Trato y retrato, memoria de un país en 120 imágenes

30 abril, 2017 § 1 comentario

Recorrer la muestra “Trato y retrato” de Carlos Germán Rojas es pasearse por una importante parte de la historia del país. Es un acto de reconciliación con el gentilicio venezolano. Es reconocer en esos 120 retratos de artistas plásticos y fotógrafos el país que fue, la Venezuela que esta república bolivariana implantada a sangre y plomo ha pretendido borrar para instaurar un país —un no-país— lleno de improvisación y artistas forjados en el afán de pasar la aplanadora y arrasar con la historia para hacer creer que antes de la revolución no había nada.

Los retratos de Carlos Germán Rojas, casi cuarenta años haciendo un registro de artistas y creadores, nos muestran esa Venezuela que aún subyace bajo el estercolero de artistas y obras panfletarias e impuestas desde el poder para intentar reescribir la historia del país a partir del criterio de arrasamiento de la historia real e imponer una historia de artificio con símbolos y códigos que se adapten al sentido de dominación y hegemonía que encarna el proyecto castro chavista que ya va por dos décadas.

“Trato y retrato” es escarbar, cavar en la memoria, reconocernos en unos rostros que hicieron el mundo artístico y que aún sigue resistiendo a pesar de la intención del régimen de hacer borrón y cuenta nueva.

Las fotografías son en blanco y negro y cada imagen muestra la esencia de cada personaje retratado a través de una gama infinita de grises, encuadres cerrados que nos permiten descubrir parte de los atributos y tendencias del artista fotografiado. Cada imagen muestra el pequeño mundo creador del artista, parte de su obra y, con las poses y miradas, nos señalan cómo es el retratado. Pero, también la esencia de Carlos Germán se revela en las fotos cuando juega con los grises, con las texturas, con las líneas que conforman todo un juego geométrico entre rectas, paralelas, perpendiculares, ángulos y diagonales, remitiendo al observador a los primeros escarceos del fotógrafo con el dibujo y la pintura geométrica en la que incursionó antes de dedicarse por completo a la fotografía para hacer un enjundioso registro de artistas y obras.

Son casi cuarenta años de fotografías, 120 creadores captados por el particular ojo de Carlos Germán, pequeñas piezas que al verlas en conjunto nos revelan el país que fue. La Venezuela que está oculta bajo estos escombros de revolución, bajo esta montaña de olvido y sangre del socialismo del Siglo XXI. Los artistas fueron captados en su mayoría en sus espacios de trabajo, en sus talleres. Son fotografías sin artificios, sin imposturas. Sólo el artista, su mirada, su gesto, parte de su espacio o de su obra, y el ojo de Carlos Germán que traslada a la imagen el conocimiento, tanto de la persona fotografiada —el trato—, como su capacidad para reflejar en la captura ese conocimiento del artista fotografiado —el retrato—.

A partir del 2005, el fotógrafo da el salto de la fotografía analógica de rollos de negativos, cuartos oscuros, químicos y revelados, a la fotografía digital. Per,o Carlos Germán mantiene su firma en cada imagen. En los encuadres, en la gama de grises que se empecina en mantener, en las líneas y figuras geométricas que continúan formando parte importante de la imagen y se las ingenia para intentar mantener ese grano en la imagen que sólo se consigue con la fotografía analógica.

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La exhibición cuenta con un hermoso libro en el que se reúnen los 120 retratos impresos en papel glasé y con textos de Douglas Monroy y Antonio López Ortega. La muestra es una selección de un trabajo mucho más amplio que consta de más de 300 retratos de artistas venezolanos y sus obras captados por la lente de Carlos Germán durante 40 años. Es un importante registro histórico que debe ser atesorado por cada venezolano.

IMG_20170430_213716Los jóvenes de este país, los venezolanos de menos de 30 años, no deben dejar de ver la muestra que estará exhibida en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo hasta mediados del mes de mayo. Para todos los venezolanos es un registro importantísimo el realizado por el fotógrafo, pero en especial para aquellos que han crecido en la Venezuela chavista y bolivariana, a quienes les han pretendido hacer creer que antes de este caos y este panfleto cotidiano que vivimos no hubo nada. Como bien señala López Ortega:

“Hay allí una historia de la plástica nacional —sus protagonistas, sus testigos, sus hacedores—, que termina imponiéndose sobre la otra historia forjada, esa que se afana en afirmar que nunca hubo nada. Muy al contrario, esta es una exacerbación, un conglomerado, un tejido poderoso de señales, avenimientos y propósitos. Historia forjada a punto de esfuerzo, tenacidad, talento y verdad creadora. Nuestros grandes maestros, nuestros innovadores, nuestros visionarios, nuestros valores emergentes, nuestros soñadores.

(…)

Cuando un país se hunde, se desdice, se deshace, se niega a sí mismo, volvemos la mirada hacia lo que crean los artistas: allí se descubrirán claves para entender lo que de verdad ocurre. Los mejores sensores de una sociedad son aquellos capaces de extender sus antenas para medir si los gestos son añoranza de vida o si los actos son preludios de la muerte. Donde la sociedad es inconsciente de sus males, ya los artistas navegan midiendo las cargas de profundidad”.

Más allá de este caos en el que estamos sumidos, bajo los escombros del país que vivimos, aún permanece intacta la memoria de una Venezuela grande, creadora, creativa, y de eso consta “Trato y retrato”, es el registro del país que fuimos y que, sin duda, podemos volver a ser. Las imágenes que nos regala Carlos Germán Rojas son una parte importante y esencial de la memoria del país, de aquella Venezuela que está prohibido olvidar.

 

 

 

Textículos del revolucionario 15

23 abril, 2017 § 1 comentario

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“Hay que ver lo llena de odio que está la oposición. Tiene razón Nicolás. Sólo una gente llena de odio puede lanzarse a un río lleno de mierda para que los medios vende patria y de la ultraderecha mundial saquen fotos y digan que están “huyendo de la represión del réeeeegimennnn”. Lo hacen con toda la mala intención porque todos esos que saltaron al río saben muy bien que esas bombas lacrimógenas no matan a nadie. Dan un poquito de ardor y náuseas pero no matan. No, pero esos desgraciados prefieren tragar mierda de El Guaire, antes que aspirar un poquito de gas del bueno. Sólo los mueve el odio. Lástima que el comandante supremo y eterno, a pesar del realero que le metió no pudo limpiar ese río. Es que claro, la gente empezó a comer más con la revolución y por lo tanto caga más y no hay manera de que se pueda limpiar tanta mierda. Pero, a ver qué habrían hecho si el río estuviera limpio, capaz cagan ellos y se embarcan nada más que para las fotos ”.

***

“Estos escuálidos de todo hacen un drama. Sale un coño exhibicionista desnudo, como aquel Loco Hugo de Cheverísimo, y ataca con su impúdica desnudez el honor de la Guardia Nacional, y hasta se sube encima de una tanqueta para que lo vean bien, y de una vez salen todos compungidos a decir que pobrecito, que el réeeeegimennn lo maltrató. ¡Hasta lo comparan con la Niña de Napalm y todo! Y muestran su espalda que más parece picada de zancudos que herida por perdigonazos, porque los efectivos, como siempre, se midieron para no hacerle daño. Después, salen horrorizados porque los Guardias Nacionales no atendieron al epiléptico y lo dejaron en la calle. Hasta Capriloca salió a hablar güevonadas. ¡Pero si la culpa de que esos efectivos hayan tenido que salir pirados la tienen los mismos escuálidos! Si no estuvieran jodiendo en las calles y llamando a golpe de estado, esos guardias no hubieran tenido que correr a reprimirlos y no habrían abandonado al muchacho. Mucho hicieron con quedarse ahí con él hasta que dejó la tembladera”.

***

“Ja, ja, ja, estos escuálidos golpistas ya no hallan qué inventar. Si Chávez los tenía locos, el presidente obrero los tiene re locos. Se lanzan al Guaire, se desnudan, sacan niños a los que les dan premios de comida como a los perritos entrenados. Pagan un poco de malandros para que vayan a los barrios a crear disturbios y salen con el rabo entre las piernas y balazos en la cabeza porque los colectivos defensores de la revolución de una vez se activan y los vuelven mierda. Uno pone las luces para el festival de teatro y de una vez inventan que son luces antiaéreas porque ya Nicolás va a salir huyendo. Ja, ja, ja. Si me he podido reír. Dígame con lo de los 500 mil dólares que le regaló Nicolás a Trump para los actos de su investidura ja, ja, ja. Eso les dio en la madre, porque les tumba de una vez el montaje ese de la guerra económica de la ultraderecha de que el país está quebrado y pasando hambre. Quién les va a creer esa vaina ahora. Y Nicolás, feliz porque humilló a Trump dándole limosna, para que aprenda que Venezuela se respeta. Toma este sencillito ahí, gringo de mierda, para que veas que no necesitamos tus dólares”.

***

“–Velga, culso, yo tuve que caele a peldigonazo a quemarropa al carajo ese. Yo taba ahí con mi casco, mi chaleco antibalas, mis botas, mi fusil, mi máscara antigás y, de pronto, veo al coño, media como dos metros, culso, negro como el teléfono de mi bisabuela, con el odio en los ojos que se me venía hecho una fiera pa’ encima, con el puño cerrao a atacame. ¡Violento el terrorista! Yo dije, si le da al escudo con esa arrechera que tiene capaj me lo palte y ¡zas! Le disparé su ráfaga de peldigones a la cara. Es que me cagué. Esos coños son muy violentos.
–¿Me lo vas a decí a mí, culso, que tuve en frente al tipo desnúo? Cuando yo le vi ese güevo, culso, y lo vi vení, dije: si me mete esa vaina en la boca me ahoga pa’l coño. Y ¡ra ta ta tá! le disparé sus peldigones. Es que yo le vi las ganas de matame a punta de güevo o con un coñazo en el casco con la Biblia que tenía en la mano. Y cuando se me subió en la tanqueta, ahí si me cagué polque dije: me va a brincá encima. Y el malparío me lanzó un peo que casi me ahoga. Me pió con arrechera er mardito. Ahí me puse la máscara pa’ lanzale gas del bueno pa’ que pasara el olor a mielda.
–Demasiao odio y violencia tienen esos coños que protestan, culso. Tenemos que tené cuidao”.

***

“Camarada, yo jamás pensé que en un cuerpo se pudiera acumular tanta maldad, tanto odio, tanta malignidad. Tú sabes lo que es que esos escuálidos desalmados y golpistas fueron, atacaron a un piquete de la Guardia Nacional, les robaron las bombas lacrimógenas y se fueron al materno infantil a gasiferar a los pobres niños hospitalizados para después decir que fue el réeeeegimennnn. Es que no tienen perdón de Dios. Menos mal que la ministra Delcy se adelantó y puso la denuncia y lo informaron por todos los medios porque, si no, más de un revolucionario ingenuo se cree lo de que el presidente obrero está mandando a reprimir sin piedad las protestas”.

***

“Ay, sí, ahora la toche vieja parada frente a la tanqueta es una heroína, qué valiente. Después le parten los huesos que deben estar como galleta de soda y dicen que el réeeeegimennnn maltrató a una pobre abuelita. ¿Valiente? Valientes los camaradas Nicolás, Jaua, Cilia, Tareck y Villegas que se atreven a salir de noche en la camioneta por Montalbán con todo ese poco de terroristas de la ultraderecha sueltos como locos, quemando y atacando con su odio imperialista. Ahí estaban ellos, sin escoltas ni casa militar, ni un coño. El presidente obrero conduciendo su camionetica. Trabajando sin parar. Seguro ahora salen los escuálidos a decir que esa calle la habían mandado a cerrar para hacer el vídeo y que detrás traían un batallón custodiándolos, porque ellos son así, montan esas mentiras y las lanzan a rodar por las redes. Como el montaje ese del graffiti en el muro, que se ve que fue pegao con saliva de loro. Ahí lo que dice es “Nicolás, presidente constitucional, Montalbán te ama“, porque yo pasé esta mañana por ahí y lo vi. No hice foto porque venían unos tipos en una moto que se veía que son de esos que pagan José Guerra y Guanipa para robar y saquear al pueblo, y el que me dio mi vergatario, no me va a dar otro si me lo roban esos violentos golpistas y terroristas”.

***

“¿Ven cómo es la derecha fascista y manipuladora? Su especialidad es desinformar al pueblo. Se fue el ministro a El Valle a la fiesta de los Claps, porque es eso, una fiesta cada vez que llegan las bolsas a las comunidades. Bueno, la gente en la calle aplaudía, bailaba, cantaba, feliz con la llegada de las camionetas del Clap. En la acera la gente daba palmas y tocaban felices unas cacerolas en señal de alegría. ¿Y que hacen los fascistas? Montan el vídeo, le quitan el audio original y le montan otro en el que se oyen unos gritos de sifrinitos de Altamira lanzando insultos violentos contra la revolución. En la parte donde la gente gritaba contenta ’Llegó el Clap de frutas‘ le montaron unos gritos que decían ‘¡Fuera hijos de puta!‘ Es que son malos, perversos, manipuladores. Menos mal que Globovisión si informó bien cómo fue la cosa y mostró al ministro dando la información y desmintiendo a la derecha violenta y fascista.”

Textículos del revolucionario 14

22 abril, 2017 § 1 comentario

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“Bueno, camarada, ya el Defensor del Pueblo dijo clarito que tiene comunicación con las máximas autoridades para evitar el uso excesivo de la fuerza en el control de manifestaciones públicas. Él ya hizo su trabajo, pero la derecha golpista pretende que él mande a meter preso al piloto del helicóptero y a los que iban ahí lanzando bombas lacrimógenas desde el aire a los violentos que protestaban. De vaina no dice que hasta al ministro deberían procesar, porque es el primero en la línea de mando. Pero, si el mismo Tarek se los dijo, salgan a sus bailantas tranquilitos, no griten muy duro, y verán que los organismos de seguridad no les dan con furia. Bailen un ratico en la avenida y se van después para su playita y verán que no los reprimen. Pero, si se ponen a gritar, a sonar pitos con violencia, a agitar con arrechera banderas de Venezuela que son de los revolucionarios y de más nadie, pues es normal que los militares se engorilen y hasta les tiren a matar. Porque la revolución es pacífica y puro amor, pero no es pendeja y está armada”.

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“Velga, chamo, yo si decía, cuando veía que entrevistaban a esos terroristas, ¿qué les pasa es estos demonios? Están aceleraos, hipelventilaos, con lojojos rojos y llorosos, con la mirada vidriosa y ni se les entiende lo que dicen. Esa vaina no puede por esos humitos que les lanzan los gualdias polque eso no hace ni cosquillas. Menos mar que er ministro hoy en vetevé me aclaró la vaina. ¡Esos carajos lo que están es endrogaos. Se ponen hasta er culo de perico y se envalentonan y salen a desafiá a la autoridá. Yo sé, polque así me pongo yo cuando me meto el crack que le compro al diler que trae la merca de los sobrinos aquellos pa’l barrio. Me pongo bulda ‘e bruto, camarada, y lo que me provoca es salí a matá escualidos”.

***

“Luzneivy, ¿vistes qué emocionante fue ese desfile en San Félix? Yo primero escuché el acto por radio polque venía en er bús, pero estaba loca por llegá a la casa a poné vetevé pa’ velo polque no es lo mismo vé er desfile por radio que la imagen. Bellísismo, Luzneivy. Como decía la canción “Vamo a los cadetes en perfeita folmación”. Y ar finar, Luznaivy, qué emoción el cariño de la gente. Pasó el presidente obrero así, paraíto en su jeep, ¡Qué prestancia! Se me parecía al generalísimo Pérez Jiménez. Y la gente lanzándole flores al paso. Le gritaban “¡Papito! ¡Papito!” y más flores. Muy emocionante. El pueblo lo ama, Luzneivy, ¡LO A-MA!”.

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“Camarada, yo, de verdad, me quito el sombrero y le hago la ola al presidente obrero. Ese hombre no es sólo un estadista; ¡es un estratega! Ese cierre del desfile cívico militar en San Félix por el Bicentenario de Piar fue una jugada maestra. ¡Brillante! ¿Quién se va a creer ahora el embuste de que en este país no hay comida y que la gente dizque está comiendo de la basura? ¿En qué país con hambre un gobierno cierra un acto cultural lanzando huevos en lugar de fuegos artificiales? Es de verdad una jugada admirable. Se acabó el cuentico de que no hay comida en este país. Hay tanta, que hoy llovieron huevos. A lo mejor, la próxima, llueve café, como la canción de Juan Luis Guerra, para cerrarles bien la jeta a los escuálidos vende patria”.

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“Ay, no. De verdad que esos escuálidos están pasados de mamitas y payasas. Todo es una ofensa. Tan delicaditos ellos. No joda, si en la Basílica de Santa Teresa nosotros llegamos a rezar por el comandante supremo y eterno y a cantarle al Nazareno. ¿Qué culpa tenemos nosotros de que al curita se le enredara la faldita y casi se iba de jeta. Que use minifalda para que no se le enrede con los tacones la vaina. Ahora, la culpa es de nosotros. Ellos todo lo voltean para ponernos a nosotros como unos ogros”.

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“Yo a veces, camarada, quisiera poder meter el cañón del fusil que me dio la revolución por algún huequito del smartphone que me asignaron en el Clap, y empezar a matar ese poco de tuiteros y feisbuqñqueros de la ultraderecha que no hacen sino decir mentiras y montar ollas. No hay derecho a que generen tanta zozobra ¡Coño! La gente tranquila en la playa, disfrutando su Semana Santa con su birrita y su culito y vienen esos desgraciados a amargarles las vacaciones con puras fake news. Suben una foto de una tipa anestesiada en una camilla y con vías puestas en las venas y dicen “¡A está señora le lanzaron una lacrimógena a quema ropa y la asfixiaron!” y después uno se entera de que la foto es de una coña que aprovechó las vacaciones para ponerse 700 cc en cada teta. O ponen a un hombre medio muerto, rojo como un camarón “¡Pobre hombre! Le quemaron la cara con los gases” y resulta que era un tipo que se quedó dormido en la arena de la playa borracho después de dos días bebiendo. Ahora, les dio por decir que en Los Teques hicieron barricadas con las urnas del cementerio y fue que un pana de una funeraria donó unos ataúdes que tenían comején para hacer fogatas para espantar los zancudos patas blancas y prevenir el dengue y la chicunguya. ¡No hay derecho a tanta mentira. Ojalá bloqueen todas esas redes como hicieron con las televisores. Fíjate que ya ningún canal se pega a repetir el psicoterror, todos son misas y recetas con pescado para la Semana Mayor”.

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“Coño, camarada, yo estoy dispuesto a salir con mi fusil al hombro rodilla en tierra y en primera línea. Ayer pulí mi arma y estuve practicando, pero el culatazo cada vez que disparaba me lanzaba de culo contra el suelo y al levantarme se me caían los pantalones del uniforme. Camarada, es que el fusil pesa casi lo mismo que estoy pesando yo. He perdido 25 kilos desde que dejé de cenar, porque no tengo comida. Lo bueno es que, gracias a eso, tengo los teiglicéridos y el colesterol mamitas. Ya el estómago como que se me acostumbró y hasta duermo más y mejor. Pero, verga, camarada, con esta debilidad no creo que aguante mucho en combate. Yo con hambre y sin empleo, con Nicolás me resteo, pero ¿No será posible que la revolución me dé la mitad de las municiones y la diferencia me la entregue en arepas con carne?”

***

“Camarada, estos dolores en las piernas me tienen frito. No se si será reumatismo, pero en la madrugada me despierta el dolor en la pantorrilla y no me deja dormir. El médico del CDI me mandó a tomar Lyrica, pero esa vaina no se consigue por ningún lado, tú sabes, la guerra económica sin cuartel de los laboratorios que acaparan los medicamentos para que el pueblo se muera. La encontré bachaqueada, pero tendría que dejar de comer tres meses para poderla comprar a ese precio. Verga camarada, el día de la práctica con el fusil, sentía que la pantorrilla se me iba a partir con el peso del arma en el hombro. Pero, tranquilo, camarada, que ya tengo en la casa unas pepas de aguacate, ahora al llegar las pico en pedacitos y me preparo un bebedizo. Un primo, que vive en Táchira, me dijo que esa vaina es lo mejor para los dolores de huesos. Ni crean los laboratorios que van a poder con nosotros. Para eso tenemos la sabiduría ancestral de productos naturales. Ya vas a ver qué voy estar rodilla en tierra en el combate, disparando a los escuálidos de mierda. Que se vayan a vivir al imperio que tanto aman o se apronten para la guerra”.

De marchas y silencio

22 abril, 2017 § 2 comentarios

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I

Ese silencio
Es río turbulento
No calma, quietud.

II

Silencio blanco
Río de oración muda
Piden libertad.

III

Tengo un grito
Dice ¡Paz y libertad!
Puesto en mute.

IV

Los pies en marcha
voz apagada
El alma grita.

V

Al totalitarismo
No le gusta este silencio
Nos quiere gritando de terror.

VI

Ciudad silencio
Pies, marcha, paz
País que grita.

VIII

Silencio y marcha
Persiguen la libertad
Marcha y silencio.

IX

El silencio de hoy
Todavía retumba
En algún oído.

X

Del bosque blanco
llega un claro eco
árboles que marchan.

XI

Tap tap tap, el eco
pasos silenciosos
claman al cielo.

#19A en Maracaibo

19 abril, 2017 § 1 comentario

La noche del 18 dormí poco -casi nada- y mal. Pero, con ardor en los ojos y aún medio embotado por la falta de sueño, me levanté a las ocho de la mañana, saqué a pasear a las perras, desayuné y me vestí para salir a la marcha convocacada para todas las ciudades del país.
Una franela blanca manga larga y con capucha, una gorra, un short, zapatos cómodos, un rosario al cuello y un pote de agua con hielo. Ya a las nueve y pico llegaba a la Plaza de la República, lugar de concentración en Maracaibo para caminar hasta la Defensoría del Pueblo en el centro de Maracaibo.

El calor y la humedad eran sofocantes. Ya desde antes de arrancar a caminar, la franela y el pelo estaban empapados de sudor. La gente iba llegando por montones. En pocos minutos la zona estaba a tope de manifestantes y cerca de las diez empezamos a andar.

Las consignas eran las mismas de otras marchas: “Y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer”, “Y ya cayó, y ya cayó…”. Algunas nuevas como “Estoy mamao, estoy arrecho, pero igualito yo defiendo mis derechos”. Había mucha gente joven. Había gente mayor. Mujeres, hombres, gente pobre y gente rica. Yo, que he ido a muchas marchas y a muchas procesiones puedo decir que la asistencia a la marcha de hoy fue la más numerosa de todas las marchas a las que he asistido.

Nunca vi tanta gente caminar junta. Ni siquiera en las procesiones del Jesús de la Misericordia que es de las más grandes que se realizan.

Había banderas en gorras, en camisas, en leggins, pintadas en caras y manos. Banderas de Venezuela de todos los tamaños ondeaban en las manos de mucho manifestantes.

En la sede de Corpozulia, detrás de la imagen del difunto Chávez, el régimen apostó sus sapos. Se escondían tras hojas blancas de papel y cámaras, es que ser sapo nunca ha sido un orgullo ni como para exhibirse. Tomaron fotos y vídeos. Seguramente mostrarán sólo los huecos y la cola de la marcha en los medios que controlan para hacer creer a quienes siempre engañan y se dejan engañar que eran cuatro gatos; pero ellos saben y los que marchamos sabemos que esta fue la mamá de las marchas.

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Después de poco más de una hora andando, llegamos a la meta. El río de gente no paraba. Cada vez llegaban más manifestantes. Cuando decidimos desandar el camino, aún seguía llegando gente.

Ya listos para el regreso, hubo disturbios. A lo lejos, se elevaba la nube de gas lacrimógeno. En el sitio donde me encontraba apenas llegaba el coletazo de los gases. Un químico tan fuerte que inmediatamente me hizo sentir ardor en los ojos y labios y náuseas, a pesar de apenas percibir una nada a lo lejos.

En el camino de regreso vimos como se dirigían al sitio de concentración varias motos. La gente que caminaba a mi lado, inmediatamente los identificó como colectivos violentos. Pero no mostraron miedo. Mientras las motos pasaban, algunos de los que caminaban los abucheaban y pitaban. A pesar de las amenazas en cadena del presidente la noche anterior hablando de la aplicación del Plan Zamora, la gente no sólo salió a marchar, sino que demostró que perdió el miedo.

Al llegar a casa, me enteré de que la represión en otras ciudades del país fue brutal y que en Caracas un colectivo violento le voló los cesos de un disparo a Carlos Moreno, de 19 años y en San Cristóbal, también con balas de colectivos violentos afectos al régimen quedó en el pavimento Paola Andreína de 23 años quien estaba caminando y haciendo fotos.

Mientras termino de escribir estas líneas, escucho hablar al “Defensor del Pueblo” quien dice lamentar esas muertes pero no puede dejar de mostrar su afecto al régimen al decir que había una expectativa creada de que la represión iba a ser brutal y, según él, no fue tal. Lo que no dice es que quien generó esa matriz de opinión y de temor fue el mismo régimen al exhibir en cadena nacional a las milicias que son inconstitucionales porque fueron rechazadas en un referendum -cosa que al Defensor no parece inmutarlo- y al anunciar Nicolás, a pocas horas de que se desarrollara la convocatoria, el nuevo Plan Zamora que a todas luces era la amenaza de reprimir a los manifestantes con esas milicias inconstitucionales a las que el presidente ofreció entregarles miles de fusiles y las fuerza represivas del Estado.

Los ciudadanos marchamos para que se respete la Asamblea Nacional, se designen constitucionalmente los poderes como los rectores del CNE y los miembros del TSJ y por el derecho a votar y a elegir por el voto a nuestros gobernantes. La violencia, como han demostrado con imágenes y amenazas en cadenas de medios, se sabe de dónde viene.

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Pérdida

16 abril, 2017 § 2 comentarios

De niño,
no existía la noción de país.

Había unos columpios
para llegar a las nubes.

Había un sendero sinuoso
con yerbas, espigas y flores
a su vera
para llegar al río.

Había ocho cuadras
hasta el cuarto grado del colegio
para llegar a Lola, la de grandes pechos.

Había una plaza inmensa
con almendrones y mamones
para llegar a jugar “La lleva”.

Había un camino de tierra
para llegar a la melcocha tibia
del trapiche.

Ahora,

Los columpios oxidados chirrían;
ya no vuelan.
El sendero es avenida que vació el río.
Los pechos de Lola se secaron.
La plaza cría maleza y se quedó sin niños.
La melcocha se amargó.

Ahora sé lo que es un país,
porque lo perdí.

El libro de Sísifo

15 abril, 2017 § 1 comentario

Sísifo

Sísifo Hernández entró en una librería y sobre un anaquel, junto a Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar y El Túnel de Sábato, medio escondido, encontró un ejemplar de su novela. Aquella primera novela publicada casi treinta años atrás.

Luego de comprobar que la traducción de Memorias de Adriano era la realizada por Julio Cortázar, se lo colocó bajo el brazo izquierdo para, con ambas manos libres, tomar su libro y ojearlo.

Se volvió a sorprender de ese primer párrafo como  se sorprendió cuando lo escribió y seguía sorprendiéndose cada vez que lo leía. Era como si lo leyese por primera vez. Como si no lo hubiese escrito él.

Siempre le sucedía lo mismo cuando por casualidad se tropezaba con su  obra. Leía y la historia le parecía nueva y ajena. Sísifo nunca buscaba intencionalmente encontrarse con ese libro. Él se le aparecía de repente, como un fantasma.

Continuó parado junto al estante, leyendo su novela; indiferente al entrar y salir de gente a la librería. Incapaz de reconocer su propia escritura en esas páginas, como  siempre le sucedía con esa novela que parecía una maldición. Desde el mismo momento en que la publicó, había olvidado por completo todo lo que durante mucho tiempo escribió. Entre más tiempo transcurría, más le parecía un texto completamente nuevo y extraño.

Fue saltando algunas páginas y deteniéndose en otras. Nada le parecía conocido. Apenas lograba identificarse con su nombre impreso en la esquina superior izquierda de las páginas pares.

Se sentía un poco ofuscado. Le molestaba no recordar la historia de su propia novela. ¿Por qué ese libro siempre lo descolocaba?

De salto en salto, llegó al final con la sensación de haber conocido una nueva historia. Dejó el libro sobre el estante y fue a la caja a pagar Memorias de Adriano, sin percatarse de la mirada entre atemorizada y de censura que le lanzaba la dependiente. Luego de observarlo en la librería por más de dos horas, la mujer ya se sentía inquieta y molesta con su presencia.

–¿Le gustó el otro libro?

Preguntó la mujer con tono irónico.

–¿Lo ha leído usted?

Respondió él, preguntando sin percatarse de la ironía de la mujer.

–Seguro. ¿Por qué no lo lleva usted para que lo lea con calma en su casa –recalcó el “en su casa”–. Está en oferta.

–No. Prefiero volver a leer Memorias de Adriano que ya sé de qué va.

–El de Sísifo Hernández es realmente interesante. Es la historia de un hombre que olvida lo que escribe y cada vez que lee su propio libro le parece nuevo y cada vez que intenta escribir un libro nuevo, escribe el mismo.

–¿Me cobra, por favor? Tengo prisa.

Dijo Sísifo irritado al no reconocer nada de la reseña que la librera le acababa de hacer sobre las páginas que un instante antes había terminado de leer.

¿Dónde estoy?

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