sho confío en mi Corte Malamdra, Boluda, sha verás que mis muchachos pronto están de nuevo en el business…»

Cuando terminó de hablar por teléfono, tía Amapola me preguntó:

—¿Y ese sha terminó de hablá de erecciones? Qué ganas de mentá la soga en casa del ahorcao y sho con este verano que rasguño el techo.

—Tiíta, no me dé detalles. No me dé detalles.

Desarraigo

16 noviembre, 2016 § 1 comentario

No empacaré bandera
La valija irá liviana.

De esta tierra
Llevaré sólo la que tengo adherida
En las suelas de mis zapatos.

No cargaré en la mochila
Nada que me recuerde la patria.
Del diccionario arrancaré esa hoja.

Partiré, me iré
A Morir bajo otro cielo.

Al final, esté donde esté
Mi último respiro no será en mi país.

La tierra que me acoja
no podrá llamarse patria.

Aunque no me desplace,
Mis cenizas no reposarán
En el país en que nací.

Mi país murió
mucho antes que yo.

Lo asesinaron.

Cerraré los ojos
Para dejar de ser un desarraigado.
Extraño y extrañado.

Tía Amapola 29 – Preámbulos del juicio, viaje a Irán, el baile e Ismaelito

3 noviembre, 2016 § 1 comentario

ismael

—Mira, mijito. ¿Cómo quieres que te lo explique? ¿Te hago un video? ¡Que no queremos que en esa vaina se pongan a averiguá por qué paga Ruper! Si le tienes que pagá a Coroty pa’ que deje eso así, le pagas … ¡Con Curcio me limpio el curcio y me queda sucio. Fíjate lo que te digo y te lo digo en rima y todo…

Tía Amapola manoteaba en el aire y los diamantes, esmeraldas, zafiros y rubíes lanzaban destellos cuando movía histérica las manos y los rayos de luz incidían sobre la piedras de los anillos.

—¡Metan un documento al tribunal y digan que los muchachos no quieren que investiguen eso!

Tía Amapola colgó el teléfono, me miró echando más chispas por los ojos que las que lanzaban sus anillos.

—Es que no sirven pa’un coño, mi niño. Tan caro que cobran y tengo que deciles todo lo que hay que hacé.

Como yo sé como son las cosas, de una vez le cambié el tema porque cuando está así de nerviosa termino yo pagando los platos rotos.

—Tiita, ¿usted sabrá algo del buque ese “Río del Caribe”, que agarraron con drogas? ¿De quien será?

A tía Amapola le cambió automáticamente la mirada. Sonrió con dientes y ojos y se me acercó. Se tapó la boca con la mano y me susurró con picardía:

—Dicen que es de un pesao. Tú sabes. De aquellos barcos atuneros o, mejor dicho, que se hacen pasá por pesqueros, porque todos sabemos que esas empresas de atún enlatan algo más que atún… ja ja ja Ay, mi niño, es que algunos creen que se pueden meté conmigo y salí ilesos. ¡Ilusos!

—O sea, que ¿usted tienes algo que ver con esa captura, tiita?

La tía Amapola me guiñó un ojo y echando su aliento sobre el diamante Cartier del anillo, le sacó brillo en la chaqueta de su traje Chanel:

—¡¿Yo?! Ja, ja, ja. Ay, mi niño, y me cuentan los informantes que estaban ahí con los franceses, que no los dejaron hundí el barco con la coca ja ja Los agarraron con toíto. Yo te lo he dicho, ojo por ojo, mi niño. Que sigan jodiéndome el business que yo les jodo el de ellos. Yo por las buenas soy una santa, pero por las malas, hasta mandinga me tiene miedo.

***

Tía Amapola hoy ha estado muy angustiada. La suela de sus Louboutin la desgastó de tanto ir y venir. Trajo de los actos del Día de la Resistencia Indígena un medio cartón de jugo y se fue directo al cuarto de los santos. Tomó a Guaicaipuro, a la India Rosa, a Tamanaco, a la india Francisca y a Caracas, toda la Corte india la puso en el centro del altar. En frente, colocó una maceta con un bonsái. Escarbó la tierra del matero hasta ver el fondo de la raíz, agarró una copa de ron y la vació en el hueco. Encendió un tabaco y fue dando bocanadas y lanzando el humo al hueco junto con siete monedas. Tomó el cartón de jugo y empezó a rociar un polvo gris en el hoyo del bonsái mientras rezaba:

«Querida y respetada corte India,
Poderoso e invencible Guaicaipuro
Fuerte, bravo, como toro de lidia
Con el humo del tabaco los conjuro,
Que estas cenizas del cacique Tiuna
Robadas en el acto de la raza
refuercen y protejan nuestra casa
Y me hagan invencible cual ninguna.

Indios de esta tierra prodigiosa
A Crotty hoy traigo y lo conjuro
María Lionza, mi poderosa diosa
Que ese juez quede sordo como un muro».

A partir de allí tía Amapola empezó a hablar en lenguas y no pude entender lo que decía. Echó toda la ceniza en el hueco, otro chorro de ron y tres bocanadas más del humo del tabaco y tapó el hoyo.

«Indio milagroso Guaicaipuro, tan rápido como este humo va en el viento, ayúdame en esta hora.
No te pido pa’ lujos, sino pa resolvé los problemas que tengo. Que el humo y el ron que les ofrezco sirvan para aflojá a Crotty y a Bharara. Amén»

Cuando salió me miró con los ojos desorbitados:

—¿Ya vistes las noticias de hoy?

Me mordí la lengua para no corregirla y decirle que es viste y no vistes. Cuando está así no es aconsejable contradecirla.

—No, tiíta. ¿Qué ha pasado?

—La Fiscalía está llamando a un poco de gente a declará, mi niño. Hasta a mí creo que me tienen en esa lista y pa’completá el malparío juez dice que todas las pruebas serán tomadas en cuenta. Todas, toditas, mi niño. ¡Y todavía se atreven a decí esos desgraciaos que no hay motivos políticos en nada de eso! ¡Me la tienen jurada, mi niño!

—Ah, con razón que vi que Maibort Petit escribió que la cosa se complicaba para los muchachos y que a lo mejor van a tener que declararse culpables y negociar…

—Eso quisiera la desgraciá esa y el maricón de Jusquiverga ese. Pero de aquí al siete de noviembre todavía muchas cosas pueden pasá, mi niño. Y hoy es un día muy poderoso y yo sé que mis indios no me van a desampará. ¡Viva la resistencia indígena! Lo gringos no va a podé con esta corte india. Ya vas a vé.

***

—Ay, mi niño. Qué semana tan negra he pasao. Yo creo que tendré que meteme alguito más fuerte que el bebedizo de toronjil pa’podé dormí. Mira cómo tengo la ojeras que parezco un panda.

Tía Amapola está demacrada. Con los ojos hundidos. Parece como que le hubieran caído 20 años de golpe. Ni el traje Chanel ni las joyas Cartier logran disimular el mal estado en que se encuentra. Pasa horas metida en el cuarto de los santos rezando. Su padrino de santería ha traído cuanto animal Dios ha echado a este mundo para sacrificarlo y el tabaco de brujo y el ron barato lo han traído al por mayor.

—Ahora resulta que todos los trámites que hemos metío los han desestimado. El juez va a tomá en cuenta el poco de pruebas forjadas que tienen, mi niño. Y van a seguí llamando gente a declará. Yo tengo cuatro días que no duermo. Y se me parte el corazón de pensá que me tienen al niño aislado. Todos esos días sin a nadie. Capaz lo tienen en la tumba de los gringos al pobre. Yo creo que ni siquiera dejan que los visiten. Esos gringos son tan desgraciaos que si se enfermera seguro ni un médico le dejarían pasá pa’que lo revise. Si hace huelga de hambre capaz y lo obligan a comé por sondas o dicen que come escondío. Mandé a la prima a visitalo y tuvo que gritos desde la calle pa’comunicase con él. Le gritaba «¡Aguanta, mi niño, que el que se cansa pierde!». Pero él no le respondía, el pobre debe está tan desfallecío que no le sale la voz. Debe llorá todo el día mi pobre niño. Dicen que cada nada lo mandan a desnudá pa’cachealo.

—Tiíta, eso que cuenta parecen historias de Ramo Verde...

Tía Amapola me lanzó dagas con los ojos y preferí callarme.

—La única noticia buena es que al Teniente Ricky no lo salva ni Bambarito. Y a los showceros sólidos tampoco. Esa era una espinita que me tenía que sacá. A mi, por muchos soles que tengan, el que me la hace me la paga… Mi niño, prepárame el toronjil con unas hojitas de cannabis que tengo en la mesita de noche y me traes una chicharrita que tengo guardá entre el novenario de la Virgen de las Mercedes pa’dale unas pataítas a si concilio el sueño… ah, tráeme el novenario pa’ile rezando a la Meche pa’pedile por los muchachos mientras me preparas el tecito. Obatalá no desampara a los presos, yo le tengo mucha fe.

***

Tía Amapola llegó histérica del viaje. Fúrica. Fue entrar a la casa y empezar a quitarse la ropa como si le quemara:

—Ay, mi niño, este ha sido uno de los peores viajes de mi vida. La diarrea no se me paró ni un día. El viajecito fue casi casi, como el de mi luna de miel con Padrino pa’Cúcuta pa’ir a conocé su familia. Tanto corré y sonreí, y haceme la sumisa y caminá detrás. Pa’nada, regresamos en blanco. El petróleo sigue bajo y, como en la luna de miel, ni un polvo me echaron. Padrino lo único que hacía en las noches era llorá y rezá. Lloraba porque no quería regresá y rezaba pa’que le dijeran de Cuba que no volviera. Y nada. Tuvimos que volvé.

—Bueno, tiíta, pero por lo menos se vieron con el papa ¿No? Eso es tener un grado de separación con Dios. De algo debe servir.

—Ay, ni me mientes al gaucho ese. Nos trató como si fuéramos una mierda. Ni siquiera permitió fotos. Estuve a puntico de sacá el Iphone pa’hacé aunque fuera una foto yo, pero uno de esos guardias con traje de payaso me miró tan feo, que volví a meté el teléfono en la cartera Hermés calladita la jeta.

—Tiíta, pero yo vi unas fotos de Padrino con el papa…

—¡Puro montaje de Villegas! Sacó unas fotos de hace tre jaños pa’hacé creé. No nos dejaron ni hacé una piche foto cuando le dimos la espada al gaucho. Él la agarró, y de una vez la bañó en agua bendita y dijo «sho le voy a eshar bastante agua bendita porque esta espada se la han regalado a unos cuantos pibes que están mirando para adentro. Y que Dios me perdone la superstición, pero es mejor prevenir que lamentar ¿Verdad, che querida?» Y me miró a mí «Vos de esas cosas de pavas y embrujos sabés, ¿No?»

Cuando ya estaba desnuda, sólo con las pantaletas, me dijo:

—Por cierto, el gaucho no dijo nada de que uno no se pueda fumá la cenizas, ¿Verdá, mi niño? Sólo que no se podían lanzá poráhi. Cuando Padrino estire la pata, lo cremo y me lo fumo en tabaquitos echaos pa’trás ja ja ja.

—Ay, tiíta, no diga esas cosas…

—De verdá, mi niño. Ya estaba jarta de tanto trapo, mi niño. Aquel calorón y yo con esas jamugas encima. Sudé como una cerda. La cocoya me hacía hebra. Lo único bueno del viaje fue que pude traé aceite de oliva de Italia, azafrán de Irán pa’l arroz con pollo y bacalao que compré en Portugal. No sabes lo que es ese azafrán iraní, mi niño, nada que con esas ramitas españolas que me trae Zapatero cada vez que viene, que ni pintan ni tienen olor. Ese desgraciao, con los reales que se mete aquí, por lo menos debería traé buen azafrán y jamón ibérico pero, trae una cecina del Corte Inglés que lo que da es pena.

***

Tía amapola se estaba echando kool—A—Ped y masajeándose los pies mientras sostenía su Iphone con el hombro y hablaba bajito.

—¿Cuántas veces les dije que no pasaran esa vaina por esa rampa? Que estábamos muy vigilados y que era mejor sacá la merca en barcos. Pero es que esos muchachos no querían la voz de la experiencia. Como si yo fuera novata o improvisá en esas lides … Bueno, mi amor, pero en el trayecto de Honduras a los estados pegaos muchas cosas le pueden pasá a Bobosoto ¿No? A lo mejor en vez de pasá como espalda mojá entra con los pies pa’lante … es que Bobosoto sí nos puede echá deo pa’salvase él. Ese no es como los muchachos que los podemos mandá a callá. Él sí nos puede echá una vaina…

Cuando tía Amapola vio que yo estaba parado detrás de ella, cambió el tono de la voz:

—Bueno, mi amor, encárgate tú de eso. Me le llevas mis saludos cariñosos a Bobosoto. Después hablamos. Besito.

Tía Amapola, puso el teléfono en la mesa, me picó el ojo y me dijo toda modosita:

—Ay, mi niño, tú deberías dame unos masajitos en los pieses, los tengo hechos fenefa, como dicen en Maracaibo.

—No digo yo. Cómo no le van a estar doliendo, tiíta, si por ahí la vi echando un pie con Padrino, bailando el loco loco.

—Ay, mi niño, me dejó descuartizá. Tanto tiempo y ese carajo nada que aprende a bailá. Me pisó más que gallo a gallina clueca. Siempre ha sido así. Yo pa’un lao y el pa’l otro. Igualito era pa’culiá. —Cuando culiábamos, porque hace tiempo que no me da ni a güelé—. Pero, cuando ya yo estaba agarrando el ritmo, me espantaba el orgasmo, lanzándome pa’l otro lao…

—Tiíta, no me dé detalles. Déjelo así. ¡Yo no necesito saber esas cosas!

***

Tía Amapola llegó cargada de ramas, pólvora, velas negras, velones, anís El comandante, aguardiente, cuerno de ciervo, tabacos y una nueva imagen de Ismaelito en tamaño natural. Mientras iba sacando todo de los paquetes y quitándole el plástico de burbujas del embalaje del malandro, me decía:

—Ay, mi niño, quien conociera uno cuantos gurfelos para encagales unos trabajitos.

—¿Unos qué, tiíta?

—Gurfelos, mi niño, gurfelos, como los de aquella peli de los gánsteres de niuyol. Los mafiosos esos.

—¡Ah, goodfellas! Es que no me acostumbro a esa pronunciación de inglés del Reino Unido que tiene usted, tiíta.

—Sigue mamando gallo, que te voy a llevá pa’l hipódromo.

—¿Y como para qué quiere usted tener contacto con los goodfellas, tiíta?

—Ay, mi niño, pa’mandales mensajitos a los familiares de los juraos que están escogiendo. Tú sabes, el cuerpo de un caballo podrío o mandales la mascota tasajeada en un caja de regalo…

Yo me quedé calladito que me veo más bonito. Ella siguió:

—¿Uno no podrá mandales a esos carajos unos dolaritos pa’que decidan como tienen que decidí, con justicia? Y al que no quiera aceptá los riales, pues le mandamos su conejo hecho al vino.

Cuando terminó de desenvolver a Ismaelito, lo bañó en anís, le prendió un tabaquito de marihuana, y lo sacudió con ruda:

—Bueno, Ismaelito, lúcete, pues. Al Crotty ese, hazle una visita que el malparío ese está muy Popi. A toa vaina dice que no. Ay, Ismaelito, consígueme unos gurfelos o por lo menos, haz que a Crotty se le acatarren los cojones. Ve que contamos contigo y con toda la corte malandra pa’salí bien de este trance. Ya falta nada pa’ese juicio y estamos es tus manos, Ismaelito. Lúcete, lúcete.

Yo la dejé ahí con sus rezos. Llegó un momento en que la tía Amapola ni siquiera se daba cuenta de que yo estaba ahí, observando. Entró como en trance y a mí eso sí que no me gusta. Huí por la derecha.

¿Dónde estoy?

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