La otra isla, de Francisco Suniaga

3 marzo, 2016 § 4 comentarios

image

A «La otra isla» de Francisco Suniaga, llegué tarde. Acabo de leerla en su undécima edición por Oscar Todtmann Editores de 2014. Su primera edición fue en 2005.

Llegué tarde pero no quiero dejar de decir que es una gran novela. Más allá de la historia policial característica de una novela negra, es grande por la manera de mostrarnos a Margarita, esa isla que como se descubre en el libro es mucho más que playas paradisíacas y una avenida 4 de Mayo para comprar. Tras esa isla turística que todos visitamos, hay una vida que retrata Suniaga con maestría y elocuencia. Una cotidianidad signada por la violencia y por submundos como el de las peleas de gallos.

La estructura de la novela me llamó la atención porque es menos convencional de lo esperado para el género. Arranca la historia con unos personajes y un ambiente que son abandonados en el segundo capítulo para dar paso a los verdaderos personajes protagónicos de la historia: Un abogado en decadencia económica, una madre alemana que llega a la isla para indagar la verdad sobre la muerte de su hijo Wolfgang supuestamente ahogado en una borrachera en Playa El Agua, un joven alemán que llegaría a Margarita a establecerse con su pareja, Renata, para regentar un kiosco en la playa. Richard, un negro ayudante de la pareja y amante de Renata y una serie de personajes más que se desenvuelven en torno a estos.

El primer capítulo, le permite al autor presentarnos el ambiente en el que tendrán vida personajes y hechos. Nos muestra a Margarita, pero no a la del turista. Nos enseña esa otra isla donde cobran vida pasiones y obsesiones. Donde todos mandan y nadie obedece y en donde inexplicablemente algunas empresas, en medio del caos, llegan a feliz término. Esa isla de Margarita que es un elemento tan protagónico en la novela como los personajes.

La voz del narrador va tomando ciertos matices diferentes a medida que la historia avanza. Arranca Suniaga con un narrador en tercera persona que pareciera ir descubriendo junto con el lector tanto la isla como los hechos y los personajes. Luego, en un punto casi intermedio de la historia,  durante el capítulo XVIII, el narrador cambia abruptamente a la primera persona, cuando Richard, el ayudante de la pareja alemana, desarrolla un monólogo en el que cuenta como llega a hacerse amante de Renata. Es un monólogo escrito en clave de conversa entre panas. Como quien cuenta sus travesuras amorosas a un grupo de amigos mientras juegan una partida de truco o dominó. Un texto que entra sin presentaciones ni justificaciones aparentes y sale de igual manera de la historia.

Este monólogo que a primera vista luce un poco forzado, da paso a un cambio sutil en la narración cuando el narrador, aunque se guarda algunos datos,  ya no parece descubrir con el lector las situaciones, sino que parece conocer a profundidad detalles tan íntimos de los personajes como las notas que Wolfgang apunta en una libreta cuando empieza a dejarse arrastrar por la pasión que le generan las peleas de gallos.

Y es en este punto cuando Suniaga hace muestra de una gran maestría para dibujar personajes y situaciones. Nos pinta con una pluma apasionante y sobrecogedora el mundo de las peleas de gallos con unas descripciones vividas de las peleas, de la violencia embriagadora de esa práctica que le permite hacer una especie de tratado acerca de lo que es la violencia animal como característica de una especie, una violencia innata carente de crueldad o premeditación, una violencia reptil. Y esa otra violencia, la humana, la que hace que nuestras morgues se sobrecarguen los fines de semanas con las víctimas. Una violencia que parte de un cerebro reptil no domesticado y que puede llegar a hacer que un jugador reviente contra una viga la cabeza se su gallo perdedor. La violencia humana que Wolfgang pareciera haber llegado a dominar civilizadamente, pero que puede estar agazapada bajo la apariencia de civilidad. Al alemán también le llega su turno con uno de sus gallos y Suniaga deslumbra a describirnos el mundo interior de este hombre arrastrado por una pasión.

Hay pasajes en la novela como cuando Wolgang tiene el primer contacto con los gallos que es realmente magistral. Es una especie de ritual de iniciación cuando Fucho, el criador de gallos le tiende un ejemplar al alemán para que lo sostenga y que marca el punto de no retorno en la pasión gallera que se desata en este hombre que nunca había tenido contacto alguno con gallos de pelea.

La investigación sobre las circunstancias de la muerte del alemán se desarrolla de manera paralela con una investigación literaria del abogado y un amigo para tratar de descifrar un sueño en el que al abogado le dictan un párrafo en inglés y ambos personajes se empeñan en descubrir de dónde proviene. Es una especie de licencia literaria para enmarcar la historia en un contexto de literatura latinoamericana.

Al final, se descubre el origen del texto mientras que la muerte del alemán queda entre interrogaciones, pero nos queda cincelada en la mente, esa otra isla que nos seduce y nos asusta. Esa isla que le permitió a Suniaga mostrarnos alma y esencia de sus personajes.

«La otra isla, la que comparte el sol, la brisa y el mar azules, la isla invisible pero espesa donde todo se posterga, la isla sin tiempo del mañana, mañana, la de todas las miserias, la isla donde anida la tristeza, escondida tras una sonrisa, la que obliga a vivir sin hipótesis y a morir de la misma manera».

Anuncios

Sábanas negras de Sonia Chocrón

9 noviembre, 2015 § 3 comentarios

Pica en la foto para leer en Prodavinci el primer capítulo de Sábanas negras, de Sonia Chocrón.

Pica en la foto para leer en Prodavinci el primer capítulo de Sábanas negras, de Sonia Chocrón.

Leí Sábanas negras en dos tandas. Lo empecé anoche y lo terminé hoy.

La historia de la miss Belleza Venezuela muerta en la habitación de hotel el día que terminaba su reinado y justo antes de entregar su corona a la nueva soberana electa, me enganchó irremediablemente.

Terminé la novela con sentimientos encontrados. Fascinación y decepción. Me fascinó la manera de escribir de Sonia Chocrón de quien, confieso, no había leído nada antes. El manejo y el dominio de idioma, su precisión en el uso de las palabras, son realmente admirables. Es de esa escritura que uno quisiera tener, dominar. Me amarró a la historia el ritmo que le imprimió la autora y ese ambiente entre sórdido y decadente de una Venezuela sumida en la violencia donde un asalto callejero puede ser un evento fortuito o puede formar parte de una trama más violenta aún y más enrevesada que el simple arrebatón. Y así, los personajes se desenvuelven en medio del miedo cotidiano.

La decepción vino porque quedé con ganas de más. Me hicieron falta escenas en la historia. Me hizo falta sospechar, pensar. Eché de menos acciones que me dijeran que el asesino podía ser el dueño del canal, o el productor del concurso, o la lesbiana ofendida por el rechazo de la bella miss, o la compañera celosa y envidiosa del lugar privilegiado que tenía la miss dentro de la organización, o el jefe de policía, o el vocero policial. Tal vez el mismo protagonista podría haber formado parte de la lista de sospechosos, al fin y al cabo, estaba en el lugar de los hechos y así como subió con Nina, al piso prohibido, podría haber hecho uso de sus encantos y haber subido antes con cualquier otra persona, matarla y luego aparecerse en el ascensor con la protagonista.

Quedé con ganas de más historia, de más intriga, de más suspenso.

También me pareció un poco abrupta la resolución de la trama, eché en falta una transición, algún evento que me llevara a esa resolución. Esto posiblemente habría quedado mejor resuelto y habría sido menos brusco si la historia contara con más escenas que nos dieran pistas de lo que podría haber pasado y nos mostrará más hechos de cada uno de los personajes que nos hicieran sospechar de ellos.

Al terminar Sábanas Negras, quedé con la sensación de que  me contaron la mitad de la historia, quedé enganchado a esa pequeña mujer, traumatizada y contradictoria que quiere descubrir lo sucedido pero teme por las consecuencias de ese descubrimiento y también a la historia de ese antihéroe, Cacho Rondón, un periodista con una vida desbaratada, que no quiere amarrarse a la detallista Nina que lo ayuda a desentrañar la trama, pero al mismo tiempo no quiere perderla. Intrigado y con ganas de saber más de ese entramado de poder y prostitución de lujo que se esconde tras las bambalinas del concurso de belleza de la novela.

Al cerrar el libro quedé con la sensación de que fue escrita bajo la presión de la entrega y quedé con ganas de leer más de Sonia Chocrón.

Sábanas negras
Sonia Chocrón
Ediciones B, 2013

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando la categoría Novela negra en P(u)ateando la vida. Otro blog de Golcar.