En nombre de los pobres de Ángela Zago

18 enero, 2016 § 3 comentarios

 

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En nombre de los pobres fue la excusa de la que se valieron Chávez y su séquito de resentidos ambiciosos de venganza y riquezas para llevar a Venezuela al estado de ruina y miseria en el cual se encuentra. Y “En nombre de los pobres” —con un pequeño paréntesis al pie en el que se lee «(Los multiplicamos)» es el título con el cual identifica Ángela Zago su libro de más de 500 páginas en el cual nos relata cómo vivió ella los años desde 1999, en el cual formó parte de la Asamblea Constituyente hasta el 2002, año en el cual, por pocas horas, llegamos a pensar que la pesadilla había terminado.

«En nombre de los pobres» es en parte un mea culpa. Es el relato de una traición, de varias traiciones. Es una urgencia, tal vez por eso no tiene pie de imprenta, no hay editorial, lo que me hace pensar que Ángela Zago no tenía tiempo para buscar quien le publicara su testimonio y decide financiar ella su proyecto, con tanto apuro, que el libro está plagado de gazapos, de dedos mal metidos. Es evidente que hizo falta corrección, pero tal vez había apuro y al final, esas pequeñas pifias no restan un ápice a lo ameno de la lectura y a lo importante y trascendente del relato.

«En nombre de los pobres» es el cuento de una decepción, de otra decepción más. Es un libro que parece ser la forma que encontró la periodista y profesora para exorcizar un poco los demonios que la podrían haber atormentado por haber acompañado en sus inicios —como muchos otros periodistas, artistas, intelectuales, políticos, empresarios del país— a Chávez y haber colaborado para que llegara a ser presidente de Venezula. «En nombre de los pobres» es el testimonio de un arrepentimiento.

Como queda claro al terminar de leer el libro, Ángela Zago pecó por creer y por hacer. Como bien lo dice, ella actuó porque es una mujer de acción. Conoció a Chávez y a los militares golpistas del 4 de febrero y les creyó su discurso —como gran parte del país— de que se habían levantado en armas por la justicia, en contra de la corrupción, en contra de la violación de los Derechos Humanos… Les creyó y actuó. Otros sólo fueron y votaron por Chávez, otros tal vez convencieron a algunos vecinos y familiares de votar por él. Ella, ex guerrillera, ex comunista y habituada a actuar, acompañó a Chávez e hizo lo que pudo para que llegara a la presidencia con sus reivindicaciones.

Poco tiempo necesito la periodista para darse cuenta de adónde iría a parar todo el discurso de igualdad, justicia y reivindicación de Chávez. Pero ya era tarde. Ya era Presidente y ahora, le tocaba actuar en consecuencia y hacer lo posible porque dejara de serlo. Y lo hizo.

La única vez que he visto en mi vida a Ángela Zago, fue en su casa. En esa quinta Catauro que sería su refugio en la jubilación como cuenta en el libro. Allí llegué de arrocero —llevado por Mercedes Vázquez— a un cumpleaños de Napoleón Bravo, su famoso esposo, uno o dos años antes de que Chávez ganara las elecciones.

La Zago me pareció una mujer amable, sencilla, buena anfitriona. Compartí muy poco con ella, pero nunca olvidé unas palabras que dijo en algún momento de la noche sentada a mi lado. Hablando del país y de la pobreza, comentó que Caracas estaba rodeada de gente pobre, de miseria, por todos lados y se refirió a la necesidad de que esos pobres fueran atendidos con urgencia porque cada día eran más y las urbanizaciones de clase media alta como la de ella y de la clase alta estaban completamente rodeadas, y no quería pensar en lo que sucedería si un día esos cerros decidían bajar a atacar las urbanizaciones.

Supongo que con esos pensamientos en mente, la periodista un día le compró el discurso reivindicativo a los golpistas, los apoyó y ayudó a ganar las elecciones para que dieran atención a esos miserables que podrían llegar a ser un potencial peligro para la paz del país.

Su libro se inicia con un capítulo un poco surrealista. Medio del realismo mágico garcíamarquiano, al contar como, recién ganadas las elecciones por Chávez, se fue a la montaña con el comandante Fariñas a buscar a Socolenco, un viejo brujo que vive en un caserío miserable, ex camarada de la guerrilla que aún la llama Morela, con su seudónimo de guerrillera. Ella quiere llevar al remoto caserío el proyecto «Siete pueblos. Siete Estrellas» que les otorgaría dignidad a las vidas de esos pobres, dándoles una vivienda y los servicios públicos de los que siempre han carecido.

A partir de allí, comienza el relato ameno, ágil, estructurado en capítulos cortos y con  documentos, testimonios, citas y referencias de lo que fue la historia de los primeros cuatro años del gobierno de Chávez y de lo que sería la historia de la decepción, la traición y la frustración que sentiría la Zago al ver en lo que pararían sus sueños de revolución.

El libro condensa los cuatro años en los que se configuraría este quilombo en el que se ha convertido el país. Es en ese lapso que se siembran las bases de lo que sería la ruina de Venezuela hasta llevarla al estado actual de miseria.

Voy a pecar un poco de inmodesto, pero no puedo dejar de decir que, por momentos, lo relatado por Ángela Zago en «En nombre de los pobres», me recordaba mis historias de ficción «Te voy a llevar al cielo» y «El infierno de Edelmiro». Las más de 500 páginas de datos y testimonios, de referencias y citas que constituyen lo narrado en el libro de la Zago son un poco la referencia real de lo que yo cuento con personajes y hechos ficticios en las novelas. Al final, me queda la sensación de si la realidad avasalla a la ficción porque siento que mi imaginación se queda corta al ver condensados esos cuatro años en las 500 páginas. Creo que no hay mente que pueda imaginar tanto.

También sentí por Ángela Zago, a leer sus vivencias, un poco la ternura que me inspiran los tíos ex guerrilleros de «El infierno de Edelmiro», ella y ellos pecan de ser crédulos, pecan de querer un mundo mejor y hacer cosas para lograrlo. Al final, tanto los tíos como Ángela son defraudados, decepcionados y traicionados. Pero, de todas formas, los tres quedan con la satisfacción de haber soñado.

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