Niebla 2

30 enero, 2017 § Deja un comentario

Por la ventana se filtra el resplandor del sol
Es la luz del verano en su plenitud
Aquí, dentro, llueve
Aquí, dentro, sigue la niebla. 

Historias de tía Amapola 32 – El árbol de Navidad, El Chapo y el regalo del día de los enamorados

29 enero, 2017 § Deja un comentario

baul

Tía Amapola hoy entró tirando un portazo y diciendo, «¡Anda a rezá pa’que Dios te perdone lo mal hijo que has salío». Dijo y  le dio al ícono de «end» de la pantalla del Iphone con la uña acrílica pintada con bolas navideñas, tan duro, que pensé que la rompería.

Yo imaginé que estaría furiosa porque Padrino no quiere llevar a la mamá a pasar las navidades en Cúcuta con los tíos, pero no, no era con Padrino que hablaba:

—Ay, mi niño, yo no sé qué hice yo en esta vida pa’que Dios me haya castigao con un hijo tan ingrato como Yoyo.

Los ojos se le aguaron y una lagrimita le resbaló por la mejilla izquierda.

—Pero ¿que pasó, tiíta? ¿Por qué está tan fúrica con Yoyo? En estas fechas de alegría y unión familiar uno no debe estar peleando con los hijos.

—¿Tú crees que es posible que al mal hijo ese le cuesta mucho haceme un favor? Le dije que ya que va a ir a Nueva Yol en un vuelo chárter, que me hiciera el favorcito de traeme el árbol de Navidá que compré en Yi Ci Pene

Yei ci penny. Tiita. Se dice Yei ci, no Yi ci como dice Padrino, y es Penny, no Pene.

—Ay, bueno, tú entendistes. No me atormentes más que suficiente tengo con los disgustos con Yoyo. ¿Cuántas veces no le he dao yo los 20 o 25 mil dólares del sencillo que guardo en la mesita de noche a ese ingrato pa’que pague esos vuelos a Francia, a Aruba, a los Yunaitesteits? ¿Ah? Y el muy desgraciao ha sío capaj de decime que no. Que a él le da ladilla traeme eso porque es muy grande. Y que tampoco va a ir a las tiendas de la Quinta Avenida donde compré los estrenos del 24 y del 31 porque no va a dejá de bonchá por está de mandadero. No es justo, mi niño. Con lo buena madre que he sío yo, que jamás le he metío ni un gramo de merca en esos vuelos pa’evitale peos. Y él me paga así. ¡No hay derecho! Eso Dios lo tiene que castigá.

***

Hoy cuando llegué a la casa, al abrir la puerta, escuché los gritos desafinados de tía Amapola en el salón principal cantando:

A iguana güicho es un mery cristal, a iguana güicho es un mery cristal. A iguana güicho es un mery cristal an es japi gudyiar.

Estaba armando el árbol de navidad que por fin le llegó por valija diplomática de Nueva York gracias a los buenos oficios de Delcita.

—¡Tiíta, pero el árbol de Kylie Jenner se quedó pendejo al lado de este!

—Tú sabes, mi niño, que a mí las cosas, a lo grande. Y güele pa’ que veas. Purito olor a pino canadiense. Ya güele a navidá. Verdá que está bello. ¿Y tú de dónde vienes que no te había visto en todo el día?

—Ay, tiíta, todo el día en una cola en el banco para depositar lo que tenía en billetes de cien. 300 mil bolívares que me pagaron de una asesoría.

—Pero, bueno, mi niño, ese espíritu tuyo de pobre me saca la piedra. ¡Habrase visto! Un día perdío por piches 300 mil bolívares. Eso no son ni 80 dólares. Me fueras dao esos billetes a mí que yo los uso pa prendé los velones y los tabacos de los santos, porque así me traen suerte y biyuyo, al quemalos en ofrenda.

Yo preferí cambiarle el tema porque para qué intentar explicarle que para mí, que no estoy en el business, 300 mil bolívares es bastante plata.

—Tiíta, ¿Y de Delcita, qué sabes? ¿Cómo le fue?

—¿Cómo le iba a está yendo con esa derecha salvaje y misónica que gobierna allá?

—Misógina, tiíta, Mi só gi na. Y no te olvides que es hubieras y no fueras.

—Eso. Derecha misónica. Si no fuera sío porque llegó acompañá hasta la hubieran golpeao. Le tiraron la puerta en la jeta. La trataron como sí se fuera tirao peos de esos hediondos a huevo podrío que ella se tira. Puro maltrato, mi niño. Eso califica como violencia de género, pero como allá no podemos mandá a meté preso a nadien, pues la pobre mujer se quedó con sus empujones y despreciá. ¡Ay, pa qué me tocastes ese tema! Ya me volví a arrechá.

***

–Tiíta, vestida de diablo rojo Chanel no va a pasar desapercibida. ¿Usted no me había dicho que iba a estar bajo perfil un buen tiempo?

–Mi niño, es que pa’ esos actos tengo que ir vestida de revolucionaria, de combatiente. Ya vengo a cambiame esta vaina por un trapito Prada más discretico y que me queda divino con el bolso Balenciaga que me compré en estos días.

–¿Y cómo estuvo el acto, tiíta?

–Ni me preguntes, mi niño. Pura paja. Qué capacidá la de Padrino pa’ decí mentiras sin pestañeá. Por cierto, mi niño, me vas a buscá en el deciderio “Distendir” a qué carajo quiso decí ese coño… ¿Ves cómo es ese desgraciao, mi niño? Cansada estoy de decile que a mí ni me ignore en esos actos. Que no quiero que me vean. Que quiero está bajo perfil porque los gringos me tienen el ojo puesto. Pues no se le ocurrió más nada que preguntame cómo se decía “Deja quieto al que está quieto“. Ahí, delante de todo el mundo. Yo no sé si lo hace por estúpido o por sacame la piedra. Pa’ mí que es por idiota, porque hasta se le salió el eslogan del MAS. Dijo –Tía Amapola imita la voz de Padrino hablando como bobo– ‘Sí podemos, somos más’. No me jople.

–¿Y usted queé hizo con lo del inglés, tiíta?

–¡¿Quiva hacé?! Sonreí y haceme la que le decía lo que me preguntaba porque dijo que yo era su tradutora. Entonces, con señas y muecas le dije ‘Let quietou guat is quietou‘. ¡Así nuhay manera de que los gringos se olviden de mí! Nou güey, mi niño. Nou güey.

***

–Mi niño, tú no te imaginas lo que le he pedido a Obatalá pa’ que al Chapito lo lleven al Emcici pa’ que los muchachos tengan compañía. Y con el favor de Dios, si esto que estoy viendo aquí no es una faqueneu, Obatalá me va a hacé el milagro…

Tía Amapola, ataviada con su bata de seda roja con marabú en cuello, mangas y ruedo, hablaba sin levantar la vista de la tableta, estaba muy interesada en la información del sitio adonde sería recluido El Chapo.

–¿Faque qué, tiíta? No le entendí.
Faqueneu, mi niño. Faqueneu. No puede que tú no sepas lo que es eso. Pues yo cada día estoy más aptualizada con las nuevas tecnologías. ¿Vistes que Padrino figura entre los líderes más influyentes de Tuister? Salió en Telesur…

–Bueno, tiíta, eso de más influyentes en Twitter, no Tuister, no siempre es bueno. Eso lo miden por los retuits y las menciones y a veces esas menciones no son precisamente para echar piropos…

–Tú siempre de aguafiestas. Es influyente y punto. ¿Entonces no sabes lo que son las Faqueneus? –me preguntó la tía con tono de sobradita.

–Pues no, tiíta. Deme luces por favor.

–Mi niño, Faqueneus son las noticias falsas. Me extraña que tú, que lo sabes todo, no sepas que feijbuc está luchando contra las Faqueneus.

–Ah, ya. Fake news, tiíta. Se pronuncia feik nius. No entiendo cómo Padrino se confía todavía de su inglés. Ja, ja.

–Bueno, pues si esto, con el favor de Dios, no es una –tía Amapola mandibulea, tuerce los labios como una ese y por fin suelta– feiknius, y al Chapito lo meten en el –vuelve a mandibulear– Metropolitan Correpchional Center, Emcici, los niños tendrán en Manhattan buena compañía y quien quita, a lo mejor el Chapito les enseñe alguno de sus trucos de Houdini y se puedan escapar los tres.

–Tiita, ¿y si los ponen juntos para ver si hablan de los vuelos de negocios del Chapo y que pasaban por aquí? ¿Si buscan que hablen con el Chapo de los business que tienen en común para grabarlos y hundirlos más?

–¡Cállate la jeta, pájaro de mal agüero! Cancelao. ¡Cancelao! ¡Anda a rezá más bien! Pídele a Obatalá que me conceda lo que le pedí.

***

—Tiíta, ¿usted vio la información que publicó Maibort Petit en su blog? Dice que Roberto, el hondureño, llegó a un acuerdo de cooperación con los gringos…

Tía Amapola me miró con los ojos puyúos, se puso sus lentes Ralph Lauren y respiró hondo para tratar de mantener la calma. Mientras me hablaba curucuteaba en su tablet, algo que le interesaba.

—Puras mentiras de la desgraciá esa. Yo no creo que Bobby nos vaya a echá deo. Él sabe los peligroso que puede . En esas cárceles hondureñas pasan muchas cosas, hasta comía con salmonella le pueden y sacalo con los pies pa’lante… Magínate, mi niño, que Bobby se ponga a hablá horita que estamos pidiendo que se repita el juicio…

—¿Y usted cree que prospere esa solicitud de repetición del juicio, tiíta?

—Y usté cree que prospere esa solicitú… Pues claro que tiene que prosperá porque esa vaina está mal hecha y la tienen que volvé a hacé.

—Tiíta, pero Maibort dice que aunque esas solicitudes son un trámite común, casi nunca son aceptadas…

—Tú es que estás ocsesionao con la Maibort esa ¿no? ¿O es nada más pa’ sacame la piedra que la nombras tanto? Mejor anda a rezá y déjame leer esto del pote de Nesquik que está bien interesante. Fíjate mi niño, que a mí que en el business me las sé todas más una, no se me había ocurrido lo de los potes de bebida achocolatada. Es una buena técnica porque alguien va y deja el pote en el anaquel del supermercado, y va otro y lo recoge. Si descubren el pote puesto ahí, pues no hay a quién culpá y si no lo descubren pues la compra venta se finiquita. Sí. Definitivamente, esa técnica me está como haciendo ojitos.

***

Tía Amapola tenía rato mirando imágenes de El Chapo en su Iphone. Pasaba de una a otra. Se detenía en algunas, las ampliaba justo en la parte del pantalón donde se le marca el paquete. Detallaba cada milímetro.

—Mi niño, yo de verdá no veo qué le ven a este hombre. El es mi amiguito y socio en algunos business, y yo lo aprecio mucho; pero de verdá que es más feo que pegale a la mama un Día de la Madre. ¿Qué le vio la Kate? Ella tiene su pinta de cacha, pero fea no es como pa’ que le guste este carajo…

—Pero bueno, tiíta, y ¿a qué viene ahora usted pensando en la fealdad de El Chapo?

—Es que me encontré por ahí una noticia  de la denuncia que hizo el Chapito de que un policía de la cárcel donde lo tenían en México lo acosaba sexualmente y de verdá que un marico tiene que está muy verriondo pa’ metele mano a ese coño tan feo. Ni pa’ decí que es que está muy bien dotao porque he le he revisao  el paquete en muchas fotos y ahí lo que hay es un pepito.

—¡Tiíta! Mejor cambiemos de tema. ¿Ya sabe qué le va a dar a Padrino el Día de los enamorados?

—Síííí, mi niño. Ya le dije a Delcita que me lo traiga. Se va a caé de culo Padrino cuando lo vea. ¡El baúl rojo con los diseños de marca de SupremaLuis Vitón!

—Louis Vuitton, tiíta, “Luí Vuitón” se dice. Y no es Suprema, es “Supreme”.

—Bueno, tú me entendistes muy bien, pero te encanta, jodé. Es como una occesión que tienes de estame corrigiendo…

—Ob, tiíta, OB SE SIÓN. Con B de burra…

—¡¿Vas a seguí siguiendo?!

Tía Amapola se quedó un rato callada y jurungando su teléfono. Cuando encontró lo que buscaba, me pasó el Iphone:

—Mira, mi niño, ¿no es bello ese baúl? Rojo rojito y apenas cuesta 68 mil dólares, no llega ni a los cien mil. Una ganga. ¡Hasta barato me va a salí el Día de los enamoraos! Ay, me muero por sabé qué me va a mi bigotis. Ojalá me regale un vestío Carolina Jerruera, como el que usó la Melania Trump en el baile.

—Tiíta, a usted creo que no la favorecería mucho ese vestido. Usted es muy bajita y está como pasadita de kilos para un vestido en columna y, de paso, blanco. Y ese escote de hombros caídos le va a dejar al descubierto el cuello y ya las arruguitas se le están viendo, tiíta…

—”Usted es muy bajita y está como pasadita de kilos” O sea, hecho el pendejo, me estás diciendo enana y gorda y pa’ rematá, vieja, ¿no? Yo no sé ni pa’ qué te digo nada, si a veces pienso que en el fondo me odias.



Niebla

26 enero, 2017 § 1 comentario

Hay días soleados
en que la niebla está dentro
y un poema es una necedad.

Davinia

25 enero, 2017 § Deja un comentario

Más que flaca, enjuta. Desgarbada, encorvada. Con el pecho hundido y la cabeza gacha. Largas canas amarradas en una cola de caballo que no logra disimular la opacidad y resequedad de sus cabellos deslucidos. Manos temblorosas con manchas y venas marcadas. Un hilo de voz quedo y agudo, que vibra temeroso. La mirada, opaca y errática bajo unos viejos lentes culo de botella de pasta, sólo parece obtener un poco de brillo cuando contempla un animal y su voz triste se torna alegre, tierna y cantarina cuando habla con los gatos, los perros o los pájaros.

A veces pasa frente a la tienda de mascotas. Se asoma a la vitrina y con las manos a los lados de los ojos trata de enfocar hacia el sitio donde se ubican los alimentos. Mira a los lados. Revisa su bolso. No tiene dinero. Mira al cielo y sigue su camino.

En otras oportunidades entra a la tienda. Saluda antes a perros, gatos y aves que a los dependientes. Se para frente al alpiste. Ajusta sus gafas para tratar de distinguir el precio del paquete del grano para sus pericos. ¡Dos mil quienientos! ¡Dios mío! Soba con su mano arrugada y temblorosa los paquetes. Mira el dibujo de la caricatura del chinito y murmura “Happy”, la marca.

“¿Qué voy a hacer? ¡No puedo dejar de darles alpiste a mis periquitos! Pero el dinero no me alcanza. Mi marido no me va a permitir que gaste dos mil quinientos en un paquete de alpiste. Se va a molestar. ¿Y el alimento para mis gatos? ¿Cuánto cuesta el alimento para mis gatitos? ¡Veinte y siete mil quinientos! Él no me va a querer dar plata para comprar ese alimento tan costoso. Se pondrá furioso. Pero ¿Qué hago yo con mis siete gatitos? ¡No los puedo dejar morir de hambre! ¡Y ya no quieren los higaditos de pollo! Y me lloran toda la noche. Maúllan por el hambre. No me dejan dormir. Y mi marido me regaña porque yo lloro por mis animalitos.  A él no le gustan los animales, pero yo me muero sin mis pajaritos y mis gatitos. ¡Veinte y siete mil! ¡Yo no puedo! Él se pondrá fúrico”.

Abre el monedero y cuenta. Cien, doscientos, trescientos, cuatrocientos… ¿Cuánto cuesta el paquetico de medio kilo de Friskies? ¡¿Cinco mil?! ¡Cristo atado! Yo creo que no llego. Empieza otra vez la cuenta. Cien, doscientos, trescientos, cuatrocientos, quinientos… tres mil trescientos. ¡No me alcanza! ¡No podré comprar el alimento de mis gatitos! ¡Y ya no quieren higaditos de pollo!

Cien, docientos, trescientos… tres mil trecientos. ¿Cuánto me falta? ¡Mil setecientos! No puedo. No llego. Y mi marido no me va a querer dar. Él es tan estricto. Tengo ganas de llorar. Mis gatitos pasarán la noche maullando. ¡Otra noche más que no podré dormir! Ellos lloran por el hambre. Y yo lloro con ellos. A mí no me importa no comer yo, pero mis pajaritos y mis gatitos no puedo dejarlos morir de hambre.

¿Aceptan tarjeta? ¡¿Sí?!

Yo no sé si tengo dinero en esta para completar. ¿Cuánto tengo en efectivo? Cien, doscientos, trescientos, cuatrocientos… ¡Cuente usted! ¡Yo no puedo contar! ¡Tengo ganas de llorar! ¿Puedo llorar? ¿Usted no se molesta si yo lloro? ¡Necesito llorar! Mi marido se molesta porque yo lloro. Es tan estricto. Me pone tan nerviosa.

¿Pasó la tarjeta? ¿Sí tenía dinero?

Deme una factura detallada, por favor. Es que tengo que rendirle cuentas a mi marido. Él es tan estricto. Tengo que llevarle todos los recibos. Cuando vea lo que gasté en comida para mis animales se va a enfadar. Pero ¿Qué hago? ¿Los dejo morir de hambre? Yo no puedo lanzarlos a la calle a que pasen necesidades. Prefiero dejar de comer yo.

A mi marido no le gustan mis animales, pero yo sin mis periquitos y mis gatitos no puedo vivir. A mí no me hacen falta mis hijos que se fueron a vivir lejos, pero sin mis animalitos no puedo vivir.

A él no le gustan los animales. Me regaña porque yo dejo de comer yo para que los gatitos tengan comida. Es que ellos son la única alegría en mi vida.

Y él se molesta, porque él es tan estricto. Es muy severo.

¡No, jamás me ha puesto una mano encima! Él me adora.

Pero es muy rígido y no quiere a mis animalitos. Lo que pasa es que yo soy muy torpe y a él le molesta. Porque él es muy exigente. Todo lo quiere perfecto. Y yo soy torpe y distraída. ¡Bruta! Me distraigo con mis animales y se me parten las cosas o cuando cocino se me pasa la mano con la sal, porque se me olvida que ya le puse y le vuelvo a poner. Y él se molesta.

¡Tantos años y no has aún aprendido a cocinar! Pero para gastar el dinero en esos bichos sí sirves.

Antes no le importaba tanto que gastara en mis pajaritos y gatos, porque él ganaba bien. Es profesor universitario y no me limitaba tanto los gastos. Yo compraba las cosas y le llevaba los recibos y facturas. Se molestaba, pero no tanto. Pero como ahora está jubilado y el dinero es muy poco, pues se enfurece por mis gastos con los animalitos.

Pero ¿Qué hago? ¿Dejo morir mis pájaros? ¿Lanzo a la calle a los gatos? ¡Yo no tengo corazón para hacer eso. Yo sin mis animalitos no sé vivir. Son mi única alegría.

Él me quiere mucho, pero es muy rígido y no le gustan mis animales. Y como yo no trabajo, dependo de su jubilación. Yo dejé de trabajar muy joven porque a él no le gustaba que yo estuviera en la calle. Decía que descuidaba la casa y los niños y que, además, en mi trabajo había muchos hombres.

¡Y esa miseria que ganas no sirve para nada! ¡Más gasto yo en cachifas para que cuiden a los muchachos que lo que tú ganas como secretaria en ese consultorio!

Tanto dio y me reclamó que, para no oírlo más, renuncié al trabajo y me quedé en la casa. Criaba a los niños y cuidaba la casa. La tenía limpiecita. Como una tacita de plata. Pero él, como es tan exigente, siempre encontraba algún rastro de polvo.

¡Tú ni para pasar un plumero sirves!

Es que él revisaba todo. Porque es muy perfeccionista. Pero cuando yo hacía las cosas bien, siempre me las reconocía.

¡Caramba, por fin haces una comida que te queda bien y no se te pasa de sal o se te quema! Yo sabía que era que le había encantado.

Cuando los niños crecieron y empezaron a tener novias y a salir de fiestas, como me aburría sola en casa, él me regaló un par de periquitos. Ahí empecé yo a querer a los pajaritos. Los dejé libres por la casa para que volaran y ellos, cuando me veían, enseguida se me subían en el hombro.

A él le molestaba que yo dejara los pericos sueltos porque decía que se cagaban en los muebles.

¡El sofá está lleno de chicuca! ¡Mira!

Pero no era verdad. Ellos entraban a la jaula y hacían allí.

Los pericos empezaron a tener periquitos y cuando acordé, tenía como treinta pericos. ¡Qué felicidad! Pero a él no le gustaron más.

¡Claro, como no es tu plata la que hay que gastar en alpiste! Yo trabajo sólo para mantener esos bichos.

Cuando rescaté al primer gatico, se enfureció. Me amenazó con irse de la casa. Yo en el fondo quería que se fuera, pero de qué iba a vivir yo, si él me dejaba. Temblaba sólo de pensar que me dejara sola y sin plata. Pero yo no podía dejar morir a ese pobre gato que habían atropellado. Lo llevé al veterinario y lo curaron. A escondidas de él pagué la clínica. Resultó ser hembra y estaba preñada y parió tres gatitos.

Él se puso fúrico. Me dijo que no me iba a dar dinero para mantener tantos bichos, pero yo le dije que si mis animales se morían yo me moriría también.

Él es muy estricto. Pero me quiere mucho y, a regañadientes, me dejó quedarme con los gatitos. A veces me regaña duro. Pero jamás me ha levantado la mano. Me regaña porque yo soy muy tonta y se me caen las cosas de las manos. Se me olvida apagar la cocina. Él tiene razón. Yo tengo que poner más cuidado en lo que hago. Pero me distraigo. Y él se pone muy bravo.

¡No eres más bruta porque no entrenas!

Es que él es tan perfeccionista.

Algunas veces pensé en dejarlo. Irme. Hace mucho que ni siquiera dormimos juntos, pero yo no me puedo ir porque yo no sé hacer nada. ¿De qué voy a vivir? Yo soy tan inútil. Él tiene razón. Siempre me ha dicho que si yo lo dejo, me muero de hambre, porque no sé hacer nada.

¡Te mueres tú y se mueren tus bichos!

Tal vez si le hubiera hecho caso a aquel joven que me pretendía. Un muchacho compañero de él en la universidad y que venía a enamorarme cuando él estaba dando clases. Pero yo no fui capaz ni de darle un beso. Me daba pudor. Cuando pensaba que iba a dar un paso más, me acordaba de mamá, veía a papá mirándome serio y diciendo que las muchachas se casan para toda la vida. ¡Hasta el cura Panchito se me aparecía dando sermones y leyendo la Biblia! Y no me atreví a darle ni un piquito.

A veces pienso que fui muy tonta. Pero me daba pavor además que él se enterara. Al final, el muchacho se cansó y no volvió a buscarme. Y yo me quedé con él. Sí, me regaña porque soy bruta, pero siempre me ha querido y tratado bien. Nunca me pegó. Y aunque con rezongos, siempre me da para mantener a  mis animalitos, que son lo único que me alegra la vida. ¿Pasó la tarjeta? Ay, discúlpame que me puse a llorar, pero es que me pongo muy nerviosa porque los gatitos no me dejan dormir, llorando por la comida. Y yo ya no sé qué hacer. El Friskies cada vez está más caro y mi marido me regaña porque yo prefiero comprar la comida para los animales antes que comer yo. Esa plata era para comprar un kilo de Harina PAN para las arepas, pero yo no puedo pasar otra noche sin dormir escuchando a mis gatitos llorar de hambre.

Seguro que él me va a regañar cuando sepa que compré comida para gatos. Deme la factura, por favor, porque tengo que rendirle cuentas claras de en qué gasté. Es que él es tan estricto. Mañana vengo a ver si puedo comprar otro medio kilo y el alpiste para mis periquitos. Ojalá y él me dé el dinero, aunque me regañe. No importa. Yo sé que me va a regañar porque a él no le gustan mis animalitos, pero mientras me dé la plata, no me importa que me regañe. Él tiene razón, es que yo soy tan inútil, tan torpe, tan nerviosa. Por eso es que él se molesta y me riñe. Él es tan severo y perfeccionista. Discúlpame, es que soy muy nerviosa y tenía que llorar. Mañana vengo. Es que me pongo nerviosa porque los gatos lloran y mi marido es tan estricto.

Mata el caracol, una novela de Milagros Mata-Gil

20 enero, 2017 § 1 comentario

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Mata el caracol de Milagros Mata-Gil es un rompecabezas. Esa es la sensación que uno tiene a medida que avanza en la envolvente escritura en la que cada palabra parece estar en el sitio justo y en el momento adecuado.

Pero el rompecabezas es como aquellos pequeños juegos de plástico en los que aparecía una imagen desordenada, con un trozo de la imagen en cada cuadro y un espacio vacío que permite ir desplazando las piezas en el tablero hasta conseguir ubicarla en su lugar y, al final, obtener la imagen oculta.

Es como la trama de una fotografía cuya imagen está compuesta por múltiples pequeñas fotografías y que al observarla desde lejos nos ofrece con nitidez la imagen global.

Mata el caracol es la búsqueda del padre, pero no como un hombre, sino como un origen. Es un viaje a los inicios. La reconstrucción de una familia desperdigada a lo larde los años. Es un recorrido contado con múltiples voces a través de la experiencia vital de los personajes.

Así, la voz del narrador muta, pasa de un personaje a otro. Ora es la abnegada sobrina que cuida al viejo Mata, ora es la voz poética y desquiciada del padre con aterosclerosis y demencia senil que desvaría en su habitación y, otras veces la voz de quien encuentra en un viejo escaparate las anotaciones que la cuidadora dejara guardadas en perfecto orden para que, al ser encontradas, tirasen de ellas como quien tira del hilo de una madeja para desenredarla.

Milagros Mata-Gil demuestra en este corta novela su maestría con el lenguaje, su habilidad para manejar los tiempos y una especial capacidad para darle a cada personaje su propia voz y estilo, con lo cual, a leer una parte del texto, sin necesidad de que esté especificado de quien se trata, el lector identifica con facilidad la voz de quien en ese momento tiene a su cargo el hilo de la narración.

Uno comienza a leer Mata el caracol, y como en una espiral de remolino la historia lo va arrastrando, lo seduce y conduce hasta que al final uno tiene en la mente un perfecto mapa de lo que fue la vida del viejo Mata y de sus descendientes. Un mapa que encajaría perfectamente en lo que podría llamarse literatura transgénero pues pasa de la prosa al poema y, por momentos parecieran escenas de una pieza de teatro. Milagros demuestra una maestría especial para pasar de un género al otro sin perder el ritmo, el tono y la calidad de la escritura.

Como la novela no se encuentra disponible en quioscos o librerías, me permito dejar por aquí el link para su descarga gratuita on line en PDF o para Kindle o epub para quienes quieran disfrutar de una buena historia, bien narrada y armada.

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Desenraizado

12 enero, 2017 § Deja un comentario


El cielo me aplasta
la tierra me expulsa.

Morir con las raíces en el aire
Como un árbol de carretera
Erguido y seco

Que se niega a caer
viendo la vida seguir de largo.

Buen 2017

1 enero, 2017 § 1 comentario

Comer no es alimentarse
Tener una pareja no es tener amor.
Conocer muchas cosas no es ser sabio. 
Dormir no es soñar. 
Acostarse no es descansar

Andar no es avanzar
Estar sano no es tener salud
Estar alegre no es ser feliz

Sobrevivir no es vivir.

Qué el 2017 nos alimente el cuerpo y el espíritu
Nos llene de sabiduría 
Nos abrase con el fuego del amor
Y nos encuentre saludables

Nos permita soñar y realizar los sueños
Nos permita avanzar en paz y alcanzar momentos de felicidad.

Qué las penas que nos traiga sean las justas
Qué podamos por fin vivir
Y no sólo sobrevivir. 

Un buen 2017 para todos. 

Qué nos sea leve.

¿Dónde estoy?

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