Mata el caracol, una novela de Milagros Mata-Gil

20 enero, 2017 § 1 comentario

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Mata el caracol de Milagros Mata-Gil es un rompecabezas. Esa es la sensación que uno tiene a medida que avanza en la envolvente escritura en la que cada palabra parece estar en el sitio justo y en el momento adecuado.

Pero el rompecabezas es como aquellos pequeños juegos de plástico en los que aparecía una imagen desordenada, con un trozo de la imagen en cada cuadro y un espacio vacío que permite ir desplazando las piezas en el tablero hasta conseguir ubicarla en su lugar y, al final, obtener la imagen oculta.

Es como la trama de una fotografía cuya imagen está compuesta por múltiples pequeñas fotografías y que al observarla desde lejos nos ofrece con nitidez la imagen global.

Mata el caracol es la búsqueda del padre, pero no como un hombre, sino como un origen. Es un viaje a los inicios. La reconstrucción de una familia desperdigada a lo larde los años. Es un recorrido contado con múltiples voces a través de la experiencia vital de los personajes.

Así, la voz del narrador muta, pasa de un personaje a otro. Ora es la abnegada sobrina que cuida al viejo Mata, ora es la voz poética y desquiciada del padre con aterosclerosis y demencia senil que desvaría en su habitación y, otras veces la voz de quien encuentra en un viejo escaparate las anotaciones que la cuidadora dejara guardadas en perfecto orden para que, al ser encontradas, tirasen de ellas como quien tira del hilo de una madeja para desenredarla.

Milagros Mata-Gil demuestra en este corta novela su maestría con el lenguaje, su habilidad para manejar los tiempos y una especial capacidad para darle a cada personaje su propia voz y estilo, con lo cual, a leer una parte del texto, sin necesidad de que esté especificado de quien se trata, el lector identifica con facilidad la voz de quien en ese momento tiene a su cargo el hilo de la narración.

Uno comienza a leer Mata el caracol, y como en una espiral de remolino la historia lo va arrastrando, lo seduce y conduce hasta que al final uno tiene en la mente un perfecto mapa de lo que fue la vida del viejo Mata y de sus descendientes. Un mapa que encajaría perfectamente en lo que podría llamarse literatura transgénero pues pasa de la prosa al poema y, por momentos parecieran escenas de una pieza de teatro. Milagros demuestra una maestría especial para pasar de un género al otro sin perder el ritmo, el tono y la calidad de la escritura.

Como la novela no se encuentra disponible en quioscos o librerías, me permito dejar por aquí el link para su descarga gratuita on line en PDF o para Kindle o epub para quienes quieran disfrutar de una buena historia, bien narrada y armada.

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La otra isla, de Francisco Suniaga

3 marzo, 2016 § 4 comentarios

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A «La otra isla» de Francisco Suniaga, llegué tarde. Acabo de leerla en su undécima edición por Oscar Todtmann Editores de 2014. Su primera edición fue en 2005.

Llegué tarde pero no quiero dejar de decir que es una gran novela. Más allá de la historia policial característica de una novela negra, es grande por la manera de mostrarnos a Margarita, esa isla que como se descubre en el libro es mucho más que playas paradisíacas y una avenida 4 de Mayo para comprar. Tras esa isla turística que todos visitamos, hay una vida que retrata Suniaga con maestría y elocuencia. Una cotidianidad signada por la violencia y por submundos como el de las peleas de gallos.

La estructura de la novela me llamó la atención porque es menos convencional de lo esperado para el género. Arranca la historia con unos personajes y un ambiente que son abandonados en el segundo capítulo para dar paso a los verdaderos personajes protagónicos de la historia: Un abogado en decadencia económica, una madre alemana que llega a la isla para indagar la verdad sobre la muerte de su hijo Wolfgang supuestamente ahogado en una borrachera en Playa El Agua, un joven alemán que llegaría a Margarita a establecerse con su pareja, Renata, para regentar un kiosco en la playa. Richard, un negro ayudante de la pareja y amante de Renata y una serie de personajes más que se desenvuelven en torno a estos.

El primer capítulo, le permite al autor presentarnos el ambiente en el que tendrán vida personajes y hechos. Nos muestra a Margarita, pero no a la del turista. Nos enseña esa otra isla donde cobran vida pasiones y obsesiones. Donde todos mandan y nadie obedece y en donde inexplicablemente algunas empresas, en medio del caos, llegan a feliz término. Esa isla de Margarita que es un elemento tan protagónico en la novela como los personajes.

La voz del narrador va tomando ciertos matices diferentes a medida que la historia avanza. Arranca Suniaga con un narrador en tercera persona que pareciera ir descubriendo junto con el lector tanto la isla como los hechos y los personajes. Luego, en un punto casi intermedio de la historia,  durante el capítulo XVIII, el narrador cambia abruptamente a la primera persona, cuando Richard, el ayudante de la pareja alemana, desarrolla un monólogo en el que cuenta como llega a hacerse amante de Renata. Es un monólogo escrito en clave de conversa entre panas. Como quien cuenta sus travesuras amorosas a un grupo de amigos mientras juegan una partida de truco o dominó. Un texto que entra sin presentaciones ni justificaciones aparentes y sale de igual manera de la historia.

Este monólogo que a primera vista luce un poco forzado, da paso a un cambio sutil en la narración cuando el narrador, aunque se guarda algunos datos,  ya no parece descubrir con el lector las situaciones, sino que parece conocer a profundidad detalles tan íntimos de los personajes como las notas que Wolfgang apunta en una libreta cuando empieza a dejarse arrastrar por la pasión que le generan las peleas de gallos.

Y es en este punto cuando Suniaga hace muestra de una gran maestría para dibujar personajes y situaciones. Nos pinta con una pluma apasionante y sobrecogedora el mundo de las peleas de gallos con unas descripciones vividas de las peleas, de la violencia embriagadora de esa práctica que le permite hacer una especie de tratado acerca de lo que es la violencia animal como característica de una especie, una violencia innata carente de crueldad o premeditación, una violencia reptil. Y esa otra violencia, la humana, la que hace que nuestras morgues se sobrecarguen los fines de semanas con las víctimas. Una violencia que parte de un cerebro reptil no domesticado y que puede llegar a hacer que un jugador reviente contra una viga la cabeza se su gallo perdedor. La violencia humana que Wolfgang pareciera haber llegado a dominar civilizadamente, pero que puede estar agazapada bajo la apariencia de civilidad. Al alemán también le llega su turno con uno de sus gallos y Suniaga deslumbra a describirnos el mundo interior de este hombre arrastrado por una pasión.

Hay pasajes en la novela como cuando Wolgang tiene el primer contacto con los gallos que es realmente magistral. Es una especie de ritual de iniciación cuando Fucho, el criador de gallos le tiende un ejemplar al alemán para que lo sostenga y que marca el punto de no retorno en la pasión gallera que se desata en este hombre que nunca había tenido contacto alguno con gallos de pelea.

La investigación sobre las circunstancias de la muerte del alemán se desarrolla de manera paralela con una investigación literaria del abogado y un amigo para tratar de descifrar un sueño en el que al abogado le dictan un párrafo en inglés y ambos personajes se empeñan en descubrir de dónde proviene. Es una especie de licencia literaria para enmarcar la historia en un contexto de literatura latinoamericana.

Al final, se descubre el origen del texto mientras que la muerte del alemán queda entre interrogaciones, pero nos queda cincelada en la mente, esa otra isla que nos seduce y nos asusta. Esa isla que le permitió a Suniaga mostrarnos alma y esencia de sus personajes.

«La otra isla, la que comparte el sol, la brisa y el mar azules, la isla invisible pero espesa donde todo se posterga, la isla sin tiempo del mañana, mañana, la de todas las miserias, la isla donde anida la tristeza, escondida tras una sonrisa, la que obliga a vivir sin hipótesis y a morir de la misma manera».

Carol

13 febrero, 2016 § 1 comentario

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Todd Haynes tiene una forma particular de mostrarnos la historia de Carol (2015). Lo hace a partir de las miradas, de los tonos, de los silencios. Refuerza su discurso con una fotografía poco común, poco convencional. Cada imagen, cada escena tiene una intención, llevan una carga discursiva importante.

Son muchas las películas que han tratado el tema del lesbianismo. Un tema un poco contradictoria pues está al mismo tiempo colmado de prejuicios pero con una intensa carga de fetichismo también. En algunos films el amor lésbico es el tema central, en otros es sólo una subtrama. Algunos directores lo enfocan de manera descarnada, otros lo arropan de misterio. Algunos filmes que recuerdo son Los chicos no lloran [Boys Don’t Cry con Hilary Swank y Chloë Sevigny. Monsters con Charlize Theron y Christina Ricci. Las horas con Julianne Moore y Toni Collette. Aquella onírica escena de El cisne negro con Natalie Portman y Mila Kunis. Las descarnadas escenas entre  Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux en la excelente producción La Vie d’Adèle. Las atrevidas escenas de Elba Escobar e Irene Arcila en la venezolana Macho y hembra. Las frías caricias entre Patricia Velásquez y Eloísa Marturén en Liz en septiembre. La crudeza de series como The L World. 

En mi época de estudiante universitario, un cortometraje de Sara Roby llamado Tres mujeres arrasaba con los premios del Festival de Corometrajes. Y, por supuesto, no hay película porno heterosexual que se respete que no tenga, por lo menos, un encuentro lésbico cargado de fetichismo y morbo.

Ahora tenemos Carol, de Todd Haynes con una elegante y enigmática Cate Blanchett y una inocente e intensa Rooney Mara en los papeles de Carol, una mujer madura con un matrimonio roto y una hija y Therese Belivet, una veinteañera trabajadora de una tienda por departamentos donde se conocen. La historia está basada en una novela  Patricia Highsmith y ambientada en los años 50, lo que le da un toque de glamour particular.

El ritmo de la película es muy próximo al de una película de suspenso. Las actuaciones son sobrias, sin estridencias, permitiendo que el espectador hile un discurso más allá de las palabras que dicen los personajes, a partir de los gestos, miradas, pausas y silencios, teniendo una gran importancia la música y, especialmente la cámara que por momentos parece mostrar una imagen “sucia”, llenando de significados la pantalla. Es como si con la imagen desenfocada y con los colores borroneados, nos dijeran de los temores de Carol ante sus pasiones sexuales y las consecuencias que éstas podrían traer a la custodia de su hija. En otras ocasiones es como si la imagen se nublara por los prejuicios de la gente ante una relación lésbica, o podría ser para representar el mundo desconocido al que se enfrenta Therese ansiosa y decidida a encarar de una vez por todas su orientación sexual. Es un poco todo eso y la angustia ante la incertidumbre de no saber qué consecuencias tendrá en sus vidas esa nueva y apasionada relación.

Sin discursos panfletarios, Carol muestra la terrible lucha que han tenido que enfrentar las mujeres lesbianas para poder vivir con libertad y sin represalias su sexualidad.

Cate Blanchett y Rooney Mara están magistrales en sus interpretaciones de unas mujeres que buscan un lugar en el mundo, un espacio y respeto para su amor. En cada encuentro de las mujeres, en cada mirada que se dirigen hay una impresionante carga de sensualidad, atracción, misterio y tensión que desbordan la pantalla. Son actuaciones contenidas, de un profundo trabajo interior que se manifiesta en pequeños gestos y tonos de voz, en miradas y sonrisas. Y todo ese trabajo interior de los personajes resalta por el excelente vestuario, las locaciones, los objetos y autos de época. Todo cuidado al mínimo detalle en cada escena.

Ah, y antes de cerrar, no puedo dejar de acotar que es imposible dejar de percibir en la película referencias a las bellas Audry Herpburn y Marlene Dietrich. Por momentos, luce Carol como un homenaje. Es como estar disfrutando una vez más de las bellas y carismáticas divas de hollywood.

En nombre de los pobres de Ángela Zago

18 enero, 2016 § 3 comentarios

 

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En nombre de los pobres fue la excusa de la que se valieron Chávez y su séquito de resentidos ambiciosos de venganza y riquezas para llevar a Venezuela al estado de ruina y miseria en el cual se encuentra. Y “En nombre de los pobres” —con un pequeño paréntesis al pie en el que se lee «(Los multiplicamos)» es el título con el cual identifica Ángela Zago su libro de más de 500 páginas en el cual nos relata cómo vivió ella los años desde 1999, en el cual formó parte de la Asamblea Constituyente hasta el 2002, año en el cual, por pocas horas, llegamos a pensar que la pesadilla había terminado.

«En nombre de los pobres» es en parte un mea culpa. Es el relato de una traición, de varias traiciones. Es una urgencia, tal vez por eso no tiene pie de imprenta, no hay editorial, lo que me hace pensar que Ángela Zago no tenía tiempo para buscar quien le publicara su testimonio y decide financiar ella su proyecto, con tanto apuro, que el libro está plagado de gazapos, de dedos mal metidos. Es evidente que hizo falta corrección, pero tal vez había apuro y al final, esas pequeñas pifias no restan un ápice a lo ameno de la lectura y a lo importante y trascendente del relato.

«En nombre de los pobres» es el cuento de una decepción, de otra decepción más. Es un libro que parece ser la forma que encontró la periodista y profesora para exorcizar un poco los demonios que la podrían haber atormentado por haber acompañado en sus inicios —como muchos otros periodistas, artistas, intelectuales, políticos, empresarios del país— a Chávez y haber colaborado para que llegara a ser presidente de Venezula. «En nombre de los pobres» es el testimonio de un arrepentimiento.

Como queda claro al terminar de leer el libro, Ángela Zago pecó por creer y por hacer. Como bien lo dice, ella actuó porque es una mujer de acción. Conoció a Chávez y a los militares golpistas del 4 de febrero y les creyó su discurso —como gran parte del país— de que se habían levantado en armas por la justicia, en contra de la corrupción, en contra de la violación de los Derechos Humanos… Les creyó y actuó. Otros sólo fueron y votaron por Chávez, otros tal vez convencieron a algunos vecinos y familiares de votar por él. Ella, ex guerrillera, ex comunista y habituada a actuar, acompañó a Chávez e hizo lo que pudo para que llegara a la presidencia con sus reivindicaciones.

Poco tiempo necesito la periodista para darse cuenta de adónde iría a parar todo el discurso de igualdad, justicia y reivindicación de Chávez. Pero ya era tarde. Ya era Presidente y ahora, le tocaba actuar en consecuencia y hacer lo posible porque dejara de serlo. Y lo hizo.

La única vez que he visto en mi vida a Ángela Zago, fue en su casa. En esa quinta Catauro que sería su refugio en la jubilación como cuenta en el libro. Allí llegué de arrocero —llevado por Mercedes Vázquez— a un cumpleaños de Napoleón Bravo, su famoso esposo, uno o dos años antes de que Chávez ganara las elecciones.

La Zago me pareció una mujer amable, sencilla, buena anfitriona. Compartí muy poco con ella, pero nunca olvidé unas palabras que dijo en algún momento de la noche sentada a mi lado. Hablando del país y de la pobreza, comentó que Caracas estaba rodeada de gente pobre, de miseria, por todos lados y se refirió a la necesidad de que esos pobres fueran atendidos con urgencia porque cada día eran más y las urbanizaciones de clase media alta como la de ella y de la clase alta estaban completamente rodeadas, y no quería pensar en lo que sucedería si un día esos cerros decidían bajar a atacar las urbanizaciones.

Supongo que con esos pensamientos en mente, la periodista un día le compró el discurso reivindicativo a los golpistas, los apoyó y ayudó a ganar las elecciones para que dieran atención a esos miserables que podrían llegar a ser un potencial peligro para la paz del país.

Su libro se inicia con un capítulo un poco surrealista. Medio del realismo mágico garcíamarquiano, al contar como, recién ganadas las elecciones por Chávez, se fue a la montaña con el comandante Fariñas a buscar a Socolenco, un viejo brujo que vive en un caserío miserable, ex camarada de la guerrilla que aún la llama Morela, con su seudónimo de guerrillera. Ella quiere llevar al remoto caserío el proyecto «Siete pueblos. Siete Estrellas» que les otorgaría dignidad a las vidas de esos pobres, dándoles una vivienda y los servicios públicos de los que siempre han carecido.

A partir de allí, comienza el relato ameno, ágil, estructurado en capítulos cortos y con  documentos, testimonios, citas y referencias de lo que fue la historia de los primeros cuatro años del gobierno de Chávez y de lo que sería la historia de la decepción, la traición y la frustración que sentiría la Zago al ver en lo que pararían sus sueños de revolución.

El libro condensa los cuatro años en los que se configuraría este quilombo en el que se ha convertido el país. Es en ese lapso que se siembran las bases de lo que sería la ruina de Venezuela hasta llevarla al estado actual de miseria.

Voy a pecar un poco de inmodesto, pero no puedo dejar de decir que, por momentos, lo relatado por Ángela Zago en «En nombre de los pobres», me recordaba mis historias de ficción «Te voy a llevar al cielo» y «El infierno de Edelmiro». Las más de 500 páginas de datos y testimonios, de referencias y citas que constituyen lo narrado en el libro de la Zago son un poco la referencia real de lo que yo cuento con personajes y hechos ficticios en las novelas. Al final, me queda la sensación de si la realidad avasalla a la ficción porque siento que mi imaginación se queda corta al ver condensados esos cuatro años en las 500 páginas. Creo que no hay mente que pueda imaginar tanto.

También sentí por Ángela Zago, a leer sus vivencias, un poco la ternura que me inspiran los tíos ex guerrilleros de «El infierno de Edelmiro», ella y ellos pecan de ser crédulos, pecan de querer un mundo mejor y hacer cosas para lograrlo. Al final, tanto los tíos como Ángela son defraudados, decepcionados y traicionados. Pero, de todas formas, los tres quedan con la satisfacción de haber soñado.

Mis libros en amazon
—Te voy a llevar al cielo http://t.co/Bd833Lftq2
—El infierno de Edelmiro http://t.co/8s6TH1208v
—Textos de la concupiscencia cotidiana http://t.co/yhgyKTprPS

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