Tía Amapola 31 – ¡Culpables! – La vida sigue – Resurge la fe – Nueva Corte Espiritual

3 diciembre, 2016 § 1 comentario

fidel

—¡Aaaaayyyyyyyyu! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¿Qué pasóooooooo? ¿Ismaelito, acaso no te prendí todos los días tus tabaquitos de mariguana? ¿Yemayá, no te llevé tus flores esta mañana a Macuto? María Lionza, Negro Primero, India Rosa, ¿cómo me van a echá esa vaina? ¡A la Noelí le voy a meté el palo’e malúa por ese culo!

Tía Amapola está en el cuarto de los santos gritando en un ataque de histeria. Se escucha ruido de cosas que se quiebran cuando las estrella contra la pared. Creo que no va a quedar santo con cabeza en ese altar.

—¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Malparío Crotty de mierda! ¡Hijueputa Baraja! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Culpables! ¡Culpables¡ ¡Marditos juraos no tardaron ni medio día en decidí! ¡Aaaaayyyyyyyy! Y ahora a esperá hasta marzo pa’sabé la condena ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Aaaaayyyyyyyy!

Yo mejor ni me acerco. Creo que mejor me voy al cine a ver «Tamara» y a lo mejor hasta me quedo en casa de algún amigo, en esta casa la noche va a ser muy larga.

***

Tía Amapola hoy se batía el pelo. Se agachaba y lo peinaba hacia abajo. Levantaba con violencia el cuerpo y se echaba la melena hacia atrás para volverse a peinar. Contaba las cepilladas. Un, dos, tres… hasta llegar a cien. Al verme llegar me miró con sus ojos puyúos.

—¡Lindo que te quedó! Ten juistes desde aquel día fatídico y hoy es que vienes a aparecé.
—Ay, tiíta. Es que…
—No me digas nada. Hasta mejor es así porque con el genio que tenía yo te fuera jartao de un bocao si fueras aparecío.
—Hubieras aparecido, tiíta.
—¡No me busques que no me tienes muy contenta!
—Ay, tiíta yo pensaba que estaba muy feliz porque como la vi echando un pie con Padrino.
—Gajes del oficio, mi niño. Gajes del oficio. Ay que que la gente en este país son aparte de desagradecíos, desalmaos, mi niño. Fueras… ¿Cómo es que es?
—Hubieras, tiíta. Hu bie ras.
—Eso. Fueras visto cómo estaban todos felices cuando dijeron que eran culpables. Las redes parecían una fiesta. Puras risas y chistes. Después, todo el mundo diciendo que yo no salía por ningún lao. Que estaba escondía. Que yo no decía ni mu. Entonces dije «pues ahora salgo pa’que vean que aquí no se ha muerto nadien y me puse bella y salí a bailá salsa. Pues entonces me empezaron a decí desalmada, mostra, insensible porque no me ven hecha una Madalena berreando. Que si yo no quiero a nadien. Que si hasta las mamás de los asesinos salen a defendé a sus hijos. Que si hasta una perra que sale hecha una fiera defendiendo a sus cachorros en un vídeo tiene más sentimientos que yo…
—Bueno, tiíta, es que a la gente le extraña que ni usted ni Padrino digan nada de los muchachos…
—¡¿Y qué voy a decí yo?! Yo lo único que quiero ya es que esos coños se olviden de mí. Como dirían los Pimpinela —tía Amapola cantó— «Olvida mi nombre, mi cara mi casa y pega la vuelta. Olvida que existo, que me conocistes…». Total, qué puedo hacé yo. Ya ellos se jodieron por «estúpidos». Ahora tengo que pensá en mí, en cómo reactivá mi business sin levantá sospechas. Hacé como hizo la Jessy que se fue a hacé turismo en Niuyol. ¿La vistes tan bella, sobándole los cojones al toro de Guolestrí? Bueno. Eso. Hacé como que aquí no ha pasao nada y si te he visto no me acuerdo. Ya lloraré encerrada y veré cómo les mando algún detalle a los muchachos sin levantá sospechas. Pero la vida sigue, mi niño, y yo no me voy a dejá jodé por estos desgraciaos de la derecha que juran que ahora vienen por mí. ¡Ya me ven vestía con la braga anaranjada¡ Pues con las ganas se van a quedá. ¿Vistes que los metieron en una cárcel de máxima seguridá, mi niño? ¡Con terroristas y con colegas! Será que el Chapito tiene algún tutorial en yutube de cómo hacé túneles y escapá, mi niño. Revisa en interné a .

***

Tía Amapola estaba echada, meciéndose, en su hamaca tejida con hilos blancos que le regaló Daniel Ortega. Iba y venía en el aire en la terraza, cantando:

«Amapola, lindísima amapola, 
No seas tan ingrata y ámame. 
Amapola, amapola 
Cómo puedes tú vivir tan sola.»

—Tiíta, qué imagen tan bonita la suya ahí con la luz de este amanecer. Me hizo recordar una hermosa pieza de Hercilia López que vi hace años. ¿Y usted no piensa celebrar hoy el día de acción de gracias? ¿No va a hacer el pavo?
—Ay, mi niño. Ese San Guiven no me sirvió pa’nada. Yo no tengo ánimos pa’celebrá. Además, a mí me gustaba celebralo en Disneyguol, porque esa es una fiesta gringa y ya ni sé si podré entrá otra vez a los yunaitesteits, capaz me ponen los ganchos. Si me preguntan, diré que ¡quejeso de está celebrando fiestas gringas, alienaos es que están! Que eso no tenemos porque festejalo nosotros. Además, mi niño, al pavo lo voy a indultá este año a si el San Guiven ese nos hace el milagrito y nos hacen lo mismo con mis muchachos. A lo mejor me les dan un indulto y me los mandan de vuelta a casa.
—Ay, tiíta, lo veo difícil.
—Pero ¿tú no vistes que según dijo el que llamó vampira a la Tania, ya a mis muchachos los habían declarao inocentes y alguien pagó pa volteá el benedicto?
—Veredicto, tiíta. Ve re dic to. Tiíta, eso es casi que imposible que pase en Estados Unidos con un jurado como el que había allí.
—A ti es que te encanta chalequeame las ilusiones, ¿verdá? Ay, qué sola estoy yo en esta vida… A lo mejor es cierto y entonces puede que proceda el indulto.

Yo, preferí no discutir. Ya ella desde el cumpleaños de Padrino, ayer, llegó hecha polvo después de hacerse la fuerte delante de la gente y bailar para las cámaras. Me fui a mi pieza y la dejé melancólica, meciéndose en la hamaca y cantado:

«Amapola, lindísima amapola, 
No seas tan ingrate y ámame. 
Amapola, amapola 
Cómo puedes tú vivir tan sola»

***

Cuando salí a la terraza, me encontré a la tía Amapola curucuteando su tablet y murmurando insultos y maldiciones. «La malparía esta … le salieran aunque fueran uñeros en todos los deos a la muy sucia, pa’que no pudiera escribí … es que se nota que esa perra goza hablando de mis muchachos …» Me acerqué sigilosamente para curiosear qué miraba que la ponía tan fúrica.

—Tiíta, ¿Usted como que está stalkeando a Maibort Petit?
—!Yo no estoy toqueteando nada! Lo que estoy es revisando su perfil en las redes a si alguna vez se calla la jeta y deja de hablá de los muchachos. ¡Qué ocsesión la que tiene la coñuemadre con mis sobrinos! ¿Será que le tenía ganas a alguno y no le paró? Porque de otra manera no se entiende.
—Pero, yo no veo que ahí los nombre por ningún lado, tiíta. Ni siquiera veo que ponga «narcosobrinos» como mientan ahora a los muchachos siempre en todos lados.
—Ni falta que hace que los nombre pa’sabé que es de ellos que habla la malculiá esa. Mira lo que dijo —tía Amapola se bajó las gafas Polo que tenía puestas como un cintillo, para poder ver bien, y leyó— «En NY más del 90% de todas las apelaciones de los acusados criminales se pierden». ¿Ves? No dice perro pero muestra el dientero. Está insinuando que si los muchachos apelan de la decisión, van a perdé. Después dice: «Condenados por delitos de drogas con penas mínimas obligatorias que fueron a juicio recibieron 11 años + que los que se declararon culpables». ¿No le notas como un tonito de alegría a la bicha? Como diciendo ay, esos coños van a salí pior por habé dicho que son inocentes y le van a una condena más larga…
—Bueno, tiíta, Maibort lo que está es informando. El tonito y lo demás se lo está poniendo usted.
El tonito y lo demás se lo está poniendo usté. Ay, si, porque yo me chupo el deo.

***

Tía Amapola hoy llegó con la Hummer cargada a reventar. Traía tantos paquetes que me despertó para que la ayudara a bajarlos.

—¡Mi niño, mi niño! Despierta para que me ayudes a bajá las cosas y llevalas pa’l cuarto de los santos.

Yo pensé que se trataba de alguna cama o muebles, como ella el día del veredicto arrasó con todo en esa habitación con la arrechera que agarró. Pero me equivoqué. No eran muebles. Eran imágenes, velones, inciensos, flores, todo nuevo de paquete. Todas la imágenes serían repuestas y algunas hasta más grandes.

—Tiíta ¿Y usted no era que ya no creía?
—Ay, mi niño, eso fue un arrebato momentanio. Mi padrino de santo vino y me explicó todo y me re insertó en la fe.

Desenvolvió cada imagen con cuidado y las fue acomodando en su puesto. María Lionza al tope junto a Negro Primero y Guaicaipuro. Armó cada corte, la malandra en la que puso junto a Ismael a Chávez para encabezarla. La chamarrera, la India… una de las últimas imágenes que sacó era una estatuilla de Fidel Castro con su traje militar de campaña, su boina roja y el habano en la mano. La miraba y miraba el altar. Parecía indecisa de adónde debía ubicar la imagen del recién difunto.

—Ay, mi niño, este coño, como siempre, uno no sabe donde ubicalo. Como cuando estaba vivo, que hablaba una vaina y hacía lo contrario. ¿Será que lo pongo en la corte chamarrera? Coño, por edá le correspondería está ahí con los viejos, pero por otra parte, también encaja en la corte malandra, porque más malandro que él, quién…

Tía Amapola se puso el indice de una mano en la boca, pensativa, mientras con la otra sostenía a Fidel.

—Tiíta, ¿Usted cree que los santos la perdonen después de haberlos hecho trizas?
—Claro, que sí, mi niño, mi padrino palero me lo aseguró. Ellos mientras uno los atienda bien, entienden esos arrebatos de locura… Ay, mi niño, es que tengo que creé porque si no paro en loca con tanto miedo y tanto terror que tengo. Además, necesito montá una buena protección pa’Padrino porque la pelona se está llevando a los hijos de Chávez. No vaya a un maldito sea. Dígame si se le ocurre a la parca que ese autobús necesita un buen chofer.

Tía Amapola, decidida, puso a un lado, la imagen de Fidel:

—Listo. Creo que voy a iniciá una nueva corte. La de los Presidentes. Ahora tengo que comprá un Franco, un Gómez, un Hitler, un Idi Amin… ya iré armando mi nueva corte espiritual.

***

Tía Amapola tiene dos días vestida de negro cerrado. Hoy, que vamos en la limusina oficial a la Cancillería para los honores a Bernardo Álvarez, lleva puesto un Ángel Sánchez, una columna de shantung de seda negra, con texturas en el mismo tono y un tocado con una inmensa flor de seda negra y redecilla.

Pero, ayer, se puso un traje Carolina Herrera, negro mate con un corte parecido a un liqui—liqui, con grandes botones negros y algunos vivos en raso negro en el cuello y bordes de los bolsillos. La falda era recta, negra por encima de la rodilla. Así íbamos, en la misma limusina, al Cuartel de la Montaña para el homenaje a Fidel. Llevaba una pamela negra con redecilla y mitones de seda negros también. Resaltaban entre tanto negro, sus joyas Cartier: un collar de perlas blancas y grises con broche de diamantes y un zafiro azul, con su pulsera a juego. La firma de oro de Chávez se la puso en una pulsera de oro 18.

Íbamos en el camino al Cuartel de la Montaña y la tía Amapola, mientras campaneaba un whisky Buchannan’s de 18 años con una mano, sostenía en teléfono con la otra y hablaba tratando de controlar su impaciencia y las ganas de gritar y lanzar el celular por la ventana:

—Pero, Raúl, ¿Me vas a decí a mí que tú no puedes? ¡Si en esa isla no hay nada que sea imposible pa’ ti … Cónchale, pero no te estoy pidiendo el fémur o la tibia, te estoy pidiendo un huesito pequeño, la falange del dedo chiquito del pie o el yunque o el martillo, una cosita de nada, una vaina que nadie va a notá … ¡Pero si a esa vaina le van a meté candela y le van a caé a palo hasta dejarlo hecho cenizas! … Si, disculpa, claro que no he debido decíesa vaina‘, es que me dejé llevá por la ansiedá de que no me entiendes que ese huesito es importante para nuestra lucha espiritual, nada te cuesta conseguímelo … Después de todo lo que hemos hecho por ustedes no me puedes negá ese favorcito, recuerda que en esos 800 kilos de los muchachos iban 100 que eran de ustedes y que les estábamos haciendo el dos pa’metelos en el imperio … Bueno, Raúl, en tu conciencia queda lo que pueda pasá por tu falta de irreponsabilidá con la revolución y el proceso.

Tía Amapola colgó y con sus ojos echando chispas me dijo: «Hasta marico será y en su casa no lo saben».

Eso fue ayer, y lo recordé ahorita porque cuando ya llegábamos a la Cancillería, tía Amapola me dijo:

—¿Será que el maricón de Raúl, ya que no le dio la gana de conseguime el hueso de Fidel, me da aunque sea un poquito de cenizas pa’el altar? La corte de los presidentes ya esta agarrando cuerpo, mi niño, ya tengo a Hitler, a Idi Amin, a Stalin, a Pinochet, a Franco, a Stroessner, a Fidel y al Comandante Eterno…

Yo me hice el desentendido y me dediqué a mirar por la ventana la ciudad. A mí no me gusta mucho que tía Amapola me hable de sus «santos». ¡Zape!

***

Tía Amapola me iba sacando hoy una costilla del codazo que me dio cuando Padrino dijo «Vamos a darle un pase»:

—Mi niño, ¿será que este carajo se trajo la merca pa’cá pa’repartila gratis? ¿Quéjeso de vamoadale un pase?
—Tiíta, no es un pase de esos. Es un pase al tipo que está en El Callao, al minero que va a hablar del proceso de extracción de minerales y oro…

Tía Amapola se pasó la mano por su vestido Versace de encaje negro, para alisarlo y moviendo con nerviosismo su pie calzado con los Louboutin y haciendo que bailara la firma del difunto que hoy se la guindó en el tobillo en una cadena de oro con diamantes y ónix. Todo el atuendo en negro, para continuar con el debido duelo decretado.

—Ay, mi niño, —dijo ajustándose el broce Tiffany que le adornaba el moño cebolla que llevaba con una boina negra— es que me asusté porque si encima de toda la merca que nos han agarrao los desgraciaos gringos, el loco este se va a poné a repartí pases gratis, ahí sí es verdá que vamos a quedá en la insiforia, como diría Noelí.

—Tiíta, ¿qué es eso negro que le cuelga ahí del zapato?
—Ay, mi niñó, es un pedacito de teipe negro que se está despegando. Es que como los Louboutin tienen la suela roja, me pareció desentonaba con el luto por los camaradas difuntos, y las cubrí con el teipe.

Tía Amapola se acomodó su fular de seda negra en cuello y guiñándome el ojo izquierdo, me dijo:

—¿Verdá que el luto me queda bien, mi niño? ¡Me siento glamurosa, como estrella de los años cincuenta… creo que la viudez me sentará muy bien.

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