Diálogos de aguas

11 noviembre, 2019 Comentarios desactivados en Diálogos de aguas

A esas mujeres venezolanas
que se bajaron de los tacones
después de los 50 años,
se arremangaron las mangas y,
sin que se les cayeran los anillos
le echan un camión
de ganas a la vida.

Aquí estoy de nuevo, madre. Como tantas tardes, frente a este mar. Hoy, salí del trabajo y dije: ‘Me apetece ir a echar una conversaíta con mamá’. Me mola venir a La Barceloneta y sentarme cerca de la orilla a hablar contigo, mientras se pone el sol.

Me acomodo en mi silla de extensión y veo las olas venir hasta la orilla, como cuando me iba a escondidas de ti, a sentarme a leer frente al lago en Isla Dorada. Sabía que me regañarías, pero esas dos horas a solas, leyendo mientras el lago rugía en la orilla; bien valían la pena. Aquí escucho el murmullo del agua y pienso que es tu respuesta, que me llega desde la otra orilla del océano.

Son los marullos del lago, me digo. Que aquí son olas. Descifro los susurros que revientan en la playa para entablar mi diálogo y te imagino, sentada en la Vereda del Lago, mamá, conversando conmigo a través del agua, que nos separa y nos une a la vez. Como el idioma, que, a veces, nos incomunica con sus diferencias y que ahora mezclo inconscientemente.

Al hablar, mamá, soy de aquí y soy de allá. Y no soy de ningún lado.

Me mola es que me gusta, mamá. Y a los bluyines les dicen vaqueros.

Hoy tendría que contarte que tengo varios días sin dormir bien. Que me cuesta conciliar el sueño. Me revuelvo entre las sábanas. Siento como un desconsuelo en las piernas. Nunca he podido explicarle a los españoles lo que es el “desconsuelo”, mamá. Al final, me duermo cuando el sueño me vence, cuando ya tengo que levantarme para ir al curro.

Desde hace un tiempo, cuando logro dormirme, me despierto sobresaltada por las pesadillas. Siempre a la misma
hora, a las cuatro de la madrugada.

Tú me zarandeas, mamá. Me dices: ¡Levántate, tenéi que ir al colegio!¡Dejá de perder el tiempo en juegos y estudiá pa’ que seáis alguien! ¡Hacé las tareas, a ver si aprendei todo lo que te enseñen, pa’que no te quedéi burra, como yo!

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

Cada noche una advertencia nueva. Despierto con la sensación de que el futuro me cobrará algo que aún no sé qué es. Tal vez, esto que estoy viviendo, ya es ese futuro .

Algunas noches, ¿puedes creer?, Me despierto nerviosa, ansiosa. En el sueño, llego tarde a un examen en la universidad. O estoy desnuda en medio del salón de clases, sentada en una poceta –Váter, le dicen aquí, mamá–. No me puedo concentrar en el examen, porque estoy pensando en cómo limpiarme y levantarme sin que me vean. Me despierto entonces inquieta, descolocada, anhelando un poder, algo que me haga invisible. Sé que estoy despierta ya; pero, en la vigilia, persiste el deseo onírico de desaparecer.

El último sueño con el que me desperté, azorada, me dejó un desconcierto que me agobió toda la mañana: Vivía en Maracaibo y en la sala de la casa estaba sentado un hombre desconocido. Tú mirabas al tipo, mamá, y luego me mirabas a mí con esa mirada tuya que dice Vais a ver cuando estemos solas. Entonces, lo identifiqué, era uno de los vecinos del edificio donde trabajo, aquí en Barcelona. Ahora me ha dado por llevarme, en los sueños, a todo el mundo para Santa Lucía, mamá. Bueno, tú te acercabas y me decías entre dientes:

¿Qué estáis haciendo con ese hombre que no estáis estudiando?

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

Yo empecé a temblar en el sueño, mamá. Trataba de explicarte que a ese hombre no lo conocía, que no entendía cómo se había metido en mi pesadilla, si yo lo conocería muchos años después. Quería explicarte lo de la línea del tiempo, decirte que parecía que ese hombre venía de otra línea, que parecía una historia paralela. Que era el futuro que venía a advertirme de algo. El hombre decía que tenía que pagarle una deuda. Tú me gritabas fúrica: ¡Yo soy bruta, pero no pendeja! ¡Págale de una vez para que se vaya! Desperté con los ojos enchumbados de lágrimas.

No sé mamá. No tengo claro desde cuándo ocurren esos sueños. Tengo ya algún tiempo así. Sé, de seguro, que más de un mes. Porque empecé a tomar Atarax para poder dormir y ya terminé la primera caja. Compré la segunda hace dos días, aunque siento que no me hace nada.

Qué bellas se ven las gaviotas planeando contraluz…

Coño, mamá, no me agobies. ¡No me estoy haciendo la pendeja! Yo sé que no te mandé plata esta semana. Es que el señor que me compra los euros a buen precio, no estaba comprando; pero ya me avisó que a partir de la semana que viene, vuelve a comprar.

¡No creo yo que te estéis muriendo de hambre! Unos días podrás aguantar con lo que te mandé la semana pasada. Además, a mí tampoco es que me están regalando aquí el dinero. Tengo que currar como una negra, para poder mandarte esos 50 euros semanales.

Trabajar, mamá. Aquí, al trabajo le dicen curro y a trabajar, currar.

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

No mamá, no te estoy echando nada en cara. Sabes muy bien que lo hago con todo mi amor y dando gracias a Dios porque puedo hacerlo. A fin de cuentas, para eso fue que me vine hace cinco años. Para trabajar y mandarte dinero para que puedas aguantar el aguacero de la revolución.

Sí, mamita, yo sé que tú te sacrificaste mucho para darme a mí una educación. Viví tus desvelos. Tus días cosiendo ropa ajena, de madrugada, o haciendo hallacas y pasteles para vender. No me estás contando nada que no sepa.

¿Sabes, mamá? Generalmente, te recuerdo pegada a la cocina, día y noche, para poder mantenernos a mí y a mis hermanos. O dejando el lomo en el fregadero lavando ropa de otros y planchando. ¡Cómo olvidarme de eso! Si lo vivía diario y tú te encargabas de recordármelo cada vez que sacaba notas menores de 16 puntos! A ver si te ponéi las pilas y estudiáis con fundamento! Yo, dejando aquí el lomo trabajando y vos me venís con un 15 en el boletín, cuando lo único que tenéi que hacer en la vida es estudiar. Vos sabéi que esa es tú única responsabilidad. ¡Estudiá pa’ que no terminéi lavando y limpiando baños o barriendo calles! Yo quiero que seáis alguien y no una burra como yo”.

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

¿Ves? No me he olvidado, mamá. Nunca podré olvidar tus manos arrugadas de tanto tenerlas en el agua, lavando montañas de ropa. Esas manos que me avergonzaban con sus uñas comidas y que ahora se me aparecen, cuando miro las mías. No olvido tus madrugadas friendo pasteles desde la cuatro para llevarlos al cafetín de Pascual…

De no ser por todo eso, no me habría graduado de periodista.

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

Ay, mamá, ¡el día de mi grado! Nunca te lo dije, pero qué feo era ese vestido de lamé dorado que te hiciste para el acto. Era muy feo, mamá. Pero tú estabas tan feliz. Tan orgullosa. Que para qué te iba a amargar el día diciéndotelo. O peor, amargarnos a las dos con una pelea por esa tontería. Tú estabas feliz y yo estaba feliz. No importaba el olor a pachulí que te pusiste, ni esos talones callosos que se asomaban en las sandalias que, para rematar, te quedaban pequeñas.

Un día voy a traer el álbum de fotos para que nos matemos de la risa. Se te salieron las lágrimas al verme con la toga y el birrete ¡Chica, echa pa’llá que se me arruina el maquillaje que me hizo Calicchio y me costó un billete!

Ahora, lloro de la risa al recordar. Y cuando me llamaron y dijeron que me graduaba con honores y empezaste a aplaudir como loca, Señor,
te pido un tsunami en el lago que la desaparezca. Si no se le caen las manos de tanto aplaudir, yo misma se las voy a cortar.

¡Summa Cum Laude!, querías contarle a todo el mundo que tu hija se graduó Summa Cum Laude; pero no sabías ni cómo se decía esa vaina y yo quería, entonces, desaparecer.

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

Sí mamá, yo sé que estás orgullosa de mí. Me lo dijiste muchas veces. Y si no me lo decías tú, me lo contaban las vecinas. ¿Viste, que mi Marisela ahora es máster? Yo te dije a vos, desde que ella era una niña, que llegaría lejos, Marlene. ¿Te acordái? Te lo dije el día su Primera Comunión? ¡Maginate, ya hasta empezó a trabajar en Panorama!

Marlene me lo contó, muerta de risa, días después de que tú pasaste frente a su casa restregándole mi éxito a todo el que se te cruzara en el camino. Yo me moría de vergüenza, mamá: Pero, ¿por qué mamá tiene que hacer el ridículo siempre? ¡Es que hasta a gente que no conocías le hablabas de tu hija, “la máster”!.

A mí todo me lo contaban mamá. Si en El Empedrao no guardan cobres, mucho menos guardan brollo, como dicen allá. Cuando me fui a trabajar en El Nacional, los vecinos me llamaban para decirme que tú no cabías en la casa ya, de tanto orgullo. Que estabas jochá.

¡Mi Marisela está trabajando en el Panorama de Caracas! Presumías, y yo sentía un ardor en los cachetes.

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

También me contaron que pegabas en la pared de la sala los reportajes míos y se los mostrabas a quien pasara por el frente. Quitabas el anterior y ponías el nuevo. ¡Hasta Hoyoeyuca me llamó una vez! Me reclamó que le habías armado un escándalo en el quiosco, porque no te guardó el periódico y tuviste que ir al centro a buscarlo.

Pero, a pesar de las vergüenzas que me hacías pasar, tengo que reconocer que tu idea de guardar cada reportaje, me ayudó mucho cuando escribí mi libro de periodismo. ¡Cuántas carpetas con mis trabajos encontré
cuando llegué a casa un diciembre! No te faltaba ni una sola de mis publicaciones. Esa también te la debo, mamá…

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

Ay, mamá, no vamos a hablar hoy de ese tema. Me duele la quijada de tanto explicarte que dejé el trabajo en El Nacional porque me ofrecieron un buen cargo en la Electricidad: ¡Gerente de Relaciones Públicas!

¡Yo no quería ser famosa, mamá! Tú eras la que te jactabas de mi fama. Yo quería hacer lo que me llenara y, en ese momento, el trabajo en la Electricidad me llenaba de satisfacción como ninguno. Además, el sueldo era mucho mejor que el de cualquier periódico y podía comprar la ropa de marca que me gustaba. Y regalarte a ti buenas marcas también. En año nuevo, parecíamos unos figurines las dos, como decías tú.

¿Tú crees que si no me hubiera gustado tanto hacer ese trabajo, lo habría hecho tan bien? Por lo bien que lo hice fue que me llamaron de PDVSA para la Gerencia de Prensa y Relaciones Públicas…

Eso era lo que me importaba a mí, mamá. Eso era, para mí, el éxito. Pero nunca lo quisiste entender. Tú querías una hija famosa.

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

¡¿Qué culpa tengo yo de que después pasara lo que pasó?! En todo caso, más culpa tienes tú, que votaste por Chávez y su revolución. Bastante que te lo advertí. Es militar y es golpista, mamá. No votes por él.

No, no te estoy echando la culpa a ti de lo que pasó. Aún si no hubieras votado tú por él, todo habría pasado igual, mamá. Nada sería hoy diferente. Él habría ganado de todas maneras y yo estaría hoy como estoy, exiliada y trabajando para poder mantenerme yo, y mantenerte a ti allá.

No, mamita. Muchos salimos de la industria y estamos fuera del país echándole pichón. No fui yo sola. Pero lo que me importa hoy, es que a ti no te falte de nada. Como dicen aquí. Que tengas tus medicinas, tu comida. Para eso curro como una loca.

Ja,ja,ja, sí mamá, curro como un burro. Ya captas el sentido de currar.

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

No, mamá, aunque lo he intentado, no he conseguido que me den trabajo en El País. Se llama El País, mamá. No el Panorama de España. Sí, quién quita. Tal vez algún día vuelva a trabajar en los medios. Por ahora, pues me conformo con mi empleo actual, que me da para vivir y ayudarte.

Mi trabajo ahora es muy tranquilo, mamá. A veces es duro, pero no tengo jefes encima diciéndome lo que tengo que hacer.

Sí mamá, de vez en cuando algunos se ponen borde –Fúricos, mamá. Borde es como fúrico–. Como Concha, la vieja del tercero derecha, que te conté el otro día. ¿Te acuerdas? Pero son los menos. Casi todos los vecinos son amables y nadie está supervisándome. No gano para lujos, pero: como bien, tengo techo y puedo mandarte tus cobritos.

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

Ojalá pudieras ver el atardecer de hoy aquí en la Barceloneta, mamá. No tiene nada que envidiarle a los que ves en ese inmenso lago. El sol se va metiendo en el Mediterráneo despacito. Sin hacer ruido. El mar engulle los azules, naranjas, rojos y violetas de la tarde y pronto, todo termina en una misma mancha negra. Cielo y mar son noche.

Ya debo despedirme, mamá. Cualquier tardecita de estas, vengo de nuevo conversar con vos.

¿Sabes, mamá? Ahora que lo pienso bien, los sueños inquietos como que empezaron el día en que Julieta, la niña del señor del piso quinto izquierda, salía cogida de la mano de su papá y le dijo: Mira papá, allí está Marisela. Yo iba cargada de bolsas inmensas de basura, mamá. La niña preguntó ¿Por qué lleva siempre Marisela la basura al contenedor y limpia la escalera? Él me miró con una mirada de lástima que no me gustó. De hecho, esa mirada me ofendió, mamá. Pero me mordí la lengua. Él le respondió a la niña, sin dejar de mirarme Porque ese es su trabajo. Es la conserje, mi amor, y los conserjes hacen eso y se les paga para que lo hagan.

Julieta le comentó a su papá que las bolsas se veían muy pesadas, que yo no podría con ellas, que si me ayudaban. Él dejó de mirarme y, viendo a su hija con una sonrisa condescendiente, le dijo: Ella puede, Julieta. Marisela es una mujer fuerte. Así es la vida, cariño, hay trabajos pesados que alguien los tiene que hacer. Por eso es que tienes que estudiar y ser una buena profesional; para que, de grande, no tengas que hacer esos trabajos pesados.

burra, como yo, burra, como yo, burra, como yo

¡¿Qué les iba a decir, mamá?! No, mamá, no me iba a poner a narrarles mi currículum. Ni a explicarle a la niña que el lumbago me estaba matando ese día. Yo sólo la miré y le dije: Tu papá tiene razón, Julieta. Tienes que estudiar mucho. Estudiar y ser la mejor. Estudiar para que de grande tengas un buen trabajo y puedas comprarte los vestidos y los zapatos y las carteras que te gusten. Estudiar, para no quedarte burra, como yo.

Golcar Rojas
Madrid, noviembre de 2019

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