La mirada de Pablo

28 marzo, 2018 § 2 comentarios

Tenemos mas de dos horas sin luz. La noche esta fresca. La brisa del lago mueve el sonajero de metal que tintinea sin parar sobre mi cabeza. En la obscuridad de mi balcón, cierro los ojos y veo la mirada de Pablo.

Más de dos horas de apagón hoy. Ayer fueron tres cortes eléctricos, cada uno de más de dos horas. Y antier no sé cuántos apagones ni cuantas horas estuvimos sin luz. Ni el día anterior. Ya no recuerdo desde cuándo estamos viviendo esta cotidianidad de calor y tinieblas. Abro los ojos y recuerdo la mirada de Pablo.

Pero, hoy no maldigo. Hoy, no tengo arrechera. Hoy, a pesar de la oscuridad, no me enfurezco. Será por la brisa del lago que refresca y el tintinear del sonajero que me relaja, mientras leo «Medio sol amarillo», la novela de esa autora africana de nombre impronunciable e inescribible que brilla en la pantalla de mi smartphone.

Miro los edificios a oscuras y sobre el tintineo del sonajero, llega una música de algún vecino que debe estar bebiendo cervezas en la oscuridad y desgastando la batería de su equipo con una melodía de perreo que dice

«A mi me gustan mayores,
de esos que llaman señores,
de esos que te abren la puerta
y te mandan flores…».

No sé si es esa canción la que me trae a Pablo a la memoria. O será la oscuridad, que me confirma este largo y cruel socialismo que padecemos. O los apartamentos a oscuras que veo desde mi balcón, con sus ventanas convertidas en manchones negros en los que adivino gente tratando de dormir, gente tratando de olvidar el mal día en el banco; en las colas del supermercado; en las farmacias, derrumbándose ante los precios imposibles de los medicamentos. Tal vez una mezcla de todo eso hace que piense en Pablo. Con su pelo escaso y blanco y esa mirada opaca en sus ojos.

Tras esos ventanales negros y sin reflejos, tal vez hay gente que hace el amor, con cuerpos hechos sopas de sudores salobres, para olvidar el apagón.

En uno de esos apartamentos, tal vez esté Pablo. Con su mirada lánguida y triste, pensando en sus hijos que se fueron con sus nietos. Se fueron en busca de un presente para ellos y de un futuro para sus hijos. ¡Hartos de las miserias del socialismo! Cansados de colas, vicisitudes, carencias, hambre, mendicidad, miedo…

A Pablo Montiel lo conocí al poco tiempo de llegar a Maracaibo. Era un hombre pausado, de voz suave y sonrisa tímida. Siempre estaba bien vestido y de humor estable. De buenos modales, un poco amanerado. Un hombre culto. Arquitecto. Casado. Tenía un buen carro último modelo. Profesor universitario, investigador y prestado a la administración pública con el sueño de recuperar para la posteridad los valores artísticos de la ciudad. Promocionar, apoyar y difundir la producción artística de la región. Renovar y conservar los museos y galerías de la ciudad, preservar las pocas construcciones destinadas al arte y ampliarlas. Aumentar las colecciones y mejorar las condiciones de conservación de las obras de arte.

Nunca vi molesto a Pablo. Nunca me pareció un hombre de pasiones. Más bien, un tipo demasiado ecuánime. Un hombre al que nada lo sacaba de sus casillas ni lo hacía levantar la voz o decir groserías.

Para Pablo, la vida era la tranquilidad de su hogar y la estabilidad de su trabajo. Su ambición era la conservación del acervo artístico de la ciudad y del patrimonio cultural del país. Sólo eso lo movía. Poco tenían que ver la política y la ideología en la vida de Pablo Montiel. Se consideraba un hombre de izquierdas, pero sin radicalismos ni apasionamientos. Y si un gobierno de derechas le ofrecía un cargo o una oportunidad de poner en práctica sus sueños de conservación de las artes plásticas y de los museos, no dudaba en trabajar con ese gobierno. La política y la ideología no fueron nunca pilares determinantes en su vida.

Fue así como, al principio, apoyó la elección de Chávez. Pablo fue uno de los muchos que le compró al teniente coronel sus ideas de justicia social y de lucha contra la corrupción. Su discurso de izquierda, pero que se alejaba y diferenciaba del socialismo cubano diciendo, cada vez que le preguntaban, que lo de Cuba era una dictadura.

Cuando le ofrecieron a Pablo un cargo en el gobierno de Chávez en Caracas, lo pensó mucho antes de aceptar. Ya estaba muy decepcionado de la forma como el teniente coronel ejercía el poder. Pero le ofrecieron un cargo al que siempre aspiró. Un puesto desde el cual podría realizar su sueño. En Caracas, ocupando el cargo de director de Museos, podría ver materializado su sueño de preservar y difundir el valor y la historia del patrimonio plástico del país.

A pesar de sus resquemores por el autoritarismo de Chávez y los visos de seguir los pasos de la tiranía de Fidel en Cuba, Pablo aceptó el cargo que le ofreció. Era demasiada la tentación de poder llegar a donde siempre había soñado. Al fin y al cabo, él haría su trabajo sin importar el rumbo que Chávez le diera a su gobierno. Pablo no tenía ninguna responsabilidad política en el gabinete. Su cargo era institucional y haría todo lo posible por cristalizar su sueño patrimonial en el país.

Con la advertencia de que no toleraría que en su despacho se metiera la política y la ideología, aceptó el cargo. Chávez se comprometió a respetar la independencia del organismo y Pablo se sintió tranquilo al ver que su labor no se vería empañada por la manera como se dirigían los destinos políticos del país. Yo no me meto en política, lo mío es la historia, las artes plásticas y el patrimonio del país.

Pero, poco duró la tranquilidad. Pablo pronto descubrió que en los regímenes socialistas a la cubana, si tú no te metes en política, la política se mete en tu vida.

Primero fueron exigencias de hacer que los empleados de la institución fueran a marchas y concentraciones de Chávez. Tenían que calarse las horas de discursos del comandante cada vez que este lo exigía. Los trabajadores tenían que abandonar sus puestos dos o tres veces por semana para acudir, con su camisa roja, a los mítines del comandante. Pablo les decía que fueran si querían, que no era obligado. Aunque sabía muy bien que cada vez era más una orden y una imposición, que una invitación.

Él mismo, más de una vez, se vio obligado a asistir o participar en los interminables «Aló, presidente».

Hasta el día en que Chávez decidió que iba a intervenir unos edificios del patrimonio histórico del país para convertirlos en cualquiera de las locuras que a él se le ocurrían. Ya allí si Pablo reaccionó. Le advirtió que su proyecto no sólo atentaba contra el patrimonio de la nación sino que era inconstitucional.

Pero, el comandante era la Constitución. No había nada que se interpusiera entre él y su voluntad. Lo que él decía se hacía, aunque fuera contra las leyes y la Constitución. Y Pablo, eso, no lo podía tolerar. Dejando advertencia en un informe de porqué no se debía ejecutar el proyecto, presentó su renuncia y regresó a su cargo de profesor titular de la Universidad, en Maracaibo.

Se juró nunca más volver a trabajar con ningún gobierno. No sospechaba entonces que no vería otros gobiernos, pues el chavismo planeaba perpetuarse en el poder. Para no amargarse la vida, decidió no saber nada de lo que el régimen hacía con edificios y obras del patrimonio nacional. Se alejó de los museos para no ver en lo que los convertían la arbitrariedad y la desidia. Si quieren convertir Miraflores en un invernadero de cultivos hidropónicos, la Casona en un gallinero, la casa de Misia Jacinta en un CDI, que lo hagan. Ya esas no eran sus luchas. Pueden hacer de la Galería de Arte Nacional un modulo de Barrio Adentro, o un supermercado Bicentenario en el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber. Su salud mental valía más que pelear con un régimen sordo y bruto.

Pasaron 10 años. Pablo se jubiló en la Universidad. Vio como su vida se fue volviendo cada vez más básica y precaria. Su salario de jubilado cada vez valía menos. Tocaba echar mano de los ahorros para poder comprar las medicinas y la comida. Su carro seguía siendo el mismo, año tras año. Lejos había quedado la época en que cada dos años cambiaba de modelo de automóvil. Su miranda se fue tornando mustia.

Hace pocos días, me conseguí a Pablo en la cola de un supermercado. Su franela desvaída, sus bermudas curtidos. El pelo blanco. La mirada sin brillo. La sonrisa triste. «Nos quedamos solos», me dijo tratando de tragar el nudo en su garganta. «Nuestros hijos se fueron con sus hijos. Aquí sólo quedamos mi esposa y yo. Ya no tenemos edad para irnos y empezar de cero. Pero ellos tenían que irse. Debían irse por ellos y por sus hijos. Ahora, vivimos de lo que nos pueden mandar. No tenemos ya como cubrir nuestros gastos con la jubilación que no llega ni a 10 dólares. El aire del carro se me echó a perder en estos días. Repararlo cuesta 10 millones de bolívares que no tengo. Ando sin aire y con miedo de ir con los vidrios abajo por la inseguridad…».

El viento sigue haciendo sonar el tintineo metálico del sonajero de tubos plateados sobre mi cabeza. La noche sigue oscura, hoy no hay luna. El reggeton del vecino cayó. Sólo hay oscuridad y el tilín tilín del móvil de tubos. Miro los edificios a oscuras. Sus ventanas como parches, como manchones negros, sin luz, me recuerdan la mirada de Pablo. Sus ojos apagados, ya muertos, esperando, únicamente, que la muerte venga a cerrarlos.

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Olvido

5 febrero, 2018 § 2 comentarios

Hace días me encontré con Roberto en el bar y no tengo ni idea de porqué ahora que me estoy vistiendo para ir a jurar mi nuevo cargo, recuerdo ese encuentro. Debe ser por lo reciente. Por la alegría de hoy. Porque, en otros tiempos, seguramente lo habría llamado para que me acompañara hoy, como nos acompañábamos cuando chamos en las cosas importantes. Bueno, en las pendejadas también.

Tenía muchos años sin verlo. De hecho, me costó reconocerlo. Apenas un brillo en los ojos me sirvió como prueba de que se trataba del mismo Roberto de mi adolescencia y juventud.

Él me reconoció de inmediato. Me asombró que en la oscuridad y bullicio del bar y con algunos tragos en el buche, él me reconociera al no más verme.

A pesar de la calva que reflejaba los focos rojos y azules. A pesar de las canas que cubren mis orejas. A pesar del abdomen pronunciado y las manchas y lunares en mi piel. Roberto al verme se me acercó y me llamó por mi nombre:

«¡José Alfredo, cuánto tiempo!», gritó con una sonrisa en los labios y se abalanzó sobre mí en un cálido y apretado abrazo. De inmediato recordé aquellos abrazos que nos dábamos todos los días al encontrarnos y despedirnos. Me abrazó como si no hubiese pasado el tiempo y él no se hubiera casado con Rosana y yo con Alicia. Como si siguiéramos solteros y el día anterior hubiésemos amanecido juntos en algún bar de putas de Cuatro Piedras.

Brindamos por los viejos tiempos. Me contó que sigue con Rosana, tuvieron tres hijos y ahora tienen tres nietos.
—Son una maravilla, José Alfredo, si tener hijos me llenó de dicha, ser abuelo me hizo crecer como ser humano. Los nietos son la prueba de que la vida sigue, que seguirá aún mucho tiempo después de que seamos polvo en el polvo. ¿Y tú y Alicia? ¿Ya son abuelos?

Sin saber por qué, la pregunta me avergonzó. Bajé la mirada hacia el trago, bebí un poco de güisqui sin tener ganas, y tratando de aparentar indiferencia, respondí:

—Con Alicia las cosas no fueron bien. Al final, llegó un momento en que no nos soportábamos uno a otro y, después de once años, nos divorciamos. No tuvimos hijos. A lo mejor eso fue lo que nos hizo falta…

Roberto me miró como estudiando mi rostro. Como buscando algo en mis ojos.

—¿Y estás solo? ¿O te volviste a casar?
—Después de varios intentos fallidos de parejas, hace cuatro años, me volví a casar. Conocí en el trabajo a una pasante que se me fue metiendo sin darme cuenta en el corazón y en la cama. Cuando me percaté, le estaba proponiendo boda y ya llevamos cuatro años de matrimonio. Ven el sábado a cenar con Rosana para que la conozcas. Me encantará volver a ver a Rosana.

No sé por qué hice la invitación. Supongo que fueron los güisquis, o la nostalgia por los viejos tiempos cuando salíamos juntos todos los fines de semana. Lo cierto es que ya no tenía manera de echarme atrás y Roberto gustoso aceptó la invitación.

Bettina estaba emocionada por conocer a Roberto. A mi amigo del alma, mi hermano. Le he hablado mucho de él y de nuestras correrías juntos. De las veces que nos metíamos en los velorios de madrugada para que nos regalaran un tacita de consomé y un poco de café que nos ayudara a calentar el cuerpo luego de toda la noche de bares y mujeres de la buena mala vida.

—Ah, sí. Cómo gozábamos después contándole a los amigos como hasta llorábamos junto al muerto como si lo conociéramos de toda la vida y los deudos terminaban dándonos palmaditas en la espalda para consolarnos y llevándonos a la cocina para que nos dieran el consomé y el café.

Roberto, Rosana y Bettina no paraban de reír con mi cuento.

—Un día, en uno de esos velorios, de pronto apareció un tipo con una cámara fotográfica. El carajo era hermano del difunto y quería dejar registro del triste momento. Estaba más borracho que Roberto y yo. No me pregunten cómo, pero de pronto, estábamos este carajo y yo, uno a cada lado del muerto, sosteniéndolo sentado en el ataúd y posando con cara de circunstancia para la foto.

Bettina se horrorizó con el cuento. Se hacía cruces y decía que eso hasta pecado debía ser. Roberto la miraba divertido.

—Esa misma cara puso mi hija Elisa cuando le eché ese cuento, Bettina. Dejó de hablarme por dos días por la falta de respeto con los difuntos. Es que Elisa debe ser más o menos de tu misma edad…

Cuando Roberto hizo el comentario, hubo un imperceptible segundo de incómodo silencio. En efecto, Bettina podría ser mi hija. Muchas veces en el supermercado o en otros sitios nos pasa que los dependientes me hablan de mi hija o a Betina de su papá.

Roberto, sin hacer referencia a la indiscreción, comenzó a contar de una vez en que salimos de una fiesta de madrugada, más prendidos que chicote de bruja y nos robamos un carro para no caminar el montón de cuadras que faltaban para llegar a la casa.

—Eso sí, al día siguiente fuimos al sitio donde habían estacionado el carro y por debajo de la puerta dejamos una nota diciendo donde lo podían recuperar. Después, de eso, se hizo costumbre. Todos los fines de semana nos llevábamos ese carro y al día siguiente veíamos como llegaba el bonachón del dueño a buscarlo frente a la plaza donde lo dejábamos.

Nos comimos el risotto con calamares que preparó Bettina. Un torta de queso que es su especialidad y nos tomamos una botella de vino blanco.

La velada resultaba más que divertida. Roberto y yo gozábamos recordando las travesuras de juventud. Fueron tantos años los que pasamos encompinchados y tantas las vivencias juntos que las historias fluían una detrás de otra. Bettina y Rosana no paraban de reír con nuestras locuras.

—¿Te acuerdas la vez que nos detuvieron los policías y nos dejaron toda la noche presos en la prefectura?

A Roberto le brillaban los ojos mientras me hacía la pregunta. Bettina volteó a mirarme interrogativamente y yo a la vez debo haber puesto cara de acertijo porque Roberto se apresuró a agregar:

—¡No puede ser que no te acuerdes! Si tuvieron que ir nuestros padres a la prefectura porque aún eramos menores de edad. Tal vez eso fue lo que nos salvó de que no nos dejaran detenidos, porque aún no cumplíamos los dieciocho años.

—Esa historia nunca me la has contado, papi. Dijo Betina con tono pícaro y un dejo de censura.

—Creo que Roberto está confundido de amigo, yo no recuerdo eso. De hecho, no recuerdo que me hayan detenido nunca…

—¡No puede ser que no te acuerdes! Varias veces estuvimos a punto de que nos agarrara la policía por andar de tirapiedras en el liceo y más tarde en la Universidad…

—¿Tirapiedras, yo? —Dije cada vez más asombrado—. En mi vida he salido yo a manifestar…

—Me estás vacilando —dijo Roberto—, me estás mamando gallo.

Ante mi mirada de extrañeza, Roberto insistió:

—Coño, José Alfredo, si vivíamos en una sola protesta, peleando por los Derechos Humanos y queriendo liberar al mundo de las injusticias y la represión…

—Te prometo que estás confundiendo o mezclando historias o amigos. Yo no salí nunca a protestar ni a tirar piedras. Sí me acuerdo que tú vivías hablando de la justicia y la libertad, pero yo jamás salí a protestar contigo, y mucho menos me detuvieron por eso.

Roberto empezó a verme con algo de rencor en la mirada, estaba descolocado, insistía en la historia de la detención. Decía que habíamos lanzado unas molotov a la estación de policía, que nos habían perseguido y que yo había tropezado con una piedra, había caído y me había clavado unos vidrios rotos en la rodilla.

—Empezaste a llorar tirado en el pavimento. Cuando volteé, te vi desesperado y el pozo de sangre sobre el asfalto y el pantalón manchado y roto con algunos vidrios aún incrustados. La policía ya estaba cerca y yo me regresé para intentar de que te levantaras y siguiéramos corriendo, pero tú no parabas de llorar y entonces la policía nos alcanzó y nos detuvo. Esa noche no paraste de llorar, hasta que, al día siguiente, nuestros padres nos buscaron y nos sacaron de la prefectura…

—Quién sabe con quién te pasó eso, Roberto, te prometo que no fue conmigo…

—¡Coño, con quién más iba a ser si sólo salía contigo en esa época! —Roberto estaba realmente cabreado—. Si todo el mundo hasta llegó a pensar que éramos maricones porque siempre nos veían juntos y cuando no te quedabas tú en mi casa, me quedaba yo en la tuya…

—Bueno, sí. Todo eso es verdad, pero lo de las protestas y la detención no fue conmigo…

Rosana intervino para cambiar el tema y bajar los ánimos.

—Bettina, me tienes que dar la receta del cheese cake. Estaba realmente delicioso.

—Claro, ahora te la anoto para que te la lleves. Y les pongo en un tupper unos trozos para que lleven para el desayuno con un buen marrón. Es muy fácil de preparar.

Roberto no volvió a hablar en lo que quedó de velada. Bettina y Rosana se encargaron de llevar la conversación por los caminos habituales de lo doméstico. Yo no podía creer que Roberto se hubiera inventado semejante historia, pero preferí no insistir en el tema. Nos terminamos la segunda botella de vino escuchando a las mujeres hablar de las cachifas y de ropa y zapatos, hasta que Rosana dijo que ya era tarde y debían irse.

A la mañana siguiente, mientras estaba sentado en la poceta leyendo El príncipe de Maquiavelo por enésima vez, entró Bettina emocionada con el periódico en la mano:

—¡Papi, papi! Mira lo que salió hoy en el periódico.

Tomé el ejemplar de El Nacional que me ofrecía y vi la foto de unos estudiantes encapuchados tirados en la calle con las manos amarradas a la espalda y unos policías que seguían dándoles patadas.

—Bien merecido se lo deben haber tenido —dije sin comprender porqué Bettina estaba tan emocionada con la noticia—. Rezando no estarían si estaban encapuchados y los agarró la ley.

—¡No es eso, papi! Mira lo que dice mas abajo. ¡El presidente anunció que te nombró Ministro de Interior! Ahora la ley vas a ser tú.

Alcé el periódico para leer bien el pequeño recuadro debajo de la foto principal:

José Alberto Escalante, nuevo ministro del Interior

Ante la ola de protestas estudiantiles que se ha desatado contra el régimen…

—Papi —dijo Bettina mirándome la rodilla—, yo no puedo creer que no recuerdes cómo te hiciste esas cicatrices tan feas que tienes en la pierna.

—Te he dicho mil veces que no me acuerdo. Supongo que alguna caída cuando estaba muy pequeño. Vainas de muchacho. Dame un beso y más respeto que ahora estás hablando con el ministro. Prepárame un traje que tengo que arreglarme para ir a Miraflores a hablar con el presidente.

Tac, tac, tac… 300

20 enero, 2018 § 1 comentario

¿Qué pasó, Mario?

Llegaste. El camino fue el mismo que habías trazado mentalmente. Hasta allí, todo fue como lo planificado.

Entonces, ¿qué?

No pudiste. No quisiste. No tuviste valor. No tuviste —por fortuna— oportunidad. Había tanta gente. Estabas de suerte.

Habías pensado en comenzar con “Te agradezco una taza de café“. Y la tuviste. Te dieron tu taza de café, dos tazas. “Estoy mal. Ayer te dije que no estaba a nivel de un tiro, pero sí lo estoy“.

Te tomaste el café y todo desapareció, todo lo pensado se esfumó, ya no había nada, sólo el tac, tac, tac… 16.

No quiero que me preguntes, tampoco me interesa (tac, tac, tac 28) si me entiendes o no…

Hasta se te olvidó aquella frase que se te ocurrió y que te gustó tanto. Sólo jugabas (tac, tac, tac… 37) y mirabas.

Toda esa gente, el viaje, el estudio… todo en tu contra.

Es más, prefiero que no haya ni preguntas ni comprensión (tac, tac, tac… 50). No sé, estoy mal desde hace días, no sé cuántos“.

Nunca haces las cosas como las piensas. Nunca puedes hablar como lo has pensado. No importa. Pensar te ayuda a ordenar tus sentimientos y a desahogarte.

De eso se trata, Mario, de sacar, de echar al aire. Nihilismo, misantropía, ateísmo, No olvidar y olvidar.

Son cosas de las que necesito hablar y no acostumbro hablar solo (tac, tac, tac… 66). Sólo necesito un siquiatra. Pero, yo no creo en siquiatras“ (tac, tac, tac…. 68).

Tu no puedes, Mario, nunca has podido hablar. Nunca podrás. Es la telenovela, Mario. Eso es. Tú no eres una telenovela, tú no te ves como una telenovela.

Y ahora, ¿qué vas a hacer? Escribo. Escribe. Escribir. Escritor frustrado. ¿Para qué? La gaveta es grande, escribe que allí cabe. Es lo único que te queda, escribir.

(tac, tac, tac… 75) “Yo sé que tú eres la persona, pero tú no escuchas sin preguntar. Tú todo lo quieres o pretendes entenderlo. Y no es así (tac, tac, tac… 88). Esto no es una excusa para no hablarte, pero sirve“.

Tienes suerte, Mario. De no haber sido por toda esa gente, las uñas que se pintaba, el viaje… habrías hablado y tú no quieres hablar. Tú no corres riesgos. Mario, hay que arriesgar. Olvida el miedo. Cobarde. Le temes a los golpes, no te gusta sufrir.

Si insistes, puedes lograrlo, la puedes tener. Pero no insistes, no acosas.

La imagen, “Tú bueno”, que ella llegue sola, que se equivoque sola. Sin culpas. ¿Y si no se equivoca?

Un riesgo. Cobarde.

Últimamente me he deprimido mucho (tac, tac, tac… 99). Te veo y me deprimo. Quiero que me oigas (tac, tac, tac… 105), pero me cuesta tanto saber qué es lo que quiero decir. Después de viejo me estoy volviendo existencialista. Yo creía que eso sólo daba a los 14 o 15 años (tac, tac, tac… 110). Pues no, yo cada vez me enrollo más”:

Te jodiste, Mario. Tenías el discursito preparado y te tuviste que comer el papel.

Reclamo. Siempre tienes que reclamar. Tienes la lengua muy larga. Y lo que no dices, lo gente dice que lo dijiste.

Hoy no te gusta, pero ayer sí. Mañana sí, pero hoy no. Olvídalo, tú no quieres culpas. Esperas todo, hasta lo indecible, para no tener culpa (clo clo clo, gallina siete pollitos).

Ya no creo en nada (tac, tac, tac… 125). En Dios (que se vaya a bañar). En abuelo, en mamá, en el tabaco, en mí… eso es lo que me pasa (tac, tac, tac… 129) que no creo en nada y soy muy miedoso. Si no creo, ¿a quién llamo cuando tenga miedo? (tac, tac, tac… 136). me da miedo no creer. Pero no soporto tener que creer que creo (tac, tac, tac… 143):

¡Ay, Mario! Olvida. Olvida aquella puerta de los seis años. Ya murió. Tú no quieres ser complicado, pero lo eres. Te gusta ser complicado. Eso seduce. El seductor es mejor que tú, Mario. Por lo menos, no se enrolla. ¿Cordelia murió?

Tú sí te enrollas, Mario. Claro, con algunas cosas. ¿Y el sabor, Mario? ¿Y tu mano olorosa a sexo ajeno? Eso sí no te importa. ¡Si hasta miras a los ojos! Sinvergüenzra. Cobarde.

Son rollos raros (tac, tac, tac… 163), sin explicación. Y al final, eso, el rollo otra vez. Y no tengo cómo descansar. Todos los días lo mismo. Pero, a veces, no aguanto. No lloro, porque no sé llorar. (tac, tac, tac… 171), y si lo hago, miento. Pero es que yo soy una mentira, una apariencia“.

No volviste a misa. ¿Y el ruegapornosotros? Te jodiste. Cada vez te jodes más. Y si rezas antes de dormir, te envainas. Exorcismo, Mario, aguabendita, Santateresitadejesús, ruegapornosotros. ¡Ya basta, Mario! ¡Deja a un lado lo místico convencional y besa al diablo! Tú eres como la ouija y no como el Cristo que viste salir del tronco.

(tac, tac, tac… 182) “El peo mío es lo acomodaticio. Yo soy un comodín o un espejo. Un vacío que la gente tiene que llenar (tac, tac, tac… 189). Si me quieres vano, soy el padre de los estúpidos. ¡Ah, pero aquel me quiere coñuemadre! y, entonces, soy Robespierre. Y ella me quiere filósofo, y yo maté a Sócrates (tac, tac, tac… 205). Yo soy la cicuta. Mi vacuidad me da náusea. La imagen. Ese es mi gran peo (tac, tac, tac… 208). La imagen“.

Esa foto que tienes en la pared, Mario, ese Jesús, es un drogadicto o, tal vez, un homosexual. En esa foto no crees, pero la tienes allí, mirándote.

¡Pa´l coño con el libreto! Te cambiaron el escenario y los personajes, Mario. Déjate llevar por ellos. Siempre lo has hecho. Tu papi lo resolverá. Habla del tiempo, “Meses de calor“. Inventa un sueño. O haz que sean ellos los que hablen y tú escucha sin oír, como siempre.

A ti qué te importa si la deja el avión, o se cae. Caer sin llegar al fondo, Mario.

Perdóname (tac, tac, tac… 225). No sé por qué me repugnas tanto hoy. Sí, sí lo sé. Es el deseo reprimido. Eso ya me pasó una vez, hace tanto tiempo (tac, tac, tac… 231). No me hagas caso. Esto se pasa rápido. La próxima vez, te hablaré de libros (tac, tac, tac… 242), García Márquez, Sábato, El Ulises (tac, tac, tac… 247)… Hoy sólo escúchame. Mejor dicho, mírame (tac, tac, tac… 260) y no me hagas caso. Son sólo lucubraciones mías (tac, tac, tac… 261), sinsentidos, lugares comunes. Mañana te veo y no me acordaré de la bosta que hablé hoy” (tac, tac, tac… 263).

¿Ves, Mario? Dime qué hiciste el papelito de las anotaciones. ¿Te lo tragaste? No hablarás nunca. Mañana la cagas de nuevo al intentarlo y no lo entenderás.

Dios te bendiga por tu paciencia (tac, tac, tac… 271). Ya mañana, ella se habrá ido de viaje. Las uñas estarán pintadas (tac, tac, tac… 295), ya no estará este juego cerca y, tal vez entonces, yo pueda hablar” (tac, tac, tac… 300).

Golcar Rojas, enero 2018

El último punto

26 noviembre, 2017 § 1 comentario

Miedo. Un miedo desconocido hasta ese momento sintió cuando tecleó en la computadora “Mi tía”, el título de una historia que tenía tiempo deseando, necesitando, escribir.

Leyó las dos palabras en el monitor brillante y los dedos se le paralizaron. Como hipnotizado, sus ojos permanecían fijos sobre las cinco letras.

Incapaz de escribir una sola palabra más, cerró el archivo. Un terror desconocido le impidió siquiera volver a intentar escribir.

No era miedo a un dolor físico lo que lo abrumaba, como cuando uno teme quemarse al pasar sobre una hoguera encendida. Tampoco se parecía al miedo casi animal que experimentaba cuando, en la calle, le gritaban insultos o le amenazaban con golpearlo por ser diferente.

El temor de ese momento, no lo había sentido antes. Se parecía un poco al vacío en la boca del estómago, cuando miraba hacia abajo desde la azotea de su edificio y sentía que el vacío lo llamaba. Lo tentaba. Lo hechizaba.

Era un miedo absolutamente desconocido hasta entonces.

No era como el temor a que sus padres murieran o el pánico a los fantasmas de los cuentos del pueblo donde se crió.

No era el espanto del jinete sin cabeza a las doce de la noche. O de las brujas que de madrugada llegaban al techo para celebrar allí sus aquelarres y a quienes espantaban gritando “¡Vengan mañana por sal y remiendos!”

Era el miedo a una certeza.

Al teclear las dos palabras centradas, en negritas y en letras cursivas:

Mi tía

supo que esa historia lo mataría.

En ese instante, tuvo como una revelación, una epifanía, que le advirtió que su misión en la vida sería escribir la terrible historia de esa misteriosa tía.

Pasaron varios días. Otras historias cruzaron por su mente y las escribió. El archivo “Mi tía” continuaba allí, en la aplicación Microsot Office Word de su computadora y, cada vez que iniciaba una historia en un nuevo documento, aparecían allí, entre sus archivos, esas dos temidas palabras.

Un día, se armó de valor y abrió de nuevo el archivo.

Las cinco letras seguían allí: negritas, cursivas, centradas en la página.

Con el terror instalado en el cuerpo, escribió el primer párrafo de la oscura historia de su tía. Lo releyó varias veces y lo encontraba más ajeno cada vez.  Era una escritura extraña, como si no le perteneciera.

Hizo clic en “Guardar” y al cerrar el archivo sintió de nuevo la certeza. Estaba completamente convencido: esa historia sería su fin.

Pasaron los años. Miles de historias cruzaron por su mente. Cuentos, crónicas, ensayos, poemas. Unas cuatro novelas. Todo lo que se le ocurría, lo escribía.

La escritura se tornó una obsesión. Sentía que cada vez que ponía sus angustias y temores en palabras escritas, los exorcizaba. Se liberaba contando por escrito sus miedos y ansiedades, sus emociones y sentimientos. Sus pasiones.

De vez en cuando, entre una página y otra; entre una novela y un cuento; entre un poema y un ensayo; retomaba el temido archivo “Mi tía”. Le agregaba uno o dos párrafos a la misteriosa historia que lo atormentaba desde niño y que sabía que debía poner por escrito y la dejaba de lado para acometer otro proyecto literario.

Desde muy pequeño tenía un sueño recurrente. En ese sueño, unas veces un ángel, otras, un perro alado o algún ser mitológico, le revelaba que su misión en la vida era narrar la extraña vida de la tía.

A los setenta años, era un escritor reconocido y respetado en su país. Pero, nunca olvidó que cuando aquel día abrió el Microsoft Word y en la página en blanco tecleó “Mi tía”: cinco letras en negritas, cursivas y centradas en la línea, las visiones de sus sueños se agolparon en su mente. Esa era su misión en la vida.

Nunca le importaron los premios o reconocimientos, aunque recibió varios de instituciones que reconocían su calidad literaria. Pero jamás envió un texto a concurso o lo sometió a jurados.

Su afán nunca fue la fama y los premios los conocía muy bien desde una vez, cuando presenció la discusión de un jurado en la que no tomaron en cuenta jamás la calidad de los textos recibidos, sino las tendencias ideológicas y los grados de amistad de los jurados con el autor. Cuando escuchó que decidían darle el premio a un texto mediocre, pero ideológicamente inofensivo y de un autor anodino, pero en buenos términos con todos, se juró que no participaría nunca en las farsas de los concursos y los premios.

Las veces que aceptó reconocimientos, lo hizo porque no conocía personalmente a nadie dentro de la institución que los otorgaba y no mediaba ningún vínculo afectivo entre él y los encargados de discernir a qué personalidad le conferirían ese premio.

Su vida transcurría entre lecturas y escritura. Nada más le atraía. Se fue encerrando más en sí mismo. Vivía Alejado del mundo. Se tornaba, con los años, cada vez menos comunicativo y más asocial.

La gente se le hacía extraña cuando tenía contacto personal con ella y sólo lograba explicarse y comprenderla, cuando se relacionaba por escrito.

La oralidad fue ocupando cada vez menos espacio en su vida. Las palabras pronunciadas eran las mínimas para poder relacionarse de manera básica con quienes le rodeaban y para los inevitables trámites cotidianos.

Cuando quería decir algo que consideraba importante, tenía que sentarse frente a su computador y escribirlo. Sentía que, cuando hablaba de viva voz, no lo comprendían o lo malinterpretaban. En la mayoría de los casos, estaba seguro de que la gente ni siquiera lo escuchaba.

Se convirtió en un viejo huraño, esquivo, silencioso. Cada vez más meditabundo con los años. Era un anciano hermético; aunque al leer sus textos se adivinaba una vida llena de energía y esplendor que nada tenía que ver con ese hombre de cabellos cenizos, manos temblorosas y cataratas en sus ojos enmarcados en lentes redondos de montura de oro 18.

Sus dedos sobre el teclado, parecían colibrís en pleno vuelo chupando el néctar de cada letra pulsada. Sus dedos se movían mucho más rápidos que sus labios y, aunque todo su cuerpo se fue entumeciendo y la cerviz encorvando, esos dedos no perdieron nunca su agilidad y veloz movimiento para plasmar lo que pensaba.

Un día, sentado frente al computador, pensaba en una nueva historia que contar. La vida se le había hecho monótona. Poco o nada animaba su interés. Las historias se le habían agotado. Sentía que todo lo que tenía que decir lo había dicho y estaba escrito en palabras claras e inconfundibles.

Estaba agotado y se sentía completamente vacío. Todo lo que llevaba por dentro: tristezas y alegrías. Miedos y obsesiones. Sentimientos y emociones. Deseos, aspiraciones, traumas y frustraciones; lo había volcado en sus historias. Su vida y las vidas que hubiera querido vivir estaban esparcidas entres las miles de páginas escritas a los largo de tantos años.

Cerró la página en blanco del archivo que acababa de abrir infructuosamente en Microsoft Word Office, porque no logró poner dos palabras juntas para iniciar una historia.

Recorrió con un pulso tembloroso que hacía esquivo el cursor del mouse, los títulos de los archivos. Cuando se posó sobre “Mi tía”, por primera vez sin sentir temor, lo abrió.

Abajo, en la esquina inferior izquierda de la pantalla, ponía “Página: 1 de 780 I Palabras: 448.326”.

Esos eran los números que a lo largo de su vida de escritor había acumulado escribiendo la historia misteriosa que siempre supo era su misión de vida.

“Mi tía” entre una historia y otra fue tomando cuerpo y forma. Cobró vida, mientras la suya declinaba.

Leyó una a una las 448 mil 326 palabras escritas y, aunque el texto no lo reconocía como propio, se le hacía ajeno desde la primera línea hasta la última escrita, sintió que su misión, finalmente, estaba cumplida.

Ya no tenía nada más qué escribir. Todo lo había dicho.

Agotado y en paz, decidió que eso era todo.

Tecleó las cuatro líneas que faltaban para finalizar “Mi tía” y, al poner el dedo índice sobre la tecla para pulsar del punto que indicaba el final, se desplomó sobre el teclado.

Textículos del revolucionario 21

27 mayo, 2017 § 1 comentario

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“Ahora sí es verdad que estos disociados de la ultraderecha nos vieron la cara de pendejos, camarada. Ellos son todos unos angelitos y nunca están haciendo nada. Salen a incendiar el país y a quitarnos la paz, pero cuando los matan, no estaban haciendo nada. Uno iba a comprar Harina PAN, el otro pañales, el coñito wayüu, no era que iba a saquear, sino que estaba haciendo turismo de aventura y al otro le llenaron el cuerpo de perdigones cuando iba a comprar comida. Después salen a culpar de todo al réeeeegimennnn del presidente obrero que lo único que busca en verdad es la paz, el respeto, la estabilidad y la tolerancia. Claro, se ponen a generar zozobra y pasa lo que pasa, una camarada, estresada, angustiada, nerviosa con tantas guarimbas violentas, en un ataque de nervios e ira se lleva por delante a un muchacho que, por supuesto, según los disociados, no estaba protestando, y salen a decir que la culpa es del camarada Diosdado, porque él, como buen visionario y conocedor de la psicología del ser humano, lo advirtió: ‘cualquier día un camarada obstinado se lleva a un fascista por delante con su camioneta, y salen a llorar‘. ¡Dicho y hecho! Pasó y ahora están con la lamentadera. No terminan de entender que la garantía de la paz es la revolución y, si no hay revolución, no habrá paz, porque saldremos con las armas a defender el gobierno legítima y democráticamente elegido. ¡No volverán!”

***

“La camarada Tania tiene razón. Eso que hace Estados Unidos no es una sanción. Eso es injerencia en los asuntos internos y robo. Sí, robo, porque le están quitando a esos camaradas que les congelan bienes y cuentas, lo que les pertenece, lo que con mucho esfuerzo y sacrificio han logrado. ¿No se supone que los gringos se llenan la jeta diciendo que ese es el país de la propiedad privada y la libertad? Entonces, ¿por qué van a prohibir que los camaradas dispongan de lo que es su propiedad? Y, finalmente, camarada, suponiendo que esto, como ellos dicen, sea una dictadura, un réeeeegimennnn, como les encanta llamarlo, ¡eso no es peo del imperio! En ese supuesto negado, porque aquí jamás había habido tanta democracia y libertad, de que esto sea una dictadura, ¡ES NUESTRA DICTADURA! Y ellos no tienen porqué intervenir en nuestros asuntos internos. Como le dijo el presidente obrero ¡Donald Trump, go home!

***

“Qué perversa es la oposición violenta y golpista. Han llegado al colmo de que en la marcha de Mérida, infiltraron dentro de la protesta de oposición, a un infiltrado de la misma oposición, armado y en una moto, disfrazado de colectivo de paz, para hacerlo pasar por un infiltrado del gobierno, que iba a matar gente en la manifestación. Son tan desalmados, que ni siquiera les duele dejar a uno de los suyos todo golpeado y sin moto con tal de montar sus mentiras. Al pobre hombre lo golpearon y le quemaron su moto, porque hizo varios disparos. Todo el mundo sabe que eso fue mandado por Capriloca que anda con su violencia desatada mentándole la madre cada nada al presidente obrero. Me da lástima con ese muchacho, por muy escuálido que sea, no se merece que los fascistas lo utilicen así. A lo mejor esa motico era su medio de sustento”.

***

“Uish, paisano, menos mal que los camaradas del diario Pico Bolívar nos dijeron la verdá verdaíta, porque esos pingos violentos de la oposición fascista ya me habían hecho pensar que en verdá el comisario de la polecía de Mérida estaba amenazando con su arma a los de la ultraderecha que jalieron en su bailanta. Magínesé usté, camarada, que el comisario lo que hizo fue lanzar unos cuantos tiros al aire pa’ que los golpistas je dieran de cuenta de que él iba ahí pa’ protegelos de cualquier atentado de ellos mismos, porque esos son así, mandan a sus violentos a que ataquen a su gente pa’ después decir que jue el réeeeegimennnn. Puej los muy jueputas dijociados, cuando vieron que era el comisario, lo coñacearon y le quemaron la moto al pobre jombre, que lo que los jestaba era cuidando”.

***

“Hay que ver que los disociados cada vez están más disociados y más brutos y violentos, camarada. Ellos ven que los revolucionarios estamos resteados con la revolución y con el presidente obrero. Saben, porque siempre, desde el tiempo en que el siemprevivo mandaba, el amado comandante supremo y eterno, se les ha dicho que la revolución es corazón, amor y paz, pero está armada, y siguen buscando verguero. ¡Será que les gusta que los matemos! No hay otra explicación. No terminan de entender que la revolución llegó para quedarse y que si los camaradas tenemos que matar a todos los fascistas para conseguir y mantener la paz, los vamos a matar. Ahí está, ayer nos echamos al pico a cinco coñitos burgueses y violentos en Barinas, que salieron a sembrar zozobra en tierra santa, porque la cuna del comandante supremo y eterno es tierra Santa, y ya están convocando a marchas. Después que no salgan con la lloradera porque les matan a los muchachos o los llevan para La Pica. Porque ahora les dio por pegar alaridos ¡MI HIJO! ¡MI HIJO! No joda, métanles cuatro correazos a esos coñitos y enciérrenlos con sus tablets y IPhones a jugar en el cuarto y no los dejen salir a perturbar la paz, si no quieren que se los jodamos. ¿Es o no es, camarada?”

***

“Coño, camarada, menos mal que la caraja esa le volvió mierda el violín a ese guarimbero violento. Ellos se la tiran de santurrones, pero eso de los violines es una estrategia perversa, camarada. Ellos saben muy bien que está comprobado científicamente que la música amansa a las fieras, por eso ponen a los carajos a tocarles musiquita a los Guardias Nacionales y con el sonido los ponen mansitos, mientras los violentos disociados con los oídos taponados para no escuchar la música, se ponen más agresivos y lanzan las piedras a las tanquetas y escudos con más arrechera. Son tan maquiavélicos esos golpistas de la ultraderecha, camarada, que llevan en los bolsillos una estampa de San Marcos de León, con el felino con la cabeza humillada y otra de Santa Marta la dominadora, pisando a la serpiente, y les rezan antes de ir a protestar para que los pobres Guardias y policías, con la música y las oraciones, estén agüevoneados y poderlos joder. ¡Perversa, camarada, la ultraderecha es perversa y mala!”

***

“Ay, qué ver, camarada, lo falsos que son los ‘humanistas’ de la ultraderecha violenta y golpista. Tienen casi 60 días en un llantén por los carajos esos que han fallecido en sus protestas violentas y llenas de odio, parecen plañideras de tanto que lloran, ‘Cry me a river’. Y salen moqueando a culpar a los Guardias Nacionales y a los colectivos de paz, que lo único que hacen es defenderse de los ataques violentos y llenos de odio de los fascistas. Hasta por la perra Negra esa, a la que le pegaron unos perdigonazos chillaron, porque los violentos son tan bestias que se llevan perros de ataque para las manifestaciones para que maten a dentelladas a los pobres policías nacionales. Pero quemaron a un pobre joven por ‘parecer chavista’ y de ese muchacho si no dicen ni pío. De nada que ahora salen a decir que él se buscó que lo quemaran, porque se infiltró o les grito ¡Malditos, yo sí soy chavista! O quién sabe qué otra vaina de esas que ellos inventan para tergiversar las cosas. Yo no digo ni un Que en paz descanse por los muertos de ellos, porque esos coños salen a buscar lo que consiguen. Salen a provocar a los Guardias y a los camaradas colectivos de paz y, pues, encuentran lo que buscan. Si no fueran provocadas, yo hasta lamentaría esas muertes”.

Textículos del revolucionario 18

14 mayo, 2017 § 1 comentario

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“Ay, marica, de verdad que la ultraderecha es lo más violento que uno pueda imaginar. ¿Viste como esa desgraciada en Australia se le fue encima a la pobre hija de Jorge Rodríguez? ¿Viste con cuánto odio le gritaba? ¡Pobre muchacha! Yo me hubiera morido muerta. Se le veía el terror en los ojos, ¡Hasta su escolta, que es como un camión 350, tenía miedo de la fiera esa que las apuntaba con un teléfono y les gritaba horrible. Esa niña debe estar hoy en terapia para superar ese trauma. Es que no se puede con tanta agresividad de los marditos escuálidos. A ellos les parece horrible que les lancen bombas lacrimógenas aquí, que les disparen perdigones. Pero ellos si pueden ir con su violencia por el mundo amedrentando a muchachas que no les han hecho nada y cuyos padres están luchando aquí contra una guerra económica cruel y peleando para defender el legado de amor del comandante supremo y eterno. Son unos bestias, esos desgraciados “.

***

“Coño, culso, yo nunca pensé que en este país la gente nos quisiera tanto a lo gualdias nacionales y a lo policías nacionales. Fueras visto culso cómo la gente que venía malchando y protestando nos recibían. Nosotros lanzándoles gases, peldigones, metras y hasta plomo, polque argunos culsos no comen cuento y si la olden es reprimí, no mascan pa’ saca su bicha y ¡pum! ¡Pum! Bueno, pues la gente nos quiere tanto y nos admira tanto que traían frascos llenos de durce de leche pa’ danos. Es que ellos saben que nos mandan a reprimilos con la panza vacía y sea como sea, pues somos sus gualdias y nos quieren. Dicen que es durce de leche uruguayo que mandó por toneladas er camarada Pepe Mujica. ¡Ese viejito es un ángel! Seguro ahora salen lo escuálidos a decí que eran mieldatov, que la gente le hizo caso a los gochos que decían que nos lanzaran mielda, pero a mi er comandante me dijo que era durce de leche uruguayo. Vamos a poné VTV, culso, que seguro ahí sí dicen la veldá y sacan a Pepe diciendo cuántas toneladas de durce mandó pa’ la causa, pa’ que nos dé enelgía pa’ defendé ar presidente obrero y er legao der comandante supremo y etelno”.

***

“Yo te digo una vaina, camarada, yo nunca había visto tanto odio y tanta agresividad en un ser humano como la que veo en estos carajos de la ultraderecha que están saliendo a protestar. Es que se le van encima a los policías con palos y piedras, hechos unas fieras. Los pobres policías salen huyendo en sus motos, con sus cascos, sus fusiles, sus chalecos antibalas, sus escudos, porque es que esos coños vienen endemoniados. Es que son demasiado violentos, pa’ mí que salen drogados a marchar. Claro, tienen unos escudos de lata que los protegen, porque son violentos, pero cobardes, sin esas latas, sin palos y sin piedras, ni de vaina se enfrentan a los Guardias Nacionales y policías. Yo he visto unos vídeos, camarada, en los que los policías van en las motos y detrás vienen persiguiéndolos a toda carrera los violentos golpistas. Pa’ mí que esos coños fueron entrenados por israelíes o una vaina así, porque se vienen corriendo encima de los guardias y a los pobres las motos casi no les dan para escapar. Son puro odio esos escuálidos de mierda”.

***

“Qué trogloditas son estos carajos de la ultraderecha. Es que no han salido de las cavernas. Son unas bestias. Mientras la revolución se ha equipado con equipos antimotines de última generación, con bombas lacrimógenas que pican, arden y dan ganas de vomitar; con fusiles de asalto, con ganzúas y mangueras con púas de acero, con cascos y chalecos antibalas de diseño, escudos irrompibles, tanquetas que valen una millonada. ¿Qué se les ocurre a esos palurdos cavernícolas? ¡Bombas de mierda! Por Dios, ¡qué atraso! ¡Qué de lo último! Tanto real que ha invertido el presidente obrero para equipar a la Guardia y policía nacional con equipos modernos y ellos con mierdatov. Por eso es que este país no avanza. Vamos en retroceso llegando a la Edad Media con estos escuálidos tan chusma”

***

“Camarada, yo no creo en brujas, pero de que vuelan, vuelan. Espero que el camarada Nicolás ya esté contactando a los paleros cubanos, a los saibaberos, a la corte malandra y al espíritu del comandante supremo y eterno. Ojalá y tengan prestos los huesitos que le sacaron a Bolívar y las cenizas de Guaicaipuro, porque esa maldición Dacubarí tiene pinta de ser bien arrecha. Esos indios del Amazonas a mí siempre me han dado culillo y tanto le jurungaron el cántaro a Guarulla que se les arrechó, camarada. Dijo: ‘Les aseguro que no morirán sin tormento, les aseguro que antes de morir comenzarán a sufrir y su alma va a vagar por los sitios más oscuros y pestilentes antes de poder cerrar los ojos’. PESTILENTES, camarada, o sea como la mierda de las puputov que nos están lanzando. La pinga, yo si la vaina es con brujos de alto calibre como que ahueco el ala que la vaina no está pa’ ganarse maldiciones gratuitamente. ¡Que batan bien esos huesos de Bolívar!.

***

“Chat ‘Fans de Lucci’

Jessika la simpar
¡Lucci! !LUCCI! ¿estás x aquí?

Yubrixys la del Contry
Mareeeeeekaaaa q vastar si en Australia son las 3 am!!

Jessika la simpar
Aih sí es verdad!!! Marica, es que acabo de ver el vídeo de la loca que la atacó y quedé O.O

Yubrixys la del Contry
Orrible, mareeka. Yo lo vi esta mañana y se me rebolvió todo.

Leidyjune de Catia pa’ Altamira
Camaradas, yo no sé lo que fuera echo yo. A mí se me fuera salido el barrio y le avría echo tragá ese teléfono y que lo cagara entero por ese (_o_)

Yubrixys la del Contry
Pero Lucci es una lady.

Jessika la simpar
Súper controlada, la amiga. Apenas sonrió y como una dama se apartó.

Leidyjune de Catia pa’ Altamira
Yo le zampo el teléfono por el qlo a la escuálida esa pa q no cague en 15 días..

Jessika la simpar
Leidy ¿Pero no viste lo violenta q era la bicha esa?

Yubrixys la del Contry
¡Hasta la camión con tetas que tiene de escolta se kgó!

Yojannamar Carrizal
¡Una bestia! Razón Tiene tío Jorge de decir que parecía un ataque Nazi. Cuánto odió había en tan poco cuerpo!!!

Yubrixys la del Contry
Mareekas yo creo que yo hubiera agarrado mi Audi y avría salido corriendo.

Yojannamar Carrizal
Pero la prima es una valiente. Estaba chorreada, pero aguantó como una macha. Como le han enseñado tío y tía Delcy.

Yubrixys la del Contry
¡Digame si aora a esos violentos les da por cargar bolsas de mierdatov para lanzárselas a los camaradas en los viajes!

Jessika la simpar
Marica, no des ideas que me muero muelta!!! Yo lo que quiero es saber cómo está la Lucci después de ese ataque tan rudo

Yojannamar Carrizal
Tío Jorge le está pagando terapias con el mejor psicoanalista de Sidney, porque la pobre no puede dormir. Sueña que esa bicha se le viene encima con el teléfono.

Yubrixys la del Contry
No es pa menos. Es q son tan agresivos. Yo los mandaría a fusilar a todos por violentos.

Jessika la simpar
Bueno, amiguis, esperemos que Lucci se despierte y lea el chat a ver k nos cuenta. I U Lucci

Yubrixys la del Contry
Te amamos Lucci, Fuerza y fe!!

Jessika la simpar
Fuerza y fe, no, mareeka!!! que eso es de los violentos de Leopoldo.

Yojannamar Carrizal
Te amo primis, estoy contigo de

Textículos del revolucionario 15

23 abril, 2017 § 1 comentario

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“Hay que ver lo llena de odio que está la oposición. Tiene razón Nicolás. Sólo una gente llena de odio puede lanzarse a un río lleno de mierda para que los medios vende patria y de la ultraderecha mundial saquen fotos y digan que están “huyendo de la represión del réeeeegimennnn”. Lo hacen con toda la mala intención porque todos esos que saltaron al río saben muy bien que esas bombas lacrimógenas no matan a nadie. Dan un poquito de ardor y náuseas pero no matan. No, pero esos desgraciados prefieren tragar mierda de El Guaire, antes que aspirar un poquito de gas del bueno. Sólo los mueve el odio. Lástima que el comandante supremo y eterno, a pesar del realero que le metió no pudo limpiar ese río. Es que claro, la gente empezó a comer más con la revolución y por lo tanto caga más y no hay manera de que se pueda limpiar tanta mierda. Pero, a ver qué habrían hecho si el río estuviera limpio, capaz cagan ellos y se embarcan nada más que para las fotos ”.

***

“Estos escuálidos de todo hacen un drama. Sale un coño exhibicionista desnudo, como aquel Loco Hugo de Cheverísimo, y ataca con su impúdica desnudez el honor de la Guardia Nacional, y hasta se sube encima de una tanqueta para que lo vean bien, y de una vez salen todos compungidos a decir que pobrecito, que el réeeeegimennn lo maltrató. ¡Hasta lo comparan con la Niña de Napalm y todo! Y muestran su espalda que más parece picada de zancudos que herida por perdigonazos, porque los efectivos, como siempre, se midieron para no hacerle daño. Después, salen horrorizados porque los Guardias Nacionales no atendieron al epiléptico y lo dejaron en la calle. Hasta Capriloca salió a hablar güevonadas. ¡Pero si la culpa de que esos efectivos hayan tenido que salir pirados la tienen los mismos escuálidos! Si no estuvieran jodiendo en las calles y llamando a golpe de estado, esos guardias no hubieran tenido que correr a reprimirlos y no habrían abandonado al muchacho. Mucho hicieron con quedarse ahí con él hasta que dejó la tembladera”.

***

“Ja, ja, ja, estos escuálidos golpistas ya no hallan qué inventar. Si Chávez los tenía locos, el presidente obrero los tiene re locos. Se lanzan al Guaire, se desnudan, sacan niños a los que les dan premios de comida como a los perritos entrenados. Pagan un poco de malandros para que vayan a los barrios a crear disturbios y salen con el rabo entre las piernas y balazos en la cabeza porque los colectivos defensores de la revolución de una vez se activan y los vuelven mierda. Uno pone las luces para el festival de teatro y de una vez inventan que son luces antiaéreas porque ya Nicolás va a salir huyendo. Ja, ja, ja. Si me he podido reír. Dígame con lo de los 500 mil dólares que le regaló Nicolás a Trump para los actos de su investidura ja, ja, ja. Eso les dio en la madre, porque les tumba de una vez el montaje ese de la guerra económica de la ultraderecha de que el país está quebrado y pasando hambre. Quién les va a creer esa vaina ahora. Y Nicolás, feliz porque humilló a Trump dándole limosna, para que aprenda que Venezuela se respeta. Toma este sencillito ahí, gringo de mierda, para que veas que no necesitamos tus dólares”.

***

“–Velga, culso, yo tuve que caele a peldigonazo a quemarropa al carajo ese. Yo taba ahí con mi casco, mi chaleco antibalas, mis botas, mi fusil, mi máscara antigás y, de pronto, veo al coño, media como dos metros, culso, negro como el teléfono de mi bisabuela, con el odio en los ojos que se me venía hecho una fiera pa’ encima, con el puño cerrao a atacame. ¡Violento el terrorista! Yo dije, si le da al escudo con esa arrechera que tiene capaj me lo palte y ¡zas! Le disparé su ráfaga de peldigones a la cara. Es que me cagué. Esos coños son muy violentos.
–¿Me lo vas a decí a mí, culso, que tuve en frente al tipo desnúo? Cuando yo le vi ese güevo, culso, y lo vi vení, dije: si me mete esa vaina en la boca me ahoga pa’l coño. Y ¡ra ta ta tá! le disparé sus peldigones. Es que yo le vi las ganas de matame a punta de güevo o con un coñazo en el casco con la Biblia que tenía en la mano. Y cuando se me subió en la tanqueta, ahí si me cagué polque dije: me va a brincá encima. Y el malparío me lanzó un peo que casi me ahoga. Me pió con arrechera er mardito. Ahí me puse la máscara pa’ lanzale gas del bueno pa’ que pasara el olor a mielda.
–Demasiao odio y violencia tienen esos coños que protestan, culso. Tenemos que tené cuidao”.

***

“Camarada, yo jamás pensé que en un cuerpo se pudiera acumular tanta maldad, tanto odio, tanta malignidad. Tú sabes lo que es que esos escuálidos desalmados y golpistas fueron, atacaron a un piquete de la Guardia Nacional, les robaron las bombas lacrimógenas y se fueron al materno infantil a gasiferar a los pobres niños hospitalizados para después decir que fue el réeeeegimennnn. Es que no tienen perdón de Dios. Menos mal que la ministra Delcy se adelantó y puso la denuncia y lo informaron por todos los medios porque, si no, más de un revolucionario ingenuo se cree lo de que el presidente obrero está mandando a reprimir sin piedad las protestas”.

***

“Ay, sí, ahora la toche vieja parada frente a la tanqueta es una heroína, qué valiente. Después le parten los huesos que deben estar como galleta de soda y dicen que el réeeeegimennnn maltrató a una pobre abuelita. ¿Valiente? Valientes los camaradas Nicolás, Jaua, Cilia, Tareck y Villegas que se atreven a salir de noche en la camioneta por Montalbán con todo ese poco de terroristas de la ultraderecha sueltos como locos, quemando y atacando con su odio imperialista. Ahí estaban ellos, sin escoltas ni casa militar, ni un coño. El presidente obrero conduciendo su camionetica. Trabajando sin parar. Seguro ahora salen los escuálidos a decir que esa calle la habían mandado a cerrar para hacer el vídeo y que detrás traían un batallón custodiándolos, porque ellos son así, montan esas mentiras y las lanzan a rodar por las redes. Como el montaje ese del graffiti en el muro, que se ve que fue pegao con saliva de loro. Ahí lo que dice es “Nicolás, presidente constitucional, Montalbán te ama“, porque yo pasé esta mañana por ahí y lo vi. No hice foto porque venían unos tipos en una moto que se veía que son de esos que pagan José Guerra y Guanipa para robar y saquear al pueblo, y el que me dio mi vergatario, no me va a dar otro si me lo roban esos violentos golpistas y terroristas”.

***

“¿Ven cómo es la derecha fascista y manipuladora? Su especialidad es desinformar al pueblo. Se fue el ministro a El Valle a la fiesta de los Claps, porque es eso, una fiesta cada vez que llegan las bolsas a las comunidades. Bueno, la gente en la calle aplaudía, bailaba, cantaba, feliz con la llegada de las camionetas del Clap. En la acera la gente daba palmas y tocaban felices unas cacerolas en señal de alegría. ¿Y que hacen los fascistas? Montan el vídeo, le quitan el audio original y le montan otro en el que se oyen unos gritos de sifrinitos de Altamira lanzando insultos violentos contra la revolución. En la parte donde la gente gritaba contenta ’Llegó el Clap de frutas‘ le montaron unos gritos que decían ‘¡Fuera hijos de puta!‘ Es que son malos, perversos, manipuladores. Menos mal que Globovisión si informó bien cómo fue la cosa y mostró al ministro dando la información y desmintiendo a la derecha violenta y fascista.”

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