Historias de tía Amapola en createspace y en amazon

5 abril, 2017 § 1 comentario

Tapa de tía amapola

Estas son algunas opiniones de amigos que tienen siguiendo el personaje de la tía Amapola desde hace más de un año, cuando surgió en el facebook para finalmente saltar al teatro.

Humor comprometido, humor inteligente, valga la redundancia, Golcar Rojas apela a la ironía y la gracia para completar con dignidad y coherencia los vacíos de este cruel juego del ahorcado que es la realidad; la realidad camuflada y desdentada que igual nos muerde. Humor como eslabón que enlaza, los partes imaginarios e imaginativos con que el escritor explica o deduce las circunstancias con cronómetro no pueden ser más creíbles; las deducciones acerca del enredo del estado que va por pésimo camino no podían estar mejor sustentadas. La saga de la tía Amapola, que se abre espacio en las redes sociales, ese mar confuso y que se le escabulle al control oficialista, es un espejo tan parecido a la realidad que no es mera coincidencia. Lo peor es que Amapola no está sola. Así como hay muchas (y muchos) flores, hay mucho pillo.

Faitha Nahmens

***

La “Tía Amapola” es una de esas construcciones lingüísticas que, a pesar de su carácter ficticio y caricaturesco, simboliza lo patético de la ignorancia y el nuevorriquismo entronizado. Desprovista de sensibilidad y de cultura, exhibe sin embargo lo impúdico de una astucia venida a más, pues es sólo arribismo pedestre y muy mal disimulado. Es un personaje que, por las mismas razones, se hace amar y odiar con igual intensidad.

Eritza Liendo

***

Las crónicas de la Tía Amapola constituyen una visión irónica y paradójica de cierta realidad venezolana: la del poder que resalta como virtudes la corrupción, el vicio y los delitos. El tono que consigue Golcar Rojas en ellas expresa un cinismo y una amoralidad casi ingenuos, y que son perentoriamente reales. Uno se ríe al leerlas, pero esa risa deja un poso amargo y triste, a la vez. El autor, ciertamente, se nutre de la tradición costumbrista y de esa veta de cuentos sarcásticos en la línea de José Rafael Pocaterra.

Milagros Mata Gil

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Historias de tía Amapola, el libro

1 abril, 2017 § 1 comentario

Portada frontal

Historias de tía Amapola — Teatro para armar es una obra de teatro y son muchas obras a la vez. Es una historia nacida en facebook a partir de arrancarle pellizcos a la realidad de las noticias sobre Venezuela que no necesitan mayor tratamiento y manipulación para parecer piezas teatrales, cuentos o novelas tragicómicas y absurdas.

Son noticias llevadas a la ficción a través de personajes imaginados, pero que en algunas ocasiones se quedan cortos ante la avasallante y arrolladora realidad entre mágica y macabra que nos rodea.

Milagros

Historias de Tía Amapola es una pieza flexible, que se puede adaptar a las condiciones y exigencias de quienes la monten y que permite quitar y poner escenas de acuerdo al gusto e intención de quienes la produzcan o dirijan.

En principio, la obra tiene un esqueleto al que se le pueden agregar escenas que se anexan al final, quitando algunas de las existentes en el esqueleto propuesto para poner otras.

Igual sucede con el escenario que permite adaptarse a las capacidades de la producción.

EritzaTodo esto dará la posibilidad de mostrar, con una misma historia, diferentes obras que siempre mantendrán la esencia dramática del cuento. Es una obra que en sí misma muta, cambia, se adapta. Una obra para “jugar” en el sentido estricto de la palabra y en el sentido que se le da al vocablo en inglés y en otros idiomas como “Play”, “Jouer” jugar/actuar/obra.

FaithaLos personajes son ficticios y las situaciones han sido todas imaginadas o soñadas. Si a alguien se le parecen en algo a hechos reales, pues que se haga ver eso por algún médico. Tal vez sea operable.

Historias de tía Amapola 32 – El árbol de Navidad, El Chapo y el regalo del día de los enamorados

29 enero, 2017 § Deja un comentario

baul

Tía Amapola hoy entró tirando un portazo y diciendo, «¡Anda a rezá pa’que Dios te perdone lo mal hijo que has salío». Dijo y  le dio al ícono de «end» de la pantalla del Iphone con la uña acrílica pintada con bolas navideñas, tan duro, que pensé que la rompería.

Yo imaginé que estaría furiosa porque Padrino no quiere llevar a la mamá a pasar las navidades en Cúcuta con los tíos, pero no, no era con Padrino que hablaba:

—Ay, mi niño, yo no sé qué hice yo en esta vida pa’que Dios me haya castigao con un hijo tan ingrato como Yoyo.

Los ojos se le aguaron y una lagrimita le resbaló por la mejilla izquierda.

—Pero ¿que pasó, tiíta? ¿Por qué está tan fúrica con Yoyo? En estas fechas de alegría y unión familiar uno no debe estar peleando con los hijos.

—¿Tú crees que es posible que al mal hijo ese le cuesta mucho haceme un favor? Le dije que ya que va a ir a Nueva Yol en un vuelo chárter, que me hiciera el favorcito de traeme el árbol de Navidá que compré en Yi Ci Pene

Yei ci penny. Tiita. Se dice Yei ci, no Yi ci como dice Padrino, y es Penny, no Pene.

—Ay, bueno, tú entendistes. No me atormentes más que suficiente tengo con los disgustos con Yoyo. ¿Cuántas veces no le he dao yo los 20 o 25 mil dólares del sencillo que guardo en la mesita de noche a ese ingrato pa’que pague esos vuelos a Francia, a Aruba, a los Yunaitesteits? ¿Ah? Y el muy desgraciao ha sío capaj de decime que no. Que a él le da ladilla traeme eso porque es muy grande. Y que tampoco va a ir a las tiendas de la Quinta Avenida donde compré los estrenos del 24 y del 31 porque no va a dejá de bonchá por está de mandadero. No es justo, mi niño. Con lo buena madre que he sío yo, que jamás le he metío ni un gramo de merca en esos vuelos pa’evitale peos. Y él me paga así. ¡No hay derecho! Eso Dios lo tiene que castigá.

***

Hoy cuando llegué a la casa, al abrir la puerta, escuché los gritos desafinados de tía Amapola en el salón principal cantando:

A iguana güicho es un mery cristal, a iguana güicho es un mery cristal. A iguana güicho es un mery cristal an es japi gudyiar.

Estaba armando el árbol de navidad que por fin le llegó por valija diplomática de Nueva York gracias a los buenos oficios de Delcita.

—¡Tiíta, pero el árbol de Kylie Jenner se quedó pendejo al lado de este!

—Tú sabes, mi niño, que a mí las cosas, a lo grande. Y güele pa’ que veas. Purito olor a pino canadiense. Ya güele a navidá. Verdá que está bello. ¿Y tú de dónde vienes que no te había visto en todo el día?

—Ay, tiíta, todo el día en una cola en el banco para depositar lo que tenía en billetes de cien. 300 mil bolívares que me pagaron de una asesoría.

—Pero, bueno, mi niño, ese espíritu tuyo de pobre me saca la piedra. ¡Habrase visto! Un día perdío por piches 300 mil bolívares. Eso no son ni 80 dólares. Me fueras dao esos billetes a mí que yo los uso pa prendé los velones y los tabacos de los santos, porque así me traen suerte y biyuyo, al quemalos en ofrenda.

Yo preferí cambiarle el tema porque para qué intentar explicarle que para mí, que no estoy en el business, 300 mil bolívares es bastante plata.

—Tiíta, ¿Y de Delcita, qué sabes? ¿Cómo le fue?

—¿Cómo le iba a está yendo con esa derecha salvaje y misónica que gobierna allá?

—Misógina, tiíta, Mi só gi na. Y no te olvides que es hubieras y no fueras.

—Eso. Derecha misónica. Si no fuera sío porque llegó acompañá hasta la hubieran golpeao. Le tiraron la puerta en la jeta. La trataron como sí se fuera tirao peos de esos hediondos a huevo podrío que ella se tira. Puro maltrato, mi niño. Eso califica como violencia de género, pero como allá no podemos mandá a meté preso a nadien, pues la pobre mujer se quedó con sus empujones y despreciá. ¡Ay, pa qué me tocastes ese tema! Ya me volví a arrechá.

***

–Tiíta, vestida de diablo rojo Chanel no va a pasar desapercibida. ¿Usted no me había dicho que iba a estar bajo perfil un buen tiempo?

–Mi niño, es que pa’ esos actos tengo que ir vestida de revolucionaria, de combatiente. Ya vengo a cambiame esta vaina por un trapito Prada más discretico y que me queda divino con el bolso Balenciaga que me compré en estos días.

–¿Y cómo estuvo el acto, tiíta?

–Ni me preguntes, mi niño. Pura paja. Qué capacidá la de Padrino pa’ decí mentiras sin pestañeá. Por cierto, mi niño, me vas a buscá en el deciderio “Distendir” a qué carajo quiso decí ese coño… ¿Ves cómo es ese desgraciao, mi niño? Cansada estoy de decile que a mí ni me ignore en esos actos. Que no quiero que me vean. Que quiero está bajo perfil porque los gringos me tienen el ojo puesto. Pues no se le ocurrió más nada que preguntame cómo se decía “Deja quieto al que está quieto“. Ahí, delante de todo el mundo. Yo no sé si lo hace por estúpido o por sacame la piedra. Pa’ mí que es por idiota, porque hasta se le salió el eslogan del MAS. Dijo –Tía Amapola imita la voz de Padrino hablando como bobo– ‘Sí podemos, somos más’. No me jople.

–¿Y usted queé hizo con lo del inglés, tiíta?

–¡¿Quiva hacé?! Sonreí y haceme la que le decía lo que me preguntaba porque dijo que yo era su tradutora. Entonces, con señas y muecas le dije ‘Let quietou guat is quietou‘. ¡Así nuhay manera de que los gringos se olviden de mí! Nou güey, mi niño. Nou güey.

***

–Mi niño, tú no te imaginas lo que le he pedido a Obatalá pa’ que al Chapito lo lleven al Emcici pa’ que los muchachos tengan compañía. Y con el favor de Dios, si esto que estoy viendo aquí no es una faqueneu, Obatalá me va a hacé el milagro…

Tía Amapola, ataviada con su bata de seda roja con marabú en cuello, mangas y ruedo, hablaba sin levantar la vista de la tableta, estaba muy interesada en la información del sitio adonde sería recluido El Chapo.

–¿Faque qué, tiíta? No le entendí.
Faqueneu, mi niño. Faqueneu. No puede que tú no sepas lo que es eso. Pues yo cada día estoy más aptualizada con las nuevas tecnologías. ¿Vistes que Padrino figura entre los líderes más influyentes de Tuister? Salió en Telesur…

–Bueno, tiíta, eso de más influyentes en Twitter, no Tuister, no siempre es bueno. Eso lo miden por los retuits y las menciones y a veces esas menciones no son precisamente para echar piropos…

–Tú siempre de aguafiestas. Es influyente y punto. ¿Entonces no sabes lo que son las Faqueneus? –me preguntó la tía con tono de sobradita.

–Pues no, tiíta. Deme luces por favor.

–Mi niño, Faqueneus son las noticias falsas. Me extraña que tú, que lo sabes todo, no sepas que feijbuc está luchando contra las Faqueneus.

–Ah, ya. Fake news, tiíta. Se pronuncia feik nius. No entiendo cómo Padrino se confía todavía de su inglés. Ja, ja.

–Bueno, pues si esto, con el favor de Dios, no es una –tía Amapola mandibulea, tuerce los labios como una ese y por fin suelta– feiknius, y al Chapito lo meten en el –vuelve a mandibulear– Metropolitan Correpchional Center, Emcici, los niños tendrán en Manhattan buena compañía y quien quita, a lo mejor el Chapito les enseñe alguno de sus trucos de Houdini y se puedan escapar los tres.

–Tiita, ¿y si los ponen juntos para ver si hablan de los vuelos de negocios del Chapo y que pasaban por aquí? ¿Si buscan que hablen con el Chapo de los business que tienen en común para grabarlos y hundirlos más?

–¡Cállate la jeta, pájaro de mal agüero! Cancelao. ¡Cancelao! ¡Anda a rezá más bien! Pídele a Obatalá que me conceda lo que le pedí.

***

—Tiíta, ¿usted vio la información que publicó Maibort Petit en su blog? Dice que Roberto, el hondureño, llegó a un acuerdo de cooperación con los gringos…

Tía Amapola me miró con los ojos puyúos, se puso sus lentes Ralph Lauren y respiró hondo para tratar de mantener la calma. Mientras me hablaba curucuteaba en su tablet, algo que le interesaba.

—Puras mentiras de la desgraciá esa. Yo no creo que Bobby nos vaya a echá deo. Él sabe los peligroso que puede . En esas cárceles hondureñas pasan muchas cosas, hasta comía con salmonella le pueden y sacalo con los pies pa’lante… Magínate, mi niño, que Bobby se ponga a hablá horita que estamos pidiendo que se repita el juicio…

—¿Y usted cree que prospere esa solicitud de repetición del juicio, tiíta?

—Y usté cree que prospere esa solicitú… Pues claro que tiene que prosperá porque esa vaina está mal hecha y la tienen que volvé a hacé.

—Tiíta, pero Maibort dice que aunque esas solicitudes son un trámite común, casi nunca son aceptadas…

—Tú es que estás ocsesionao con la Maibort esa ¿no? ¿O es nada más pa’ sacame la piedra que la nombras tanto? Mejor anda a rezá y déjame leer esto del pote de Nesquik que está bien interesante. Fíjate mi niño, que a mí que en el business me las sé todas más una, no se me había ocurrido lo de los potes de bebida achocolatada. Es una buena técnica porque alguien va y deja el pote en el anaquel del supermercado, y va otro y lo recoge. Si descubren el pote puesto ahí, pues no hay a quién culpá y si no lo descubren pues la compra venta se finiquita. Sí. Definitivamente, esa técnica me está como haciendo ojitos.

***

Tía Amapola tenía rato mirando imágenes de El Chapo en su Iphone. Pasaba de una a otra. Se detenía en algunas, las ampliaba justo en la parte del pantalón donde se le marca el paquete. Detallaba cada milímetro.

—Mi niño, yo de verdá no veo qué le ven a este hombre. El es mi amiguito y socio en algunos business, y yo lo aprecio mucho; pero de verdá que es más feo que pegale a la mama un Día de la Madre. ¿Qué le vio la Kate? Ella tiene su pinta de cacha, pero fea no es como pa’ que le guste este carajo…

—Pero bueno, tiíta, y ¿a qué viene ahora usted pensando en la fealdad de El Chapo?

—Es que me encontré por ahí una noticia  de la denuncia que hizo el Chapito de que un policía de la cárcel donde lo tenían en México lo acosaba sexualmente y de verdá que un marico tiene que está muy verriondo pa’ metele mano a ese coño tan feo. Ni pa’ decí que es que está muy bien dotao porque he le he revisao  el paquete en muchas fotos y ahí lo que hay es un pepito.

—¡Tiíta! Mejor cambiemos de tema. ¿Ya sabe qué le va a dar a Padrino el Día de los enamorados?

—Síííí, mi niño. Ya le dije a Delcita que me lo traiga. Se va a caé de culo Padrino cuando lo vea. ¡El baúl rojo con los diseños de marca de SupremaLuis Vitón!

—Louis Vuitton, tiíta, “Luí Vuitón” se dice. Y no es Suprema, es “Supreme”.

—Bueno, tú me entendistes muy bien, pero te encanta, jodé. Es como una occesión que tienes de estame corrigiendo…

—Ob, tiíta, OB SE SIÓN. Con B de burra…

—¡¿Vas a seguí siguiendo?!

Tía Amapola se quedó un rato callada y jurungando su teléfono. Cuando encontró lo que buscaba, me pasó el Iphone:

—Mira, mi niño, ¿no es bello ese baúl? Rojo rojito y apenas cuesta 68 mil dólares, no llega ni a los cien mil. Una ganga. ¡Hasta barato me va a salí el Día de los enamoraos! Ay, me muero por sabé qué me va a mi bigotis. Ojalá me regale un vestío Carolina Jerruera, como el que usó la Melania Trump en el baile.

—Tiíta, a usted creo que no la favorecería mucho ese vestido. Usted es muy bajita y está como pasadita de kilos para un vestido en columna y, de paso, blanco. Y ese escote de hombros caídos le va a dejar al descubierto el cuello y ya las arruguitas se le están viendo, tiíta…

—”Usted es muy bajita y está como pasadita de kilos” O sea, hecho el pendejo, me estás diciendo enana y gorda y pa’ rematá, vieja, ¿no? Yo no sé ni pa’ qué te digo nada, si a veces pienso que en el fondo me odias.



Tía Amapola 31 – ¡Culpables! – La vida sigue – Resurge la fe – Nueva Corte Espiritual

3 diciembre, 2016 § 1 comentario

fidel

—¡Aaaaayyyyyyyyu! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¿Qué pasóooooooo? ¿Ismaelito, acaso no te prendí todos los días tus tabaquitos de mariguana? ¿Yemayá, no te llevé tus flores esta mañana a Macuto? María Lionza, Negro Primero, India Rosa, ¿cómo me van a echá esa vaina? ¡A la Noelí le voy a meté el palo’e malúa por ese culo!

Tía Amapola está en el cuarto de los santos gritando en un ataque de histeria. Se escucha ruido de cosas que se quiebran cuando las estrella contra la pared. Creo que no va a quedar santo con cabeza en ese altar.

—¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Malparío Crotty de mierda! ¡Hijueputa Baraja! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Culpables! ¡Culpables¡ ¡Marditos juraos no tardaron ni medio día en decidí! ¡Aaaaayyyyyyyy! Y ahora a esperá hasta marzo pa’sabé la condena ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Aaaaayyyyyyyy! ¡Aaaaayyyyyyyy!

Yo mejor ni me acerco. Creo que mejor me voy al cine a ver «Tamara» y a lo mejor hasta me quedo en casa de algún amigo, en esta casa la noche va a ser muy larga.

***

Tía Amapola hoy se batía el pelo. Se agachaba y lo peinaba hacia abajo. Levantaba con violencia el cuerpo y se echaba la melena hacia atrás para volverse a peinar. Contaba las cepilladas. Un, dos, tres… hasta llegar a cien. Al verme llegar me miró con sus ojos puyúos.

—¡Lindo que te quedó! Ten juistes desde aquel día fatídico y hoy es que vienes a aparecé.
—Ay, tiíta. Es que…
—No me digas nada. Hasta mejor es así porque con el genio que tenía yo te fuera jartao de un bocao si fueras aparecío.
—Hubieras aparecido, tiíta.
—¡No me busques que no me tienes muy contenta!
—Ay, tiíta yo pensaba que estaba muy feliz porque como la vi echando un pie con Padrino.
—Gajes del oficio, mi niño. Gajes del oficio. Ay que que la gente en este país son aparte de desagradecíos, desalmaos, mi niño. Fueras… ¿Cómo es que es?
—Hubieras, tiíta. Hu bie ras.
—Eso. Fueras visto cómo estaban todos felices cuando dijeron que eran culpables. Las redes parecían una fiesta. Puras risas y chistes. Después, todo el mundo diciendo que yo no salía por ningún lao. Que estaba escondía. Que yo no decía ni mu. Entonces dije «pues ahora salgo pa’que vean que aquí no se ha muerto nadien y me puse bella y salí a bailá salsa. Pues entonces me empezaron a decí desalmada, mostra, insensible porque no me ven hecha una Madalena berreando. Que si yo no quiero a nadien. Que si hasta las mamás de los asesinos salen a defendé a sus hijos. Que si hasta una perra que sale hecha una fiera defendiendo a sus cachorros en un vídeo tiene más sentimientos que yo…
—Bueno, tiíta, es que a la gente le extraña que ni usted ni Padrino digan nada de los muchachos…
—¡¿Y qué voy a decí yo?! Yo lo único que quiero ya es que esos coños se olviden de mí. Como dirían los Pimpinela —tía Amapola cantó— «Olvida mi nombre, mi cara mi casa y pega la vuelta. Olvida que existo, que me conocistes…». Total, qué puedo hacé yo. Ya ellos se jodieron por «estúpidos». Ahora tengo que pensá en mí, en cómo reactivá mi business sin levantá sospechas. Hacé como hizo la Jessy que se fue a hacé turismo en Niuyol. ¿La vistes tan bella, sobándole los cojones al toro de Guolestrí? Bueno. Eso. Hacé como que aquí no ha pasao nada y si te he visto no me acuerdo. Ya lloraré encerrada y veré cómo les mando algún detalle a los muchachos sin levantá sospechas. Pero la vida sigue, mi niño, y yo no me voy a dejá jodé por estos desgraciaos de la derecha que juran que ahora vienen por mí. ¡Ya me ven vestía con la braga anaranjada¡ Pues con las ganas se van a quedá. ¿Vistes que los metieron en una cárcel de máxima seguridá, mi niño? ¡Con terroristas y con colegas! Será que el Chapito tiene algún tutorial en yutube de cómo hacé túneles y escapá, mi niño. Revisa en interné a .

***

Tía Amapola estaba echada, meciéndose, en su hamaca tejida con hilos blancos que le regaló Daniel Ortega. Iba y venía en el aire en la terraza, cantando:

«Amapola, lindísima amapola, 
No seas tan ingrata y ámame. 
Amapola, amapola 
Cómo puedes tú vivir tan sola.»

—Tiíta, qué imagen tan bonita la suya ahí con la luz de este amanecer. Me hizo recordar una hermosa pieza de Hercilia López que vi hace años. ¿Y usted no piensa celebrar hoy el día de acción de gracias? ¿No va a hacer el pavo?
—Ay, mi niño. Ese San Guiven no me sirvió pa’nada. Yo no tengo ánimos pa’celebrá. Además, a mí me gustaba celebralo en Disneyguol, porque esa es una fiesta gringa y ya ni sé si podré entrá otra vez a los yunaitesteits, capaz me ponen los ganchos. Si me preguntan, diré que ¡quejeso de está celebrando fiestas gringas, alienaos es que están! Que eso no tenemos porque festejalo nosotros. Además, mi niño, al pavo lo voy a indultá este año a si el San Guiven ese nos hace el milagrito y nos hacen lo mismo con mis muchachos. A lo mejor me les dan un indulto y me los mandan de vuelta a casa.
—Ay, tiíta, lo veo difícil.
—Pero ¿tú no vistes que según dijo el que llamó vampira a la Tania, ya a mis muchachos los habían declarao inocentes y alguien pagó pa volteá el benedicto?
—Veredicto, tiíta. Ve re dic to. Tiíta, eso es casi que imposible que pase en Estados Unidos con un jurado como el que había allí.
—A ti es que te encanta chalequeame las ilusiones, ¿verdá? Ay, qué sola estoy yo en esta vida… A lo mejor es cierto y entonces puede que proceda el indulto.

Yo, preferí no discutir. Ya ella desde el cumpleaños de Padrino, ayer, llegó hecha polvo después de hacerse la fuerte delante de la gente y bailar para las cámaras. Me fui a mi pieza y la dejé melancólica, meciéndose en la hamaca y cantado:

«Amapola, lindísima amapola, 
No seas tan ingrate y ámame. 
Amapola, amapola 
Cómo puedes tú vivir tan sola»

***

Cuando salí a la terraza, me encontré a la tía Amapola curucuteando su tablet y murmurando insultos y maldiciones. «La malparía esta … le salieran aunque fueran uñeros en todos los deos a la muy sucia, pa’que no pudiera escribí … es que se nota que esa perra goza hablando de mis muchachos …» Me acerqué sigilosamente para curiosear qué miraba que la ponía tan fúrica.

—Tiíta, ¿Usted como que está stalkeando a Maibort Petit?
—!Yo no estoy toqueteando nada! Lo que estoy es revisando su perfil en las redes a si alguna vez se calla la jeta y deja de hablá de los muchachos. ¡Qué ocsesión la que tiene la coñuemadre con mis sobrinos! ¿Será que le tenía ganas a alguno y no le paró? Porque de otra manera no se entiende.
—Pero, yo no veo que ahí los nombre por ningún lado, tiíta. Ni siquiera veo que ponga «narcosobrinos» como mientan ahora a los muchachos siempre en todos lados.
—Ni falta que hace que los nombre pa’sabé que es de ellos que habla la malculiá esa. Mira lo que dijo —tía Amapola se bajó las gafas Polo que tenía puestas como un cintillo, para poder ver bien, y leyó— «En NY más del 90% de todas las apelaciones de los acusados criminales se pierden». ¿Ves? No dice perro pero muestra el dientero. Está insinuando que si los muchachos apelan de la decisión, van a perdé. Después dice: «Condenados por delitos de drogas con penas mínimas obligatorias que fueron a juicio recibieron 11 años + que los que se declararon culpables». ¿No le notas como un tonito de alegría a la bicha? Como diciendo ay, esos coños van a salí pior por habé dicho que son inocentes y le van a una condena más larga…
—Bueno, tiíta, Maibort lo que está es informando. El tonito y lo demás se lo está poniendo usted.
El tonito y lo demás se lo está poniendo usté. Ay, si, porque yo me chupo el deo.

***

Tía Amapola hoy llegó con la Hummer cargada a reventar. Traía tantos paquetes que me despertó para que la ayudara a bajarlos.

—¡Mi niño, mi niño! Despierta para que me ayudes a bajá las cosas y llevalas pa’l cuarto de los santos.

Yo pensé que se trataba de alguna cama o muebles, como ella el día del veredicto arrasó con todo en esa habitación con la arrechera que agarró. Pero me equivoqué. No eran muebles. Eran imágenes, velones, inciensos, flores, todo nuevo de paquete. Todas la imágenes serían repuestas y algunas hasta más grandes.

—Tiíta ¿Y usted no era que ya no creía?
—Ay, mi niño, eso fue un arrebato momentanio. Mi padrino de santo vino y me explicó todo y me re insertó en la fe.

Desenvolvió cada imagen con cuidado y las fue acomodando en su puesto. María Lionza al tope junto a Negro Primero y Guaicaipuro. Armó cada corte, la malandra en la que puso junto a Ismael a Chávez para encabezarla. La chamarrera, la India… una de las últimas imágenes que sacó era una estatuilla de Fidel Castro con su traje militar de campaña, su boina roja y el habano en la mano. La miraba y miraba el altar. Parecía indecisa de adónde debía ubicar la imagen del recién difunto.

—Ay, mi niño, este coño, como siempre, uno no sabe donde ubicalo. Como cuando estaba vivo, que hablaba una vaina y hacía lo contrario. ¿Será que lo pongo en la corte chamarrera? Coño, por edá le correspondería está ahí con los viejos, pero por otra parte, también encaja en la corte malandra, porque más malandro que él, quién…

Tía Amapola se puso el indice de una mano en la boca, pensativa, mientras con la otra sostenía a Fidel.

—Tiíta, ¿Usted cree que los santos la perdonen después de haberlos hecho trizas?
—Claro, que sí, mi niño, mi padrino palero me lo aseguró. Ellos mientras uno los atienda bien, entienden esos arrebatos de locura… Ay, mi niño, es que tengo que creé porque si no paro en loca con tanto miedo y tanto terror que tengo. Además, necesito montá una buena protección pa’Padrino porque la pelona se está llevando a los hijos de Chávez. No vaya a un maldito sea. Dígame si se le ocurre a la parca que ese autobús necesita un buen chofer.

Tía Amapola, decidida, puso a un lado, la imagen de Fidel:

—Listo. Creo que voy a iniciá una nueva corte. La de los Presidentes. Ahora tengo que comprá un Franco, un Gómez, un Hitler, un Idi Amin… ya iré armando mi nueva corte espiritual.

***

Tía Amapola tiene dos días vestida de negro cerrado. Hoy, que vamos en la limusina oficial a la Cancillería para los honores a Bernardo Álvarez, lleva puesto un Ángel Sánchez, una columna de shantung de seda negra, con texturas en el mismo tono y un tocado con una inmensa flor de seda negra y redecilla.

Pero, ayer, se puso un traje Carolina Herrera, negro mate con un corte parecido a un liqui—liqui, con grandes botones negros y algunos vivos en raso negro en el cuello y bordes de los bolsillos. La falda era recta, negra por encima de la rodilla. Así íbamos, en la misma limusina, al Cuartel de la Montaña para el homenaje a Fidel. Llevaba una pamela negra con redecilla y mitones de seda negros también. Resaltaban entre tanto negro, sus joyas Cartier: un collar de perlas blancas y grises con broche de diamantes y un zafiro azul, con su pulsera a juego. La firma de oro de Chávez se la puso en una pulsera de oro 18.

Íbamos en el camino al Cuartel de la Montaña y la tía Amapola, mientras campaneaba un whisky Buchannan’s de 18 años con una mano, sostenía en teléfono con la otra y hablaba tratando de controlar su impaciencia y las ganas de gritar y lanzar el celular por la ventana:

—Pero, Raúl, ¿Me vas a decí a mí que tú no puedes? ¡Si en esa isla no hay nada que sea imposible pa’ ti … Cónchale, pero no te estoy pidiendo el fémur o la tibia, te estoy pidiendo un huesito pequeño, la falange del dedo chiquito del pie o el yunque o el martillo, una cosita de nada, una vaina que nadie va a notá … ¡Pero si a esa vaina le van a meté candela y le van a caé a palo hasta dejarlo hecho cenizas! … Si, disculpa, claro que no he debido decíesa vaina‘, es que me dejé llevá por la ansiedá de que no me entiendes que ese huesito es importante para nuestra lucha espiritual, nada te cuesta conseguímelo … Después de todo lo que hemos hecho por ustedes no me puedes negá ese favorcito, recuerda que en esos 800 kilos de los muchachos iban 100 que eran de ustedes y que les estábamos haciendo el dos pa’metelos en el imperio … Bueno, Raúl, en tu conciencia queda lo que pueda pasá por tu falta de irreponsabilidá con la revolución y el proceso.

Tía Amapola colgó y con sus ojos echando chispas me dijo: «Hasta marico será y en su casa no lo saben».

Eso fue ayer, y lo recordé ahorita porque cuando ya llegábamos a la Cancillería, tía Amapola me dijo:

—¿Será que el maricón de Raúl, ya que no le dio la gana de conseguime el hueso de Fidel, me da aunque sea un poquito de cenizas pa’el altar? La corte de los presidentes ya esta agarrando cuerpo, mi niño, ya tengo a Hitler, a Idi Amin, a Stalin, a Pinochet, a Franco, a Stroessner, a Fidel y al Comandante Eterno…

Yo me hice el desentendido y me dediqué a mirar por la ventana la ciudad. A mí no me gusta mucho que tía Amapola me hable de sus «santos». ¡Zape!

***

Tía Amapola me iba sacando hoy una costilla del codazo que me dio cuando Padrino dijo «Vamos a darle un pase»:

—Mi niño, ¿será que este carajo se trajo la merca pa’cá pa’repartila gratis? ¿Quéjeso de vamoadale un pase?
—Tiíta, no es un pase de esos. Es un pase al tipo que está en El Callao, al minero que va a hablar del proceso de extracción de minerales y oro…

Tía Amapola se pasó la mano por su vestido Versace de encaje negro, para alisarlo y moviendo con nerviosismo su pie calzado con los Louboutin y haciendo que bailara la firma del difunto que hoy se la guindó en el tobillo en una cadena de oro con diamantes y ónix. Todo el atuendo en negro, para continuar con el debido duelo decretado.

—Ay, mi niño, —dijo ajustándose el broce Tiffany que le adornaba el moño cebolla que llevaba con una boina negra— es que me asusté porque si encima de toda la merca que nos han agarrao los desgraciaos gringos, el loco este se va a poné a repartí pases gratis, ahí sí es verdá que vamos a quedá en la insiforia, como diría Noelí.

—Tiíta, ¿qué es eso negro que le cuelga ahí del zapato?
—Ay, mi niñó, es un pedacito de teipe negro que se está despegando. Es que como los Louboutin tienen la suela roja, me pareció desentonaba con el luto por los camaradas difuntos, y las cubrí con el teipe.

Tía Amapola se acomodó su fular de seda negra en cuello y guiñándome el ojo izquierdo, me dijo:

—¿Verdá que el luto me queda bien, mi niño? ¡Me siento glamurosa, como estrella de los años cincuenta… creo que la viudez me sentará muy bien.

Tía Amapola 30 – El jurado, el juicio, los «¡ESTÚPIDOS!» y la Boluda

18 noviembre, 2016 § 1 comentario

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Tía Amapola ha pasado el día encerrada en el cuarto de los santos. No salió ni a comer. De vez en cuando retumban unos tambores y se oía el murmullo de oraciones y conjuros.
Apenas salió un momentico para pedirme un favor:

—Mi niño, mantente QAP en las redes y con CNN. Si ves que sacan alguna imagen de los juraos, me le haces una captura y me la pasas. Magínate mi niño, entre esos juraos hay hasta ¡un camionero! ¡¿Cómo es posible que un chofer de camión tenga poder pa’decidí sobre mis muchachos?!

—Bueno, tiíta, no se olvide de que Padrino está muy orgulloso de haber sido chofer de autobús…

Tía Amapola me lanzó una de esas miradas puyúas de ella, que me hizo callar de golpe.

—¡Anda a rezá! Si agarras la foto de los juraos me la pasas pa’alumbralos.

Los ojos se le iban a salir de sus órbitas. El pelo lo tenía enmarañado y lleno de ceniza de tabaco, hojas de ruda, y hediondo a cuerno de ciervo, aguardiente y anís. La bata blanca sobre la que relucían los coloridos collares de santos, tenía varios agujeros. Se notaba que las chispas de los tabacos habían hecho estragos en la tela y se veían manchas de esperma de velas de diversos colores. Yo, tratando de calmarla le dije que no se preocupara, que los muchachos estaban tranquilos y que hasta besitos lanzaban al aire.

—¡Tú no eres más pendejo porque no entrenas! Esa es la estrategia, lucí como vencedores, pero la procesión va por dentro. Esos marditos de Crotty y Barajas no han hecho más que dales palo. ¡Ya hasta la foto de la coca la mostraron a los juraos, los malparíos! Hasta pendejos les dijeron a los muchachos, mi niño. Sólo queda hacé que los juraos se crean el cuento del compló del Imperio contra el gobierno revolucionario.

En ese momento, pasó Padrino con su tableta en la mano en la que sonaba una salsa de Héctor Lavoe, y agarró a tía Amapola:

—Venga, mi Polita, vamoaechá un pie.

— Echá un pie. Echá un pie. Una mano en la jeta que te tumbe hasta el bigote es lo que te puedo echá.

***

Tía Amapola llegó hoy corriendo a la casa. Venía tan apurada que mientras en una mano sostenía un paquete con algo envuelto en papel de Diario Panorama, con la otra se iba sacando trapos y dejándolos en el camino. Entró a su cuarto y en segundos salió con la bata blanca y los collares de santos puestos y el envuelto de periódico que no lo soltaba por nada. Descalza corrió al cuarto de los santos.

—Ay, mi niño. En loca voy a pará si esto sigue así. En la mañana me pude hacé la pendeja y no fui al programa de radio, pero en la tarde tuve que ir a esa vaina y hasta echá un pie con Padrino. Pero, bueno, aquí vengo a seguí rezando. ¿Vistes como el defensor le dio hasta con la vacinilla al Sandalio González, mi niño? ¡Lo dejó hecho un Chancleto González ja ja. Es que mis rezos son potentes.

Mientras tía Amapola hablaba delante del altar, iba desenvolviendo el paquete. Se trataba de un grueso tronco de árbol. Era un tronco grueso y con vetas. Tía Amapola lo acercó a la llama de un velón tricolor inmenso para encenderlo. Pasó un rato y el palo nada que agarraba candela.

—Tiíta, ¿Será que ese palo está húmedo?

—No, mi niño, Noelí me dijo que es así. Que cuesta para que prenda, pero que es una maravilla pa’despojá, destrancá, abrí caminos y sacá las malas vibras y envidias. En la Guajira lo usan hasta pa’hacé bebedizos pa’la tos. ¿Ves? ¡Ya esta empezando a hacé humito.

—Sí. Ya veo. Es como resinoso, ese tronco. Uhmmmm hasta huele bien, tiíta.

—Se llama palo’e Malúa, mi niño. O cari—cari. Al final no supe porque Noelí me decía una vez una vaina y después la otra. Pero ella me aseguró que no hay nada más potente que el humo de este palo.

Cuando la madera agarró brasa, tía Amapola empezó a pasarlo por encima de los santos y alrededor. Levantó la foto de Crotty y puso el palo debajo para que el humo la cubriera. Después agarró otra foto y se quedó mirándola un rato. «Hasta bueno está el Baraja este —dijo mirando al hombre de la foto—. Mira esos ojitos como azulaos que tiene». Puso la foto sobre el humo que ascendía y la mantuvo así un rato. Después agarró un papel que decía en mayúsculas y entre admiraciones «¡ESTÚPIDOS!» y también lo cubrió de humo.
Yo me tuve que salir porque el olor penetrante del palo de Malúa ya me estaba asfixiando. Cuando la dejé, le estaba prendiendo un joint a Ismaelito con la candela del palo. ¡Buena trona que va a agarrar la tiíta entre el humo del palo y la marihuana!

***

«Chinita de Maracaibo,
Chinita virgen Divina,
Virgen de Chiquinquirá,
Mi potente Yemayá.
El dieciocho que es tu día
Los doce decidirán
Todo en unanimidad
Ay, bella virgen morena
De los chamos sé la guía
Que el jurado no decida
Nada en contra de la tía».

Así se oía rezar a tía Amapola con un fondo musical de gaita zuliana en el cuarto de los santos. Cuando me vio, me miró con ojitos de desesperación:

—Ay, mi niño, ya no sé qué más hacé. He repotenciao todos los conjuros. Le rezo a mis protectores hasta dormida. Al Sandalio ese que lo tenían como chancleta, ahora se le oye cantar mejor que a Julio Iglesias. Estos son los días más largos de mi vida. Y el malparío del Crotty que quiere salí del juicio antes del Día de Acción de Gracias. Ese en lo único que piensa es en jartase su pavo tranquilo y feliz.

—Tiita, pero dicen que hoy salió a relucir ojitoslindos en el juicio…

—Yo les dije muy claro a los muchachos, si la cosa se pone fea, echen deo. Ustedes no se van a jodé solos. Pero, casi me echo a llorá cuando vi que mi muchacho decía que esos cobres los necesitaban pa’mí. Es que él me adora. Si hasta un tigre o un león me quería regalá pa’que me cuidara.

—Tiíta, pero esos tipos como que grabaron todo, ¿No?

—Claro, todo. Y los estúpidos, porque razón tienen de deciles estúpidos, toda vaina la soltaban. Les dije mil veces que se mordieran la lengua, que no hablaran de más, pero no. Ellos contaron que desde los 18 años andan metíos en el business y que podían chapeá pa sacá la merca sin peo. Es que son unos vendo la jeta. Y yo les decía, uno es amo de lo que calla y esclavo de lo que dice, pero les entraba por un oído y les salía por otro. Hasta del Tusy contaron pa’llenase la jeta. Ay, mi niño, quiero como dormime y despertame después del juicio. Despertame el día de San Guiven… por cierto, mi niño, búscame en Gugle ese santo, a si rezándole a él salimos bien de esta.

—¿Qué santo, tiíta?

San Guiven, mi niño, el santo ese que celebran los gringos y comen pavo pa’festejalo. San Guiven, a lo mejor como es un santo gringo y te habla inglés, tiene más podé en Niuyol que mis cortes indias y malandras de aquí.

***

—¡Cuñis, tremendo ranchito te estás haciendo! No sabes cómo me alegra, a la Elo se le va a jinchá el culo con tanto lujo je je … Si, Charlie, ya iré a visitate. Bueno, a lo mejor me tienes que hacé una pieza al lao del gracebo por si tengo que salí en volandas de aquí. Eso sí, que mire pa’la piccina ja ja … Bueno cuñis, te dejo. Que Ismaelito te cuide el ranchito y Dios te lo deje gozá.

—Tiíta, ¿Qué es gracebo?

—Ah, pues, el sabihondo no sabe qué es un gracebo. Una chocita así como una cúpula, lo que se hizo tu tío junto a la piccina en la casa de Panamá.

—¡Ah! Gazebo, tiíta. GA ZE BO. Y es piscina, tiíta, no PiCcina.

—Ni te molestes que hoy no me vas a podé hacé arrechá. Hoy amanecí faliz, como la Barbarita. El Maikol volvió mierda al testigo ese. Le cacharon todas las mentiras. Mis rezos han sido escuchaos. Ismaelito está fulltaim alumbrao pa’que mis muchachos queden libres de polvo y paja. ¡Sobre todo de polvo! Ja ja

Tía Amapola me dio la espalda batiendo la melena y se enfiló para el cuarto de los santos cantando «Toy contenta yo no sé qué es lo que siento. Voy cantando como el río…». Cuando iba llegando a la pieza, paró en seco porque le sonó el teléfono. Al ver en la pantalla quién era, vino corriendo a donde yo estaba:

—¡Mi niño! ¡Mi niño! Contesta tú y dile que no sabes dónde estoy. Que salí y dejé los teléfonos en la casa. Es la ladilla de la greñúa que desde que se enteró de que por los acuerdos del malparío diálogo van a liberá deteníos está empeñada en que hable con Padrino pa’que le liberen al pran que se la está machucando. Esa mujer piensa con el papo, mi niño. La cabeza la tiene nada más pa’los piojos y el grasero. Dile que me fui pa’la Conchinchina a si el gallo puso.

***

Cuando Padrino dijo «Aquí no se para nada», tía Amapola le lanzó puñales con la mirada y bajito me dijo al oído:

—Si lo sabré yo. En las noches me tengo que pará a sentame en el bidet a echame agua fría pa’que se me calmen los ardores.

—¡Tiíta!

—Ay, mi niño, sho mejor voy a shamá a la Boluda pa’saludala que la pobre está pasando un mal rato.

«Aló, Boluda ¿cómo andás querida? No sabés cómo te he pensado en estos días. Claro, sho sé lo que es que toda la familia esté investigada, querida. Tú sabes que aquí nos han echao ojo a todos los parientes, como ashá, hasta al gato lo investigan esos desalmaos de la derecha. Pero quería que supieras que te entiendo y estoy con vos, mi Boluda querida…»

Cuando tía Amapola habla con la Boluda termina con acento sureño.

«Sho estoy tranquila, mi Boluda. Sha al Cesuno lo enterró Randy porque le cachó las mentiras … Sí, claro, las escuchas son ilegales, pero igual eso quedó ahí. A mí mis santos no me abandonan, y mañana le shevo sus flores blancas a Yemayá por el día de la Chinita. Mis muchachos están en manos de Ismaelito y la Chinita … a ese hondureño también lo dejan los abogaos como un mojón, querida … Síiiiii el ojoslindos salió embarrao ja ja lo malo es que los tontos se pusieron a dá detashes de la rampa y todo. Razón tenían los abogaos de deciles estúpidos. Pero sho confío en mi Corte Malamdra, Boluda, sha verás que mis muchachos pronto están de nuevo en el business…»

Cuando terminó de hablar por teléfono, tía Amapola me preguntó:

—¿Y ese sha terminó de hablá de erecciones? Qué ganas de mentá la soga en casa del ahorcao y sho con este verano que rasguño el techo.

—Tiíta, no me dé detalles. No me dé detalles.

Tía Amapola 29 – Preámbulos del juicio, viaje a Irán, el baile e Ismaelito

3 noviembre, 2016 § 1 comentario

ismael

—Mira, mijito. ¿Cómo quieres que te lo explique? ¿Te hago un video? ¡Que no queremos que en esa vaina se pongan a averiguá por qué paga Ruper! Si le tienes que pagá a Coroty pa’ que deje eso así, le pagas … ¡Con Curcio me limpio el curcio y me queda sucio. Fíjate lo que te digo y te lo digo en rima y todo…

Tía Amapola manoteaba en el aire y los diamantes, esmeraldas, zafiros y rubíes lanzaban destellos cuando movía histérica las manos y los rayos de luz incidían sobre la piedras de los anillos.

—¡Metan un documento al tribunal y digan que los muchachos no quieren que investiguen eso!

Tía Amapola colgó el teléfono, me miró echando más chispas por los ojos que las que lanzaban sus anillos.

—Es que no sirven pa’un coño, mi niño. Tan caro que cobran y tengo que deciles todo lo que hay que hacé.

Como yo sé como son las cosas, de una vez le cambié el tema porque cuando está así de nerviosa termino yo pagando los platos rotos.

—Tiita, ¿usted sabrá algo del buque ese “Río del Caribe”, que agarraron con drogas? ¿De quien será?

A tía Amapola le cambió automáticamente la mirada. Sonrió con dientes y ojos y se me acercó. Se tapó la boca con la mano y me susurró con picardía:

—Dicen que es de un pesao. Tú sabes. De aquellos barcos atuneros o, mejor dicho, que se hacen pasá por pesqueros, porque todos sabemos que esas empresas de atún enlatan algo más que atún… ja ja ja Ay, mi niño, es que algunos creen que se pueden meté conmigo y salí ilesos. ¡Ilusos!

—O sea, que ¿usted tienes algo que ver con esa captura, tiita?

La tía Amapola me guiñó un ojo y echando su aliento sobre el diamante Cartier del anillo, le sacó brillo en la chaqueta de su traje Chanel:

—¡¿Yo?! Ja, ja, ja. Ay, mi niño, y me cuentan los informantes que estaban ahí con los franceses, que no los dejaron hundí el barco con la coca ja ja Los agarraron con toíto. Yo te lo he dicho, ojo por ojo, mi niño. Que sigan jodiéndome el business que yo les jodo el de ellos. Yo por las buenas soy una santa, pero por las malas, hasta mandinga me tiene miedo.

***

Tía Amapola hoy ha estado muy angustiada. La suela de sus Louboutin la desgastó de tanto ir y venir. Trajo de los actos del Día de la Resistencia Indígena un medio cartón de jugo y se fue directo al cuarto de los santos. Tomó a Guaicaipuro, a la India Rosa, a Tamanaco, a la india Francisca y a Caracas, toda la Corte india la puso en el centro del altar. En frente, colocó una maceta con un bonsái. Escarbó la tierra del matero hasta ver el fondo de la raíz, agarró una copa de ron y la vació en el hueco. Encendió un tabaco y fue dando bocanadas y lanzando el humo al hueco junto con siete monedas. Tomó el cartón de jugo y empezó a rociar un polvo gris en el hoyo del bonsái mientras rezaba:

«Querida y respetada corte India,
Poderoso e invencible Guaicaipuro
Fuerte, bravo, como toro de lidia
Con el humo del tabaco los conjuro,
Que estas cenizas del cacique Tiuna
Robadas en el acto de la raza
refuercen y protejan nuestra casa
Y me hagan invencible cual ninguna.

Indios de esta tierra prodigiosa
A Crotty hoy traigo y lo conjuro
María Lionza, mi poderosa diosa
Que ese juez quede sordo como un muro».

A partir de allí tía Amapola empezó a hablar en lenguas y no pude entender lo que decía. Echó toda la ceniza en el hueco, otro chorro de ron y tres bocanadas más del humo del tabaco y tapó el hoyo.

«Indio milagroso Guaicaipuro, tan rápido como este humo va en el viento, ayúdame en esta hora.
No te pido pa’ lujos, sino pa resolvé los problemas que tengo. Que el humo y el ron que les ofrezco sirvan para aflojá a Crotty y a Bharara. Amén»

Cuando salió me miró con los ojos desorbitados:

—¿Ya vistes las noticias de hoy?

Me mordí la lengua para no corregirla y decirle que es viste y no vistes. Cuando está así no es aconsejable contradecirla.

—No, tiíta. ¿Qué ha pasado?

—La Fiscalía está llamando a un poco de gente a declará, mi niño. Hasta a mí creo que me tienen en esa lista y pa’completá el malparío juez dice que todas las pruebas serán tomadas en cuenta. Todas, toditas, mi niño. ¡Y todavía se atreven a decí esos desgraciaos que no hay motivos políticos en nada de eso! ¡Me la tienen jurada, mi niño!

—Ah, con razón que vi que Maibort Petit escribió que la cosa se complicaba para los muchachos y que a lo mejor van a tener que declararse culpables y negociar…

—Eso quisiera la desgraciá esa y el maricón de Jusquiverga ese. Pero de aquí al siete de noviembre todavía muchas cosas pueden pasá, mi niño. Y hoy es un día muy poderoso y yo sé que mis indios no me van a desampará. ¡Viva la resistencia indígena! Lo gringos no va a podé con esta corte india. Ya vas a vé.

***

—Ay, mi niño. Qué semana tan negra he pasao. Yo creo que tendré que meteme alguito más fuerte que el bebedizo de toronjil pa’podé dormí. Mira cómo tengo la ojeras que parezco un panda.

Tía Amapola está demacrada. Con los ojos hundidos. Parece como que le hubieran caído 20 años de golpe. Ni el traje Chanel ni las joyas Cartier logran disimular el mal estado en que se encuentra. Pasa horas metida en el cuarto de los santos rezando. Su padrino de santería ha traído cuanto animal Dios ha echado a este mundo para sacrificarlo y el tabaco de brujo y el ron barato lo han traído al por mayor.

—Ahora resulta que todos los trámites que hemos metío los han desestimado. El juez va a tomá en cuenta el poco de pruebas forjadas que tienen, mi niño. Y van a seguí llamando gente a declará. Yo tengo cuatro días que no duermo. Y se me parte el corazón de pensá que me tienen al niño aislado. Todos esos días sin a nadie. Capaz lo tienen en la tumba de los gringos al pobre. Yo creo que ni siquiera dejan que los visiten. Esos gringos son tan desgraciaos que si se enfermera seguro ni un médico le dejarían pasá pa’que lo revise. Si hace huelga de hambre capaz y lo obligan a comé por sondas o dicen que come escondío. Mandé a la prima a visitalo y tuvo que gritos desde la calle pa’comunicase con él. Le gritaba «¡Aguanta, mi niño, que el que se cansa pierde!». Pero él no le respondía, el pobre debe está tan desfallecío que no le sale la voz. Debe llorá todo el día mi pobre niño. Dicen que cada nada lo mandan a desnudá pa’cachealo.

—Tiíta, eso que cuenta parecen historias de Ramo Verde...

Tía Amapola me lanzó dagas con los ojos y preferí callarme.

—La única noticia buena es que al Teniente Ricky no lo salva ni Bambarito. Y a los showceros sólidos tampoco. Esa era una espinita que me tenía que sacá. A mi, por muchos soles que tengan, el que me la hace me la paga… Mi niño, prepárame el toronjil con unas hojitas de cannabis que tengo en la mesita de noche y me traes una chicharrita que tengo guardá entre el novenario de la Virgen de las Mercedes pa’dale unas pataítas a si concilio el sueño… ah, tráeme el novenario pa’ile rezando a la Meche pa’pedile por los muchachos mientras me preparas el tecito. Obatalá no desampara a los presos, yo le tengo mucha fe.

***

Tía Amapola llegó histérica del viaje. Fúrica. Fue entrar a la casa y empezar a quitarse la ropa como si le quemara:

—Ay, mi niño, este ha sido uno de los peores viajes de mi vida. La diarrea no se me paró ni un día. El viajecito fue casi casi, como el de mi luna de miel con Padrino pa’Cúcuta pa’ir a conocé su familia. Tanto corré y sonreí, y haceme la sumisa y caminá detrás. Pa’nada, regresamos en blanco. El petróleo sigue bajo y, como en la luna de miel, ni un polvo me echaron. Padrino lo único que hacía en las noches era llorá y rezá. Lloraba porque no quería regresá y rezaba pa’que le dijeran de Cuba que no volviera. Y nada. Tuvimos que volvé.

—Bueno, tiíta, pero por lo menos se vieron con el papa ¿No? Eso es tener un grado de separación con Dios. De algo debe servir.

—Ay, ni me mientes al gaucho ese. Nos trató como si fuéramos una mierda. Ni siquiera permitió fotos. Estuve a puntico de sacá el Iphone pa’hacé aunque fuera una foto yo, pero uno de esos guardias con traje de payaso me miró tan feo, que volví a meté el teléfono en la cartera Hermés calladita la jeta.

—Tiíta, pero yo vi unas fotos de Padrino con el papa…

—¡Puro montaje de Villegas! Sacó unas fotos de hace tre jaños pa’hacé creé. No nos dejaron ni hacé una piche foto cuando le dimos la espada al gaucho. Él la agarró, y de una vez la bañó en agua bendita y dijo «sho le voy a eshar bastante agua bendita porque esta espada se la han regalado a unos cuantos pibes que están mirando para adentro. Y que Dios me perdone la superstición, pero es mejor prevenir que lamentar ¿Verdad, che querida?» Y me miró a mí «Vos de esas cosas de pavas y embrujos sabés, ¿No?»

Cuando ya estaba desnuda, sólo con las pantaletas, me dijo:

—Por cierto, el gaucho no dijo nada de que uno no se pueda fumá la cenizas, ¿Verdá, mi niño? Sólo que no se podían lanzá poráhi. Cuando Padrino estire la pata, lo cremo y me lo fumo en tabaquitos echaos pa’trás ja ja ja.

—Ay, tiíta, no diga esas cosas…

—De verdá, mi niño. Ya estaba jarta de tanto trapo, mi niño. Aquel calorón y yo con esas jamugas encima. Sudé como una cerda. La cocoya me hacía hebra. Lo único bueno del viaje fue que pude traé aceite de oliva de Italia, azafrán de Irán pa’l arroz con pollo y bacalao que compré en Portugal. No sabes lo que es ese azafrán iraní, mi niño, nada que con esas ramitas españolas que me trae Zapatero cada vez que viene, que ni pintan ni tienen olor. Ese desgraciao, con los reales que se mete aquí, por lo menos debería traé buen azafrán y jamón ibérico pero, trae una cecina del Corte Inglés que lo que da es pena.

***

Tía amapola se estaba echando kool—A—Ped y masajeándose los pies mientras sostenía su Iphone con el hombro y hablaba bajito.

—¿Cuántas veces les dije que no pasaran esa vaina por esa rampa? Que estábamos muy vigilados y que era mejor sacá la merca en barcos. Pero es que esos muchachos no querían la voz de la experiencia. Como si yo fuera novata o improvisá en esas lides … Bueno, mi amor, pero en el trayecto de Honduras a los estados pegaos muchas cosas le pueden pasá a Bobosoto ¿No? A lo mejor en vez de pasá como espalda mojá entra con los pies pa’lante … es que Bobosoto sí nos puede echá deo pa’salvase él. Ese no es como los muchachos que los podemos mandá a callá. Él sí nos puede echá una vaina…

Cuando tía Amapola vio que yo estaba parado detrás de ella, cambió el tono de la voz:

—Bueno, mi amor, encárgate tú de eso. Me le llevas mis saludos cariñosos a Bobosoto. Después hablamos. Besito.

Tía Amapola, puso el teléfono en la mesa, me picó el ojo y me dijo toda modosita:

—Ay, mi niño, tú deberías dame unos masajitos en los pieses, los tengo hechos fenefa, como dicen en Maracaibo.

—No digo yo. Cómo no le van a estar doliendo, tiíta, si por ahí la vi echando un pie con Padrino, bailando el loco loco.

—Ay, mi niño, me dejó descuartizá. Tanto tiempo y ese carajo nada que aprende a bailá. Me pisó más que gallo a gallina clueca. Siempre ha sido así. Yo pa’un lao y el pa’l otro. Igualito era pa’culiá. —Cuando culiábamos, porque hace tiempo que no me da ni a güelé—. Pero, cuando ya yo estaba agarrando el ritmo, me espantaba el orgasmo, lanzándome pa’l otro lao…

—Tiíta, no me dé detalles. Déjelo así. ¡Yo no necesito saber esas cosas!

***

Tía Amapola llegó cargada de ramas, pólvora, velas negras, velones, anís El comandante, aguardiente, cuerno de ciervo, tabacos y una nueva imagen de Ismaelito en tamaño natural. Mientras iba sacando todo de los paquetes y quitándole el plástico de burbujas del embalaje del malandro, me decía:

—Ay, mi niño, quien conociera uno cuantos gurfelos para encagales unos trabajitos.

—¿Unos qué, tiíta?

—Gurfelos, mi niño, gurfelos, como los de aquella peli de los gánsteres de niuyol. Los mafiosos esos.

—¡Ah, goodfellas! Es que no me acostumbro a esa pronunciación de inglés del Reino Unido que tiene usted, tiíta.

—Sigue mamando gallo, que te voy a llevá pa’l hipódromo.

—¿Y como para qué quiere usted tener contacto con los goodfellas, tiíta?

—Ay, mi niño, pa’mandales mensajitos a los familiares de los juraos que están escogiendo. Tú sabes, el cuerpo de un caballo podrío o mandales la mascota tasajeada en un caja de regalo…

Yo me quedé calladito que me veo más bonito. Ella siguió:

—¿Uno no podrá mandales a esos carajos unos dolaritos pa’que decidan como tienen que decidí, con justicia? Y al que no quiera aceptá los riales, pues le mandamos su conejo hecho al vino.

Cuando terminó de desenvolver a Ismaelito, lo bañó en anís, le prendió un tabaquito de marihuana, y lo sacudió con ruda:

—Bueno, Ismaelito, lúcete, pues. Al Crotty ese, hazle una visita que el malparío ese está muy Popi. A toa vaina dice que no. Ay, Ismaelito, consígueme unos gurfelos o por lo menos, haz que a Crotty se le acatarren los cojones. Ve que contamos contigo y con toda la corte malandra pa’salí bien de este trance. Ya falta nada pa’ese juicio y estamos es tus manos, Ismaelito. Lúcete, lúcete.

Yo la dejé ahí con sus rezos. Llegó un momento en que la tía Amapola ni siquiera se daba cuenta de que yo estaba ahí, observando. Entró como en trance y a mí eso sí que no me gusta. Huí por la derecha.

Tía Amapola 28 – Ruperti y los sobrinos, plebiscito de Colombia, Miss Venezuela y el Premio Hugo a la Paz

9 octubre, 2016 § 1 comentario

miss-venezuela

—Hay que que esos gringos no tienen temor de Dios, mi niño. Es que no respetan ni la memoria de los muertos. ¿Vistes que hasta la amistad de los muchachos con el difunto Hamudi la han sacao a relucí? ¡No respetan ni la paz de los sepulcros! A veces quisiera como ‘el barón de la droga’, mi niño, a ese sí es verdá que no le tiembla el pulso pa’mandá pa’l otro barrio al que se le atraviese en el camino. Ja ja ja Ese Jarvis es tan bravo, mi niño, que en estos días me escribió contándome como mandó al barrio de los acostaos a Rafaat, ‘Rataat’ como le dice El Barón.

Tía Amapola estaba sentada frente a la peinadora quitándose los rollos del pelo. A pesar de tanto salón de belleza y tanto periquito que tiene para el cuidado del cabello, tía Amapola no hay manera de que deje la costumbre de hacerse la vuelta y ponerse rollos. Varias veces me ha dado tremendos sustos cuando me paro de madrugada a tomar agua y la consigo con su te de coca y peinándose el pelo para el lado contrario, dándole la vuelta a ‘la vuelta’.

—Tiíta, ¿Vio que en Bolívar agarraron a unos que dicen que son del cartel de Sinaloa?

—Ay, sí, mi niño. Es que yo creo que Ojoslindos, hecho el pendejo, me está mandando a jodé a mis mulitas. Mandamos a Euca que sabe mucho del clima a si va a llové pa’que se llene el Guri y se acabe el peo de la luz y por supuesto que la mandamos escoltada, porque esa zona está muy peligrosa con los garimpeiros. Magínate, mi niño, iban el Gusi, Fabi y Cami junto con el Brasil a acompañala y vienen a jodelos esos Guardias. Pero ya los tengo en la mira a los desgraciaos esos.

El teléfono de la tía sonó, con el vip vip de cuando ‘sus fuentes’ le están pasando datos. Tiró el rollo que tenía en la mano a la peinadora y con la mitad del cabello suelto y la mitad enrollado en los tubos de plástico, agarró el aparato:

—¡La malparía de la Maborto Petí, esa! Ya sacó a relucí el cuento de que los gringos se están oponiendo a la supresión de las dizque evidencias que tienen. Es que de verdá, mi niño, esa vaina ya parece una verga personal contra mí. ¡Los gringos se la tienen dedicada a los muchachos! Primero, me los secuestran, porque esa vaina es un secuestro en toda regla y, ahora, se afincan pa’jodelos. ¡Nuay derecho, mi niño! En dos palabras ¡Nuay derecho!

***

Tía Amapola esta mañana mientras se tomaba un espumoso café con leche con una leche Klim y café Juan Valdez que le trajo Vielma Mora de su último viaje a hacer compras en Bogotá, me comentó:

—Mi niño, menos mal que Ruper tiene ese corazón más grande que el de Teresa de Carcuta, tan grande que no le cabe en el pecho. Si no fuera por él, se nos habría complicado mucho lo de los abogados de los muchachos. Pero Ruper se lo tomó a pecho y paga todo. Cuando habló conmigo la última vez me dijo: «Amapola, ustedes no se preocupen por un penny. Ustedes tienen muchos problemas allá para estarse preocupando por plata. Dile a Padrino que se dedique a goberná, que ponga todo su cerebro en el gobierno para que lo siga haciendo bien, que de los muchachos me encargo yo aquí. Eso va por cuenta de la casa…» ¡Tan bello! ¡Eso es sé patriota y pensá en el país! No como los desgraciaos de aquí que lo único que piensan es en revocatorio y marchas pa’sacá a Padrino. Al pobre hasta se le aguaron los ojos hablando con Kerry cuando el gringo le dijo que le habían dicho que aquí estaban poniendo muchas trabas pa’l revocatorio. No lloró porque le pelé los ojos, pero hizo sus pucheros.

—Tiíta pero esa plata de Ruper, como le dice usted, ¿no sale de Pdvsa? ¿De los contratos que le dan? ¿Eso es como si todos los venezolanos estén pagando de su bolsillo a los abogados de los muchachos ¿No?

—¡Ya vienes tú a amárgame el cafecito tan rico con esos comentarios tan insidiosos! …  Y si así fuera, chico, nosotros le hemos dedicado la vida a este país, de buena voluntá deberían los lambucios hacé una vaca pa’pagá a esos abogaos que cobran tan caro. Digamos que están pagando entre todos el cobro pa’ liberá a unos secuestraos, porque eso es los que son los muchachos, unos secuestraos de los gringos. ¡Y eso lo vamos a demostrá!

***

Tía Amapola me llegó hoy al cuarto con su pijama Chanel y sus zapatillas Gucci. Tenía los rollos puestos y apareció con su rosario de cuentas de perlas blancas y grises y de oro 18 en la mano.

—Mi niño, échate pa’llá que hoy voy a dormí contigo otra vez. Padrino está insoportable con la vaina del plesbicito de Colombia y no atiende a razones.

—Plebiscito, tiíta, se llama ple—bis—ci—to, no plesbicito…

—Ya vienes tú con tu mariquera de estame corrigiendo. Igualito voy a dormí aquí, así que no pretendas sacame la piedra pa’que me vaya. Prefiero tu pose de maestra Ángela que al Bigotis toda la noche rumiando el despecho. Y mira que le dije que no se preocupara que seguro Santos arregla esa vaina en la madrugada como hace Tiby aquí, pero está más bruto que de costumbre.

—Bueno, tiíta, yo creo que ya eso no tiene vuelta atrás, ya Santos reconoció que ganó el no…

—Ah, vaina contigo. ¿Tú crees que Fidel y Raúl no tienen esa vaina ya arreglada? Te apuesto dólares contra bolívares fuertes a que Colombia amanece con el sí como ganador. Ni que los panas Timochenko y los Castro fueran bolsas.

—Tiíta, pero Timochenko también reconoció ya el triunfo del no.

—Ay, mi niño, pero tú como que disfrutas amargándome la vida. Anda a preparame un tecito de toronjil pa’que me ayude a dormí bien y vienes pa’que recemos juntos un rosario a si nos hacen un milagrito y Colombia no nos echa ese vainón, que ya con lo de la pérdida de la Alcaldía en Brasil tenemos bastante… Ah, y le rezamos a la Rosa Mística también por la salú de Fidel porque a Padrino lo tiene muy mortificao que con tanto coñazo en Colombia y Brasil al pobre viejo le dé un yeyo y estire la pata.

Y aquí estoy, esperando al lado de la cocina a que pite la tetera que trajo tía Amapola de Londres, y mientras hierve el agua para el toronjil, pues les cuento como estamos por casa.

***

—Tiíta, a usted como que hoy le fue muy bien. Como que le dieron su pedacito de domingo.
—Nooooooo, mi niño. Desde que yo no sé lo que es entrá a la gloria. ¡Ojalá! ¿Por qué dices eso?

—Bueno, tiíta, yo creía, porque como usted salió esta mañana con el traje Chanel rosado y está regresando con ese Armani, yo pensé…

—Ja ja ja nada qué mi niño. No se imaginas lo que me pasó ja ja ja. ¡Me he miao en las pantaletas Victoria Secrets! Aquí vengo, con la cocoya al aire porque en palacio tenía de todo menos muda de pantaletas.

—No TE imaginas, Te, no se. Tiíta, pero ¿fue que no se puso el Securezza?

—No, jombre, mi niño. Como me ha ido tan bien con la pastilla para la incontingencia, pues no me había puesto más los pañales, pero hoy, cuando Padrino empezó a hablá de las clases, y de lo emocionante que es empezá el primer año de bachillerato, me entró el ataque de risa. Si ese carajo nunca quería ir a clase ja ja y como siempre ha sido tan llorón armaba unos berrinches allá en Cúcuta que todavía las maestras lo recuerdan. Pero, cuando empezó a hablá de la adolescencia, y de que a él esa palabra no le gusta «Hay que revisá esa palabra. Hay que cambiala, esa palabra es muy fea» ja ja Ahí si no aguanté más y me mié. El tontico se cree filósofo…

—Será filólogo, tiíta. Y es incontinencia, tiíta, no incontingencia. Incontingencia no existe. Y es mear, no miar…
—O sea, según tú, yo no sé hablá un carajo. Que repunnante eres con esa corregidera…

Tía Amapola se quedó un rato callada con el ceño fruncido. De pronto, soltó una carcajada:

—Ja ja ja yo me paré y me amarré la pashmina en la cadera como una falda, pa’que no se viera el pantalón mojado y me fui a cambiá y justo, cuando llegué, se estaba sentando Padrino en la silla que yo estaba ja ja ja hubieras visto la cara cuando sintió esa vaina toda miada ja ja ja casi pierde el hilo de lo que decía de Colombia y del plesbicito.

—Plebiscito, tiíta, plebiscito…

—¡¿Vas a seguí siguiendo?! Pero, lo peor de todo, mi niño, fue que yo me puse un Securezza que llevaba en el bolso, pero resulta que cuando Arias empezó a agradecele a Padrino los favores recibidos y a decí tres palabras y volvé con el «gracias presidente», me volví a miá de la risa de imaginame a ese coño que odia a Padrino y lo quiere sacá, mordiéndose el culo y casi arrodillao dándoles las gracias ja ja «Gracias, Presidente». «Esto es gracias a Chávez y a usté, Presidente» ja ja ja.

***

—Mi niño, ¿Tu crees que a mí me quedaría bien un vestido así como el de… por fin, ¿Cómo coño se llama el diseñador, porque la Mariángel cada vez que lo nombraba decía una vaina diferente? Nujed, Nuajel, Noejed… El que vistió a Miss Yaracuy, mi niño, con ese traje dorado, como con capa y cola, tan bello…

—Nouaihed, tiíta, Nidal Nouaihed se llama…

—Ese, Nuejé. Yo siempre he querido un vestío así, o como el de Miss Carabobo, con ese escote y con esa cola de faralaos, pero en tonos rosa, que a mí ese verde copei no me queda bien. ¿Astartú, es que se llama el que diseñó el de Carabobo, mi niño?

—Andartu, tiíta. A Carabobo la vistió Andartu.

—Eso. Un traje así es que siempre he querido, con una cola en capas como ese. Así era que yo lo quería cuando fui reina de la feria de Tinaquillo, pero Sinforosa, la costurera, nunca me entendió la vaina y me hizo un trapo que parecía un forro de licuadora. Una vaina floriá igualito al forro del tanque de la poceta de la casa de Dolores, la esposa del prefecto. Claro, como yo siempre he tenido buen cuerpo y en esa época tenía mis tetas paraítas, pues no se me veía mal, pero no era lo que yo quería. Me quedé con las ganas… Pero a lo mejor me lo mando a hacé pa’cuando me nombren vicepresidenta. Yo creo que me debe quedá bien, mi niño, porque Krulig me dejó las tetas igualitas a como las tenía a los 15…

Yo me mordí la lengua para no decirle a tía Amapola que iba a parecer una torta de quinceañera del páramo con un vestido así y en rosado. Preferí cambiarle el tema:

—Tiita, ahora que mienta el pueblo, ¿Qué le pareció la idea de la novela de su vida? ¡La vida suya da como para que la novela dure más que El derecho de nacer!

—Ay, mi niño, pero esa novela sería… ¿Cómo fue que me dijistes el otro día? ¿jalcor? … Mi niño, cuando te pregunté por el cine porno explícito … ¿Ancor? …

Hard core, tiíta, hard core.

—Eso. jancor. Tendría que sé jancor porque si empieza en Tinaquillo tiene que empezá por contá cuando le daba chupaítas en la trastienda al viejo Lorenzo, el dueño, pa’que me regalara chocolates. Ja ja ja O cuando empecé a vendele pomitos de pega de zapatero a los compañeros de la escuela pa’que inhalaran ja ja ja ¡Huy, y lo que tuve que hacele al síndico procurador de Tinaquillo pa’que convenciera al jurao de que me eligieran reina del pueblo ja ja ja

***

Tía Amapola pasaba en su tablet una foto tras otra de Putin. Lo ampliaba para ver detalles de la boca, de los ojos, de la nariz…

—Pues buen mozo sí que es. Tan blanquito, catirito, ¿Verdá, mi niño? Es como atractivo ¿No? Es tan blanquito que que me imagino que el pipí lo debe tené rosaíto y las bolitas con pelitos rubios…

—¡Tiita!

—Ay, mi niño, es que hace tanto que lo que veo son morcillas y berenjenas que cuando veo un tipo blanquito se me inunda el pozo.

—No, pues, tiíta, una mujer anegada, le van a decir ahora. ¿Qué tanto le busca al Putin?

—Mi niño, es que Padrino me dijo que estaba inventando un premio pa’la paz mundial pa’que compita con el Nobel y él estaba dudoso de si le daba la primera edición a Mugrabe, a Kim Jung—Un o a Putin.

Tía Amapola seguía gugleando a Putin para ver que más conseguía mientras me contaba lo del Premio Internacional de la Paz en honor al difunto.

—Yo de una vez salté «¡A Putin, Bigotis, dáselo a Putin!» Ay, mi niño, es que esos otros dos bichos son tan feos que prefiero que venga el catirito, que por lo menos me va a serví de colirio… Mi niño, ¿Que significa pe—a—ce—ma—quer?

—¿Qué tiíta?

—Peacemaquer, mi niño, mira. En Manhattan apareció colgando de un puente esta foto gigante de Putin y pone abajo peacemaquer, mira.

Tía Amapola me pasó la tablet con la imagen ampliada.

—Peacemaker, tiíta, se dice «pismeiquer». Eso es algo así como «El pacificador».

—¿Ves? ¡Yo tenía razón, mi niño! Ese premio de la paz hay que dáselo al ruso catirito.

Hasta en Niuyol le dicen pacificador. Ya le voy a mostrá esta vaina a Padrino pa’que deje de está pensando en dale ese premio el mono horroroso ese del Mugrabe que parece el abuelo de Aristóbulo.

—Mugabe, tiíta, no Mugrabe, el de Zimbabwe se llama Mugabe…

—Ay, yo siempre creí que era Mugrabe, de mugre, mi niño, porque ese hombre es la misma mugre.

¿Dónde estoy?

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