La verdad de mis imágenes

9 octubre, 2017 § 1 comentario

Yo «maquillo» las fotos porque, por lo general, las cámaras no captan lo que yo estoy viendo. La realidad de la imagen que queda registrada no se compadece con la «realidad» real de lo que estaban viendo mis ojos.

Es como si existieran dos realidades, la que veo en directo y la que capta la cámara.

Entonces, yo me dedico a editar cada imagen con la finalidad de que las dos realidades sean una única realidad. Trato con la edición de hacer que la realidad mostrada en la foto se parezca lo mas posible a la realidad que percibieron mis ojos y que quedó registrada en mi mente.

Tal vez, al final, surge una tercera realidad.

¿Quién puede decir cuál de las tres viene a constituir la verdad?

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Trato y retrato, memoria de un país en 120 imágenes

30 abril, 2017 § 1 comentario

Recorrer la muestra “Trato y retrato” de Carlos Germán Rojas es pasearse por una importante parte de la historia del país. Es un acto de reconciliación con el gentilicio venezolano. Es reconocer en esos 120 retratos de artistas plásticos y fotógrafos el país que fue, la Venezuela que esta república bolivariana implantada a sangre y plomo ha pretendido borrar para instaurar un país —un no-país— lleno de improvisación y artistas forjados en el afán de pasar la aplanadora y arrasar con la historia para hacer creer que antes de la revolución no había nada.

Los retratos de Carlos Germán Rojas, casi cuarenta años haciendo un registro de artistas y creadores, nos muestran esa Venezuela que aún subyace bajo el estercolero de artistas y obras panfletarias e impuestas desde el poder para intentar reescribir la historia del país a partir del criterio de arrasamiento de la historia real e imponer una historia de artificio con símbolos y códigos que se adapten al sentido de dominación y hegemonía que encarna el proyecto castro chavista que ya va por dos décadas.

“Trato y retrato” es escarbar, cavar en la memoria, reconocernos en unos rostros que hicieron el mundo artístico y que aún sigue resistiendo a pesar de la intención del régimen de hacer borrón y cuenta nueva.

Las fotografías son en blanco y negro y cada imagen muestra la esencia de cada personaje retratado a través de una gama infinita de grises, encuadres cerrados que nos permiten descubrir parte de los atributos y tendencias del artista fotografiado. Cada imagen muestra el pequeño mundo creador del artista, parte de su obra y, con las poses y miradas, nos señalan cómo es el retratado. Pero, también la esencia de Carlos Germán se revela en las fotos cuando juega con los grises, con las texturas, con las líneas que conforman todo un juego geométrico entre rectas, paralelas, perpendiculares, ángulos y diagonales, remitiendo al observador a los primeros escarceos del fotógrafo con el dibujo y la pintura geométrica en la que incursionó antes de dedicarse por completo a la fotografía para hacer un enjundioso registro de artistas y obras.

Son casi cuarenta años de fotografías, 120 creadores captados por el particular ojo de Carlos Germán, pequeñas piezas que al verlas en conjunto nos revelan el país que fue. La Venezuela que está oculta bajo estos escombros de revolución, bajo esta montaña de olvido y sangre del socialismo del Siglo XXI. Los artistas fueron captados en su mayoría en sus espacios de trabajo, en sus talleres. Son fotografías sin artificios, sin imposturas. Sólo el artista, su mirada, su gesto, parte de su espacio o de su obra, y el ojo de Carlos Germán que traslada a la imagen el conocimiento, tanto de la persona fotografiada —el trato—, como su capacidad para reflejar en la captura ese conocimiento del artista fotografiado —el retrato—.

A partir del 2005, el fotógrafo da el salto de la fotografía analógica de rollos de negativos, cuartos oscuros, químicos y revelados, a la fotografía digital. Per,o Carlos Germán mantiene su firma en cada imagen. En los encuadres, en la gama de grises que se empecina en mantener, en las líneas y figuras geométricas que continúan formando parte importante de la imagen y se las ingenia para intentar mantener ese grano en la imagen que sólo se consigue con la fotografía analógica.

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La exhibición cuenta con un hermoso libro en el que se reúnen los 120 retratos impresos en papel glasé y con textos de Douglas Monroy y Antonio López Ortega. La muestra es una selección de un trabajo mucho más amplio que consta de más de 300 retratos de artistas venezolanos y sus obras captados por la lente de Carlos Germán durante 40 años. Es un importante registro histórico que debe ser atesorado por cada venezolano.

IMG_20170430_213716Los jóvenes de este país, los venezolanos de menos de 30 años, no deben dejar de ver la muestra que estará exhibida en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo hasta mediados del mes de mayo. Para todos los venezolanos es un registro importantísimo el realizado por el fotógrafo, pero en especial para aquellos que han crecido en la Venezuela chavista y bolivariana, a quienes les han pretendido hacer creer que antes de este caos y este panfleto cotidiano que vivimos no hubo nada. Como bien señala López Ortega:

“Hay allí una historia de la plástica nacional —sus protagonistas, sus testigos, sus hacedores—, que termina imponiéndose sobre la otra historia forjada, esa que se afana en afirmar que nunca hubo nada. Muy al contrario, esta es una exacerbación, un conglomerado, un tejido poderoso de señales, avenimientos y propósitos. Historia forjada a punto de esfuerzo, tenacidad, talento y verdad creadora. Nuestros grandes maestros, nuestros innovadores, nuestros visionarios, nuestros valores emergentes, nuestros soñadores.

(…)

Cuando un país se hunde, se desdice, se deshace, se niega a sí mismo, volvemos la mirada hacia lo que crean los artistas: allí se descubrirán claves para entender lo que de verdad ocurre. Los mejores sensores de una sociedad son aquellos capaces de extender sus antenas para medir si los gestos son añoranza de vida o si los actos son preludios de la muerte. Donde la sociedad es inconsciente de sus males, ya los artistas navegan midiendo las cargas de profundidad”.

Más allá de este caos en el que estamos sumidos, bajo los escombros del país que vivimos, aún permanece intacta la memoria de una Venezuela grande, creadora, creativa, y de eso consta “Trato y retrato”, es el registro del país que fuimos y que, sin duda, podemos volver a ser. Las imágenes que nos regala Carlos Germán Rojas son una parte importante y esencial de la memoria del país, de aquella Venezuela que está prohibido olvidar.

 

 

 

Las diosas encarnadas

9 diciembre, 2016 § 1 comentario

 

Tres Gracias, Kali, Pachamama, Chejeru, Tara Verde, Oshum, Morrigan, Oya, Bastet, Yemaya, María Lionza. Once diosas. Once imágenes impresas en organza con tintas pigmentadas. Once telas cargadas de imágenes y simbolismos, de subconsciente colectivo, de arquetipos de lo femenino.

Cada organza está impresa en un estilo de mosaico compuesto por múltiples imágenes, fragmentos de cuerpos de mujeres desnudas y dispuestos a manera de cruz como una forma de decirnos que aunque son once diosas diferentes y originarias de diversas culturas hay un trasfondo mítico y religioso que las hace similares. Es la fuerza, la potencia de lo femenino mostrada, reflejada en cada composición.

Son las once “Diosas encarnadas” de Jorge Luis Santos García que, luego de haber triunfado en Brasil obteniendo el primer lugar en el festival de fotografía Paraty em Foco 2015 y de haberse pavoneado por Francia, llegaron al Centro de Arte de Maracaibo, Lía Bermúdez, CamLB.

La muestra es un estudio de la esencia de la feminidad a través de los arquetipos religiosos y mitológicos. Son mujeres desnudas sin retoques ni cargas eróticas. Cuerpos de mujeres venezolanas con sus marcas y celulitis representando deidades femeninas de la mitología griega, celta, egipcia, Inca, Piaroa. Imágenes de diosas del hinduismo, del budismo, del espiritismo, de la religión yoruba, encarnadas en mujeres venezolanas. No en misses ni en modelos de pasarela. Son mujeres entradas en carnes, con curvas y voluptuosidades, con sus cuerpos continentes, cuerpos capaces de contener dentro de sí a otro ser que viene a ser la esencia misma de lo femenino.

Las Diosas de Jorge Luis Santos son mucho más que mujeres son la representación de la femineidad, de la fuerza de lo femenino, de su potencia y misterios que van mucho más allá del sexo o género. Es la fuerza femenina llena de luz y de zonas de sombras, capaz de contener una vida y capaz de destruirla. La feminidad capaz de recibir lo masculino y al mismo tiempo expulsarlo.

Las Diosas encarnadas de Jorge Luis Santos son un ensayo fotográfico del arquetipo femenino a través de diferentes culturas y creencias. Mitologías y religiones que aunque diferentes y distantes se asemejan en la femineidad, en la fuerza telúrica de lo femenino, raíz común de la humanidad aunque las costumbres y colores de piel sean muy diferentes. La esencia de lo humano es la misma y en esa esencia lo femenino tiene un lugar preponderante y fundacional.

Yemayá

Morrigan

Pachamama

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Tara Verdeimg_20161205_232542.png

Bastet

Chejeru

Tres Gracias

Kali

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Oya

Visiones contemporáneas – Artistas zulianos en el CAMLB

5 octubre, 2016 § 1 comentario

camlb

Luis Cueva – Ender Colina –  Omar Patiño – Gustavo París – Ana María Nava – Luisa Ferreira – Régulo Rincón – Hilda Benchetrit – Andreína Portillo -Mario Labarca – Giovanni Paseri – Elsy Zavarce – Irma Parra – Pedro Morales – Lourdes Peñaranda – Lía Bermúdez – Miguel Meza – Carlos Romero – Luis Gómez  – Adolfo Morales – Jesús Pérez – Johel Ríos – Beto Frangieh – Dina Atencio – José Henrique González – Mario Colina – Johan Galué – Antonio Vargas – Carlos Sánchez – Lina Peña – Serafím Sousa – Mary Bellorín – Alejandro Vázquez – Fernando Bracho – Elvis Rosendo – Edgar Queipo – Ender Cepeda – Carmelo Niño – Gipsy Rangel – Milagros Quintero – Maira Reverol – José Gotopo – Angel Peña – Francisco Verde – Víctor Rosales – Mikele – Martín Rincón – Audio Cepeda – Roberto Urdaneta – Gloria Castillo – Álvaro Paz – Guillermo Roa – Rubén Muñoz

Todos estos nombres tienen en común: que son artistas, que son creadores, que son zulianos y son contemporáneos. Pero, además, tienen en común que durante dos meses estarán todos juntos en la muestra “Visiones contemporáneas”, primera muestra colectiva de artistas zulianos contemporáneos que se exhibe en el Centro de Arte de Maracaibo, Lía Bermúdez.

Obviamente, no están todos los que son. Faltan unos cuantos artistas del Zulia, pero es una significativa representación del quehacer en las artes plásticas de la región. Faltan nombres de creadores importantes que, supongo, estarán presentes en futuras entregas de la exhibición.

Las sala está plena de pinturas, esculturas, instalaciones, artes del fuego. Propuestas originales y significativas que nos aproximan un poco a lo que mueve, preocupa, conmueve e inspira a los creadores del Zulia en la actualidad.

Lo malo. No había catálogo, ni siquiera un volante, sobre la exposición. Algunas luminarias estaban apagadas o quemadas quemadas y los textos que acompañan a la colectiva resultan bastante pobres, poco originales y demasiado institucionales y escasamente explicativos de lo que es la exhibición, para mi gusto. Tal vez para próximas ediciones sería interesante que invitaran a críticos de arte y escritores de la región para que colaboren con textos propios e inéditos para complementar los muros de la exposición. Pequeños fallos que pueden ser subsanados y que poco restan a una hermosa muestra que hace que el tan cacareado regionalismo del zuliano, cobre un nuevo sentido.

“Pido, prometo y pago”- Imágenes perturbadoras

4 julio, 2016 § Deja un comentario

 

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Jorge L. Santos y Cristian Espinosa

Frente a las imágenes de Jorge Luis Santos García, a uno lo asaltan las dudas.

Uno recorre la inmensa sala del Maczul con la sensación de no saber exactamente a qué acto está asistiendo.

¿De qué nos hablan esas fotografías en blanco y negro?

Surge la duda de si asistimos a un acto de fe o a una penitencia. No logramos discernir si las personas que vemos son devotos o son reos.

pido¿Piden perdón o maldicen?
¿De qué se trata?
¿Es el paso de una procesión en Semana Santa? ¿Es un exorcismo? ¿Es la incorporación de un espíritu o la expiación de una culpa? ¿Agradecen un milagro concedido o maldicen la vida miserable que viven?

Las manos, los pies y las miradas muestran la tensión, el sufrimiento, la dureza de una vida difícil.

No vemos en estas fotografías el éxtasis de la fe, ni la tranquilidad de una devoción.

Vemos personas que sacan en procesión sus miserias, sus padeceres, sus culpas.

¿Remordimientos?

¿Es esa inclinación del cuerpo señal de sumisión, humillación o sometimiento?

Por esa incapacidad definir con precisión lo que vemos, es, tal vez, por lo que algunas imágenes están total o parcialmente fuera de foco, «movidas», para mostrarnos ese torbellino interior de quienes asisten a un acto religioso como quien se aferra a un clavo ardiendo para no terminar de caer en el abismo.

La ambigüedad es el signo que predomina en la muestra de Santos García y uno sale con

más preguntas que respuestas. Más dudas que certezas.

La mirada recorre las fotos una a una y se va impregnando de desasosiego. Hay un sincretismo expuesto que nos perturba. Una ambigüedad e indefinición de emociones que hacen que terminemos perturbados, ansiosos. Temerosos la naturaleza humana. Temerosos de ese catálogo de seres que habitan las intensas imágenes de Jorge Luis Santos.

Dice Eduardo Segura en el folleto:

“Las imágenes de Jorge Luis Santos no son ni más ni menos que una transparencia de un alma sensible a representar un circo ceremonial que habla de una pornografía social. Bellas por la misma transposición del hombre como objeto de mustio padecer diario”.

Sin duda, en esos muros está captada el alma de los seres fotografiados,. Las manos en tensión, los pliegues de la piel de los rostros, los pies toscos, castigados acusan una historia de vida. Pero en las fotografías está también el alma y el impacto que esas personas petrificadas en la impresión fotográfica produjeron en el fotógrafo.

Salí de la sala sintiendo que había asistido más que a un acto de fe, a un aquelarre. Que había observado a unos seres perdidos que se buscan con violencia en una fe, con rabia y desesperanza en un credo. Desahuciados que se aferran al cielo para buscar algo de paz en la tierra.

pido3Pasado el impacto espiritual que dejaron las imágenes, uno vuelve en sí para descubrir otra parte de la realidad. El País que resiste, que lucha por seguir haciendo, por seguir creando. Por no sucumbir.

El museo de Arte Contemporáneo del Zulia sobrevive, como todos, a pesar de las circunstancias. Los aires acondicionados no funcionan. La iluminación de las salas con largos fluorescentes blancos -más parece la iluminación de una pollera de carretera que la de un museo-. En el techo se ven vacíos e inútiles los rieles de lo que en su momento fue una idónea instalación eléctrica con focos dirigibles para iluminar apropiadamente las obras.

En las áreas externas, los jóvenes se reúnen a compartir conversación y música para darle vida a un espacio que se niega a morir. La tienda del museo, también sin aire acondicionado, adapta sus horarios para mitigar un poco las inclemencias del clima zuliano. Así, todo el Museo es una muestra de lo que significa resistir, no abandonar. La pasión por el arte y la creación se imponen sobre las miserias de un país que parece querer castigar con furia la creatividad, la imaginación y la inteligencia.

El Maczul, afortunadamente, se niega a morir.

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Las fotos fueron hurtadas del facebook de Jorge Luis Santos

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