«La única hora» de Alberto Hernández

5 diciembre, 2017 § 1 comentario

«No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás»
.
Constantino Kavafis

Ingrid e Ignacio, los protagonistas de La única hora, la novela de Alberto Hernández (junio, 2016), son producto de la diáspora venezolana, resultado de la desbandada de venezolanos que se han diseminado por todo el mundo gracias a la revolución de Chávez. Pero, eso es un detalle meramente anecdótico que sirve para darle un toque de realismo, un ancla a la realidad a la construcción narrativa de Alberto Hernández que termina siendo un delicioso juego.

La única hora es una novela lúdica, es un rompecabezas que se va armando a medida que uno lee la historia. Alberto Hernández con maestría hace juegos de desdoblamiento con la ficción y la realidad, y se vale de un sinnúmero de citas y referencias literarias para armar una fascinante historia en la que los personajes se rebelan contra el autor y el autor impone, cual dictador, su omnipotencia para hacer que los personajes aparezcan y desaparezcan de la historia a su antojo.

Pero, tras ese juego de personajes y autor, se desarrollan terribles historias de vida como la de Ingrid a medio camino entre la esquizofrenia y la posesión espiritista, quien vive una vida atormentada luego de pasar de muy joven por una violación y matar a su violador con la misma navaja con la que la sometió y la de Ignacio, un hombre en el ocaso de su vida, artrítico, intelectual, traductor, que se aferra a Ingrid como su única hora y siempre atormentado por la sombra del suicidio de su padre que lo hace temer que, Ingrid, en su locura, termine suicidándose también.

Pero en medio de la historia esta AH, el autor que entra y sale del texto, que ejerce todo su poder sobre los personajes. Que decide cuando entran y cuando salen. Si se suicidan y cómo se suicidan. Si hacen el amor, aunque ellos no tengan ganas o energías para hacerlo.
Y dentro de toda esta maraña dramática, a veces más cercana al teatro que a la novela, se desplazan por el texto un grupo de escritores, narradores, poetas, un cúmulo de citas y referencias literarias que nos recuerdan al impenitente y acucioso lector que es Alberto Hernández, quien ya en diferentes crónicas y enjundiosas reseñas literarias ha echado mano con maestría a ese juego de interactuar imaginariamente con los escritores por las calles de Maracay o de cualquier otra ciudad.

En La única hora, los autores se presentan a través de citas, como los versos de «La divina comedia» que recita Ingrid en italiano en uno de sus arrebatos, a pesar de no haber leído nunca a Dante Alighieri y no hablar italiano, o el Vila-Mata que aparece en algún momento de la trama ataviado con sombrero. Una pléyade de narradores y poetas circulan por la novela de Alberto Hernández y contribuyen a darle ritmo, profundidad y veracidad a una historia ambientada en Londres, pero que viaja con sus personajes por diferentes ciudades de Europa y Venezuela.

Los personajes de La única hora, como todos los que emigran, aunque pretendan romper con sus orígenes, no pueden, pues en cualquier momento, el pasado, la ciudad, el país regresan en un gesto, en cualquier imagen, en cualquier olor. La ciudad va con nosotros a donde vayamos. Las raíces siempre son profundas. Hasta en los personajes de ficción.

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Diarios de rehab de José Antonio Parra

1 octubre, 2017 § 1 comentario

«They tried to make me go to rehab I said, “no, no, no” Yes, I been black But when I come back, you’ll know, know, know I ain’t got the time And if my daddy thinks I’m fine He’s tried to make me go to rehab. I won’t go, go, go.
“why do you think you here?
 I said, I got no idea».

Mientras leía «Diarios de Rehab», Amy Winehouse taconeaba por mi cabeza y se le unía a su desgarbado paso, el de mi hermana Yajaira, fallecida ya hace un año siendo aún joven para morir.

Si bien Yajaira no murió por sobredosis, su cuerpo, en los inicios de la cincuentena, acusaba los abusos de las drogas durante casi treinta años. La marihuana, la cocaína, el crack y quien sabe que otras sustancias psicotrópicas marcaron de tal manera sus órganos internos, que llegó un momento en que su organismo, colapsó irremediablemente.

Iba pasando las páginas del libro de José Antonio Parra, y me preguntaba por qué el autor no escribió una novela con ese material, si tenía todos los ingredientes necesarios para hacerlo. Los personajes completamente definidos, las situaciones y conflictos claros, los puntos de tensión y suspense establecidos.

También me preguntaba por qué escribir un texto tan «aséptico», tan descriptivo y falto de acción y emociones, cuando tenía los ingredientes para que sus narraciones fuesen truculentas y se convirtieran en el vórtice de emociones que lo pusiera a uno a vibrar.

Las respuestas me las dio a mitad de camino, el mismo libro. No es una novela ni un compendio de emociones, pasiones y sufrimientos porque de lo que se trata es de un testimonio de vida. Es una confesión, un inventario desprovisto de emociones que podrían causar ruido al mensaje. El relato, como parte de la terapia, no debe regocijarse en la parte hedonista de las drogas pues ese es uno de los puntos a evitar en el proceso de la sobriedad.

El libro, publicado por Oscar Todtmann editores, es el viaje de un adicto que muestra al mundo su tránsito por el camino de la rehabilitación, sin regodearse en los detalles sombríos y en el frenesí que viven las personas con adicciones.

José Antonio Parra, nos deja en «Diarios de rehab», su testimonio de vida. Una confesión que justo por la falta de emotividad y fruición, nos sirve mucho a los que han sufrido o sufren la enfermedad de la adicción y a los familiares de los enfermos. Nos enseña cómo el «yo adicto» le pone trampas al «yo sobrio», al «yo en proceso de sanación». Trampas que son importante que se identifiquen a tiempo y se atajen para evitar recaídas. Trampas que terminan siendo la excusa para sucumbir al mundo de la dependencia.

También enseña como los familiares necesitan identificar los posibles problemas de codependencia que tienen con los enfermos en el tránsito para que su amor y colaboración sean una verdadera ayuda para que el adicto supere su enfermedad.

No hay en «Diarios de rehab» auto compasión, no hay un «pobrecito yo, que he sufrido tanto», no hay emociones que «justifiquen» la adicción porque yo he pasado por…

El libro es un esfuerzo consciente, testimonial, de la vida de un adicto a las drogas y su lucha para superar la enfermedad que, en muchos casos, tiene componentes genéticos. Es la confesión de quien vive caminando en la cuerda floja, dando un paso a la vez, consciente de que el más mínimo desliz lo puede hacer caer aparatosamente.

Por eso, el autor nos habla de muchos casos en los que sus compañeros de rehab recayeron en la adicción, porque el camino de la recuperación no tiene garantía de éxito, a menos de que el enfermo esté plenamente consciente de su enfermedad y de los posibles «brotes» que pueden implicar una recaída.

Ya casi al final del libro, el propio José Antonio Parra aclara por qué no es una novela ni un carrusel de emociones. Ya para mostrar el frenesí, la locura, el desenfreno y la montaña rusa del adicto, está su poemario «Fragmentos naranja», publicado en la colección poesía de O.T. editores, misma casa editorial que publica 2017, «Diarios de rehab».

«Aquí y ahora yo pido perdón por eso y procuro con este trabajo facilitar el camino a otros adictos y sus familias, de manera que no tengan los tropiezos que yo tuve en la búsqueda de un tratamiento efectivo. Desearía que este texto fuese tomado por mis seres queridos como una forma pública de desagravio y como una manifestación de mi arrepentimiento».

«Diarios de rehab» es un libro imprescindible para quienes están en el mundo de las drogas, los enfermos que padecen la adicción y para sus familiares.

La edición de O.T editores es cuidada y con un hermoso diseño que simula las páginas de un diario, con sus hojas rayadas. Es un libro que no es una novela, pero se lee con la emoción de lo novelado y en el que, sin duda, José Antonio Parra tiene el material para convertirlo en una apasionante novela.

Termino esta reseña con estas palabras del autor:

«Yo, de hecho, añoro el éxtasis del consumo sin sus consecuencias; pero hoy por hoy sé que ello no es posible. Mi vida en la actualidad es el sosiego y el quehacer diario y disciplinado. Es el enamorarme día a día de la sobriedad y ver sus frutos…».

 

Tiempo Añil de Karla Castro

26 septiembre, 2017 § 1 comentario

Qué triste. Qué duro. Qué profundo es «Tiempo Añil».

Profundo como un océano. Índigo.

Tal vez sea cura, como el de metileno, como la violeta de genciana, para sanar tanto dolor, tanta soledad, tanto acoso.

Es el dolor de quien deja de ser pájaro cuando su brazo renuncia a ser ala. Y regresa para descubrir que ya no hay nido.
Termino el «Tiempo Añil», y siento que cobijo a Karla Castro B. Con un algodón, anegado de azul de metileno, sano sus heridas, la saco de ese mar tan oscuro, tan azul, tan añil, para ponerla bajo la luz. Recuerdo la oración al sol y se la dedico:

Tú, fuente de todo poder,
cuyos rayos iluminan el mundo entero
penetra así mismo en mi corazón
para que también él
pueda realizar tu labor.

«Tiempo Añil», Karla Castro B. OT editores

“Los héroes del abuelo”, un libro joya

21 junio, 2017 § 2 comentarios

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Leer “Los héroes del abuelo” (Ediciones B Venezuela, 2017), la historia que escribió Mari Montes sobre aquella hazaña de 1941, cuando un equipo de béisbol “al que nadie le apostaba mucho”, se fue a La Habana a un campeonato y regresó, cubierto de gloria, a un país que lo recibió lleno de alegría y orgullo, es un instante de reconciliación con el país que fue, con la Venezuela que tuvimos, en la que los logros se alcanzaban luchando y trabajando honestamente.

Pero también, ver el libro es un deleite para la vista porque las ilustraciones de Gerald Espinoza llenan de un colorido vintage cada página con dibujos sencillos, casi infantiles que ponen imágenes al hermoso texto de Mari Montes.

Es inevitable llenarse de nostalgia al leer el cuento, recordar los sabores de la melcocha y los coquitos de la infancia, los juegos de niños como la perinola y los yaquis.

El nieto, en el sopor de su experiencia onírica, nos lleva a la Venezuela que muchos conocimos y  disfrutamos, donde los adolescentes de 15 o 17 jugaban en los parques, iban de paseo a bucólicos pueblos cercanos y no salían a recibir perdigones y balas persiguiendo un sueño de libertad.

Los héroes del abuelo” es un libro rescate, una pieza hermosamente diseñada que nos reconcilia con el gentilicio y nos reitera lo que fuimos y que, con la lucha que enfrentamos cada día, podremos volver a ser.

Dentro de ese afán de Mari Montes por enseñarnos el gran país que tuvimos, nos cuenta cómo a través de la radio se vivió la aventura de ese equipo de béisbol en el ’41 en La Habana y rescata el bello poema “Romance de campeonato ” que Andrés Eloy Blanco le escribiera al partido jugado, a la experiencia en Cuba y a la selección para homenajearlos y nos recuerda que fue Abelardo Raidi quien reunió a los mejores peloteros del país para formar el equipo que nos representaría con gloria y éxito en la Serie Mundial Amateur del ’41 en Cuba.

Y termina la historia con la emoción de Venezuela recibiendo a los héroes en el puerto y el Presidente Isaías Medina Angarita dando el día libre a todos los venezolanos para festejar el triunfo.

Los héroes del abuelo” es un libro para atesorarlo como una joya impresa y un cuento para que lean los niños y adolescentes venezolanos a quienes les han arrebatado muchas cosas, pero que en sus genes llevan impresa la huella de hazañas como la de los héroes del ’41.

Romance del campeonato de Andrés Eloy Blanco

 

 

Trato y retrato, memoria de un país en 120 imágenes

30 abril, 2017 § 2 comentarios

Recorrer la muestra “Trato y retrato” de Carlos Germán Rojas es pasearse por una importante parte de la historia del país. Es un acto de reconciliación con el gentilicio venezolano. Es reconocer en esos 120 retratos de artistas plásticos y fotógrafos el país que fue, la Venezuela que esta república bolivariana implantada a sangre y plomo ha pretendido borrar para instaurar un país —un no-país— lleno de improvisación y artistas forjados en el afán de pasar la aplanadora y arrasar con la historia para hacer creer que antes de la revolución no había nada.

Los retratos de Carlos Germán Rojas, casi cuarenta años haciendo un registro de artistas y creadores, nos muestran esa Venezuela que aún subyace bajo el estercolero de artistas y obras panfletarias e impuestas desde el poder para intentar reescribir la historia del país a partir del criterio de arrasamiento de la historia real e imponer una historia de artificio con símbolos y códigos que se adapten al sentido de dominación y hegemonía que encarna el proyecto castro chavista que ya va por dos décadas.

“Trato y retrato” es escarbar, cavar en la memoria, reconocernos en unos rostros que hicieron el mundo artístico y que aún sigue resistiendo a pesar de la intención del régimen de hacer borrón y cuenta nueva.

Las fotografías son en blanco y negro y cada imagen muestra la esencia de cada personaje retratado a través de una gama infinita de grises, encuadres cerrados que nos permiten descubrir parte de los atributos y tendencias del artista fotografiado. Cada imagen muestra el pequeño mundo creador del artista, parte de su obra y, con las poses y miradas, nos señalan cómo es el retratado. Pero, también la esencia de Carlos Germán se revela en las fotos cuando juega con los grises, con las texturas, con las líneas que conforman todo un juego geométrico entre rectas, paralelas, perpendiculares, ángulos y diagonales, remitiendo al observador a los primeros escarceos del fotógrafo con el dibujo y la pintura geométrica en la que incursionó antes de dedicarse por completo a la fotografía para hacer un enjundioso registro de artistas y obras.

Son casi cuarenta años de fotografías, 120 creadores captados por el particular ojo de Carlos Germán, pequeñas piezas que al verlas en conjunto nos revelan el país que fue. La Venezuela que está oculta bajo estos escombros de revolución, bajo esta montaña de olvido y sangre del socialismo del Siglo XXI. Los artistas fueron captados en su mayoría en sus espacios de trabajo, en sus talleres. Son fotografías sin artificios, sin imposturas. Sólo el artista, su mirada, su gesto, parte de su espacio o de su obra, y el ojo de Carlos Germán que traslada a la imagen el conocimiento, tanto de la persona fotografiada —el trato—, como su capacidad para reflejar en la captura ese conocimiento del artista fotografiado —el retrato—.

A partir del 2005, el fotógrafo da el salto de la fotografía analógica de rollos de negativos, cuartos oscuros, químicos y revelados, a la fotografía digital. Per,o Carlos Germán mantiene su firma en cada imagen. En los encuadres, en la gama de grises que se empecina en mantener, en las líneas y figuras geométricas que continúan formando parte importante de la imagen y se las ingenia para intentar mantener ese grano en la imagen que sólo se consigue con la fotografía analógica.

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La exhibición cuenta con un hermoso libro en el que se reúnen los 120 retratos impresos en papel glasé y con textos de Douglas Monroy y Antonio López Ortega. La muestra es una selección de un trabajo mucho más amplio que consta de más de 300 retratos de artistas venezolanos y sus obras captados por la lente de Carlos Germán durante 40 años. Es un importante registro histórico que debe ser atesorado por cada venezolano.

IMG_20170430_213716Los jóvenes de este país, los venezolanos de menos de 30 años, no deben dejar de ver la muestra que estará exhibida en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo hasta mediados del mes de mayo. Para todos los venezolanos es un registro importantísimo el realizado por el fotógrafo, pero en especial para aquellos que han crecido en la Venezuela chavista y bolivariana, a quienes les han pretendido hacer creer que antes de este caos y este panfleto cotidiano que vivimos no hubo nada. Como bien señala López Ortega:

“Hay allí una historia de la plástica nacional —sus protagonistas, sus testigos, sus hacedores—, que termina imponiéndose sobre la otra historia forjada, esa que se afana en afirmar que nunca hubo nada. Muy al contrario, esta es una exacerbación, un conglomerado, un tejido poderoso de señales, avenimientos y propósitos. Historia forjada a punto de esfuerzo, tenacidad, talento y verdad creadora. Nuestros grandes maestros, nuestros innovadores, nuestros visionarios, nuestros valores emergentes, nuestros soñadores.

(…)

Cuando un país se hunde, se desdice, se deshace, se niega a sí mismo, volvemos la mirada hacia lo que crean los artistas: allí se descubrirán claves para entender lo que de verdad ocurre. Los mejores sensores de una sociedad son aquellos capaces de extender sus antenas para medir si los gestos son añoranza de vida o si los actos son preludios de la muerte. Donde la sociedad es inconsciente de sus males, ya los artistas navegan midiendo las cargas de profundidad”.

Más allá de este caos en el que estamos sumidos, bajo los escombros del país que vivimos, aún permanece intacta la memoria de una Venezuela grande, creadora, creativa, y de eso consta “Trato y retrato”, es el registro del país que fuimos y que, sin duda, podemos volver a ser. Las imágenes que nos regala Carlos Germán Rojas son una parte importante y esencial de la memoria del país, de aquella Venezuela que está prohibido olvidar.

 

 

 

Para comprar el libro para kindle “Historias de tía Amapola – teatro para armar”

2 abril, 2017 § 1 comentario

Historias de tía Amapola, el libro

1 abril, 2017 § 1 comentario

Portada frontal

Historias de tía Amapola — Teatro para armar es una obra de teatro y son muchas obras a la vez. Es una historia nacida en facebook a partir de arrancarle pellizcos a la realidad de las noticias sobre Venezuela que no necesitan mayor tratamiento y manipulación para parecer piezas teatrales, cuentos o novelas tragicómicas y absurdas.

Son noticias llevadas a la ficción a través de personajes imaginados, pero que en algunas ocasiones se quedan cortos ante la avasallante y arrolladora realidad entre mágica y macabra que nos rodea.

Milagros

Historias de Tía Amapola es una pieza flexible, que se puede adaptar a las condiciones y exigencias de quienes la monten y que permite quitar y poner escenas de acuerdo al gusto e intención de quienes la produzcan o dirijan.

En principio, la obra tiene un esqueleto al que se le pueden agregar escenas que se anexan al final, quitando algunas de las existentes en el esqueleto propuesto para poner otras.

Igual sucede con el escenario que permite adaptarse a las capacidades de la producción.

EritzaTodo esto dará la posibilidad de mostrar, con una misma historia, diferentes obras que siempre mantendrán la esencia dramática del cuento. Es una obra que en sí misma muta, cambia, se adapta. Una obra para “jugar” en el sentido estricto de la palabra y en el sentido que se le da al vocablo en inglés y en otros idiomas como “Play”, “Jouer” jugar/actuar/obra.

FaithaLos personajes son ficticios y las situaciones han sido todas imaginadas o soñadas. Si a alguien se le parecen en algo a hechos reales, pues que se haga ver eso por algún médico. Tal vez sea operable.

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