Mi plaza

19 noviembre, 2017 § 1 comentario

Donde vaya, llevaré mi plaza
Un cerezo en flor
me recordará sus almendros
y en los olivares, mis ojos verán
los árboles de mamón
que llenaban de frutos
las cuatro esquinas de mi plaza.

No habrá palmeras en el mundo
que no sean las altas palmeras
de mi plaza
Y treparé los postes de los parques
en honor a los postes de esa plaza.

Un busto de Napoleón, de Washington,
una escultura de José de San Martín o de O’Higgins o de Artigas
siempre serán la estatua de mi plaza
la que escalaba con diminutos pies
hasta alcanzar el busto de Bolívar.

Y en cualquier banco de parque
donde me siente
sentiré en mis nalgas, el frio granito
de los bancos fríos de mi plaza.

Cada repique de campanas
en cualquier ciudad
serán las campanas de la iglesia
frente a mi plaza las que doblan.

Y sobre mi frío cuerpo
Muerto, o convertido en cenizas,
crecerán arbustos de cayenas
y cesped verde
como la grama verde
de mi plaza.

Golcar Rojas, noviembre 2017

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458 años de Mérida

9 octubre, 2016 § Deja un comentario

merida
A Mérida
siempre vuelvo.
Siempre he de volver, por lejos que esté.
Allí me llevan mis sueños y ensoñaciones.
En sus cielos está sembrado mi corazón.

A Mérida siempre voy porque la llevo dentro.
Sus plazas, sus jardines, mi casa en La Parroquia…

Mérida es mi infancia feliz por las calles de La Parroquia con una olla de aluminio al brazo llena de los pasteles de mamá para vender de casa en casa.

A Mérida vuelvo al ver una perra callejera blanca.
Como aquella «Putica» que se pavoneaba en la plaza.

A Mérida me llevan cada día los recuerdos
Los sueños, la memoria.
Un día gris es la niebla merideña.
Un riachuelo es el Albarregas cuyo rumor entraba por mi ventana en las noches.

Una cala roja, es Milla, donde Las Rojas
Con el traqueteo de sus máquinas de coser
Ucha tallando ovejas en anime y Tata haciéndome un pantalón negro con finas rayas blancas.

A Mérida vuelvo en una paledonia, en la melcocha del trapiche, en la cocada y las «vitaminas» de tío David.

No hay manera de que me aleje para siempre de Mérida porque Mérida va conmigo adonde quiera que voy.

A Mérida siempre vuelvo en un barco de papel que navega por las calles angostas en una tarde de aguacero.

¿Dónde estoy?

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