A propósito de Mis días sin luz. Diario en la oscuridad

20 junio, 2020 § Deja un comentario

Prólogo de Ana Teresa Torres

Escritora Ana Teresa Torres, @Nocturama en twitter

En estos últimos años han aparecido innumerables artículos, entrevistas, crónicas, reportajes, relatos, diarios, cuentos y algunas novelas de venezolanos que, dentro o fuera de Venezuela, hablan de la catástrofe de su país. No podría ser de otra manera porque se piensa y se escribe desde la circunstancia, o al menos eso creo. Aunque en el caso nuestro “circunstancia” es un eufemismo; lo que nos ha ocurrido no es un simple acontecimiento, un natural transcurso de las cosas, un momento histórico con sus más y sus menos. Dentro de esa enorme cantidad de testimonios acerca de la vida venezolana, vengo desde hace un tiempo, antes y después de conocer personalmente a Golcar Rojas, leyendo a través de las redes sociales lo que él denomina crónicas del “no-país”. Su diario, un recuento minucioso llevado desde el 10 de abril hasta el 20 de noviembre de 2018 en Venezuela, con una entrada del 12 de marzo de 2019 escrita en Madrid, me ha permitido comprender, a fondo blanco y a palo seco, qué es eso de no-país. ¿Hay algo que se diga en estas páginas que resulte novedoso o desconocido? No, lo escrito allí lo sabemos, los detalles, situaciones, relatos, todos son parte del habla común en estos tiempos. No pretende Rojas deslumbrarnos con hechos sorprendentes o truculentos. Lo que afecta al lector es que el diario es la narración clara y directa de la rutina de un ciudadano de clase media, con educación universitaria, oficio remunerado, y hasta tiempo para escribir, y que vivía en Maracaibo hasta hace poco, es decir, hasta que no pudo soportarlo más. Lo que nos cuenta es la vida tal y como se presenta cualquier día en la ciudad que fue el centro económico más importante del país petrolero –irónicamente la primera en contar con servicio eléctrico desde 1888–, y ahora es el mayor no-lugar del no-país.

He viajado a Maracaibo varias veces pero no puedo decir que la conozco bien, lo que recuerdo son algunos de sus puntos emblemáticos que marcan el merecido orgullo de sus habitantes: la Universidad del Zulia, el teatro Baralt, el Centro de Arte Lía Bermúdez, la Biblioteca Pública del Zulia, la basílica de la Chinita, el barrio Santa Lucía, la Universidad Católica Cecilio Acosta, el Club Náutico, la pizzería Irama (de obligada concurrencia literaria), y por último, la perspectiva desde el puente sobre el lago, que crucé ida y vuelta con el escritor Norberto José Olivar. Esa es, en una breve e insuficiente síntesis, la ciudad que conozco y recuerdo, y quiero seguir recordando. Pero cuando leo a Golcar Rojas atravieso un entramado de tuberías rotas, de calles transitadas por “zombis” (así los nombra el diarista), de vías sin una mínima iluminación que de noche indique el hueco donde caerá el automóvil, o permita distinguir la presencia de los “gatilleros”, y durante el día el asfalto abrasado y las casas enrejadas con las neveras vacías, los electrodomésticos arrumbados, y los aparatos de aire acondicionado inutilizados por la falta de electricidad a 40 grados a la sombra. En fin, un escenario que se asemeja a los que hemos visto en las películas de guerra. Solo que aquí, en el Zulia, que sepamos no ha habido una guerra, como tampoco en el resto de Venezuela. O quizás sí, solo que es un tipo de guerra que no registran los libros de historia.

Esos “zombis” que se mueven en las páginas del diario no son personajes literarios, sino seres todavía vivos en el afán de seguirlo siendo. El diarista los recoge en su hacer cotidiano preguntándose si habrá electricidad cuando regresen a sus casas, o agua, o si podrán pagar el queso o la carne, o conformarse con los huesos, o reponer el cajetín del enchufe quemado en el apagón, que pretenden comprar a sabiendas de que el precio de ayer ya no es el de hoy. O que necesitan urgentemente un vehículo para trasladar a alguien a un hospital porque su automóvil no tiene gasolina, y que cuando lleguen, en el caso de que lo logren, la tarjeta de pago “pase”, porque los seguros no son más que papel en blanco; y como los bancos no dispensan billetes, a lo mejor es necesario comprarlos a mayor precio para pagar por la expedición de un documento de identidad, que, en principio, es gratuito; o adquirir el indigno “carnet de la patria” para viajar en avión, exigencia que en el resto del no-país no existe; o pedirle a un amigo que haga una transferencia porque la transacción solo se puede hacer desde determinado banco, que, casualmente no es el nuestro. “De pronto –leemos- un hombre desde un balcón grita: nos han dejado tanta patria que nos han dejado sin país”. “Puede ser –dice Rojas- un momento romántico o un infame instante de la revolución”.

En las entradas del mes de septiembre, ya próximas al final, pareciera que hay menos descripciones o recuentos y más expresiones del cambio que se va operando en el narrador. “Nos acostumbramos a vivir en el miedo. Nos acostumbramos a callar. Nos acostumbramos a vivir en la arbitrariedad. Nos acostumbramos a ser abusados”. En algún momento se hizo imperativa la despedida (¿alguien duda que dolorosa?), aunque no se detallan los pasos para llegar a ella, y hubo un día en que los protagonistas, Golcar y Cristian, decidieron dejar atrás una vida y darla por imposible. Cómo fue ese torturante camino pertenece por ahora a su intimidad.

Al terminar de leer el diario me queda una duda: ¿está escrito con palabras o con piedras?, porque lo que experimento de una página a otra es una lapidación. No, definitivamente, no es lectura para almas inocentes.

El espejo roto

30 junio, 2019 § 1 comentario

El espejo roto

Allá, de donde yo vengo, unos tipos armados con armas largas, saltaron un muro, entraron a una cárcel y liberaron a 3 mexicanos narcotraficantes.

Allá, de donde yo vengo, a un capitán que estaba en custodia del régimen, lo torturaron hasta matarlo.

Allá, de donde yo vengo, ya no queda país. Es un solar, un descampado, un potrero yermo donde no hay ni luz.

Allá, de donde yo vengo, mis seres queridos sobreviven día a día. Se inventan una vida todos los días. Cultivan una esperanza que es regada con sangre.

Cada mañana y cada noche, reviso las noticias de allá, de donde yo vengo, y mis raíces quedan colgando en el aire.

No hay país, no hay origen, no hay tierra para sembrar las raíces. Todo es yermo y ya ni los que permanecen, ni los que salimos, sentimos que queda nada nuestro allá, de donde yo vengo.

De allá, de donde yo vengo, llegan ecos de no-país. Trozos de un espejo roto que ya no nos refleja. O nos refleja con distorsiones. Nos deconstruye en un absurdo.

Golcar Rojas
Madrid, junio 2019

Visiones

10 marzo, 2019 § Deja un comentario

Me siento en un banco de Serrano
a ver pasar la gente
Es mi gente la que recorre la acera

Un gringo es Teodoro con traje
Un pelón es el Volcán de América

Pasan mis hermanas con ropa de invierno
Siguen mis hermanos pero hablan con zetas

También van mis perros
atados con cuerdas a desconocidos

Deambulan mis muertos
con coloridos trajes de diseñador

Hay nubes convertidas en montañas
Hay descampados que parecen el lago
Hay ojos con viejas miradas
y labios conocidos
que no me besarán.

La imaginación y la nostalgia
son más rápidas que mi vista.

Golcar Rojas
Madrid, marzo de 2019

Bittersweet

30 junio, 2018 § 1 comentario

Uno sonríe
Uno da gracias al cielo
Uno reza el padrenuestro ofrecido

Uno se alegra
El ser querido pasó inmigración
inició el trayecto a su nueva vida

Uno queda contento
con el corazon hecho trizas
con los ojos aguados.

El mundo se nos hace inmenso
el afecto y el amor
tienen que recorrer demasiados kilómetros

Son demasiados cielos
Demasiados mares
para que un corazon herido los pueda recorrer.

Golcar Rojas
Junio, 2018

De exilio

13 mayo, 2018 § 1 comentario

I.

Nadie regresa ileso del exilio
nadie vuelve a pisar el mismo suelo
aunque vuelva a su casa
a su plaza, a su tierra.

Nunca serán la misma casa
la misma plaza, la misma tierra
algo se habrá ido para siempre.

El retornado tampoco será el mismo
y ya no tendrá un lugar
al cual llamar «mi patria»
al cual llamar «mi hogar».

Nadie regresa sin heridas del exilio.

II.

Pienso en el exilio en medio de la oscuridad densa y húmeda, soporífera.

¿Llega uno a anhelar el exilio?

Y luego,

¿Soñará uno con el retorno?

Nunca seremos los mismos.

III.

Unas notas musicales tocadas en un piano

Una película

Una canción

La mirada de una niña cara sucia
que pide algo de comer

La voz del niño androjoso
que sueña tener una mascota

El deseo creciente de huída

¡Crack!
Algo se quiebra en el alma

Las lágrimas anegan
la boca del estómago

A veces siento que aún me queda
tanto llanto adentro.

Mayo, 2018

Visiones

1 noviembre, 2017 § 1 comentario

Veo la gente jurungar en la basura
Dos en una esquina
Tres en otra esquina
una familia completa
incluyendo el perro.

Veo las bolsas de basura
acumuladas día a día
Sin que nadie las recoja

Veo los huecos en el asfalto
las aceras reventadas
por las que no puedo caminar.

Veo los niños de la calle
en los semáforos
las familias indígenas
bajo un cují de la avenida.

Veo los niños
que se empinan
en punta de pies
para alcanzar el parabrisas
que limpiarán durante el tiempo
que dura la luz roja.

Pero, ver constantemente
el no-país
Cansa
Duele

Entonces miro al cielo
busco en las alturas
la belleza,
el color
la luz.

La belleza
El color
La luz

La luz.

Golcar Rojas, noviembre 2017

Tres de muerte

25 octubre, 2017 § 1 comentario

Tres de muerte
Mañana es tiempo de nacer

I
De tanto contar cadáveres
me olvidé de vivir

II
Nos estamos poniendo
muertos.

III
Para ascender
hacia la luz perpetua
Tuve que descender
a la eterna oscuridad.

Cabos sueltos

8 octubre, 2017 § 3 comentarios

Hace muchos años aprendí
a no preguntar nunca
mirando al cielo
¿Por qué a mí?

***

A veces, al regalar una flor
escondemos el dolor,
y la espina encarnada.

***

Llueven latas. Gas
Tóxico y picante
Nos quieren muertos.

***

Caen del cielo
estelas venenosas
vienen a matar.

***

De pronto, la parcelita es el país
y viceversa
Todo se entrevera
Uno no sabe si es su parcela o es el país
Pero persiste el miedo.

***

A veces, aún teniendo la razón,

terminamos rogando perder

para acabar todo de una vez.
Lo peor es vivir en el imperio del miedo.

***

Democracia en Venezuela:
Piano piano si va lontano
o
No me empujen que ya voy.

***

Esa angustiosa sensación de estar viviendo

entre el ahora y el quién sabe.

***

Sólo cuando las armas hablan,

se escucha la voz de Dios.
El pueblo sigue mudo.

Si acaso, habla por señas.

***

Me cansé de la negatividad.
¡Ya basta!
Vamos a pensar en lo que hay
y no en lo que no hay:
Hay hambre
Hay balas
Hay miedo
Hay rabia
Hay tristeza

***

La imaginación es

calzarse los zapatos del otro

y echar a andar con nuestros pasos.

***

Se fueron,

pero sus obsesiones e histeria

no lograron traspasar los azulejos

de colores vibrantes.

***

Sería tan bueno vivir en un país donde uno haga cosas “gracias a” y no a “pesar de”. Donde detrás de las alegrías no se enmascaren tantas tristezas.

***

Yo soy muy envidioso. Siempre lo he sido. Pero, a medida que me voy poniendo viejo, lo que más envidio es la capacidad de algunos de ver el vaso medio lleno.

***

Algunos creen que todo está bien, porque ellos están bien. Es como creer que el otro está lleno, porque yo comí.

***

Cuando uno vive sólo para comer y procurarle comida a los suyos, empieza a no entender el sentido de la vida.

***

Quisiera tener la certeza del adolescente, la certidumbre del ignorante y la convicción del anciano; pero lo que tengo son dudas.

***

A veces, en nuestro empeño por demostrar la brutalidad e ignorancia del otro, sólo ponemos en evidencia nuestros prejuicios y nuestra propia ignorancia.

***

El ser humano necesita forjarse algunas mentiras que le permitan soportar la verdad.

Condiciones para hacerte el amor

1 octubre, 2017 § 1 comentario

Algunas condiciones aplican
para hacerte el amor:

Quiero hacerte el amor en la mañana,
con la arepa del desayuno.

Quiero hacerte el amor a mediodía,
con el pousse café o el postre.

Quiero hacerte el amor para la cena
o antes de dormir.

Quiero hacerte el amor de madrugada
cuando despierto con algún temor.

Si llueve,
quiero hacerte el amor
bajo la lluvia

Si hace calor,
quiero hacerte el amor
entre sudores.

Si hace frío,
quiero hacerte el amor
bajo el edredón.

Me gusta hacerte el amor en la montaña
excitado por el olor a verde y tierra mojada

Me gusta hacerte el amor en la playa
con el aroma erótico del mar.

Me gusta hacerte el amor con luz de luna
lamiendo el brillo de tu piel.

Me gusta hacerte el amor a pleno sol
sorber el sudor fresco de tu pecho.

Imagino hacerte el amor en el balcón
Sueño con hacerte el amor a la orilla del camino
Anhelo hacerte el amor sobre la arena de la playa.

No hay lugar como nuestra cama
para hacerte el amor.

La mesa de la cocina es perfecta
para hacerte el amor.

Me divierte hacerte el amor
meciéndonos en un chinchorro.

De pie, detrás de la puerta,
es una aventura hacerte el amor.

El resto del tiempo,
en otras ocasiones,
sólo se me antoja
tener sexo contigo
mientras imagino
que te hago el amor.

Golcar Rojas, octubre 2017

Almendrón

21 septiembre, 2017 § Deja un comentario

Aunque arranquen de raíz,
los almendrones,
no podrán borrar
los viejos juegos
bajo su sombra.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando las entradas etiquetadas con Golcar Rojas en P(u)ateando la vida. Otro blog de Golcar.