​Roberto Juarroz: Un águila al acecho de imágenes

16 octubre, 2017 § 1 comentario

1925, nace en Argentina Roberto Juarroz, quien se convertiría más adelante en uno de los más importantes y representativos poetas, no sólo de su país, sino de toda Latinoamérica. Su «Poesía vertical», título con el cual se identifica toda la producción poética de este artista, le ha dejado un lugar de honor en la poesía contemporánea.

—¿Por qué unifica toda su obra bajo el título de «Poesía vertical»?

—Esa es una pregunta sin respuesta —dice Juarroz con toda la musicalidad del acento argentino—. No es una cuestión de sentido, de dirección. Es sólo una frase. Ir hacia arriba es sólo un poco más corto o un poco más largo que ir hacia abajo.

Roberto Juarroz habla lento, más no por parquedad y sí porque medita largamente cada frase, con lo cual logra darle un vuelo poético a la palabra hablada. Sus ojos parecen desorbitados y penetrantes, fijándose su mirada, unas veces en cualquier punto del espacio. Otras, en la mirada de su interlocutor. 

Aunque trata en su poesía acerca de diversos temas, dice tener algunos sobre los cuales reincide frecuentemente, como son: el amor, la palabra, la muerte.

A simple vista podría parecer que Juarroz se ocupa de los lugares comunes de la poesía. Pero lo importante no es si el tema ha sido tratado con anterioridad, sino la visión personal, la propuesta artística del poeta.

Juarroz está en una constante búsqueda; tal vez de allí proviene esa mirada  de águila al acecho, ese movimiento de sus manos que por momento se cierran  con el afán de apresar algo. Juarroz es un águila al acecho de imágenes y es esto lo que quiere atrapar hasta con sus manos.

—¿Cuál es la búsqueda de Juarroz?

—Yo estoy constantemente buscando el revés de las cosas; el revés del amor el revés de todas lo que acontece en el mundo. Siempre trato de ver más allá de la apariencia.

—¿Con qué fin busca  el revés de las cosas?

—Para tratar de aprehender un poco más la realidad. Para hacer más realidad. Yo creo que es allí, en el revés de las cosas,  donde tenemos que buscar para acercarnos a la realidad.

Esto es lo que se refleja en los 10 libros que se titulan «Poesía vertical»,  la búsqueda de un poeta que afirma ser siempre opositor. «Siempre estoy yo oponiéndome a los sistemas de gobierno,  por esto de tenido que salir varias veces de mi país».

Juarroz estudió bibliotecología y ha publicado algunos textos  de ensayos sobre poesía que, como él afirma, «no son más que aproximaciones a la poesía, porque ‘poesía sólo puede ser igual a poesía’, lo demás son aproximaciones.

Además ha participado en numerosos encuentros, congresos y festivales de poesía, sobre lo cual dice que son demasiados.

—Estos festivales —afirma su Juarroz— son importantes sólo por las relaciones humanas, por el encuentro de gente que está en la misma búsqueda. Aquí se conocen y tienen la oportunidad de hablar y comparar sus diferentes puntos de vista.

—¿Qué le parece el I Festival de Poesía Venezolana?

—Muy importante en realidad. ¿Sabes que me llamó la atención de este festival? Es raro que una universidad se ocupe de este tipo de cosas como la poesía. Yo he participado  en muchos encuentros de este tipo y te puedo asegurar que, por lo menos en Latinoamérica,  no se dan muchos casos como éste. Por lo general son otro tipo de instituciones las que se ocupan de estos eventos. Me parece muy importante que las universidades realicen encuentros como este donde se puede discutir y se puede acercar la poesía al público.

Allí tenemos al poeta, tenemos su propuesta y su testimonio. Roberto juarroz cazador de fantasmas, acostado por el peso, la significación y las posibilidades infinitas del lenguaje, de la palabra. Afanado por encontrar el revés del amor y de la muerte, entre otras cosas.

Golcar Rojas, 1987 

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Diarios de rehab de José Antonio Parra

1 octubre, 2017 § 1 comentario

«They tried to make me go to rehab I said, “no, no, no” Yes, I been black But when I come back, you’ll know, know, know I ain’t got the time And if my daddy thinks I’m fine He’s tried to make me go to rehab. I won’t go, go, go.
“why do you think you here?
 I said, I got no idea».

Mientras leía «Diarios de Rehab», Amy Winehouse taconeaba por mi cabeza y se le unía a su desgarbado paso, el de mi hermana Yajaira, fallecida ya hace un año siendo aún joven para morir.

Si bien Yajaira no murió por sobredosis, su cuerpo, en los inicios de la cincuentena, acusaba los abusos de las drogas durante casi treinta años. La marihuana, la cocaína, el crack y quien sabe que otras sustancias psicotrópicas marcaron de tal manera sus órganos internos, que llegó un momento en que su organismo, colapsó irremediablemente.

Iba pasando las páginas del libro de José Antonio Parra, y me preguntaba por qué el autor no escribió una novela con ese material, si tenía todos los ingredientes necesarios para hacerlo. Los personajes completamente definidos, las situaciones y conflictos claros, los puntos de tensión y suspense establecidos.

También me preguntaba por qué escribir un texto tan «aséptico», tan descriptivo y falto de acción y emociones, cuando tenía los ingredientes para que sus narraciones fuesen truculentas y se convirtieran en el vórtice de emociones que lo pusiera a uno a vibrar.

Las respuestas me las dio a mitad de camino, el mismo libro. No es una novela ni un compendio de emociones, pasiones y sufrimientos porque de lo que se trata es de un testimonio de vida. Es una confesión, un inventario desprovisto de emociones que podrían causar ruido al mensaje. El relato, como parte de la terapia, no debe regocijarse en la parte hedonista de las drogas pues ese es uno de los puntos a evitar en el proceso de la sobriedad.

El libro, publicado por Oscar Todtmann editores, es el viaje de un adicto que muestra al mundo su tránsito por el camino de la rehabilitación, sin regodearse en los detalles sombríos y en el frenesí que viven las personas con adicciones.

José Antonio Parra, nos deja en «Diarios de rehab», su testimonio de vida. Una confesión que justo por la falta de emotividad y fruición, nos sirve mucho a los que han sufrido o sufren la enfermedad de la adicción y a los familiares de los enfermos. Nos enseña cómo el «yo adicto» le pone trampas al «yo sobrio», al «yo en proceso de sanación». Trampas que son importante que se identifiquen a tiempo y se atajen para evitar recaídas. Trampas que terminan siendo la excusa para sucumbir al mundo de la dependencia.

También enseña como los familiares necesitan identificar los posibles problemas de codependencia que tienen con los enfermos en el tránsito para que su amor y colaboración sean una verdadera ayuda para que el adicto supere su enfermedad.

No hay en «Diarios de rehab» auto compasión, no hay un «pobrecito yo, que he sufrido tanto», no hay emociones que «justifiquen» la adicción porque yo he pasado por…

El libro es un esfuerzo consciente, testimonial, de la vida de un adicto a las drogas y su lucha para superar la enfermedad que, en muchos casos, tiene componentes genéticos. Es la confesión de quien vive caminando en la cuerda floja, dando un paso a la vez, consciente de que el más mínimo desliz lo puede hacer caer aparatosamente.

Por eso, el autor nos habla de muchos casos en los que sus compañeros de rehab recayeron en la adicción, porque el camino de la recuperación no tiene garantía de éxito, a menos de que el enfermo esté plenamente consciente de su enfermedad y de los posibles «brotes» que pueden implicar una recaída.

Ya casi al final del libro, el propio José Antonio Parra aclara por qué no es una novela ni un carrusel de emociones. Ya para mostrar el frenesí, la locura, el desenfreno y la montaña rusa del adicto, está su poemario «Fragmentos naranja», publicado en la colección poesía de O.T. editores, misma casa editorial que publica 2017, «Diarios de rehab».

«Aquí y ahora yo pido perdón por eso y procuro con este trabajo facilitar el camino a otros adictos y sus familias, de manera que no tengan los tropiezos que yo tuve en la búsqueda de un tratamiento efectivo. Desearía que este texto fuese tomado por mis seres queridos como una forma pública de desagravio y como una manifestación de mi arrepentimiento».

«Diarios de rehab» es un libro imprescindible para quienes están en el mundo de las drogas, los enfermos que padecen la adicción y para sus familiares.

La edición de O.T editores es cuidada y con un hermoso diseño que simula las páginas de un diario, con sus hojas rayadas. Es un libro que no es una novela, pero se lee con la emoción de lo novelado y en el que, sin duda, José Antonio Parra tiene el material para convertirlo en una apasionante novela.

Termino esta reseña con estas palabras del autor:

«Yo, de hecho, añoro el éxtasis del consumo sin sus consecuencias; pero hoy por hoy sé que ello no es posible. Mi vida en la actualidad es el sosiego y el quehacer diario y disciplinado. Es el enamorarme día a día de la sobriedad y ver sus frutos…».

 

Tiempo Añil de Karla Castro

26 septiembre, 2017 § 1 comentario

Qué triste. Qué duro. Qué profundo es «Tiempo Añil».

Profundo como un océano. Índigo.

Tal vez sea cura, como el de metileno, como la violeta de genciana, para sanar tanto dolor, tanta soledad, tanto acoso.

Es el dolor de quien deja de ser pájaro cuando su brazo renuncia a ser ala. Y regresa para descubrir que ya no hay nido.
Termino el «Tiempo Añil», y siento que cobijo a Karla Castro B. Con un algodón, anegado de azul de metileno, sano sus heridas, la saco de ese mar tan oscuro, tan azul, tan añil, para ponerla bajo la luz. Recuerdo la oración al sol y se la dedico:

Tú, fuente de todo poder,
cuyos rayos iluminan el mundo entero
penetra así mismo en mi corazón
para que también él
pueda realizar tu labor.

«Tiempo Añil», Karla Castro B. OT editores

“Los héroes del abuelo”, un libro joya

21 junio, 2017 § 2 comentarios

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Leer “Los héroes del abuelo” (Ediciones B Venezuela, 2017), la historia que escribió Mari Montes sobre aquella hazaña de 1941, cuando un equipo de béisbol “al que nadie le apostaba mucho”, se fue a La Habana a un campeonato y regresó, cubierto de gloria, a un país que lo recibió lleno de alegría y orgullo, es un instante de reconciliación con el país que fue, con la Venezuela que tuvimos, en la que los logros se alcanzaban luchando y trabajando honestamente.

Pero también, ver el libro es un deleite para la vista porque las ilustraciones de Gerald Espinoza llenan de un colorido vintage cada página con dibujos sencillos, casi infantiles que ponen imágenes al hermoso texto de Mari Montes.

Es inevitable llenarse de nostalgia al leer el cuento, recordar los sabores de la melcocha y los coquitos de la infancia, los juegos de niños como la perinola y los yaquis.

El nieto, en el sopor de su experiencia onírica, nos lleva a la Venezuela que muchos conocimos y  disfrutamos, donde los adolescentes de 15 o 17 jugaban en los parques, iban de paseo a bucólicos pueblos cercanos y no salían a recibir perdigones y balas persiguiendo un sueño de libertad.

Los héroes del abuelo” es un libro rescate, una pieza hermosamente diseñada que nos reconcilia con el gentilicio y nos reitera lo que fuimos y que, con la lucha que enfrentamos cada día, podremos volver a ser.

Dentro de ese afán de Mari Montes por enseñarnos el gran país que tuvimos, nos cuenta cómo a través de la radio se vivió la aventura de ese equipo de béisbol en el ’41 en La Habana y rescata el bello poema “Romance de campeonato ” que Andrés Eloy Blanco le escribiera al partido jugado, a la experiencia en Cuba y a la selección para homenajearlos y nos recuerda que fue Abelardo Raidi quien reunió a los mejores peloteros del país para formar el equipo que nos representaría con gloria y éxito en la Serie Mundial Amateur del ’41 en Cuba.

Y termina la historia con la emoción de Venezuela recibiendo a los héroes en el puerto y el Presidente Isaías Medina Angarita dando el día libre a todos los venezolanos para festejar el triunfo.

Los héroes del abuelo” es un libro para atesorarlo como una joya impresa y un cuento para que lean los niños y adolescentes venezolanos a quienes les han arrebatado muchas cosas, pero que en sus genes llevan impresa la huella de hazañas como la de los héroes del ’41.

Romance del campeonato de Andrés Eloy Blanco

 

 

Para comprar el libro para kindle “Historias de tía Amapola – teatro para armar”

2 abril, 2017 § 1 comentario

Alberto Hernández con “Stravaganza” hizo latir de nuevo Italia en mi pecho

2 febrero, 2017 § 1 comentario

​A mí Italia me resultó un coñazo. Esa es la única manera que encuentro para explicar mi decepción. 

De hecho, mientras recorría las calles de Roma, tan pueblerina, tan arbitraria, con Termini, esa insoportable estación de trenes y autobuses, sofocante con el bochornoso calor del verano, desordenada y plagada de empleados  maleducados, con cara de culo. Hastiados también ellos del calor, supongo, no les queda ni una sonrisa o un gesto amable para atender a los turistas. Y el hombre aquel del guarda equipaje, fumando en ese sótano sin ventilación y gritando a los clientes sin importar si eran monjas, ancianos o turistas. Tal vez esa terminal de trenes sea un homenaje a Dante y su Infierno.

Bueno, el recuerdo me hizo perder el hilo de lo que iba a decir. Decía que de hecho, mientras recorría Roma, retumbaban en mi cabeza las palabras que muchos años antes me dijera Lolita Aniyar un día en que me comentaba sobre sus años en esa ciudad. “Tú tienes que ir a Roma. Es una ciudad como para ti”.

En su momento, sentí que lo que me decía la amiga era un halago, pero al recordar esa frase mientras mandaba a comer mierda a una dependiente de uno de los tarantines de Termini que se molestó porque le pedí información sobre cómo adquirir los boletos para viajar a Chiaravalle y me respondió golpeado y manoteando, que no molestara si no iba a comprar, pensé que tal vez el halago no fue tal, porque si en algún lugar no me gustaría vivir en ese momento, era en Roma. 

Luego, Milán fue otra decepción, sólo el cariño y la buena atención de mi querida Lorena hizo que el viaje valiera la pena más allá de el Duomo, las galerías Vittorio  Emanuele, y aquella callejuela de restoranes con videntes callejeros en sus mesitas de las terrazas y las columnas de San Lorenzo, con su noche callejera llena juventud y algarabía. De resto es un pueblo industrial sin nada del glamour que yo presentía.  

Venecia vale la pena sólo para las fotos y por el viaje en ferry, al menos, así la encontré yo en las pocas horas que la recorrí. Allí y en Roma me comí los peores ñoquis al pesto de mi vida y la peor pasta carbonara que pueda haber. 

Chiaravalle fue el cariño de la familia en un pequeño pueblo que muere a mediodía hasta las dos de la tarde y duerme con las gallinas. El paseo a Ancona de noche una delicia. Y el ragú de mi sobrina Peglys mejor que el de la nonna. 

Pero no era de este viaje a Italia en 2015 que quería hablar. En realidad, la digresión viene porque hoy leí el poemario Stravaganza de Alberto Hernández de un tirón e Italia volvió a latir en mi pecho como una tarea pendiente. 

Este poemario, editado en dos idiomas por Edizioni Eva en 2012 y  con traducción al italiano de Teresa Albasini Legaz es un paseo por Italia, por sus ciudades, por su historia, sus personajes, su música, arte y literatura. 

Uno recorre Roma desde el imperio, pasea por Venecia en una foto, Bari, Modena, Bologna… se encuentra con sus poetas y maestros de la pintura y la escultura. Ahí están Bocaccio, Dante,  Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Petrarca, Vasari, Modigliani, Maquiavelo, Justiniano, Julio César…

Stravaganza es un ensayo escrito en verso, un recorrido poético por la bota de Italia, en versos cortos y precisos que en conjunto nos muestran un mapa físico, histórico y biográfico que hace que Italia palpite de nuevo en el corazón y que me invita a darle una segunda visita con más tiempo y menos sesgado por el prejuicio de haber sido inquilino por 20 años de unos italianos avaros y usureros a quienes posiblemente veía en cada grito destemplado escuchado por las vías romanas en un idioma que al leerlo en la traducción de los versos de Alberto recobra toda la magia y musicalidad.

Italia sigue pendiente, mientras tanto la recorro de nuevo con placer en los pulcros versos de Alberto Hernández. 

Mata el caracol, una novela de Milagros Mata-Gil

20 enero, 2017 § 1 comentario

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Mata el caracol de Milagros Mata-Gil es un rompecabezas. Esa es la sensación que uno tiene a medida que avanza en la envolvente escritura en la que cada palabra parece estar en el sitio justo y en el momento adecuado.

Pero el rompecabezas es como aquellos pequeños juegos de plástico en los que aparecía una imagen desordenada, con un trozo de la imagen en cada cuadro y un espacio vacío que permite ir desplazando las piezas en el tablero hasta conseguir ubicarla en su lugar y, al final, obtener la imagen oculta.

Es como la trama de una fotografía cuya imagen está compuesta por múltiples pequeñas fotografías y que al observarla desde lejos nos ofrece con nitidez la imagen global.

Mata el caracol es la búsqueda del padre, pero no como un hombre, sino como un origen. Es un viaje a los inicios. La reconstrucción de una familia desperdigada a lo larde los años. Es un recorrido contado con múltiples voces a través de la experiencia vital de los personajes.

Así, la voz del narrador muta, pasa de un personaje a otro. Ora es la abnegada sobrina que cuida al viejo Mata, ora es la voz poética y desquiciada del padre con aterosclerosis y demencia senil que desvaría en su habitación y, otras veces la voz de quien encuentra en un viejo escaparate las anotaciones que la cuidadora dejara guardadas en perfecto orden para que, al ser encontradas, tirasen de ellas como quien tira del hilo de una madeja para desenredarla.

Milagros Mata-Gil demuestra en este corta novela su maestría con el lenguaje, su habilidad para manejar los tiempos y una especial capacidad para darle a cada personaje su propia voz y estilo, con lo cual, a leer una parte del texto, sin necesidad de que esté especificado de quien se trata, el lector identifica con facilidad la voz de quien en ese momento tiene a su cargo el hilo de la narración.

Uno comienza a leer Mata el caracol, y como en una espiral de remolino la historia lo va arrastrando, lo seduce y conduce hasta que al final uno tiene en la mente un perfecto mapa de lo que fue la vida del viejo Mata y de sus descendientes. Un mapa que encajaría perfectamente en lo que podría llamarse literatura transgénero pues pasa de la prosa al poema y, por momentos parecieran escenas de una pieza de teatro. Milagros demuestra una maestría especial para pasar de un género al otro sin perder el ritmo, el tono y la calidad de la escritura.

Como la novela no se encuentra disponible en quioscos o librerías, me permito dejar por aquí el link para su descarga gratuita on line en PDF o para Kindle o epub para quienes quieran disfrutar de una buena historia, bien narrada y armada.

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