Tía Amapola 29 – Preámbulos del juicio, viaje a Irán, el baile e Ismaelito

3 noviembre, 2016 § 1 comentario

ismael

—Mira, mijito. ¿Cómo quieres que te lo explique? ¿Te hago un video? ¡Que no queremos que en esa vaina se pongan a averiguá por qué paga Ruper! Si le tienes que pagá a Coroty pa’ que deje eso así, le pagas … ¡Con Curcio me limpio el curcio y me queda sucio. Fíjate lo que te digo y te lo digo en rima y todo…

Tía Amapola manoteaba en el aire y los diamantes, esmeraldas, zafiros y rubíes lanzaban destellos cuando movía histérica las manos y los rayos de luz incidían sobre la piedras de los anillos.

—¡Metan un documento al tribunal y digan que los muchachos no quieren que investiguen eso!

Tía Amapola colgó el teléfono, me miró echando más chispas por los ojos que las que lanzaban sus anillos.

—Es que no sirven pa’un coño, mi niño. Tan caro que cobran y tengo que deciles todo lo que hay que hacé.

Como yo sé como son las cosas, de una vez le cambié el tema porque cuando está así de nerviosa termino yo pagando los platos rotos.

—Tiita, ¿usted sabrá algo del buque ese “Río del Caribe”, que agarraron con drogas? ¿De quien será?

A tía Amapola le cambió automáticamente la mirada. Sonrió con dientes y ojos y se me acercó. Se tapó la boca con la mano y me susurró con picardía:

—Dicen que es de un pesao. Tú sabes. De aquellos barcos atuneros o, mejor dicho, que se hacen pasá por pesqueros, porque todos sabemos que esas empresas de atún enlatan algo más que atún… ja ja ja Ay, mi niño, es que algunos creen que se pueden meté conmigo y salí ilesos. ¡Ilusos!

—O sea, que ¿usted tienes algo que ver con esa captura, tiita?

La tía Amapola me guiñó un ojo y echando su aliento sobre el diamante Cartier del anillo, le sacó brillo en la chaqueta de su traje Chanel:

—¡¿Yo?! Ja, ja, ja. Ay, mi niño, y me cuentan los informantes que estaban ahí con los franceses, que no los dejaron hundí el barco con la coca ja ja Los agarraron con toíto. Yo te lo he dicho, ojo por ojo, mi niño. Que sigan jodiéndome el business que yo les jodo el de ellos. Yo por las buenas soy una santa, pero por las malas, hasta mandinga me tiene miedo.

***

Tía Amapola hoy ha estado muy angustiada. La suela de sus Louboutin la desgastó de tanto ir y venir. Trajo de los actos del Día de la Resistencia Indígena un medio cartón de jugo y se fue directo al cuarto de los santos. Tomó a Guaicaipuro, a la India Rosa, a Tamanaco, a la india Francisca y a Caracas, toda la Corte india la puso en el centro del altar. En frente, colocó una maceta con un bonsái. Escarbó la tierra del matero hasta ver el fondo de la raíz, agarró una copa de ron y la vació en el hueco. Encendió un tabaco y fue dando bocanadas y lanzando el humo al hueco junto con siete monedas. Tomó el cartón de jugo y empezó a rociar un polvo gris en el hoyo del bonsái mientras rezaba:

«Querida y respetada corte India,
Poderoso e invencible Guaicaipuro
Fuerte, bravo, como toro de lidia
Con el humo del tabaco los conjuro,
Que estas cenizas del cacique Tiuna
Robadas en el acto de la raza
refuercen y protejan nuestra casa
Y me hagan invencible cual ninguna.

Indios de esta tierra prodigiosa
A Crotty hoy traigo y lo conjuro
María Lionza, mi poderosa diosa
Que ese juez quede sordo como un muro».

A partir de allí tía Amapola empezó a hablar en lenguas y no pude entender lo que decía. Echó toda la ceniza en el hueco, otro chorro de ron y tres bocanadas más del humo del tabaco y tapó el hoyo.

«Indio milagroso Guaicaipuro, tan rápido como este humo va en el viento, ayúdame en esta hora.
No te pido pa’ lujos, sino pa resolvé los problemas que tengo. Que el humo y el ron que les ofrezco sirvan para aflojá a Crotty y a Bharara. Amén»

Cuando salió me miró con los ojos desorbitados:

—¿Ya vistes las noticias de hoy?

Me mordí la lengua para no corregirla y decirle que es viste y no vistes. Cuando está así no es aconsejable contradecirla.

—No, tiíta. ¿Qué ha pasado?

—La Fiscalía está llamando a un poco de gente a declará, mi niño. Hasta a mí creo que me tienen en esa lista y pa’completá el malparío juez dice que todas las pruebas serán tomadas en cuenta. Todas, toditas, mi niño. ¡Y todavía se atreven a decí esos desgraciaos que no hay motivos políticos en nada de eso! ¡Me la tienen jurada, mi niño!

—Ah, con razón que vi que Maibort Petit escribió que la cosa se complicaba para los muchachos y que a lo mejor van a tener que declararse culpables y negociar…

—Eso quisiera la desgraciá esa y el maricón de Jusquiverga ese. Pero de aquí al siete de noviembre todavía muchas cosas pueden pasá, mi niño. Y hoy es un día muy poderoso y yo sé que mis indios no me van a desampará. ¡Viva la resistencia indígena! Lo gringos no va a podé con esta corte india. Ya vas a vé.

***

—Ay, mi niño. Qué semana tan negra he pasao. Yo creo que tendré que meteme alguito más fuerte que el bebedizo de toronjil pa’podé dormí. Mira cómo tengo la ojeras que parezco un panda.

Tía Amapola está demacrada. Con los ojos hundidos. Parece como que le hubieran caído 20 años de golpe. Ni el traje Chanel ni las joyas Cartier logran disimular el mal estado en que se encuentra. Pasa horas metida en el cuarto de los santos rezando. Su padrino de santería ha traído cuanto animal Dios ha echado a este mundo para sacrificarlo y el tabaco de brujo y el ron barato lo han traído al por mayor.

—Ahora resulta que todos los trámites que hemos metío los han desestimado. El juez va a tomá en cuenta el poco de pruebas forjadas que tienen, mi niño. Y van a seguí llamando gente a declará. Yo tengo cuatro días que no duermo. Y se me parte el corazón de pensá que me tienen al niño aislado. Todos esos días sin a nadie. Capaz lo tienen en la tumba de los gringos al pobre. Yo creo que ni siquiera dejan que los visiten. Esos gringos son tan desgraciaos que si se enfermera seguro ni un médico le dejarían pasá pa’que lo revise. Si hace huelga de hambre capaz y lo obligan a comé por sondas o dicen que come escondío. Mandé a la prima a visitalo y tuvo que gritos desde la calle pa’comunicase con él. Le gritaba «¡Aguanta, mi niño, que el que se cansa pierde!». Pero él no le respondía, el pobre debe está tan desfallecío que no le sale la voz. Debe llorá todo el día mi pobre niño. Dicen que cada nada lo mandan a desnudá pa’cachealo.

—Tiíta, eso que cuenta parecen historias de Ramo Verde...

Tía Amapola me lanzó dagas con los ojos y preferí callarme.

—La única noticia buena es que al Teniente Ricky no lo salva ni Bambarito. Y a los showceros sólidos tampoco. Esa era una espinita que me tenía que sacá. A mi, por muchos soles que tengan, el que me la hace me la paga… Mi niño, prepárame el toronjil con unas hojitas de cannabis que tengo en la mesita de noche y me traes una chicharrita que tengo guardá entre el novenario de la Virgen de las Mercedes pa’dale unas pataítas a si concilio el sueño… ah, tráeme el novenario pa’ile rezando a la Meche pa’pedile por los muchachos mientras me preparas el tecito. Obatalá no desampara a los presos, yo le tengo mucha fe.

***

Tía Amapola llegó histérica del viaje. Fúrica. Fue entrar a la casa y empezar a quitarse la ropa como si le quemara:

—Ay, mi niño, este ha sido uno de los peores viajes de mi vida. La diarrea no se me paró ni un día. El viajecito fue casi casi, como el de mi luna de miel con Padrino pa’Cúcuta pa’ir a conocé su familia. Tanto corré y sonreí, y haceme la sumisa y caminá detrás. Pa’nada, regresamos en blanco. El petróleo sigue bajo y, como en la luna de miel, ni un polvo me echaron. Padrino lo único que hacía en las noches era llorá y rezá. Lloraba porque no quería regresá y rezaba pa’que le dijeran de Cuba que no volviera. Y nada. Tuvimos que volvé.

—Bueno, tiíta, pero por lo menos se vieron con el papa ¿No? Eso es tener un grado de separación con Dios. De algo debe servir.

—Ay, ni me mientes al gaucho ese. Nos trató como si fuéramos una mierda. Ni siquiera permitió fotos. Estuve a puntico de sacá el Iphone pa’hacé aunque fuera una foto yo, pero uno de esos guardias con traje de payaso me miró tan feo, que volví a meté el teléfono en la cartera Hermés calladita la jeta.

—Tiíta, pero yo vi unas fotos de Padrino con el papa…

—¡Puro montaje de Villegas! Sacó unas fotos de hace tre jaños pa’hacé creé. No nos dejaron ni hacé una piche foto cuando le dimos la espada al gaucho. Él la agarró, y de una vez la bañó en agua bendita y dijo «sho le voy a eshar bastante agua bendita porque esta espada se la han regalado a unos cuantos pibes que están mirando para adentro. Y que Dios me perdone la superstición, pero es mejor prevenir que lamentar ¿Verdad, che querida?» Y me miró a mí «Vos de esas cosas de pavas y embrujos sabés, ¿No?»

Cuando ya estaba desnuda, sólo con las pantaletas, me dijo:

—Por cierto, el gaucho no dijo nada de que uno no se pueda fumá la cenizas, ¿Verdá, mi niño? Sólo que no se podían lanzá poráhi. Cuando Padrino estire la pata, lo cremo y me lo fumo en tabaquitos echaos pa’trás ja ja ja.

—Ay, tiíta, no diga esas cosas…

—De verdá, mi niño. Ya estaba jarta de tanto trapo, mi niño. Aquel calorón y yo con esas jamugas encima. Sudé como una cerda. La cocoya me hacía hebra. Lo único bueno del viaje fue que pude traé aceite de oliva de Italia, azafrán de Irán pa’l arroz con pollo y bacalao que compré en Portugal. No sabes lo que es ese azafrán iraní, mi niño, nada que con esas ramitas españolas que me trae Zapatero cada vez que viene, que ni pintan ni tienen olor. Ese desgraciao, con los reales que se mete aquí, por lo menos debería traé buen azafrán y jamón ibérico pero, trae una cecina del Corte Inglés que lo que da es pena.

***

Tía amapola se estaba echando kool—A—Ped y masajeándose los pies mientras sostenía su Iphone con el hombro y hablaba bajito.

—¿Cuántas veces les dije que no pasaran esa vaina por esa rampa? Que estábamos muy vigilados y que era mejor sacá la merca en barcos. Pero es que esos muchachos no querían la voz de la experiencia. Como si yo fuera novata o improvisá en esas lides … Bueno, mi amor, pero en el trayecto de Honduras a los estados pegaos muchas cosas le pueden pasá a Bobosoto ¿No? A lo mejor en vez de pasá como espalda mojá entra con los pies pa’lante … es que Bobosoto sí nos puede echá deo pa’salvase él. Ese no es como los muchachos que los podemos mandá a callá. Él sí nos puede echá una vaina…

Cuando tía Amapola vio que yo estaba parado detrás de ella, cambió el tono de la voz:

—Bueno, mi amor, encárgate tú de eso. Me le llevas mis saludos cariñosos a Bobosoto. Después hablamos. Besito.

Tía Amapola, puso el teléfono en la mesa, me picó el ojo y me dijo toda modosita:

—Ay, mi niño, tú deberías dame unos masajitos en los pieses, los tengo hechos fenefa, como dicen en Maracaibo.

—No digo yo. Cómo no le van a estar doliendo, tiíta, si por ahí la vi echando un pie con Padrino, bailando el loco loco.

—Ay, mi niño, me dejó descuartizá. Tanto tiempo y ese carajo nada que aprende a bailá. Me pisó más que gallo a gallina clueca. Siempre ha sido así. Yo pa’un lao y el pa’l otro. Igualito era pa’culiá. —Cuando culiábamos, porque hace tiempo que no me da ni a güelé—. Pero, cuando ya yo estaba agarrando el ritmo, me espantaba el orgasmo, lanzándome pa’l otro lao…

—Tiíta, no me dé detalles. Déjelo así. ¡Yo no necesito saber esas cosas!

***

Tía Amapola llegó cargada de ramas, pólvora, velas negras, velones, anís El comandante, aguardiente, cuerno de ciervo, tabacos y una nueva imagen de Ismaelito en tamaño natural. Mientras iba sacando todo de los paquetes y quitándole el plástico de burbujas del embalaje del malandro, me decía:

—Ay, mi niño, quien conociera uno cuantos gurfelos para encagales unos trabajitos.

—¿Unos qué, tiíta?

—Gurfelos, mi niño, gurfelos, como los de aquella peli de los gánsteres de niuyol. Los mafiosos esos.

—¡Ah, goodfellas! Es que no me acostumbro a esa pronunciación de inglés del Reino Unido que tiene usted, tiíta.

—Sigue mamando gallo, que te voy a llevá pa’l hipódromo.

—¿Y como para qué quiere usted tener contacto con los goodfellas, tiíta?

—Ay, mi niño, pa’mandales mensajitos a los familiares de los juraos que están escogiendo. Tú sabes, el cuerpo de un caballo podrío o mandales la mascota tasajeada en un caja de regalo…

Yo me quedé calladito que me veo más bonito. Ella siguió:

—¿Uno no podrá mandales a esos carajos unos dolaritos pa’que decidan como tienen que decidí, con justicia? Y al que no quiera aceptá los riales, pues le mandamos su conejo hecho al vino.

Cuando terminó de desenvolver a Ismaelito, lo bañó en anís, le prendió un tabaquito de marihuana, y lo sacudió con ruda:

—Bueno, Ismaelito, lúcete, pues. Al Crotty ese, hazle una visita que el malparío ese está muy Popi. A toa vaina dice que no. Ay, Ismaelito, consígueme unos gurfelos o por lo menos, haz que a Crotty se le acatarren los cojones. Ve que contamos contigo y con toda la corte malandra pa’salí bien de este trance. Ya falta nada pa’ese juicio y estamos es tus manos, Ismaelito. Lúcete, lúcete.

Yo la dejé ahí con sus rezos. Llegó un momento en que la tía Amapola ni siquiera se daba cuenta de que yo estaba ahí, observando. Entró como en trance y a mí eso sí que no me gusta. Huí por la derecha.

Anuncios

Etiquetado:, , , ,

§ Una respuesta a Tía Amapola 29 – Preámbulos del juicio, viaje a Irán, el baile e Ismaelito

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Tía Amapola 29 – Preámbulos del juicio, viaje a Irán, el baile e Ismaelito en P(u)ateando la vida. Otro blog de Golcar.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: